'MI EVANGELIO CÓSMICO'
...Apuntes aparentemente inconexos, pero llenos de motivos que harán reflexionar al lector en torno a una sola idea: ‘Mi acepción de Dios’.
Apuntes que, aunque sin formalidades de obra literaria, tienen la intencionalidad de llevar al lector o a la lectora a tocar aspectos que lo inducirán a ahondar en la búsqueda de aquello que es propio de la inquietud humana: ¿Qué hacemos aquí? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos?
¡PIES EN TIERRA!
¡LIBERTAD, JUSTICIA Y AMOR!
Manuel, Profeta de ‘Clave 9’.
‘MI ACEPCIÓN DE DIOS', UN PEQUEÑO LIBRO, AHORA BAUTIZADO COMO ‘MI EVANGELIO CÓSMICO’ (27-11-2009)
Mi ‘Evangelio Cósmico’, en ningún momento ‘mi credo’. En mi criterio se ajusta mejor lo primero que lo segundo a ‘Mi Concepción de Dios, del hombre, del mundo, de la vida y de las cosas’. ‘Credo’ lo hallo más cónsono con la religión tradicional. Y esto no es el fin de estas páginas.
Si bien en su origen la palabra ‘Evangelio’ tiene varios significados, yo me quedo con uno de ellos, con el de la intencionalidad de las palabras de Jesús: “La Buena Nueva”. Y en realidad es eso: Algo completamente nuevo, como la ‘Conciencia Cósmica’ según Libertad, Justicia y Amor, aunque escandalice a los moralistas de siempre con sus cánones impositores, como se escandalizaban en época de Jesús ante su Mensaje de vida eterna. Yo siento y percibo así, y obro así. Y así según Libertad, Justicia y Amor. Y así me compenetro con mi Dios Creador y Padre de mi Señor Jesucristo, y me doy en misión a ayudar a mis hermanos y hermanas, sin distingos de ninguna naturaleza, a elevar sus mentes /libre, justa y amorosamente/.
REFLEXIÓN: SI TE CONSIDERAS BUEN LECTOR O LECTORA, NO TE BASTARÁ CON LEER ESTA PEQUEÑA OBRA UNA, DOS, O TRES VECES… EN LA MEDIDA EN QUE ESCUDRIÑES MÁS Y MÁS EN ELLA, HALLARÁS RESPUESTAS INSOSPECHABLES QUE TE HAN DE HACER SENTIR LO QUE EN REALIDAD ERES, ‘EL EJE DEL UNIVERSO Y EL CENTRO DE TODA EXPLICACIÓN’, ASÍ HASTA CONJUGARTE EN EL VERBO DE TODA EXISTENCIA Y EN ESO QUE DENOMINAMOS ‘DIOS’. LO DE ‘ARRIBA’ Y LO DE ‘ABAJO’ SE HARÁN UNA SOLA COSA EN TI. Y PODRÁS DECIR CON INTEGRIDAD:”PRIMERO YO, LUEGO YO, Y SIEMPRE YO, PERO EN ARMONÍA CONMIGO MISMO, CON MIS SEMEJANTES Y CON TODO LO DEMÁS”.
Pensar que con la muerte caemos en el vacío de la existencia, de que con la muerte ya todo acabó, puede ser parte de la lógica humana inclinada hacia una de las partes de la proposición, y punto final. Pero, no, la mente también acepta la contraparte de la proposición como un escape a las inquietudes del hombre. Por lo que eso de “muerto el perro, se acabó la rabia”, es una expresión muy a la ligera. Pero la espinita va por dentro, la duda de si hay un más allá. Y algo que llama la atención es que cuando se le dice ‘bicho’ a alguien, la reacción no se deja esperar. ¿Por qué será que a nadie le gusta que lo identifiquen con un bicho? ¿No le gritará su subconsciente que es algo más que un bicho? Yo tampoco me considero un bicho, por más que tengamos un origen común en la materia. Mi concepción del hombre, del mundo, de Dios, de la vida y de las cosas va más allá del simple cumplimiento con una ley de la naturaleza /animal, vegetal, mineral.../. Más allá de todo cuanto llega a mis sentidos y a mi mente concibo a un Ser Supremo, principio y fin de todas las cosas. Mi concepción está abierta a la trascendencia y no sucumbe ante el fatalismo de los que no ven sino una existencia efímera y de muerte. Mi mente, como la de cualquiera otro de mis semejantes, está ante los dos platos de balanza. El plato del fatalismo y el plato de la trascendencia. Y veo más allá de los sentidos, de las pasiones, de los apetitos, de los intereses, del facilismo y de la comodidad. Y no permito que mi mente se encasquille en estrechos moldes doctrinarios. Soy completamente libre para discernir y escoger ante esos dos platos de la balanza. Y me inclino deliberadamente, después de un examen exhaustivo de conciencia de todas las sensaciones y percepciones que llegan a mi mente, hacia el plato de la trascendencia. Mi mente, como capacidad para resolver mis problemas en esta dimensión, también infiere que soy algo más, como dice la PALABRA DE MANUEL, PRINCIPIOS FUNDAMENTALES DE ‘CLAVE 9’: “Algo más que mera forma física en movimiento”. Y me dice que ella no soy yo, que yo soy una entidad muy compleja, y que mi verdadero yo es de naturaleza espiritual. Que soy algo así como una nave que atraviesa el espacio y el tiempo dotada de todo lo necesario. Está maravillosamente equipada de sentidos /para contactarme con esta dimensión/, de entendimiento /para procesar los datos internos y externos/, de voluntad /para tomar decisiones/, de memoria y conciencia /para contactarme con esta dimensión/, de entendimiento /para archivar y llevar registro de todos las operaciones/, y de ilusión y fantasía /para iluminar y embellecer el camino/. Y algo más: soy el piloto que comanda mi misma nave, al tiempo que responsable de todas mis operaciones. O sea, soy un yo más complejo de lo que aparenta ser /envoltura de carne y hueso/. Yo soy energía superior /espíritu/ consustanciada con todo el aparataje sensible o físico /el cuerpo/. Algo así como el compuesto agua /oxígeno e hidrógeno/, pero no un compuesto y nada más, soy vida que no se extingue... Ser... Y como tal no puedo dejar de ser. Antes era en muchas otras modalidades inscritas en el devenir que el mismo Dios ha impreso en cada ser. Ahora soy en esta modalidad. Mañana seré en otra modalidad superior, en dimensión de luz. Y es así que voy de hito en hito. Y entre hito e hito hay un puente, una modalidad. Y el hito no es la muerte como negación de la vida. Es como parto de transmutaciones. Mi meta inmediata es la vuelta al paraíso. Después continuaré el camino del devenir hacia esferas de energías superiores o espirituales en orden a la perfección.
En esto de la modalidad he observado que la gente saca a relucir su mente racionalista para descifrar el por qué de la vida y de las cosas, y en vez de recibir luz, caen en las tinieblas, y hasta gritan como en desafío:”¡Esta vida no tiene justificación!”. Por mi parte yo llego a captar que detrás del universo hay un reverso, y una respuesta a esa angustia existencial no debe ser ‘porque así hemos sido hechos’; hay otro tipo de mente que no es la racionalista, la mente trascendental, que admitiendo incluso ‘el porque así hemos sido hechos’, va más allá, donde está la verdadera luz y arranca de ésta un rayito para justificar su existencia, y la naturaleza toda le responde como en fluir de armonía sin quejarse:’ somos, en unión del universo, el anverso, que como en un espejo se refleja en el reverso en íntima conexión y una cosa sigue a la otra’. Todo es como una cadena cuyos eslabones se abren y se cierran. Este abrir y cerrar es lo que constituye los hitos. Y entre hito e hito está la modalidad que van adquiriendo como por lapsos determinados los seres /los vivos y los que consideramos inertes/. El reverso es lo que sustenta y da entidad al anverso, a nosotros y a la naturaleza toda. El reverso sería ese Gran Ser, el Hacedor, al que llamamos Dios, cuya imagen somos como seres pensantes y de libre albedrío. A esta conclusión no se arriba así nomás con mente racionalista, que tiene su oficio en cuanto a la lógica que requiere la dinámica universal de causa y efecto de este mundo. En todo ser pensante y equilibrado en su psiquismo hay siempre atisbos de luz que obedecen a la mente trascendental, que es la que nos es propia para remontarnos al Uno y al Todo. Todos venimos dotados de esta mente. Mente que tiene por compañera a la humildad. Cuando ambas se dan de la mano y caminan juntas deviene la Sabiduría y se disipa toda duda y queda siempre abierta la ventana de la esperanza que nos deja traslucir lo de más allá, que también nos pertenece como seres en devenir.
Sinceramente que es para angustiarse y desanimarse sentirse solo en medio del torbellino de la razón con sus estridentes, a veces, pronunciamientos. Pero somos algo más que lógica racionalista. Y ese algo más lo constituye nuestra entidad cósmica /sin fronteras/ y trascendental /el espíritu/. Basta ver en muchos de nuestros semejantes: cuanto más humildes y bondadosos son, mayor calibre adquieren sus proyecciones y, en vez de la razón, opera en ellos la racionalidad que viene siendo el sinónimo de mente trascendental. La razón suele ser violenta y hasta incendiaria; la racionalidad es como el puente que conecta a la razón con el espíritu. Y esto sucede sólo por humildad y buen obrar que son lo que demanda al hito que dé apertura a lo de abajo hacia lo de arriba. Es así cómo la esfera inferior /razón, impulsos, intereses, tendencias, egoísmos, etc/ se cierra y se abre la de arriba. Ha comenzado la realización. Una nueva conciencia /Conciencia Cósmica, conciencia de unidad, de universalidad y de trascendencia/ toma cuerpo y nos hacemos espirituales. Lo de arriba comanda a lo de abajo. Y desde arriba se ensancha el ángulo de visión y podemos dictar normas a la razón para que ponga cada cosa en su sitio, que para eso nos ha sido dada, no para dislocar lo que de por sí es armonioso. Así, pues, lo de abajo comienza a hallar justificación en lo de arriba y sobreviene la paz y el encuentro con nosotros mismos, y en nosotros todo lo demás. Hemos entrado al reino de los cielos que llevamos por dentro. Ha habido en nosotros metamorfosis cósmica, y de gusanos nos hemos transformado en mariposas con alas que vuela por sí misma. Es decir: hemos muerto a este mundo y hemos nacido a la vida eterna. Y entonces sí ‘soy yo’. Me he encontrado conmigo mismo. Y en mí se revierte todo lo demás. Y nunca me sentiré solo. Y a cada paso se me engrandece más y más la presencia de Dios /concíbase como se quiera/. Y todo lo demás es como prolongación mía, porque yo soy en El Todo y El Todo en mí.
Asimismo, todavía con pies en esta vida terrenal, podemos decir que ya tenemos garantizado el regreso al paraíso. Y el regreso al paraíso no es sino agotar una existencia de planos inferiores para comenzar una nueva vida. Esto es, el paraíso sería como un punto que sustenta dos ángulos convergentes: uno que se cierra y otro que se abre. Y habrá tantos ángulos que se cierren y que se abran como infinita es la ruta del devenir en orden a la perfección /“Sed perfectos como el Padre celestial es perfecto” -Mt. 5,48/, tanto en esta dimensión como en la venidera o dimensión luz. Por un hito se abre un ciclo, por un hito se cierra un ciclo. Y este ciclo de perfección es inagotable, infinito en sus modalidades. Como una circunferencia que a cada hito aumentara su radio donde no hay espacio ni tiempo, en lo infinito y eterno.
Respecto a esta dimensión como en la otra cada ciclo se mueve igualmente en orden ascendente. Nuestro estado vibratorio se enmarca como en una polaridad que se conjuga en punto de convergencia: la energía inferior /vibración en frecuencia física/ y energía superior /vibración en frecuencia espiritual/. Y esta conjugación de aparente dualidad la podemos apreciar en casos concretos, como cuando nos hemos elevado en espíritu y estamos padeciendo una enfermedad o nos acosa un dolor. Inmediatamente la energía superior sale al encuentro /en ley de compensación/ para cubrir las deficiencias de la energía inferior. Si la energía inferior cede paso a la energía superior, ésta contrarresta sus contingencias /ley también de armonía de las partes en el todo/. O sea, que el alma elevada no descuida a su cuerpo; le brinda apoyo en sus eventualidades. Ambas energías se deben a un mismo ser que conforman en este plano y que mañana continuarán acompañándose en otra modalidad del mismo ser, cuando llegue el día de la ‘reversibilidad cósmica’, que nadie verá con sus ojos, porque no lo podrá resistir, porque sería el día del gran final de un ciclo evolutivo, para entrar a otra dimensión en una nueva vida. Será el día anunciado como terrible, el día del ‘juicio final’, cuando el ser de ahora entrará en una nueva modalidad de más glorioso o menos glorioso, y alma y cuerpo /por ley de lo semejante/ se unirán y continuarán su camino hacia nuevas metas de perfección. En aquel entonces del ‘juicio final’ habrá ‘resurrección de los muertos’. Un nuevo ciclo, repito, hacia lo eterno e infinito, aunque estas cosas no entren todavía en mentes cerradas a la trascendencia.
La dualidad que algunos filósofos dicen haber entre materia y espíritu no es tal. Materia y espíritu constituyen una unidad consustancial, ya que la energía superior / espíritu/ la había impreso Dios, al mismo tiempo de la creación, en la potencialidad de que, a tal fin, posee la materia. Por lo que no hay yuxtaposición de materia y espíritu. El espíritu /alma/ está en la materia como el humo en la madera. Y así como el humo, como energía sutil, sale del leño al ser quemado, así el espíritu sale del cuerpo una vez que se abre el hito que llamamos muerte.
Este planteamiento de tener que salir el espíritu del cuerpo para luego volver a juntarse con él parece más bien un embrollo metafísico. Parece, pero no lo es. Caer en ese argumento es como negar el proceso evolutivo de la naturaleza /y del universo/. El universo ha sufrido por milenios incontables hitos tras hitos para llegar a ser lo que es hoy, y dejará de ser lo que es hoy para adquirir nuevas formas en sus componentes hasta la reversibilidad cósmica para comenzar una nueva modalidad estructural, ya que la materia ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. Así desde lo indefinido, proceso de gasificación, solidificación, asociación de átomos y moléculas para constituir cuerpos vivientes, etc. Y como lo que es arriba es abajo, así también la separación de cuerpo y de alma tendrán su reversibilidad en cuerpos más gloriosos o menos gloriosos uniéndose nuevamente con sus almas, también más gloriosas o menos gloriosas, en una nueva modalidad el día que Jesús llama de la “resurrección de los muertos”. Entonces se habrá cerrado un ciclo cósmico en nuestra vida /cuerpo-alma/. La finalidad de todo es el regreso al paraíso, a la casa del Padre, pero en perfección. Y eso de cuerpos y almas más o menos gloriosos y más o menos gloriosas es porque en ley de lo semejante ambos han de seguir el mismo destino en lo infinito y eterno en orden a la perfección para la cual todo ha sido creado. Mas ¿adónde quedan el cuerpo y el alma /que aceptamos como espíritu/ una vez separados por el hito muerte? El cuerpo queda en su dimensión física aguardando aquel día; el alma, así como el humo sale del palo quemado y va a lo etéreo, va a su correspondiente estadio de más luz o menos luz según sus obras /según el estado de armonización o desarmonización que haya logrado/. El día del juicio final, el día de la reversibilidad cósmica, por más diluidos y confundidos en el seno de la materia que esté el cuerpo, sus átomos /ley de lo semejante/ se atraen entre sí y con lo que le es consustancial, su alma. Y, repito, ambos toman un mismo destino. Este mismo destino lo ha seguido toda creatura, incluso los mismos ángeles. Nada está quieto. El mismo ser de Dios es dinámico. La diferencia entre el Ser Creador y el ser creado está en que Uno tiene movimiento per se y otro por impulso dado /impulso que no es otro sino la manación del mismo Creador en su Plugo Divino, ‘Hágase’, sobre sus creaturas/.
¿Pero por qué no nos hizo Dios perfectos, como ángeles gozando en los cielos? Primero, porque perfecto solamente es Dios, y si fuéramos perfectos seríamos el mismo Dios; somos hechos a imagen y semejanza de Dios, no igual a Él en todo, y en ser lo que somos /en orden siempre a la perfección/ ya participamos en algo de la perfección del mismo Dios. Cada peldaño que subamos en perfección nos acercamos a Él, y el gozo es en proporción a este acercamiento. Antes no éramos lo que somos ahora; hemos evolucionado, nos hemos perfeccionado en relación a la simple materia, pues contamos en nosotros mismos con atributos divinos: tales como pensar, querer… Segundo, sería lo mismo que si la vasija de barro /un absurdo/ le exigiera al alfarero que lo hiciera igual a él. Mas así como la vasija de barro, en relación al barro con que ha sido amasada se ha perfeccionado, igualmente nosotros en el amasijo de los hitos de la vida con respecto a nuestros estadios anteriores. Y lo maravilloso en nosotros es que /aunque parezca paradójico/ en la medida en que avanzamos en perfección ganamos trecho en el retorno a la casa del Padre. Sólo cuando Jesús dijo“vengo del Padre y voy al Padre” lo entendieron sus apóstoles. Así nosotros: salimos del Padre y nos vamos al Padre, pero para regresar a Él hay que estar en cumplimiento de su ley que es lo que nos hace perfectos /”como el Padre celestial es perfecto”/ según nuestra condición de creaturas. Quien acepte libre, justa y amorosamente esa voluntad divina obtendrá la corona del reino celestial, y seguirá adelante en su camino de perfección eterna sin tener que esperar más reversibilidad cósmica ni más juicio, y los hitos que se le abran será de gloria en gloria. Tal es la finalidad por la cual somos hechos a imagen y semejanza de Dios. Y esto es lo que justifica nuestra presencia en esta existencia, que merece vivirla, pues no somos unos arrojados en medio de un caos sin explicación.
Y en el cumplimiento de la ley está el no cometer hechos contra naturaleza, como el aborto. Así, pues, yerran contra toda ley los que patrocinan el aborto, aunque para alguien éste sea un escape, peor: un negocio. Una cosa es el aborto de naturaleza y otra el de intervención irracional realizado por la mano del hombre. Pues una vez que se da la fecundación ya hay naturaleza concebida, como cuando pasamos el switch de la electricidad y se prende la luz en el bombillo. Hay luz, hay vida. Romper el bombillo no anula la energía presente que iluminó su forma material. Así, pues, la vida que surge ya no vale detenerla, aunque destruyamos su forma material. Desde acá se comienza a transitar por lo eterno. Aquí en una modalidad, allá en otra modalidad, y en un nuevo plano y en una nueva dimensión. Pero con una particularidad, que si bien por justicia divina nos corresponde una heredad superior en dicha a la de esta dimensión sensible en que vivimos, se pueden llevar una horrenda sorpresa /allá/ las almas que en esta dimensión de ahora hayan descendido por sus injusticias a planos inferiores al de los mismos animales. ¡Qué desesperación quedar atrapado en el túnel sin salida ni auxilio hasta una nueva reversibilidad cósmica de la materia y comenzar aquí otra vez el proceso evolutivo de la misma materia, de cuya potencialidad tampoco podrá escapar el espíritu o alma! De aquí las sabias palabras de Mahoma: “Prefiero sufrir mil injusticias antes de cometer una sola”. Sinceramente que esto es para reflexionarlo y meditarlo profundamente. Hemos dicho que el alma al salir del cuerpo va a su lugar de espera. ¡Y qué espera tan larga /eterna/ tener que estar sin la unión de su cuerpo atrapada en reversibilidad tras reversibilidad! ¡Para qué más infierno que verse y sentirse el alma privada de su respectiva gloria! ¡Muy caras nos pueden salir nuestras infidelidades a la ley que todo lo rige!
Ni somos bichos ni estar en esta dimensión es un azar o un cuento de hadas. Estamos aquí de vuelta al paraíso. Para estar aquí salimos del Hacedor por expresa voluntad y amor divinos mediante un ‘HAGASE’ que más adelante analizaremos. Mientras tanto me ratifico en mi yo superior o espiritual, poniendo en su respectivo lugar al yo del plano físico y al yo del plano astral. Mi mente está hecha para recorrer e interconectar estos tres planos. Cuerpos que, en traducción sencilla, llamamos físico, astral y espiritual. Y cada uno con sus correspondientes estados vibratorios /denso, menos denso y sutil/. Cuando la mente se ancla en los planos inferiores /físico y astral/ no cumple su cometido: dar a nuestro ser la plenitud a que está destinado en la manifestación del plugo hacedor, o sea, remontarse a la esfera de la trascendencia o sitial propio del espíritu. O dicho de otra manera: cuando la mente se ancla en los planos inferiores se imposibilita el ascenso y la apertura de la misma mente al plano superior espiritual y de trascendencia, meta ésta inmediata que ha de lograr nuestro ser en esta dimensión para entrar en la dimensión luz que a todos nos aguarda en el devenir eterno de nuestro ser. Y la mente se ancla, en el plano físico, por ejemplo, cuando se deja atrapar por la ilusión de los sentidos, ensanchándose y pompeándose el yo físico en las caricias de su fugaz hedonismo. ¡Cuántas mentes vemos en ese plano vibracional del yo físico! Un yo que se programa con la ayuda de la mente sólo para satisfacer sus apetitos, sus impulsos y sus veleidades. Un yo que, encerrado en su densidad, tampoco permite a la mente ver ni incursionar más allá del halago, placer y satisfacciones temporales, que a la larga lo que dejan es vacío o malestar.
Lo mismo sucede en el yo astral. Su estado vibracional es aún más peligroso que el del yo físico, pues que en él se fabrican, como en delirio de la propia mente, las más altas y fantasiosas elucubraciones mentales. La mente se ha establecido en este plano para sus idílicas ensoñaciones. ¡Qué belleza! La mente se extasía en sus contemplaciones. Como si en una noche despejada y de cielo azul y estrellado nos sumiésemos en la admiración y maravilla de aquello que no captamos con nuestros ojos. Y ese yo astral, en ilusión peor que la de los sentidos, establece allí su trono. Se aferra a doctrinas, a meditaciones delirantes y hasta se posesiona, como en desvarío, de la “verdad” /entre comillas/, porque está en confusión; con su lente /con su telescopio/ no ve sino espejismos. La realidad está más allá. La mente debe abrir las compuertas del plano espiritual y establecer el puente fluido entre los tres planos /físico – astral – espiritual/. Cuando la mente cumple esta misión, es cuando se inicia en nuestro ser el estremecimiento de lo espiritual y trascendental. Es cuando sin telescopio llegamos a la visión directa de los astros celestiales. Es cuando cada cosa comienza a tomar su propia dimensión. Es cuando podemos decir con Jesús que “adoramos al Padre en espíritu y en verdad” /Jn. 4,24/.
En nuestro transitar hacia la meta espiritual y trascendental hay escollos de índole física /de los sentidos/ y de índole astral /ensueños, embelesos, arrogancias exorbitantes, posesiones de la verdad, etc./. El yo astral, en estado vibracional confuso y aberrante, se sobrepone ante sus semejantes /seres humanos/ como el líder, el maestro, el sabelotodo y al que debemos creer y obedecer, y seguir sus dictámenes como verdad consumada. El yo espiritual, es más humilde, lo caracteriza la sabiduría, y por ende es más comedido, aunque firme y recio en sus decisiones, porque ya cuenta con el apoyo de los otros dos yoes /físico y astral/, que controla, para acometer sus realizaciones en orden de la trascendencia /“por los frutos los conoceréis”. -Mt. 7,20/. Frutos que de hecho se traducen en sus respectivas vibraciones: física, astral o espiritual. Todo vibra y cada vibración tiene su tonacidad y su repercusión en la realidad de la vida. Por ende que nadie puede excusarse ante la Gran Presencia del Todo Vibracional. Todo está registrado en estos archivos cósmicos y trascendentales. Nadie puede decir: Yo no fui.
El campo del ser en su devenir es como un pentagrama donde cada cual escribe su propia música /y hay músicas unas más melódicas y sublimes que otras/. Procuremos que nuestra composición sea la más bella posible, para poder cantar un día con los ángeles: ¡Gloria a Dios en las alturas..!”.
Recuerdo haber dejado en alguno de mis escritos que la luz excesiva no trasluce la realidad. Como cuando en un día de sol esplendente y de cielo sereno y azul tendemos las miradas en lontananzas como queriendo tocar lo infinito. No vemos más allá, porque esa luz, siendo luz, obstaculiza a los sentidos y no podemos ver lo que en realidad hay en ese engañoso cielo sere¬no y azul: todo un firmamento de estrellas. Lo mismo sucede a la mente cautiva en el cielo de las ilusiones astrales... Espejismos y nada más. A lo sumo puede mirar atrás y ver y tocar lo físico. La mente tiene su función predeterminada por ley de armonía del todo. Si ella se comporta como nexo de fluidez entre las partes /física-astral-espiritual/ la nave de nuestro ser irá a feliz término y lo físico, lo astral y lo espiritual se corresponderán en equilibrio de energías y en sus respectivos niveles operacionales de interacción. Si anda de saltimbanqui en juego con los planos inferior /físico/ y medio /astral/ sin abrir vías de superación hacia la trascendencia que pertenece a mi parte espiritual /espíritu, alma/ y a mi gran yo como un todo, ya conocemos las consecuencias: los radicalismos ideológicos de los hombres, quienes, portando en sí, como molécula estructural, la chispa de fuego originario de las estrellas, pues que no en vano decimos que somos hijos de las estrellas, sino que concomitamos con ellas en la génesis de la existencia del universo, transmutan esa energía originaria sólo en el elemento inferior, en fuego que abrasa de raciocinios y pasiones, en guerras infernales entre hermanos. Mas dentro de los corazones hay como en el subconsciente un fluido extinguidor de ese fuego de exterminio, el deseo de paz. Y este deseo de paz no viene de lo inferior /físico-astral/, sino que deviene del alma, energía superior de mi yo espiritual.
Cuando la mente acalla y oculta esta voz de paz, sobreviene el contrario /y en alguna parte de la proposición real de la vida se entabla el combate: reyertas entre hermanos, entre naciones, pestes posteriores, etc./. Es más, una simple contradicción nos hace estallar en llamas. ¿Y por qué sucede esto? Porque no se ha sincerado el yo consigo mismo, con sus semejantes y con todo lo demás; porque no ha habido captación /debido a los enredos del plano inferior/, y, si no hay captación, no puede haber estremecimiento, ni la consecuente entrega al Plan Superior /cobijo infalible/; se cierra el canal de comunicación entre la parte y el Todo.
Jesús, hablando desde lo alto, desde el pináculo del alma, decía: “Mi paz os dejo...” /Jn. 14,27/. Busquemos esa paz y nos irá mejor. ¡Oh, mente mía, y de mis hermanos terrícolas, así como te engolosinas con lo de abajo, aprende a degustar también lo de arriba!
Cuando se dio la manación divina por el ‘HAGASE’ comenzó a fluir nuestra exis¬tencia en forma progresiva /que los científicos denominan evolución/. En cada transformación de la energía primera ya latía la orden de que nos manifestáramos como entes no sólo pensantes, volitivos y libres, sino como seres capa¬ces de subir a escalas de trascendencia como portadores de espíritu. Cada transformación de la energía madre y de los posteriores elementos se hacían hitos y más hitos, hasta que en el tiempo y en el espacio se dio el hito de nuestro engendro y aparecimos como lo que somos. Muchas conchas evolutivas quedaron atrás. Y somos lo que somos: entidades de connotación física, astral y espiritual. Pero aunque creemos que ya hemos salido del cascarón como los pollitos, todavía no hemos roto la última envoltura de ese huevo cósmico que nos contiene. El pollito nos da ejemplo. Cuando ya está preparado para entrar a esta dimensión, pica el cascarón y sale. Esto es lo que precisamente nos falta a nosotros para entrar a la otra dimensión-luz, a la vuelta al paraíso, picar nuestra última envoltura /que es la espiritual/ para completar nuestro ciclo vital y entrar inmunes a la dimensión-luz que, en forma de nuevo ciclo, nos ha sido reservada en la casa del Padre, cuyo primer escalón pisaremos entonces. Venimos del Padre /Hacedor/ y volvemos al Padre, pero como recién nacidos. Tenemos la capacidad para gestarnos en la placenta cósmica como lo que en última instancia somos: un yo espiritual. De esta matriz a la cuna paradisíaca. Una vez más, a Jesús no lo entendían sus discípulos hasta que dijo: “Salí del Padre y vine al mundo; de nuevo dejo el mundo y me voy al Padre. Dijeron los discípulos: Ahora hablas claramente y no dices parábola alguna” /Jn 16, 28 – 29/.
Jesús les explicaba estas cosas que a los demás se las decía en parábolas. Y sus apóstoles comprendieron lo que es ‘salir del Padre y venir a este mundo’ y ‘dejar el mundo e irse al Padre’.
Con estas palabras tan simples de Jesús ellos, como el pollito, picaron el cascarón y dieron rienda suelta a su espíritu. Era la sabiduría de arriba iluminando aquellas pobres mentes. Era la gran aceptación ante su Maestro en fe transmutada en trascendencia de que somos hechuras del Padre y a Él nos debemos, y en un instante vieron con claridad lo de Arriba y lo de abajo, y así como se baja, se sube.
Mas entendamos bien la diferencia entre Jesús que, viniendo a este mundo, no era de este mundo por su naturaleza de Unigénito del Padre /“y antes que Abraham existiese era yo... Y el Padre y yo somos una misma cosa... Yo soy de arriba, vosotros de abajo” /Jn. 8,59/. O sea, que aunque Jesús había tomado carne como uno de nosotros, se obedecía al Espíritu. Tal era su naturaleza como Dios. No tenía que depender de lo físico, de lo astral ni de lo espiritual nuestro. El no tenía necesidad de romper el cascarón de la materia para remontarse al plano espiritual. El era espíritu puro con la adopción de materia que quiso tomar para hacer acto de presencia entre nosotros sus hermanos menores. Menores que no, por ser tales, careceríamos del amor y predilección del Padre. Y Dios ha enviado a su Hijo al mundo para que todo el que crea en El no perezca, sino que tenga la vida eterna . Y por la mente que Dios nos ha dado podemos interconectar el físico, el astral y el espiritual, para que sea este nivel el que predomine y, por ende, sin necesidad de misterios, podamos conocer también de Jesús y de nuestra salvación, de cómo cumplir la meta que el Padre nos ha trazado /salir del huevo o matriz de esta dimensión por donde hay que salir: por la puerta del espíritu/.
Cuando aprendamos a estar en el atrio de esta puerta del espíritu y nos familiaricemos con nuestra mansión espiritual, es cuando, repito, se nos habrá soltado el cordón umbilical de las tendencias del físico y del astral, y en¬tonces también habremos nacido por sí mismos como herederos del reino de los cielos.
Aunque tengo mente, insisto, no soy mi mente. Pero por ella puedo superarme. Ella recorre los tres planos de mi ser /físico, astral, espiritual/. Como espíritu debo estar atento cuando ella se acerque a mi yo espiritual, de la misma manera que le hacen caso a sus dictámenes los yoes inferiores /físico y astral/. Cabría remozar este pensamiento con el poeta Jorge Manrique: “Re¬cuerde el alma dormida - avive el seso y despierte...”. ¡Ay del alma dormida!. Y, si todos seguimos la misma suerte de atravesar por esta dimensión y en hito último migrar a lo desconocido, no por ello la mente no puede incursionar y curiosear al menos desde las ventanas del alma y divisar no tan lejos el más allá.
Por la carne vine a este mundo como en nave transdimensional. Sin ella me iré. Mas cuando ella encalle en el trágico puerto de la reversibilidad cósmica, mi yo espiritual, mi alma, la esperará ansiosa, para, juntos, revestirnos de gloria en una nueva modalidad. Volveremos a estar juntos, purificados y prestos para proseguir en el devenir de nuestro ser. Mientras tanto, ella, la carne, aquí cumplirá con la sen¬tencia bíblica: “Polvo eres”… /Gén. 3,19/. Pero no un simple polvo; polvo cósmico, dinámico siempre como en avatar y avatar. Por algo, como a tal polvo, la hizo el Creador. Polvo compañero de un mismo destino que resucitará. Habrá resurrec¬ción de los muertos y como en un instante nos consustanciaremos de nuevo cual ocurre en un reciclaje de vidrio /de forma defectuosa a forma esbelta/. Por supuesto que la esbeltez va a depender de la trayectoria que, sobre todo en justicia, hayamos seguido en esta dimensión sensible. La dimensión-luz está hecha para los hijos de la luz, que no de las tinieblas.
Mi mente en esta dimensión es como la nodriza y maestra a la vez que debe cuidarme no sólo en el alimento y aseo, sino también suministrarme y dotarme de todo lo noble y rico en espíritu. Para eso Dios ha mandado a esta vida sabios y profetas del buen comportamiento. ¡No te duermas alma mía! Que una ‘imagen de Dios’ debe estar siempre bella.
…Mi Dios... Jesús... Apartándome de estamentos religiosos /cristianos o no cristianos/ y con el debido respeto a los hermanos que profesen cualquier credo religioso, mi Dios y mi Jesús son en la forma que han llegado a mi mente, bien mediante un proceso religioso en el que me he visto involucrado, y que he tenido que depurar de dogmatismos, fanatismos y excentricismos, bien por revelación /eso que viene de arriba y que no es producto de inquisiciones mentales ni de voluntad, sino que se presenta en la esfera trascendental de mí como una realidad tan tangible como la que rodea a mis sentidos/. Y aunque ubique a Dios y a Jesús en contextos bíblicos, no por ello mi concepción cambia de sentido. La Biblia, a su modo, es la expresión de la mente cultural de un pueblo, que, de alguna manera también ha conocido de Dios y de Jesús como el unigénito del Padre. Es histórico que Jesús encarnó en el pueblo bíblico. Y esto es de mi evidencia por revelación en mí, pues Jesús se me ha manifestado en múltiples ocasiones como el mismo Hijo de Dios que está en los anales evangélicos y en la tradición del pueblo cristiano. Y todo esto hasta poder decir con autenticidad que Jesús vive en mí y yo vivo en Jesús.
...En mi conocimiento de Dios vibra mi mente al son de lo eterno e infinito. Imaginémonos un fondo blanco y sin limites... Eso es Dios, parangonando en algo. Cualquier aspec¬to /punto, raya, trazo/ que aparezca en ese fondo blanco podemos decir sin lugar a equívocos que está en ese papel. Y no necesariamente ha tenido que poner ese punto, raya o trazo cualquier agente extraño al papel. De la misma naturaleza del papel puede haberse originado tal efecto. Asimismo se ha dado la creación: de la naturaleza misma de Dios como una manación. Lo asombroso y maravilloso y no menos portentoso es que esa huella en el papel, esa creación, sea capaz de tener conciencia de ser tal, de estar impresa en ese papel, de reconocer no sólo que está impresa en el papel, sino que ella es parte del papel, y que como tal habla, piensa, siente, quiere, se proyecta y retropro¬yecta y hasta vuela en deseos de libertad por encima de todas las cosas que la rodean. Ese punto o trazo de trascendencia soy yo, y tú, hermano, hermana, que lees mis expresiones del alma.
Esta figura nos puede dar una imagen de lo dicho:
A)= Lo Inmanifiesto, lo Eterno e Infinito. La morada de Dios. /A)=Papel blanco sin límite/.
B) *= La creación, no sólo de lo sensible, sino de las otras dimensiones conexas a la nuestra de espacio y tiempo.
C)=Reversibilidad Cósmica.
D)=Dimensiones ultrasensibles y de luz, lo que está vedado a nuestros senti¬dos y para comprenderlo hay que pasar la barrera de lo sensible, de lo astral y colocarse en el plano espiritual, bien esto por ascesis o por sabiduría o revelación de Arriba.
Tómese en cuenta cómo el todo vibratorio de la creación está en forma de ondas que se van cerrando, se revierten y comienzan a abrirse, indicando que el ascenso a la perfección es eterno e infinito. Para la perfección y dicha en gloria hemos sido creados /“Sed perfectos como el Padre ce¬lestial es perfecto”/. De manera que para el día de la Reversibilidad Cósmica, que a cada cual nos puede llegar antes, ya debemos estar prepa¬rados en elevación de espíritu.
F) =Hitos evolutivos y de especialización del ser creado en onduladas y en frecuencias y planos.
G) =Hitos de perfeccionamiento y de gloria en onduladas y frecuencias y planos que escapan a nuestra mente, que le está permitido deliberar hasta la Reversibilidad Cósmica. Lo demás se da por revelación.
Apuntes que, aunque sin formalidades de obra literaria, tienen la intencionalidad de llevar al lector o a la lectora a tocar aspectos que lo inducirán a ahondar en la búsqueda de aquello que es propio de la inquietud humana: ¿Qué hacemos aquí? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos?
¡PIES EN TIERRA!
¡LIBERTAD, JUSTICIA Y AMOR!
Manuel, Profeta de ‘Clave 9’.
‘MI ACEPCIÓN DE DIOS', UN PEQUEÑO LIBRO, AHORA BAUTIZADO COMO ‘MI EVANGELIO CÓSMICO’ (27-11-2009)
Mi ‘Evangelio Cósmico’, en ningún momento ‘mi credo’. En mi criterio se ajusta mejor lo primero que lo segundo a ‘Mi Concepción de Dios, del hombre, del mundo, de la vida y de las cosas’. ‘Credo’ lo hallo más cónsono con la religión tradicional. Y esto no es el fin de estas páginas.
Si bien en su origen la palabra ‘Evangelio’ tiene varios significados, yo me quedo con uno de ellos, con el de la intencionalidad de las palabras de Jesús: “La Buena Nueva”. Y en realidad es eso: Algo completamente nuevo, como la ‘Conciencia Cósmica’ según Libertad, Justicia y Amor, aunque escandalice a los moralistas de siempre con sus cánones impositores, como se escandalizaban en época de Jesús ante su Mensaje de vida eterna. Yo siento y percibo así, y obro así. Y así según Libertad, Justicia y Amor. Y así me compenetro con mi Dios Creador y Padre de mi Señor Jesucristo, y me doy en misión a ayudar a mis hermanos y hermanas, sin distingos de ninguna naturaleza, a elevar sus mentes /libre, justa y amorosamente/.
REFLEXIÓN: SI TE CONSIDERAS BUEN LECTOR O LECTORA, NO TE BASTARÁ CON LEER ESTA PEQUEÑA OBRA UNA, DOS, O TRES VECES… EN LA MEDIDA EN QUE ESCUDRIÑES MÁS Y MÁS EN ELLA, HALLARÁS RESPUESTAS INSOSPECHABLES QUE TE HAN DE HACER SENTIR LO QUE EN REALIDAD ERES, ‘EL EJE DEL UNIVERSO Y EL CENTRO DE TODA EXPLICACIÓN’, ASÍ HASTA CONJUGARTE EN EL VERBO DE TODA EXISTENCIA Y EN ESO QUE DENOMINAMOS ‘DIOS’. LO DE ‘ARRIBA’ Y LO DE ‘ABAJO’ SE HARÁN UNA SOLA COSA EN TI. Y PODRÁS DECIR CON INTEGRIDAD:”PRIMERO YO, LUEGO YO, Y SIEMPRE YO, PERO EN ARMONÍA CONMIGO MISMO, CON MIS SEMEJANTES Y CON TODO LO DEMÁS”.
Pensar que con la muerte caemos en el vacío de la existencia, de que con la muerte ya todo acabó, puede ser parte de la lógica humana inclinada hacia una de las partes de la proposición, y punto final. Pero, no, la mente también acepta la contraparte de la proposición como un escape a las inquietudes del hombre. Por lo que eso de “muerto el perro, se acabó la rabia”, es una expresión muy a la ligera. Pero la espinita va por dentro, la duda de si hay un más allá. Y algo que llama la atención es que cuando se le dice ‘bicho’ a alguien, la reacción no se deja esperar. ¿Por qué será que a nadie le gusta que lo identifiquen con un bicho? ¿No le gritará su subconsciente que es algo más que un bicho? Yo tampoco me considero un bicho, por más que tengamos un origen común en la materia. Mi concepción del hombre, del mundo, de Dios, de la vida y de las cosas va más allá del simple cumplimiento con una ley de la naturaleza /animal, vegetal, mineral.../. Más allá de todo cuanto llega a mis sentidos y a mi mente concibo a un Ser Supremo, principio y fin de todas las cosas. Mi concepción está abierta a la trascendencia y no sucumbe ante el fatalismo de los que no ven sino una existencia efímera y de muerte. Mi mente, como la de cualquiera otro de mis semejantes, está ante los dos platos de balanza. El plato del fatalismo y el plato de la trascendencia. Y veo más allá de los sentidos, de las pasiones, de los apetitos, de los intereses, del facilismo y de la comodidad. Y no permito que mi mente se encasquille en estrechos moldes doctrinarios. Soy completamente libre para discernir y escoger ante esos dos platos de la balanza. Y me inclino deliberadamente, después de un examen exhaustivo de conciencia de todas las sensaciones y percepciones que llegan a mi mente, hacia el plato de la trascendencia. Mi mente, como capacidad para resolver mis problemas en esta dimensión, también infiere que soy algo más, como dice la PALABRA DE MANUEL, PRINCIPIOS FUNDAMENTALES DE ‘CLAVE 9’: “Algo más que mera forma física en movimiento”. Y me dice que ella no soy yo, que yo soy una entidad muy compleja, y que mi verdadero yo es de naturaleza espiritual. Que soy algo así como una nave que atraviesa el espacio y el tiempo dotada de todo lo necesario. Está maravillosamente equipada de sentidos /para contactarme con esta dimensión/, de entendimiento /para procesar los datos internos y externos/, de voluntad /para tomar decisiones/, de memoria y conciencia /para contactarme con esta dimensión/, de entendimiento /para archivar y llevar registro de todos las operaciones/, y de ilusión y fantasía /para iluminar y embellecer el camino/. Y algo más: soy el piloto que comanda mi misma nave, al tiempo que responsable de todas mis operaciones. O sea, soy un yo más complejo de lo que aparenta ser /envoltura de carne y hueso/. Yo soy energía superior /espíritu/ consustanciada con todo el aparataje sensible o físico /el cuerpo/. Algo así como el compuesto agua /oxígeno e hidrógeno/, pero no un compuesto y nada más, soy vida que no se extingue... Ser... Y como tal no puedo dejar de ser. Antes era en muchas otras modalidades inscritas en el devenir que el mismo Dios ha impreso en cada ser. Ahora soy en esta modalidad. Mañana seré en otra modalidad superior, en dimensión de luz. Y es así que voy de hito en hito. Y entre hito e hito hay un puente, una modalidad. Y el hito no es la muerte como negación de la vida. Es como parto de transmutaciones. Mi meta inmediata es la vuelta al paraíso. Después continuaré el camino del devenir hacia esferas de energías superiores o espirituales en orden a la perfección.
En esto de la modalidad he observado que la gente saca a relucir su mente racionalista para descifrar el por qué de la vida y de las cosas, y en vez de recibir luz, caen en las tinieblas, y hasta gritan como en desafío:”¡Esta vida no tiene justificación!”. Por mi parte yo llego a captar que detrás del universo hay un reverso, y una respuesta a esa angustia existencial no debe ser ‘porque así hemos sido hechos’; hay otro tipo de mente que no es la racionalista, la mente trascendental, que admitiendo incluso ‘el porque así hemos sido hechos’, va más allá, donde está la verdadera luz y arranca de ésta un rayito para justificar su existencia, y la naturaleza toda le responde como en fluir de armonía sin quejarse:’ somos, en unión del universo, el anverso, que como en un espejo se refleja en el reverso en íntima conexión y una cosa sigue a la otra’. Todo es como una cadena cuyos eslabones se abren y se cierran. Este abrir y cerrar es lo que constituye los hitos. Y entre hito e hito está la modalidad que van adquiriendo como por lapsos determinados los seres /los vivos y los que consideramos inertes/. El reverso es lo que sustenta y da entidad al anverso, a nosotros y a la naturaleza toda. El reverso sería ese Gran Ser, el Hacedor, al que llamamos Dios, cuya imagen somos como seres pensantes y de libre albedrío. A esta conclusión no se arriba así nomás con mente racionalista, que tiene su oficio en cuanto a la lógica que requiere la dinámica universal de causa y efecto de este mundo. En todo ser pensante y equilibrado en su psiquismo hay siempre atisbos de luz que obedecen a la mente trascendental, que es la que nos es propia para remontarnos al Uno y al Todo. Todos venimos dotados de esta mente. Mente que tiene por compañera a la humildad. Cuando ambas se dan de la mano y caminan juntas deviene la Sabiduría y se disipa toda duda y queda siempre abierta la ventana de la esperanza que nos deja traslucir lo de más allá, que también nos pertenece como seres en devenir.
Sinceramente que es para angustiarse y desanimarse sentirse solo en medio del torbellino de la razón con sus estridentes, a veces, pronunciamientos. Pero somos algo más que lógica racionalista. Y ese algo más lo constituye nuestra entidad cósmica /sin fronteras/ y trascendental /el espíritu/. Basta ver en muchos de nuestros semejantes: cuanto más humildes y bondadosos son, mayor calibre adquieren sus proyecciones y, en vez de la razón, opera en ellos la racionalidad que viene siendo el sinónimo de mente trascendental. La razón suele ser violenta y hasta incendiaria; la racionalidad es como el puente que conecta a la razón con el espíritu. Y esto sucede sólo por humildad y buen obrar que son lo que demanda al hito que dé apertura a lo de abajo hacia lo de arriba. Es así cómo la esfera inferior /razón, impulsos, intereses, tendencias, egoísmos, etc/ se cierra y se abre la de arriba. Ha comenzado la realización. Una nueva conciencia /Conciencia Cósmica, conciencia de unidad, de universalidad y de trascendencia/ toma cuerpo y nos hacemos espirituales. Lo de arriba comanda a lo de abajo. Y desde arriba se ensancha el ángulo de visión y podemos dictar normas a la razón para que ponga cada cosa en su sitio, que para eso nos ha sido dada, no para dislocar lo que de por sí es armonioso. Así, pues, lo de abajo comienza a hallar justificación en lo de arriba y sobreviene la paz y el encuentro con nosotros mismos, y en nosotros todo lo demás. Hemos entrado al reino de los cielos que llevamos por dentro. Ha habido en nosotros metamorfosis cósmica, y de gusanos nos hemos transformado en mariposas con alas que vuela por sí misma. Es decir: hemos muerto a este mundo y hemos nacido a la vida eterna. Y entonces sí ‘soy yo’. Me he encontrado conmigo mismo. Y en mí se revierte todo lo demás. Y nunca me sentiré solo. Y a cada paso se me engrandece más y más la presencia de Dios /concíbase como se quiera/. Y todo lo demás es como prolongación mía, porque yo soy en El Todo y El Todo en mí.
Asimismo, todavía con pies en esta vida terrenal, podemos decir que ya tenemos garantizado el regreso al paraíso. Y el regreso al paraíso no es sino agotar una existencia de planos inferiores para comenzar una nueva vida. Esto es, el paraíso sería como un punto que sustenta dos ángulos convergentes: uno que se cierra y otro que se abre. Y habrá tantos ángulos que se cierren y que se abran como infinita es la ruta del devenir en orden a la perfección /“Sed perfectos como el Padre celestial es perfecto” -Mt. 5,48/, tanto en esta dimensión como en la venidera o dimensión luz. Por un hito se abre un ciclo, por un hito se cierra un ciclo. Y este ciclo de perfección es inagotable, infinito en sus modalidades. Como una circunferencia que a cada hito aumentara su radio donde no hay espacio ni tiempo, en lo infinito y eterno.
Respecto a esta dimensión como en la otra cada ciclo se mueve igualmente en orden ascendente. Nuestro estado vibratorio se enmarca como en una polaridad que se conjuga en punto de convergencia: la energía inferior /vibración en frecuencia física/ y energía superior /vibración en frecuencia espiritual/. Y esta conjugación de aparente dualidad la podemos apreciar en casos concretos, como cuando nos hemos elevado en espíritu y estamos padeciendo una enfermedad o nos acosa un dolor. Inmediatamente la energía superior sale al encuentro /en ley de compensación/ para cubrir las deficiencias de la energía inferior. Si la energía inferior cede paso a la energía superior, ésta contrarresta sus contingencias /ley también de armonía de las partes en el todo/. O sea, que el alma elevada no descuida a su cuerpo; le brinda apoyo en sus eventualidades. Ambas energías se deben a un mismo ser que conforman en este plano y que mañana continuarán acompañándose en otra modalidad del mismo ser, cuando llegue el día de la ‘reversibilidad cósmica’, que nadie verá con sus ojos, porque no lo podrá resistir, porque sería el día del gran final de un ciclo evolutivo, para entrar a otra dimensión en una nueva vida. Será el día anunciado como terrible, el día del ‘juicio final’, cuando el ser de ahora entrará en una nueva modalidad de más glorioso o menos glorioso, y alma y cuerpo /por ley de lo semejante/ se unirán y continuarán su camino hacia nuevas metas de perfección. En aquel entonces del ‘juicio final’ habrá ‘resurrección de los muertos’. Un nuevo ciclo, repito, hacia lo eterno e infinito, aunque estas cosas no entren todavía en mentes cerradas a la trascendencia.
La dualidad que algunos filósofos dicen haber entre materia y espíritu no es tal. Materia y espíritu constituyen una unidad consustancial, ya que la energía superior / espíritu/ la había impreso Dios, al mismo tiempo de la creación, en la potencialidad de que, a tal fin, posee la materia. Por lo que no hay yuxtaposición de materia y espíritu. El espíritu /alma/ está en la materia como el humo en la madera. Y así como el humo, como energía sutil, sale del leño al ser quemado, así el espíritu sale del cuerpo una vez que se abre el hito que llamamos muerte.
Este planteamiento de tener que salir el espíritu del cuerpo para luego volver a juntarse con él parece más bien un embrollo metafísico. Parece, pero no lo es. Caer en ese argumento es como negar el proceso evolutivo de la naturaleza /y del universo/. El universo ha sufrido por milenios incontables hitos tras hitos para llegar a ser lo que es hoy, y dejará de ser lo que es hoy para adquirir nuevas formas en sus componentes hasta la reversibilidad cósmica para comenzar una nueva modalidad estructural, ya que la materia ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. Así desde lo indefinido, proceso de gasificación, solidificación, asociación de átomos y moléculas para constituir cuerpos vivientes, etc. Y como lo que es arriba es abajo, así también la separación de cuerpo y de alma tendrán su reversibilidad en cuerpos más gloriosos o menos gloriosos uniéndose nuevamente con sus almas, también más gloriosas o menos gloriosas, en una nueva modalidad el día que Jesús llama de la “resurrección de los muertos”. Entonces se habrá cerrado un ciclo cósmico en nuestra vida /cuerpo-alma/. La finalidad de todo es el regreso al paraíso, a la casa del Padre, pero en perfección. Y eso de cuerpos y almas más o menos gloriosos y más o menos gloriosas es porque en ley de lo semejante ambos han de seguir el mismo destino en lo infinito y eterno en orden a la perfección para la cual todo ha sido creado. Mas ¿adónde quedan el cuerpo y el alma /que aceptamos como espíritu/ una vez separados por el hito muerte? El cuerpo queda en su dimensión física aguardando aquel día; el alma, así como el humo sale del palo quemado y va a lo etéreo, va a su correspondiente estadio de más luz o menos luz según sus obras /según el estado de armonización o desarmonización que haya logrado/. El día del juicio final, el día de la reversibilidad cósmica, por más diluidos y confundidos en el seno de la materia que esté el cuerpo, sus átomos /ley de lo semejante/ se atraen entre sí y con lo que le es consustancial, su alma. Y, repito, ambos toman un mismo destino. Este mismo destino lo ha seguido toda creatura, incluso los mismos ángeles. Nada está quieto. El mismo ser de Dios es dinámico. La diferencia entre el Ser Creador y el ser creado está en que Uno tiene movimiento per se y otro por impulso dado /impulso que no es otro sino la manación del mismo Creador en su Plugo Divino, ‘Hágase’, sobre sus creaturas/.
¿Pero por qué no nos hizo Dios perfectos, como ángeles gozando en los cielos? Primero, porque perfecto solamente es Dios, y si fuéramos perfectos seríamos el mismo Dios; somos hechos a imagen y semejanza de Dios, no igual a Él en todo, y en ser lo que somos /en orden siempre a la perfección/ ya participamos en algo de la perfección del mismo Dios. Cada peldaño que subamos en perfección nos acercamos a Él, y el gozo es en proporción a este acercamiento. Antes no éramos lo que somos ahora; hemos evolucionado, nos hemos perfeccionado en relación a la simple materia, pues contamos en nosotros mismos con atributos divinos: tales como pensar, querer… Segundo, sería lo mismo que si la vasija de barro /un absurdo/ le exigiera al alfarero que lo hiciera igual a él. Mas así como la vasija de barro, en relación al barro con que ha sido amasada se ha perfeccionado, igualmente nosotros en el amasijo de los hitos de la vida con respecto a nuestros estadios anteriores. Y lo maravilloso en nosotros es que /aunque parezca paradójico/ en la medida en que avanzamos en perfección ganamos trecho en el retorno a la casa del Padre. Sólo cuando Jesús dijo“vengo del Padre y voy al Padre” lo entendieron sus apóstoles. Así nosotros: salimos del Padre y nos vamos al Padre, pero para regresar a Él hay que estar en cumplimiento de su ley que es lo que nos hace perfectos /”como el Padre celestial es perfecto”/ según nuestra condición de creaturas. Quien acepte libre, justa y amorosamente esa voluntad divina obtendrá la corona del reino celestial, y seguirá adelante en su camino de perfección eterna sin tener que esperar más reversibilidad cósmica ni más juicio, y los hitos que se le abran será de gloria en gloria. Tal es la finalidad por la cual somos hechos a imagen y semejanza de Dios. Y esto es lo que justifica nuestra presencia en esta existencia, que merece vivirla, pues no somos unos arrojados en medio de un caos sin explicación.
Y en el cumplimiento de la ley está el no cometer hechos contra naturaleza, como el aborto. Así, pues, yerran contra toda ley los que patrocinan el aborto, aunque para alguien éste sea un escape, peor: un negocio. Una cosa es el aborto de naturaleza y otra el de intervención irracional realizado por la mano del hombre. Pues una vez que se da la fecundación ya hay naturaleza concebida, como cuando pasamos el switch de la electricidad y se prende la luz en el bombillo. Hay luz, hay vida. Romper el bombillo no anula la energía presente que iluminó su forma material. Así, pues, la vida que surge ya no vale detenerla, aunque destruyamos su forma material. Desde acá se comienza a transitar por lo eterno. Aquí en una modalidad, allá en otra modalidad, y en un nuevo plano y en una nueva dimensión. Pero con una particularidad, que si bien por justicia divina nos corresponde una heredad superior en dicha a la de esta dimensión sensible en que vivimos, se pueden llevar una horrenda sorpresa /allá/ las almas que en esta dimensión de ahora hayan descendido por sus injusticias a planos inferiores al de los mismos animales. ¡Qué desesperación quedar atrapado en el túnel sin salida ni auxilio hasta una nueva reversibilidad cósmica de la materia y comenzar aquí otra vez el proceso evolutivo de la misma materia, de cuya potencialidad tampoco podrá escapar el espíritu o alma! De aquí las sabias palabras de Mahoma: “Prefiero sufrir mil injusticias antes de cometer una sola”. Sinceramente que esto es para reflexionarlo y meditarlo profundamente. Hemos dicho que el alma al salir del cuerpo va a su lugar de espera. ¡Y qué espera tan larga /eterna/ tener que estar sin la unión de su cuerpo atrapada en reversibilidad tras reversibilidad! ¡Para qué más infierno que verse y sentirse el alma privada de su respectiva gloria! ¡Muy caras nos pueden salir nuestras infidelidades a la ley que todo lo rige!
Ni somos bichos ni estar en esta dimensión es un azar o un cuento de hadas. Estamos aquí de vuelta al paraíso. Para estar aquí salimos del Hacedor por expresa voluntad y amor divinos mediante un ‘HAGASE’ que más adelante analizaremos. Mientras tanto me ratifico en mi yo superior o espiritual, poniendo en su respectivo lugar al yo del plano físico y al yo del plano astral. Mi mente está hecha para recorrer e interconectar estos tres planos. Cuerpos que, en traducción sencilla, llamamos físico, astral y espiritual. Y cada uno con sus correspondientes estados vibratorios /denso, menos denso y sutil/. Cuando la mente se ancla en los planos inferiores /físico y astral/ no cumple su cometido: dar a nuestro ser la plenitud a que está destinado en la manifestación del plugo hacedor, o sea, remontarse a la esfera de la trascendencia o sitial propio del espíritu. O dicho de otra manera: cuando la mente se ancla en los planos inferiores se imposibilita el ascenso y la apertura de la misma mente al plano superior espiritual y de trascendencia, meta ésta inmediata que ha de lograr nuestro ser en esta dimensión para entrar en la dimensión luz que a todos nos aguarda en el devenir eterno de nuestro ser. Y la mente se ancla, en el plano físico, por ejemplo, cuando se deja atrapar por la ilusión de los sentidos, ensanchándose y pompeándose el yo físico en las caricias de su fugaz hedonismo. ¡Cuántas mentes vemos en ese plano vibracional del yo físico! Un yo que se programa con la ayuda de la mente sólo para satisfacer sus apetitos, sus impulsos y sus veleidades. Un yo que, encerrado en su densidad, tampoco permite a la mente ver ni incursionar más allá del halago, placer y satisfacciones temporales, que a la larga lo que dejan es vacío o malestar.
Lo mismo sucede en el yo astral. Su estado vibracional es aún más peligroso que el del yo físico, pues que en él se fabrican, como en delirio de la propia mente, las más altas y fantasiosas elucubraciones mentales. La mente se ha establecido en este plano para sus idílicas ensoñaciones. ¡Qué belleza! La mente se extasía en sus contemplaciones. Como si en una noche despejada y de cielo azul y estrellado nos sumiésemos en la admiración y maravilla de aquello que no captamos con nuestros ojos. Y ese yo astral, en ilusión peor que la de los sentidos, establece allí su trono. Se aferra a doctrinas, a meditaciones delirantes y hasta se posesiona, como en desvarío, de la “verdad” /entre comillas/, porque está en confusión; con su lente /con su telescopio/ no ve sino espejismos. La realidad está más allá. La mente debe abrir las compuertas del plano espiritual y establecer el puente fluido entre los tres planos /físico – astral – espiritual/. Cuando la mente cumple esta misión, es cuando se inicia en nuestro ser el estremecimiento de lo espiritual y trascendental. Es cuando sin telescopio llegamos a la visión directa de los astros celestiales. Es cuando cada cosa comienza a tomar su propia dimensión. Es cuando podemos decir con Jesús que “adoramos al Padre en espíritu y en verdad” /Jn. 4,24/.
En nuestro transitar hacia la meta espiritual y trascendental hay escollos de índole física /de los sentidos/ y de índole astral /ensueños, embelesos, arrogancias exorbitantes, posesiones de la verdad, etc./. El yo astral, en estado vibracional confuso y aberrante, se sobrepone ante sus semejantes /seres humanos/ como el líder, el maestro, el sabelotodo y al que debemos creer y obedecer, y seguir sus dictámenes como verdad consumada. El yo espiritual, es más humilde, lo caracteriza la sabiduría, y por ende es más comedido, aunque firme y recio en sus decisiones, porque ya cuenta con el apoyo de los otros dos yoes /físico y astral/, que controla, para acometer sus realizaciones en orden de la trascendencia /“por los frutos los conoceréis”. -Mt. 7,20/. Frutos que de hecho se traducen en sus respectivas vibraciones: física, astral o espiritual. Todo vibra y cada vibración tiene su tonacidad y su repercusión en la realidad de la vida. Por ende que nadie puede excusarse ante la Gran Presencia del Todo Vibracional. Todo está registrado en estos archivos cósmicos y trascendentales. Nadie puede decir: Yo no fui.
El campo del ser en su devenir es como un pentagrama donde cada cual escribe su propia música /y hay músicas unas más melódicas y sublimes que otras/. Procuremos que nuestra composición sea la más bella posible, para poder cantar un día con los ángeles: ¡Gloria a Dios en las alturas..!”.
Recuerdo haber dejado en alguno de mis escritos que la luz excesiva no trasluce la realidad. Como cuando en un día de sol esplendente y de cielo sereno y azul tendemos las miradas en lontananzas como queriendo tocar lo infinito. No vemos más allá, porque esa luz, siendo luz, obstaculiza a los sentidos y no podemos ver lo que en realidad hay en ese engañoso cielo sere¬no y azul: todo un firmamento de estrellas. Lo mismo sucede a la mente cautiva en el cielo de las ilusiones astrales... Espejismos y nada más. A lo sumo puede mirar atrás y ver y tocar lo físico. La mente tiene su función predeterminada por ley de armonía del todo. Si ella se comporta como nexo de fluidez entre las partes /física-astral-espiritual/ la nave de nuestro ser irá a feliz término y lo físico, lo astral y lo espiritual se corresponderán en equilibrio de energías y en sus respectivos niveles operacionales de interacción. Si anda de saltimbanqui en juego con los planos inferior /físico/ y medio /astral/ sin abrir vías de superación hacia la trascendencia que pertenece a mi parte espiritual /espíritu, alma/ y a mi gran yo como un todo, ya conocemos las consecuencias: los radicalismos ideológicos de los hombres, quienes, portando en sí, como molécula estructural, la chispa de fuego originario de las estrellas, pues que no en vano decimos que somos hijos de las estrellas, sino que concomitamos con ellas en la génesis de la existencia del universo, transmutan esa energía originaria sólo en el elemento inferior, en fuego que abrasa de raciocinios y pasiones, en guerras infernales entre hermanos. Mas dentro de los corazones hay como en el subconsciente un fluido extinguidor de ese fuego de exterminio, el deseo de paz. Y este deseo de paz no viene de lo inferior /físico-astral/, sino que deviene del alma, energía superior de mi yo espiritual.
Cuando la mente acalla y oculta esta voz de paz, sobreviene el contrario /y en alguna parte de la proposición real de la vida se entabla el combate: reyertas entre hermanos, entre naciones, pestes posteriores, etc./. Es más, una simple contradicción nos hace estallar en llamas. ¿Y por qué sucede esto? Porque no se ha sincerado el yo consigo mismo, con sus semejantes y con todo lo demás; porque no ha habido captación /debido a los enredos del plano inferior/, y, si no hay captación, no puede haber estremecimiento, ni la consecuente entrega al Plan Superior /cobijo infalible/; se cierra el canal de comunicación entre la parte y el Todo.
Jesús, hablando desde lo alto, desde el pináculo del alma, decía: “Mi paz os dejo...” /Jn. 14,27/. Busquemos esa paz y nos irá mejor. ¡Oh, mente mía, y de mis hermanos terrícolas, así como te engolosinas con lo de abajo, aprende a degustar también lo de arriba!
Cuando se dio la manación divina por el ‘HAGASE’ comenzó a fluir nuestra exis¬tencia en forma progresiva /que los científicos denominan evolución/. En cada transformación de la energía primera ya latía la orden de que nos manifestáramos como entes no sólo pensantes, volitivos y libres, sino como seres capa¬ces de subir a escalas de trascendencia como portadores de espíritu. Cada transformación de la energía madre y de los posteriores elementos se hacían hitos y más hitos, hasta que en el tiempo y en el espacio se dio el hito de nuestro engendro y aparecimos como lo que somos. Muchas conchas evolutivas quedaron atrás. Y somos lo que somos: entidades de connotación física, astral y espiritual. Pero aunque creemos que ya hemos salido del cascarón como los pollitos, todavía no hemos roto la última envoltura de ese huevo cósmico que nos contiene. El pollito nos da ejemplo. Cuando ya está preparado para entrar a esta dimensión, pica el cascarón y sale. Esto es lo que precisamente nos falta a nosotros para entrar a la otra dimensión-luz, a la vuelta al paraíso, picar nuestra última envoltura /que es la espiritual/ para completar nuestro ciclo vital y entrar inmunes a la dimensión-luz que, en forma de nuevo ciclo, nos ha sido reservada en la casa del Padre, cuyo primer escalón pisaremos entonces. Venimos del Padre /Hacedor/ y volvemos al Padre, pero como recién nacidos. Tenemos la capacidad para gestarnos en la placenta cósmica como lo que en última instancia somos: un yo espiritual. De esta matriz a la cuna paradisíaca. Una vez más, a Jesús no lo entendían sus discípulos hasta que dijo: “Salí del Padre y vine al mundo; de nuevo dejo el mundo y me voy al Padre. Dijeron los discípulos: Ahora hablas claramente y no dices parábola alguna” /Jn 16, 28 – 29/.
Jesús les explicaba estas cosas que a los demás se las decía en parábolas. Y sus apóstoles comprendieron lo que es ‘salir del Padre y venir a este mundo’ y ‘dejar el mundo e irse al Padre’.
Con estas palabras tan simples de Jesús ellos, como el pollito, picaron el cascarón y dieron rienda suelta a su espíritu. Era la sabiduría de arriba iluminando aquellas pobres mentes. Era la gran aceptación ante su Maestro en fe transmutada en trascendencia de que somos hechuras del Padre y a Él nos debemos, y en un instante vieron con claridad lo de Arriba y lo de abajo, y así como se baja, se sube.
Mas entendamos bien la diferencia entre Jesús que, viniendo a este mundo, no era de este mundo por su naturaleza de Unigénito del Padre /“y antes que Abraham existiese era yo... Y el Padre y yo somos una misma cosa... Yo soy de arriba, vosotros de abajo” /Jn. 8,59/. O sea, que aunque Jesús había tomado carne como uno de nosotros, se obedecía al Espíritu. Tal era su naturaleza como Dios. No tenía que depender de lo físico, de lo astral ni de lo espiritual nuestro. El no tenía necesidad de romper el cascarón de la materia para remontarse al plano espiritual. El era espíritu puro con la adopción de materia que quiso tomar para hacer acto de presencia entre nosotros sus hermanos menores. Menores que no, por ser tales, careceríamos del amor y predilección del Padre. Y Dios ha enviado a su Hijo al mundo para que todo el que crea en El no perezca, sino que tenga la vida eterna . Y por la mente que Dios nos ha dado podemos interconectar el físico, el astral y el espiritual, para que sea este nivel el que predomine y, por ende, sin necesidad de misterios, podamos conocer también de Jesús y de nuestra salvación, de cómo cumplir la meta que el Padre nos ha trazado /salir del huevo o matriz de esta dimensión por donde hay que salir: por la puerta del espíritu/.
Cuando aprendamos a estar en el atrio de esta puerta del espíritu y nos familiaricemos con nuestra mansión espiritual, es cuando, repito, se nos habrá soltado el cordón umbilical de las tendencias del físico y del astral, y en¬tonces también habremos nacido por sí mismos como herederos del reino de los cielos.
Aunque tengo mente, insisto, no soy mi mente. Pero por ella puedo superarme. Ella recorre los tres planos de mi ser /físico, astral, espiritual/. Como espíritu debo estar atento cuando ella se acerque a mi yo espiritual, de la misma manera que le hacen caso a sus dictámenes los yoes inferiores /físico y astral/. Cabría remozar este pensamiento con el poeta Jorge Manrique: “Re¬cuerde el alma dormida - avive el seso y despierte...”. ¡Ay del alma dormida!. Y, si todos seguimos la misma suerte de atravesar por esta dimensión y en hito último migrar a lo desconocido, no por ello la mente no puede incursionar y curiosear al menos desde las ventanas del alma y divisar no tan lejos el más allá.
Por la carne vine a este mundo como en nave transdimensional. Sin ella me iré. Mas cuando ella encalle en el trágico puerto de la reversibilidad cósmica, mi yo espiritual, mi alma, la esperará ansiosa, para, juntos, revestirnos de gloria en una nueva modalidad. Volveremos a estar juntos, purificados y prestos para proseguir en el devenir de nuestro ser. Mientras tanto, ella, la carne, aquí cumplirá con la sen¬tencia bíblica: “Polvo eres”… /Gén. 3,19/. Pero no un simple polvo; polvo cósmico, dinámico siempre como en avatar y avatar. Por algo, como a tal polvo, la hizo el Creador. Polvo compañero de un mismo destino que resucitará. Habrá resurrec¬ción de los muertos y como en un instante nos consustanciaremos de nuevo cual ocurre en un reciclaje de vidrio /de forma defectuosa a forma esbelta/. Por supuesto que la esbeltez va a depender de la trayectoria que, sobre todo en justicia, hayamos seguido en esta dimensión sensible. La dimensión-luz está hecha para los hijos de la luz, que no de las tinieblas.
Mi mente en esta dimensión es como la nodriza y maestra a la vez que debe cuidarme no sólo en el alimento y aseo, sino también suministrarme y dotarme de todo lo noble y rico en espíritu. Para eso Dios ha mandado a esta vida sabios y profetas del buen comportamiento. ¡No te duermas alma mía! Que una ‘imagen de Dios’ debe estar siempre bella.
…Mi Dios... Jesús... Apartándome de estamentos religiosos /cristianos o no cristianos/ y con el debido respeto a los hermanos que profesen cualquier credo religioso, mi Dios y mi Jesús son en la forma que han llegado a mi mente, bien mediante un proceso religioso en el que me he visto involucrado, y que he tenido que depurar de dogmatismos, fanatismos y excentricismos, bien por revelación /eso que viene de arriba y que no es producto de inquisiciones mentales ni de voluntad, sino que se presenta en la esfera trascendental de mí como una realidad tan tangible como la que rodea a mis sentidos/. Y aunque ubique a Dios y a Jesús en contextos bíblicos, no por ello mi concepción cambia de sentido. La Biblia, a su modo, es la expresión de la mente cultural de un pueblo, que, de alguna manera también ha conocido de Dios y de Jesús como el unigénito del Padre. Es histórico que Jesús encarnó en el pueblo bíblico. Y esto es de mi evidencia por revelación en mí, pues Jesús se me ha manifestado en múltiples ocasiones como el mismo Hijo de Dios que está en los anales evangélicos y en la tradición del pueblo cristiano. Y todo esto hasta poder decir con autenticidad que Jesús vive en mí y yo vivo en Jesús.
...En mi conocimiento de Dios vibra mi mente al son de lo eterno e infinito. Imaginémonos un fondo blanco y sin limites... Eso es Dios, parangonando en algo. Cualquier aspec¬to /punto, raya, trazo/ que aparezca en ese fondo blanco podemos decir sin lugar a equívocos que está en ese papel. Y no necesariamente ha tenido que poner ese punto, raya o trazo cualquier agente extraño al papel. De la misma naturaleza del papel puede haberse originado tal efecto. Asimismo se ha dado la creación: de la naturaleza misma de Dios como una manación. Lo asombroso y maravilloso y no menos portentoso es que esa huella en el papel, esa creación, sea capaz de tener conciencia de ser tal, de estar impresa en ese papel, de reconocer no sólo que está impresa en el papel, sino que ella es parte del papel, y que como tal habla, piensa, siente, quiere, se proyecta y retropro¬yecta y hasta vuela en deseos de libertad por encima de todas las cosas que la rodean. Ese punto o trazo de trascendencia soy yo, y tú, hermano, hermana, que lees mis expresiones del alma.
Esta figura nos puede dar una imagen de lo dicho:

A)= Lo Inmanifiesto, lo Eterno e Infinito. La morada de Dios. /A)=Papel blanco sin límite/.
B) *= La creación, no sólo de lo sensible, sino de las otras dimensiones conexas a la nuestra de espacio y tiempo.
C)=Reversibilidad Cósmica.
D)=Dimensiones ultrasensibles y de luz, lo que está vedado a nuestros senti¬dos y para comprenderlo hay que pasar la barrera de lo sensible, de lo astral y colocarse en el plano espiritual, bien esto por ascesis o por sabiduría o revelación de Arriba.
Tómese en cuenta cómo el todo vibratorio de la creación está en forma de ondas que se van cerrando, se revierten y comienzan a abrirse, indicando que el ascenso a la perfección es eterno e infinito. Para la perfección y dicha en gloria hemos sido creados /“Sed perfectos como el Padre ce¬lestial es perfecto”/. De manera que para el día de la Reversibilidad Cósmica, que a cada cual nos puede llegar antes, ya debemos estar prepa¬rados en elevación de espíritu.
F) =Hitos evolutivos y de especialización del ser creado en onduladas y en frecuencias y planos.
G) =Hitos de perfeccionamiento y de gloria en onduladas y frecuencias y planos que escapan a nuestra mente, que le está permitido deliberar hasta la Reversibilidad Cósmica. Lo demás se da por revelación.
Allá , pues, se comienza a transitar por lo eterno /sin noción de tiempo, sino de dicha inagotable y en donde el cansancio y el aburrimiento no existen/. Dimensión ésta desconocida, pero accesible, para los humanos. Los cuerpos en aquel sitial serán unos más gloriosos, otros menos gloriosos, según hayan salido de esta dimensión, y emprenderán consustanciados con sus almas /por ley de lo semejante/ su marcha /un nuevo nacimiento en el devenir de su ser/. Conceptos éstos que, aunque sean cansones, sirven para afianzar al lector en la idea que desarrollo. Y si un cuerpo y un alma son menos gloriosos, no es por discriminación divina, sino porque por sus torpezas en esta dimensión sensible, teniendo libre albedrío, no han querido ser más gloriosos y, entonces, deben esperar el turno /hemos dicho anteriormente/ de nuevas reversibilidades por ley de justicia y de armonía de las partes en el Todo. Todos estamos llamados /repito/ a ser “…perfectos como el Padre celestial es perfecto”. Mas esta perfección no es agotable en un solo estadio, es de más en más y eternamente /aunque estas cosas no entren en nuestras pobres mentes/.
Ampliemos nuestra visión y conocimiento. Quizás para un puritano y poseedor de la “verdad” /entre comillas/, la ‘acepción de Dios’ tenga que ser como está en su mente de docta y exclusiva sapiencia, y hasta me haga reo de sus apriorísticos juicios y anatemas. La aguja de mi óptica mental se desliza fácilmente por las tres áreas de mi ser /física-astral-espiritual/ y, sin jactan¬cia, sino por gracia de Arriba, se detiene lenta y prolongadamente en mi plano espiritual, para que yo deguste y contemple lo que de imagen de Dios hay en mí. Dicha aguja tiene su eje central en mí mismo y su recorrido por la esfera de mi vida depende de mi libre albedrío.
En la ‘PALABRA DE MANUEL”, Principios Fundamentales de ‘Clave 9’, dada a Manuel por los Maestros del Uni¬verso en ‘arrebato cósmico’ el 16 de Junio de 1979 se dice: “Y Dios es ‘EL PODER’”. Y fuera de ‘EL PODER’, según mi conclusión cósmica, ni la nada es concebible. Y ‘EL PODER’, ‘EL UNO’, ‘EL TODO’, ‘EL INMANIFIESTO’ ... son palabras de una misma REALIDAD ETERNA E INFINITA... ‘DIOS’.Y este Dios se ha manifestado a SI mismo, como en manación de su amor. ¡Y qué cosa! En esta manifestación estamos nosotros los humanos como imagen suya. Imagen de Dios... Y pensamos, y queremos, y hacemos nues¬tras creaciones como lo que somos: su imagen. EL Apóstol Pablo nos lo confirma: “Vivimos, nos movemos y existimos en Dios”. El sobresalto para los poseedores de la “verdad” /entre comillas/ está cuando decimos que la creación es ‘manación’ de Dios. Recelan este término, porque es sinónimo de ‘panteísmo’. ¿Acaso confunden esta ‘manación’ con una chorrera de agua que sale de la fuente o manantial? Para mi esta ‘manación’ es como la manera de manifestarse Dios en SÍ mismo y en nosotros sus criaturas. Y en esta misma ‘manifes¬tación’: “Vivimos, nos movemos y existimos en Dios”, y reafirmamos que “fuera de ‘EL PODER’ ni siquiera la nada es concebible”. Y, cuando todo iba a comenzar a manifestarse, el plugo de Dios dijo: ‘HAGASE’. Y la manifestación se hizo, no sólo en el plano sensible, sino en planos superiores también: ángeles, arcángeles, serafines y demás jerarquías coexis¬tentes con nosotros. Y surgieron las dimensiones-luz y las dimensiones ultrasensibles y sensible /ésta es la nuestra/. Y esta ‘manifestación’ es como si en Dios hubiese dos lados, éste que llega a nuestra existencia y conoci¬miento /lado manifiesto de Dios, para poder comprender mejor/ y el lado ‘inmanifiesto’ de Dios. Y no es que Dios es una moneda de dos caras, sino que a modo de ejemplo, se nos ha dado ver sólo una cara de esa moneda, porque la inmensidad de lo divino, por así decirlo, no cabe en nuestras mentes, como no cabe el mar en un vaso. Pero no cabiendo el agua en el vaso, el vaso sí cabe en el mar y puede al mismo tiempo estar lleno de agua del mar. Así somos nosotros: si bien no podemos meter a Dios en nuestra mente, sí nos podemos llenar del flujo divino y sumergirnos en su deidad.
En ‘Clave 9’ tenemos tres dimensiones-luz. De arriba hacia abajo en el gráfico: Primera /Trono Celestial/, Segunda /Maestros o Energías Superiores que rigen el Universo/, Tercera /Guías inferiores en jerarquía a los Maestros que encarnan para conducir por buen camino a los humanos/.

A = Reino del Padre, ‘El Uno’, ‘El Todo’, ‘La Energía Pura’, ‘El Inmanifiesto’, ‘EL PODER’,‘Dios’..., en diversas acepciones.
B = Primera Dimensión - Luz.
C = Segunda Dimensión-Luz.
D = Tercera Dimensión - Luz.
E = Universo. Lo sensible.
F = En esfera superior a lo sensible, donde aparece el hombre, está lo suprasensible o ultrasensible, donde ubicaríamos ‘lo astral’, donde se extasía la mente en sus contemplaciones, confundiendo lo ‘astral’ con lo espiritual. De aquí muchas doctrinas esotéricas con sus misterios y posesión de la “verdad” /entre comillas/ y alharacas de visión de rayos de todos los colores y anclando su mente en este estadio /‘astral’/ como si este deslumbrante espejismo fuera el plano espiritual.
- Note el lector que en ‘Clave 9’ se habla de Dimensiones-Luz’, que en nada se corresponde con la clasificación de múltiples dimensiones de lo físico y de lo ultrasensible que suelen hacer muchas doctrinas.
Estamos en presencia de ‘EL PODER’ y de ‘SUS FUERZAS’. Estas se manifiestan en la ‘manación’, en la ‘creación’, hasta nosotros como fuerzas inteligentes. Y como inteligentes, como pensantes y libres nos podemos mover en el devenir de nuestro ser y en lo sin límite de todas las coexistencias, sea hacia la izquierda en orden retrospectivo, sea hacia la derecha en orden superior de lo eterno e infinito. De hecho, desde el mismo momento del ‘HAGASE’: primero, de hito en hito, de formas inferiores a la nuestra, hasta llegar a ser lo que somos; segundo, siendo ahora en esta entidad humana, nos desplazaremos por lo infinito y eterno, pues no podemos dejar de ser, y somos fuerzas pensantes en ese mismo ‘PODER’, Dios, del cual somos imagen.
Y valga redundar en la idea: ‘EL PODER’ no necesita de su manifestación /nos¬otros/; nosotros sí necesitamos de ‘EL PODER’ para sustentarnos. Somos fuer¬zas, cómo no, pensantes y libres, pero en tanto dependemos de ‘EL PODER’, pues fuera de ‘EL PODER’, repito, ‘ni siquiera la nada es concebible’. Por lo que tengamos muy en claro, lejos de prepotencia, cuál es nuestra condición de ser: “Vivimos, nos movemos y existimos en Dios”. El pez, por ejemplo, que nace en el agua, se mueve en el agua, pero depende del agua. De aquí también que hablar de Dios, es hablar de ‘EL TODO EXISTENCIAL’ y en ‘EL TODO EXISTENCIAL’ todas las existencias y coexistencias de la ‘manifestación’, y nosotros como existencia. Y nuestro universo no es sino un granito de arena en la playa del ‘todo coexistencial’, por más importancia que las men¬tes radicadas tan sólo en el plano físico le quieran dar. Mas si tan inmenso se nos muestra el universo, ¡qué no será lo eterno e infinito!
…Mi mente, inquieta y curiosa, revolotea por las sendas del devenir y del ser, y sube a la cúspide de lo intrincado e imperceptible para otras mentes /afincadas en el físico o en el astral/, y busca, y escudriña, y de vez en cuando tiene sus hallazgos. Y entre éstos encuentra a su dueño y señor, el espíritu. Puede divisar desde estas alturas del espíritu que hay un nuevo universo, y muy distinto al que ven los ojos del cuerpo: el universo de la trascendencia, el más allá. Bien dijo Jesús con palabras que son leyes de compensación: “Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá” /Mt. 7,7/. Y hay mentes que, en sus fijaciones, ni piden, ni buscan, ni llaman. Y en el adagio popular: “Perro que no anda, hueso no tropieza”. Y es que el ser vibra en todas direcciones. Debemos sintonizar sus ondas. Capacidad para ello tenemos unos más, otros menos, aun¬que tengamos que apoyarnos en otros semejantes. Somos hijos de la luz que no de las tinieblas. Los sentidos sólo están al nivel más bajo de nuestro estado vibracional, por más que tengan su ubicación y su función en escala de valor de nuestro ser. Mas podemos vibrar en frecuencias más altas /las frecuencias del plano astral y las frecuencias del plano espiritual/. Y cuando la mente pasa la raya del físico y del astral y llega al plano espiritual, éste se encarga de modular las frecuencias inferiores para que el ser esté sincronizado y armonizado con el ‘todo coexistencial’ y con ‘EL GRAN TODO’. Una mente acuciosa está siempre como una antena rastreadora y sabe interpretar cuando le dicen /Biblia/: “Llámame y yo te responderé, y te comunicaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces”. Y esto otro: “Cuando me busquéis de todo corazón, yo me mostraré a vosotros”. /Jr. 33,3 y 29,13/.
Confiar en los puros sentidos, en lo físico, es tan de pobre que de miseria no se sale. Es como echar en saco roto que nunca se llena. Y caer en el espas¬mo lumínico del astral es como en noche oscura y de tempestad ensimismarse en el fugaz resplandor del relámpago, que no más centellea, y se desvanece. La llenura y la consistencia está en el espíritu, del que brotan los sentimientos más puros, bellos y trascendentales de nuestro ser. Pero atención, en relación a la vida espiritual hay que ser también muy precavido. Puede suceder, casos de muchos místicos de la Iglesia Católica, que por una falsa concepción de la vida espiritual /quererse aislar totalmente del plano físico/ caen en los ‘escrúpulos’ y lo convierten todo en pecado, y se consideran grandes pecadores o pecadoras, y recurren al flagelo y a otros modos de penitencia. Y eso no es lo que nos pide el Señor, sino que obremos justicia. Por lo que hay que tener muy en claro el camino de la vida espiritual. Desde el punto de vista de ‘Clave 9’ solemos repetir hasta el cansancio: para estar equilibrado y en armonía con lo de abajo y con lo de Arriba debemos poner ‘pies en tierra, la mente en o trascendental y el corazón en la humanidad’. Suficiente para caminar por la senda espiritual.
El hombre es lo que lleva en su mente. Si lo que lleva en su mente son bonda¬des, frutos buenos dará. Por el contrario, si perversiones, conducta indeseable producirá. /“Por los frutos los conoceréis” /Mt. 7,20/. Por ende que el Apóstol Pablo dé importancia a la mente cuando dice: “Que os transforméis por la reno¬vación de la mente, para que procuréis conocer cuál es la voluntad de Dios, buena, grata y perfecta”. /Rom. 12,2/. Esto es, debemos abrir nuestro radio mental hacia nuevas esferas del conocimiento, no sólo de las cosas del mundo, sino de lo que atañe a nuestro destino como seres que venimos, estamos un poco y nos vamos /y esto sin más remedio que el de cumplir con la ley de la voraci¬dad cósmica de cuya acción nada ni nadie puede escapar, pues que es la ley que rige el ‘hito’ en el devenir/. Y esto no es idealismo, ni vago mentalismo. Es una propiciación a la elevación.
Si bien mis sentidos, en eco de mi mente, gritan:¡Soy yo! Mi mente con voz de imperio, como la loca de la casa, también grita: ¡Soy yo! Mas desde las esferas de mi complejo ya se oye el clamor de mi espíritu: ¡Yo también soy! ¡No me dejéis solo! ¡Coordinad conmigo vuestras operaciones! ¡Yo os daré de otro alimento que no necesariamente el de la carne y el de las contemplaciones superfluas que a nada conducen!
De este hablar entre las partes física, astral y espiritual invitándose a la armonía en el ‘todo’ y en ‘EL GRAN TODO’, y a la perfección, debemos sacar nuestras reflexiones.
Y sigue hablando el espíritu al físico y al astral: No creáis que vuestra estadía en el tiempo y en el espacio lo es todo, también como energías física y astral os debéis a la transformación, y la transformación de lo físico y de lo astral que conforman conmigo una unidad, no están exentas de gloria o de sufrimiento! Aquí mismo en esta dimensión sabéis del go¬zo y del dolor, para que comprendamos el allá que inexorablemente nos aguarda. Las partes del ‘todo’ no estamos aisladas.
¡Bello consejero el espíritu con sus concomitantes físico y astral! Consejo de bien y de sabiduría que en algunas ocasiones solemos oír en predicadores religiosos. ¡Lástima también, en muchos casos, sin conciencia de lo que dicen, que es lo mismo que si el jardinero le dijera a una planta ‘te voy a regar’ y todo quedara en la promesa! La acción debe acompañar a la palabra, y regar la planta. No es el ‘bla, bla’, sino la acción fecunda y a conciencia lo que se necesita en nuestra sociedad. Que el de arriba, como el espíritu, conduzca a sus hermanos inferiores /físico y astral/ hacia estadios de superación tanto en lo individual, como en lo social como en la edificación hacia una vida de armonía con lo de abajo y con lo de Arriba, pues que definitivamente estar aquí en esta dimensión tiene un sentido muy profundo. Y, como arriba es abajo y abajo es arriba, en todo hay punto de referencia como en dualidad. Esto es, lo que es de arriba /como en nuestro caso las estrellas del universo/ lo hay también en alguna forma o modo en todo lo que se mueve debajo o dentro de este univer¬so y, por ende, nada de particular tiene decir que somos hijos de las estrellas. La mente ya así lo ha demostrado. Los elementos que están arriba, están también aquí abajo en nuestros cuerpos y en nuestro medio. Por lo que tampoco sea atrevido decir que así como ‘el todo’ constituye una unidad, igualmente nosotros, como entidad que representa lo físico, lo astral y lo espiritual, somos una unidad. La misma naturaleza muestra sus ejemplos: gritas en la montaña, y tu voz se repite en eco; te miras en el agua cristalina, y ves y se refleja tu imagen. Es más, todo como preexiste y sólo tenemos que descubrirlo y ejercer sobre ello nuestra creatividad: preexisten la figuras del avión, del barco, del cohete, de la mariposa, de los animales y del mismo hombre, etc… Hasta las Américas preexistían antes de conocerlas los intrépidos navegantes que acompañaron a Colón en su inquietud por conocer algo más del mundo, que había dejado de ser una forma plana para convertirse esfera que se podía circunvalar y llegar al mismo punto de partida. Esto era asombroso, al tiempo que aberrante y castigado por los poseedores de la verdad del oscurantismo de la época, que no por haber quedado atrás ésta, no deja de haber oscurantismo en muchas mentes del siglo XXI. Mi mente me dice que captar esta relación y adentrarse en ella es como tocar el diapasón de lo eterno, y ver cómo desaparece el misterio despejándose en evidencia. Inspirado en esto es que he hecho mi composición cósmica ‘¿Buscas a Dios?’. He aquí ésta casi como un poema para el alma que ama la luz y la verdad, y sale a su encuentro:
UN ENCUENTRO CON DIOS
A mis hermanos(as) de ‘Clave 9’.
¿Buscas a Dios?
Recorre primero los espacios infinitos y, cuando llegues a tu mismo punto de partida,
ahí está Dios.
-No lo busques más.
El no está tan lejos…
El está en lo ínsito, igual en la evidencia que en el absurdo.
-No lo busques más.
El está más cerca de ti que tu propio hálito.
-No lo busques más.
Aprende a escuchar el silencio en medio del murmullo.
-No lo busques más.
El está en tu existir…
Percíbelo en el arrullo del devenir.
-No lo busques más.
El está en las compuertas de tu corazón esperando que manes obras de amor.
-No lo busques más.
El fluye por tus venas como estigma de vida,
de aroma y de color en la flor.
-No lo busques más.
El está en la nube tormentosa, en su trueno y en su relámpago y rayo.
-No lo busques más.
El está en la burbuja del océano…
En la tenue brisa o en el viento huracanado.
-No lo busques más.
Oye al Santo Job:
“Pregunta a las bestias, y ellas te enseñarán; a las aves del aire,
y te lo dirán; a los reptiles de la tierra, y te instruirán, y te lo harán saber
los peces del mar”.
-No lo busques más.
Dios está en tu misma búsqueda.
-No lo busques más.
Aquieta tu espíritu…
Que en la quietud de tu espíritu está Dios.
Quietud y más quietud…
-No lo busques más.
…Y ya no puedo decirte más…
Porque una vez que lo encuentras, cesan las palabras.
Todo se trunca en silencio.
¡Oh, Dios! ¡Oh, Dios!
¡Cuán cerca de mí estás!
Como sol centelleante en la aurora.
¿Cómo puedo buscarte más?
‘El todo’, ‘manación’, o ‘creación’, vibra y se expande en todos los planos como algo intrínseco a él en el devenir del ‘hito’. Y hemos llegado a nuestro estadio actual de ‘hito’ en ‘hito’ desde eso que los científicos llaman el ‘big-bang’. Mas no olviden los científicos que ‘el todo energético’ o ‘manación’ del ‘HAGASE’ no se limita a esta energía física /universo, que para mí es como un granito de arena en la inmensidad de las playas de las coexistencias, del ‘todo’ en sus múltiples formas, y como universo se pertenece a la dimensión sensible, en uno de sus planos y niveles de ahora/. Según la literatura del Bhagavatam hay otro tipo de universo /’espiritual’/, pues dice que “hay más planetas espirituales que físicos”, lo cual concuerda con la Biblia cuando habla de “aguas de arriba del firmamento y de aguas debajo del firmamento”. Esas ‘aguas de arriba’ no son sino la expresión de que por encima de nuestro universo hay otro universo espiritual, donde coloca el Apóstol Pablo a las “potestades”, seres de otra dimensión superior a la nuestra. Y examínese la Biblia cómo en sus diferentes capítulos habla de ‘ángeles, de querubines, de serafines, etc’. Seres que bajan de los cielos a visitar y dar mensajes a los hombres.
Si los ‘hitos’ son como huellas inconfundibles e imborrables en el devenir, la mente es apta para verificarlo. La mente, como dijera el poeta, es en el devenir “como una gota de agua en el océano que se sabe océano ella misma”. /V.M. Crespo/. Y la mente sabe muy bien de que el ‘hito’ continúa y que, si obra bien, se armoniza y sincroniza con ‘el todo’ /y con ‘EL GRAN TODO’/; si obra mal, también sabe que se desarmoniza... Escrito está: “Te he puesto mi ley en tu mente, en tus labios y en tu corazón. Escoge entre el bien y el mal”. Por lo que más vale rectificar a tiempo que tener que llegar al ¡ay! y a otras lamentaciones cuando no haya remedio. También está escrito:”El chirrincar de dientes”.
Iluso me llamarán, y más de una vez lo he oído de quienes se arrastran por la ciénaga del hedonismo y de la autosuficiencia. Pero eso de “comamos y bebamos que mañana moriremos” es, al fin, ignorancia. Y no por ello soy quién para juzgar. Simplemente invito a la reflexión, que mente para esto también tienen. En las cosas de Dios, del espíritu y del más allá sucede como cuando estamos delante de una misma realidad y unos la ven /perciben o conocen/ y otros no la ven /ni perciben ni conocen/. Como cuando entramos a un museo de arte. Si no estamos capacitados para descifrar la belleza que tenemos ante nuestros ojos es lo mismo que si no viéramos. Y ojos tenemos, pero tenemos que perfeccionarlos para cosas mayores que las cotidianas, para no tener que hacernos reo de la ley de equidad: “Porque te di más, más te exijo”. Ya decía Jesús a los que tienen talento y no lo multiplican: “Siervo infiel y perezoso”. “... y aún lo poco que tiene se le quitará”.
En mi misión ‘Clave 9’ me debo a la tarea de ayudar a mis hermanos a forjarse en un nuevo tipo de ‘Conciencia’, que se adquiere por el ejercicio armónico de la Libertad, de la Justicia y del Amor, y con pies en tierra, con la mente en lo trascendental y el corazón en la humanidad. Una conciencia que, suelo decir en todos mis escritos, es de unidad, de universalidad y de trascendencia. Una nueva óptica sobre Dios, el hombre, el mundo, la vida y las cosas. Así lo exige el mundo que se avecina.
Siempre ha habido mentes que, estando ante los dos platos de la balanza, se han inclinado sobre el plato de lo material, del facilismo, de la comodidad. Y hasta se han dado por desapercibidas, no sólo del equilibrio entre los dos platos, sino del plato de la trascendencia y del espíritu. De verdad que no hay peor ciego que aquel que no quiere ver. Y éste es el caso de los escépti¬cos, que se promocionan a sí mismos como ateos, para llamar la atención y como para infundir inhibición de los demás ante ellos. Y no sólo se contentan con decir “yo no creo”, sino que aseveran como la suma sabiduría: “Eso es mentira, eso es de fanáticos, de locos....”. Pero resulta que, por el contrario, hay quienes dicen que sí creen /en Dios, en los milagros, en el más allá…/. Y entre quienes creen estoy yo, y daré mis razones para confirmar mi creencia, que más que creencia es para mí certeza y evidencia. Y como sé que hay hermanos y hermanas que tienen fe en mis palabras, para ellos y para ellas, y para quienes me crean, narro ciertas experiencias vividas por mí:
1) Año 1952, mediados del mes de Abril. Un compañero de aventuras cargaba un saco de latas de conservas y yo un saco de bollos de pan que nos habían dado en el tren unos soldados que iban de misión militar. Y yo me preguntaba: ¿Qué hacer con todo esto, habiendo gentes necesitadas? No había pronunciado todavía este pensamiento, cuando sale a mi paso un mendigo con gesto bondadoso y de miradas dulces y nos saluda:”¡Hola jovencitos!”. Aquello sí me extrañó, aunque mi compañero todavía no se había apercibido de la situación, pues venía detrás de mí con su fajo de latas. Y no sólo me extrañó sino que me paralizó y, como se dice, me erizó todo el cuerpo y estremeció mi alma, que para aquel entonces yo no sabía si tenía alma o no. Mi pensamiento religioso era sólo de oídas en el pueblo: que si catecismo, que si primera comunión, que si la confirmación (todo esto a los 7 años de edad), sin entender nada de aquello… Pero aquella voz y aquellas miradas tan penetrantes se apoderaron de mí y no miento al decir que tenía delante de mí a Jesús. ¿Pero, quién era Jesús? Aún sin tener noción de ello, supe por intuición eso: que era Jesús, el mismo que ahora acepto como el verdadero Hijo de Dios, Dios mismo que vino a enseñarnos el camino de vida eterna; el mismo que años tras años se me ha venido revelando en múltiples ocasiones y a quien ahora abrazo deliberadamente como mi Dios.
2) Año 1952, finales del mes de abril, junto a la Mezquita de Córdoba /España/. Estando yo sentado en la acera a las 5 de la madrugada, soportando el frío del momento, me estaba comiendo unos churros, cuando de pronto, sin saber de dónde había salido una mujer vestida de negro, con rostro raro y tono misterioso en su hablar, se dirige a mí más o menos con estas palabras:”Jovencito, ¿ves aquella nube negra allá en la inmensidad? Pues allá en la inmensidad está la mano de Dios”. Por primera vez en mis incipientes años de vida me habían mirado ni hablado de esa manera, por cierto bastante lejos de mi pensamiento poco religioso de joven que pensaba nada más que en lo normal de este mundo. Y es más, como si me hablara en chino, me recalcó varias veces:”Ahí está la ciencia infusa”. Y todo que aquello se quedó grabado para siempre en mi mente.
3) Año 1952, mes de Julio. Me tomé una foto en el Parque María Luisa de Sevilla y la Virgen aparece en el pantalón que llevaba puesto a la altura de la rodilla izquierda. También conservo esta foto.
4) Allá por el 1957, yo acostumbraba a eso de la media noche a levantarme a orinar a un baño solitario que había al final de un pasillo. Todo iba muy bien noche tras noche, hasta que lo imprevisto e inimaginable por mí sucedió otra noche. Me dispongo a entrar en el baño, como siempre, cuando de pronto un bulto negro, como una persona, me empujó hacia atrás y se entró en el baño. Dándome cuenta que no oía el ruido de la orina de aquella supuesta persona salpicar en el water, me aguanté un poco más, pero sin pensar en más nada. De pronto sale el bulto negro y me empuja otra vez hacia atrás. Al instante me sentí molesto y me dije: ¡Qué tipo más descarado! Y cuando miro al rededor y veo que aquello desaparece, pegué un brinco y me salté el pasillo de dos trancazos, y se me quitaron las ganas de orinar a media noche por varios años hasta que me recuperé del susto.
5) Año 1982, ya residiendo yo en Venezuela , hacía veinte y tantos años, en uno de mis viajes a España, llegué al aeropuerto de Madrid a la 1 pm. con mi maleta, normalmente como cualquier otro pasajero. Me siento en un banco esperando que llegaran las 5 pm. para chequear mi pasaje, y sentí como un golpe interno en mis oídos /nada de pensar en mareos/ y fui transportado misteriosamente a un túnel muy largo con un riel de tren en el centro. ¡Qué angustia existencial! Y yo con mi maleta, incluso bien pesada, sin hallar salida para ningún lado. El túnel no tenía límite. Y yo arrastrando mi maleta, pidiendo auxilio desesperadamente sin nadie que me oyera. Estaba realmente bañado en sudor por la desesperación. Así hasta las 4 pm. que fui nuevamente transportado mágicamente a una de las puertas de embarque del aeropuerto. Una experiencia extradimensional comparable a los tormentos o angustias que se puedan sufrir en el más allá.
6) Unos años más tarde yo iba para Murcia /España/, por supuesto con escala de Venezuela a Madrid. Y sintiéndome imposibilitado, por razones de tiempo y de itinerario, para saludar al R. P. Jaime Andrade, lo llamé por teléfono desde Venezuela para comunicarle que pasaba por Madrid, pero que lamentaba no poderlo ver y compartir con él un rato. Por cierto que él disentía de ‘Clave 9’:”Esas cosas no entran en mi óptica mental”, me dijo un día. Pero él era para mí, independientemente de ‘Clave 9’, un sacerdote ejemplar y como a tal lo estimaba. En la conversación él me contó que qué casualidad, que a la misma hora que yo llegaba a Madrid él salía para Inglaterra, que también sentía no encontrarnos en esta oportunidad. Pues bien. Llegué al aeropuerto de Madrid y me quedó tiempo más que suficiente para almorzar y merendar allí, pues hasta las 7 pm. debía esperar para mi embarque para Murcia. ¡Como si presintiera algo, puse mi reloj con hora del aeropuerto, y ante la duda para asegurar el vuelo miraba los diferentes relojes que iban marcando horas y horas. Y cuando ya eran las 6 pm. decidí entrar al salón de espera y me detuvo el paso un guardia civil:”¿Para dónde va el caballero?”. –Para Murcia. -“Ya el avión salió a las 7,30”. -¿Cómo va ser eso? Le repliqué. Y él me preguntó:”¿Y usted no sabía que el avión salía sobre esa hora?”. –Pues claro, pero todavía son las seis. –“¿Las seis? ¿Ha mirado usted bien el reloj?”. - ¡Pues imagínese! Y miré el reloj y yo veía las 6. Las agujas atravesaban de abajo hacia arriba toda la esfera: yo veía las 6 en punto. Me insistió el guardia que mirara bien. Y yo veía igualmente: las 6 en punto. -“Pues, caballero, son las nueve”. Efectivamente, miré otra vez el reloj de pared y el mío y eran las 9. ¿Cómo pudo ser esto? Di las gracias al guardia y le pedí disculpa, y le solicité orientación cómo tomar un taxi para buscar hotel en Madrid; como así fue. Y ya en el hotel se me ocurre llamar a la residencia del Padre Jaime, para dejarle el recado de que había pasado por Madrid. ¡Sorpresa! Era la voz del Padre Jaime, quien contestaba a mi llamada. ¿Y eso, usted no se iba para Londres? –“Sí, pero inexplicablemente perdí el avión. ¿Adónde estás tú?”. –Aquí en Madrid en Residencias Recoleto. –“Pues salgo de inmediato a recogerte”. Y conversamos ampliamente hasta las 3 am., cuando me regresó al hotel. Desde entonces el Padre Jaime, ante aquel encuentro fortuito, dado en igual de condiciones, pensó y requetepensó que detrás de nosotros había algo que nos unía más y más. Hasta tal punto que en un viaje que él realizó a Venezuela, compartimos por largo tiempo sobre ‘Clave 9’, y ya su opinión era distinta:”Te confieso que estoy profundamente emocionado por estas cosas”. ¡Y a cuántos les hablaba él de ‘Clave 9’ y del Profeta Manuel! Cuando escribo estas cosas /ampliando ‘Mi acepción de Dios’/ hace dos años que emigró el Padre Jaime a la patria celestial. Él se llevó mi recuerdo. Y yo conservo el de él. No estamos solos. Fuerzas superiores nos rigen a veces, sobre todo para bien. El Apóstol Pablo habla también de huestes negativas que infieren en nuestras mentes. De aquí, quizás, la insistencia de Jesús:”Estad atentos y vigilad”.
7) Una noche, término de las 8, ya acababa de reclinar la cabeza sobre la almohada, cuando intempestivamente veo y siento la presencia de quien fuera mi padrino de matrimonio, Dr. Raguzo, en espíritu, que quería meterse en mi cuerpo. Ya me invadía, cuando grité fuertemente con verdadera fe:¡Jesús, aleja de mí este espíritu! Sudé frío, cuando desapareció ese espíritu. Y suena acto seguido el teléfono. Toma la bocina mi señora y le comunican que el Dr. Raguzo acaba de morir. ¿Para qué más convencimiento en las cosas del más allá cuando se viven en carne y hueso? ¿Se puede ver un espíritu? Sí. Yo lo vi. ¿Y tiene forma un espíritu? Yo vi la imagen del Dr. Raguzo. No una imagen como el cuerpo físico de espeso. Pero la imagen del espíritu conservaba las características inconfundibles del Dr. Raguzo.
8) También he presenciado con mis propios ojos y he oído con mis propios oídos la posesión de espíritus en varias personas. De verdad que son demonios tal como nos lo han enseñado en religión. Fuerzas del mal que se apoderan de personas y las enloquecen y las hacen cometer hasta el suicidio.
En los evangelios se retratan escenas muy parecidas de personas poseídas. Y cómo gritaban al mismo Jesús:”¡Apártate de nosotros! ¡No soportamos tu presencia!”. Si algo puedo añadir es que tengamos cuidado de no dar entrada a fuerzas negativas. Estos diablos son las mismas maldades de los hombres acumuladas, convertidas en fuerzas potentísimas, que ¡ay de aquella persona a la que puedan penetrar¡ ¡Y cuántas posesiones se ven en este mundo desenfrenado! Quien tenga ojo observador que los fije bien en ciertas gentes que cuando hablan se les quieren salir los demonios por los ojos. La posesión es un hecho real, y debemos alimentar positivamente nuestro espíritu para estar bien acorazados contra esas fuerzas negativas.
9) Pero la gran experiencia, la que me tiene atado a lo que jamás habría concebido por mí mismo, data del 16 de Junio de 1979, cuando tuve el ‘arrebato cósmico’ con los Maestros del Universo, Peregrinos del Universo, entre ellos el Profeta Elías. Sólo puedo decir que se crea o no se crea, yo viví aquel momento, que se ha hecho perpetuo en mí noche y día, y que me ha hecho ver, oír y gustar las maravilla del universo sensible y de la dimensión luz. Toda mi vida cambió en giro total. Salté todas las esferas habidas y por haber. Un cambio así no se opera por cuenta propia. Ni la sabiduría que viene de Arriba se degusta con conocimientos terrenos. Yo mismo me pregunto y repregunto:¿Manuel, qué es todo esto? ¿Por qué a mí y no a otro, si no me hallo en méritos de recibir dicha tal? Yo mismo me cuestiono y me siento impulsado a aceptar y a callar, y a no detenerme en el camino que me ha sido mostrado para bien de todo el que quiera compartir conmigo el Mensaje recibido.
Sé que en curiosidad del lector o lectora queda saber el detalle de este mi ‘arrebato cósmico’. En resumen, estaba yo una mañana haciendo una grabación sobre educación sexual /mi campo científico/ para llevarla a la radio como de costumbre. El Ingeniero en cine, Dr. ‘Omar Villasmil’, solía dar a la cinta un retoque técnico. Y el sábado 16 de Junio de 1979, repito, por la mañana, en medio de esa grabación sentí sobre la casa un ruido estremecedor. Tal fue éste que la ahijada, Josefa, y mi hijo Fernando, se asustaron y salieron a ver lo que pasaba, pues la casa parecía remover sus cimientos y el techo crujía /apreciación de ellos y mía/. Ellos dicen que corrieron a mí y que yo me hallaron en una actitud como de beatitud. Salieron a la calle y nadie daba razón de cualquier cosa extraña. Llevé la cinta al Dr. Villasmil. Él escuchó /dice/ “como una voz pausada y muy lejana”. Quiso sacar una copia de aquello, pero todo fue inútil. Perdió su trabajo y la cinta no se supo más de ella, pues unas noches después del episodio recibí como impulso muy fuerte que era como un mandato aquella imperiosa voz interna:”¡Destruye la cinta!”. Y, aunque a pesar mío, pues yo quería tener un testimonio, la destruí.
¿Mas cómo fue lo del ‘arrebato cósmico’? Simplemente; Fui arrebatado por tres seres de luz /entre ellos, el único que se identificó fue el Profeta Elías/ a otra dimensión de paz, de belleza, de armonía… Un paraíso celestial, que si me hubieran dado la opción de volver otra vez a esta dimensión sensible o quedarme allá, hubiera escogido aquel lugar, a cuyo alrededor, y a una distancia como la que observamos entre la Tierra y la Luna había tres como planetas con luz y vida propia, con seres en pleno gozo haciendo transmutaciones energéticas con sus aparentes cuerpos. Allí, en aquel éxtasis de lo que añoramos aquí en la Tierra, fui instruido no en conocimiento, sino en sabiduría sobre todo lo concerniente a una “NUEVA GENERACIÓN, ‘CLAVE 9’”, según el Mensaje que una vez que bajé a este plano me dictaron y queda escrito como: PALABRA DE MANUEL, DADA A MANUEL POR LOS MAESTROS DEL UNIVERSO, PEREGRINOS DEL UNIVERSO /que puede leerse en este ‘blog’. Cuando bajé a esta dimensión, sentí un fuerte choque con la realidad material. Es más, las vibraciones que había tenido que soportar mi cuerpo fueron tales que por espacio de varias horas mi piel estuvo amarilla. Sinceramente que me sentí muy mal. Y así de mal estuve por mes y medio, como fuera de mí mismo. No me hallaba en ninguna parte. Creí estar enfermo de verdad y para siempre. Y es más, se fue regando el cuento y me escribieron grafitis en las paredes como “el extraterrestre”, “el marciano”, “el loco”. Hasta me tiraron excrementos en el jardincito de la casa. Y algo más grave fueron las incomprensiones por parte de la familia. No fue gloria el bautizo como Profeta de ‘Clave 9’ lo que recibí.
Como la historia completa está en otros escritos sobre ‘Clave 9’, corto este espacio hasta aquí, pues he dado a conocer cómo fue lo del ‘arrebato cósmico’.
10) A estas experiencias se unió en 1993 la revelación que la Virgen me hizo junto al Templo Votivo de la Virgen de Coromoto en Guanare /Venezuela/ dándome la ‘Piedrita Cósmica’ que la he mostrado hasta la saciedad, valga la expresión, aunque no me canso en mi misión; cada día me siento con más ánimo en ella. Ocho personas estábamos en ese momento de la revelación. ¿Y por qué la predilección en mí? Así fue. Así lo acepto. Y así me entrego a mi misión.
11) La Virgen Milagrosa: Una noche, alrededor de unos 20 años ha /y estamos en 2009/, a las 2 de la madrugada, un golpe muy extraño me despertó. Era Ella, la ‘Virgen Milagrosa’, hasta entonces desconocida por mí esta imagen, que se hallaba sobre un pedestal muy alto, y personificándose, bajó hasta mí /y yo estaba sentado en el banco de un templo/. Se sentó a mi lado y me habló no sé qué /palabras que no recuerdo/… Se levantó del banco y, antes de retirarse, le dije:’Madre mía, ¿por qué no me sanas de esta enfermedad de mi boca, pues se me está cayendo la dentadura pieza por pieza?’. Ella me miró en tono muy serio y me respondió:”¿Acaso tú necesitas milagro?”. Después de esto se fue a la base del pedestal del que había bajado, se elevó y se quedó de nuevo petrificada en estatua con sus brazos semi extendidos, tal como puede verse en el Templo de San Juan en Barquisimeto, Venezuela.
Al día siguiente asistí a una cita de odontología para continuar con la extracción de muelas y dientes. Mas en junta de especialistas en la materia, en el Ipasme, una Doctora, Zamira de nombre, exclamó:¡Déjenlo por mi cuenta!”. Ya han transcurrido 20 años sin que desde entonces me hayn tenido que sacar más piezas dentales /sólo perdí dos/ y puedo morder hasta turrón del duro. La Doctora Zamira reconoce que ella es el ‘ángel’ escogido por Dios para salvar mi dentadura.
Mas continúo narrando en parte lo ocurrido. Me quedé con aquella impresión tan fuerte de lo acontecido aquella noche con la Virgen y de un modo tan raro, en aquella transportación de mi casa al templo de otra ciudad, que comencé a divulgar el hecho, pero nadie me decía cómo era el nombre de la Virgen que yo describía. A los cuantos meses, en una reunión de Barquisimeto, eché el cuento a los hermanos y hermanas asistentes y nadie me supo decir cuál era el nombre de la Virgen. Mas, cuand0 ya eran las 5,30 p.m. de aquel día sábado, sentí deseos ardientes de ir a misa. Estaba lloviendo a cántaros. Tomé un periódico, pues no cargaba paraguas, me lo puse encima de la cabeza, y me dirigí a una iglesia que me habían indicado /tres cuadras hacia abajo y tres cuadras a la derecha/. Allí estaba la iglesia. Iglesia que era la misma en la que yo había sido transportado. Y allí, al fondo, al lado del altar, estaba la misma Virgen sobre el pedestal. Quedé fuera de mí. Todo el cuerpo erizado. Era “La Virgen Milagrosa” /su nombre de advocación/. Es más, pedí al sacerdote una confesión y me llevó al mismo banco donde la Virgen y yo estuvimos sentados. Puede imaginarse el lector o lectora cuál sería mi estado emotivo. Y en agradecimiento a la Virgen mi casa lleva el nombre de ‘AVE MARÍA’.
12) Aunque podría señalar otros casos sobre la cara oculta a esta dimensión, voy a cerrar mis experiencias extrasensoriales /y de orden espiritual/ con la visión que tuvimos cinco personas al mismo tiempo: ’Un espectro’. 10 de Mayo de 1986. Íbamos por las vías del páramo merideño /Mérida-Venezuela/. Hora media noche. De repente, cuanto todos reíamos entre chistes y chistes, ‘un espectro’ en forma de hombre, de color tornasolado /plomo azul brillante/ bajaba velozmente cruzando las montañas a pasos agigantados con dirección a nosotros que viajábamos en carro /coche/. Todos a un mismo tiempo percibimos aquella espeluznante creatura, cuyas manos parecían de gigante. Todos también al unísono silenciamos la risa y quedamos estupefactos, atemorizados y esperando lo peor, que nos callera encima aquel terrible ser. Mas todo fue un susto. De ahí no pasó. Como voló hacia nosotros, desapareció y no más. Un poco más adelante, para calmar los nervios y recuperarnos del susto, paramos el carro y nos miramos los rostros, que como era de noche y con luz del vehículo no nos veíamos bien, pero deberían estar pálidos, pues aún temblábamos por el miedo que nos causó el ‘espectro’.
…Mi conclusión: ¿Cómo puedo dudar de que hay algo más de lo que ven nuestros ojos y oyen nuestros oídos? Nos rodean coexistencias. El espíritu es una realidad que conforma nuestro propio ser. Y por algo vino Jesús a este mundo. Siendo espíritu puro, tomó carne como uno de nosotros, nos enseñó el camino de la verdad y de la justicia para garantizar nuestra futura vida en el más allá; se entregó a la muerte y la venció, subiendo al reino del Padre en cuerpo y espíritu gloriosos. Y bien claro que nos lo dijo:”Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Y algo más de mi conclusión: Jesús constantemente se me manifiesta en varias formas, cuyas imágenes las doy a conocer en fotos auténticas a todos cuantos se comunican conmigo: Jesús desde que nace, en su vida diaria, en su pasión, en su muerte, en su resurrección… ¿Cómo puedo dudar de la existencia del más allá? ¿Cómo puedo dudar de la existencia de un Dios Todopoderoso?
¿Por qué negar por negar? ¿Acaso la moneda no tiene dos caras? Quien niegue la otra cara porque no ve sino la que tiene por delante, no se ajusta a buen raciocinio. Es más, si hacemos girar la moneda a gran velocidad hasta se puede ver otra cosa. Aparentemente, si nos ponemos delante de una de las paletas ¬de la hélice de un avión, no vemos lo que hay detrás de ella. Es suficiente que la hélice rote velozmente para que sí veamos lo que antes no se veía. Esto mismo debe hacer la mente: dar vueltas y vueltas hasta deslizarse hacia la esfera de arriba para abrirse a nuevas posibilidades del ser. Hay que renovar la mente como nos lo dice el Apóstol Pablo:”Renovaos en vuestra mente para que comprendáis cuán buena grata y perfecta es la voluntad de Dios”.
Mi mente, como muchas otras, se inclina sobre el plato de la trascendencia. Y puedo afirmar que sí he visto y veo lo que está más allá de mis sentidos y de las fascinaciones o espejismos que me da el astral. Pero, creyentes o no creyentes, todos tenemos que pasar por el ‘hito muerte’. Y al respecto dice la “PALABRA DE MANUEL” /Principios Fundamentales de ‘Clave 9’/: “La muerte no es del concepto en que la tienen los terrícolas. La muerte es entrada a Dimensión-¬Luz por la misma puerta que hayan tomado los terrícolas…”. O sea, un ‘hito’ /ciclo que se cierra y ciclo que se abre/ que va a depender de la carga positiva que lleve el transeúnte /el alma en el momento de ser separada del cuerpo/.
Quienes sí vemos y nos estamos preparando para atravesar ese puente del ‘hi¬to’, contraemos un compromiso con la ley de la justicia para compartir nues¬tros conocimientos, experiencias y vivencias con otros hermanos que aún vibran en planos inferiores. Y no nos consideremos más que ellos, pues que “en Dios no hay acepción de personas”. Nadie es más. Nadie es menos. Todos somos a “su imagen y semejanza”.
A continuación graficamos algo sobre la mente:

A = Radio Mental /línea de puntos hacia arriba/.
B = Plano físico.
C = Plano astral.
D = Plano espiritual.
Tres cuerpos en una unidad. La inscripción ‘radio mental’ y ‘radio espiritual’ la ponemos para indicar que así como el radio mental abre hacia arriba de la misma manera baja el fluido de lo espiritual al plano astral y al plano físico por el radio mental que ahora se revierte en radio espiritual por los efectos de sublimación que el plano espiritual ejerce sobre los planos inferiores.
Desde el Plano ‘D’ hacia arriba ya entramos en Dimensión-Luz. Nuestra mente tra¬baja hasta el plano espiritual, donde comienza la trascendencia. Y una particularidad de nuestra mente, y posteriormente de nuestra nueva modalidad del ser, es que siempre hay un radio que ensancha la circunferencia de nuestra visión respecto a Dios. Esto es, si ascendemos un peldaño, en la misma proporción se nos aleja Dios /éste es el camino de la perfección: “Sed perfectos como el Padre celestial es perfecto” -Mt: 5,48/. Nunca atraparemos a Dios. Nunca lo meteremos dentro de nosotros. Pero a cada peldaño que subamos en perfección lo veremos más perfecto. Y en ese devenir de nuestro ser habrá gloria y más gloria, y nos sentiremos, como hemos dicho anteriormente: “Como la gota de agua del océano que se sabe océano ella misma”. No abarcaremos a Dios, pero nos sentiremos cada vez más llenos de El.
Las mentes de los humanos están inmersas en sus respectivas culturas. Quizás un día no haya sino una sola cultura, y entonces tendrá cumplimiento: “Día llegará en que todos me conocerán…” /Jm. 31, 34/.
Mi mente también obedece a una cultura. Pero he aprendido a respetar los cánones de las otras culturas. Y aunque yo disienta de tal o cual norma cultural, por las cosas que he visto y he oído de arriba debo ser comprensivo y tolerante con esos mis hermanos, pues si algo de sabiduría hay en mí, a la sabi¬duría no le es dado litigar ni discriminar, sino colocar cada cosa en su lugar /ya esto mismo se logra por la adquisición de la ‘Conciencia Cósmica’/. Yo me debo al plano espiritual y trascendental, y ¡ay! de mí, si bajo de nivel, pues el golpe sería más fuerte. Como el que tiene una herencia y la malbarata, cuánto no le va a costar después recuperar lo perdido. Más vale subir que bajar, pues que Dios le tiene paciencia al pecador, a pesar de todo, y El lo que quiere es “que el pecador se arrepienta y viva”. No obstante, lo que no se purga aquí hay que resarcirlo allá, donde no entra espíritu impuro. Un globo que no esté inflado no puede ascender, y por más que lo lancemos a los aires caerá por sí mismo obedeciendo a la ley de la gravedad; allá la ley es no menos rigurosa, la ley de la justicia. Más vale purgar aquí en el tiempo que allá en la eternidad.
Hay culturas que favorecen la noción de un Dios Único y Verdadero; otras lo atomizan y parcializan hasta hacerlo forma sensible /múltiples deidades, lo que se denomina politeísmo/. Sea como fuere, cierto es que de alguna manera se ha filtrado la idea de Dios en la mente de los hombres. Dios, repito, como ‘EL GRAN TODO’ no cabe en nuestras mentes, pero su voz la han escuchado los hombres de todas las épocas. Como un ejemplo más de que Dios no cabe en nuestras mentes: una naranja, que tiene miles de poros, y ella, como el todo, no puede entrar en uno de sus poros, que son mínima expresión de la cantidad de elementos de la naranja en sí. Los poros sí dependen del todo-naranja. La existencia del poro se debe a la naranja como tal, y el poro es poro de la naranja y nada más. De igual modo somos poros del ‘todo’ /‘manación’, ‘creación’, y del ‘GRAN TODO’ o Dios/. Y las culturas son como vehículos donde se gesta nuestra conciencia de Dios, y en donde Dios nos susurra al buen sentido como suave brisa en el desierto al oído. Y quiéranlo que no los supuestos materialistas y ateos /que serían como medio día habiendo días enteros/, Dios está aquí y allá, como dice el catecismo católico: “Por esencia, presencia y potencia”.
La experiencia demuestra, no obstante, que no vale tener la noción de Dios para “adorar al Padre en espíritu y en verdad” y elevarse al plano espiritual y trascendental. Son muchas las culturas /y los hombres en particular/ que haciendo alarde de su religiosidad /una cosa es ser religioso y otra espiritual/, que han violado, y violan, el mandamiento de Dios: “No matarás”. Esa noción se ha que¬dado anclada en el astral y con tendencia a los intereses materiales. Repito con Jesús: “Por los frutos los conoceréis”. /Mt. 7,20/ Y los hombres podrán jugar con su noción de Dios, pero no podrán escapar a la ley de la justicia divina /la justicia de las justicias/. Justicia que no es venganza, sino equidad y compensación.
Una pregunta inquietante /y que la tienen muchas gentes, que no esforzándose esperan que todo les caiga del cielo/ sería ¿por qué unos conocen a Dios y otros no, si se dice que todos somos iguales delante de Dios?
Quizás la respuesta no sea tan fácil, por la serie de conjeturas y argumentos que implica, pero procuraré contestar a mi modo. Ante todo se nos presenta el grueso de la cuestión: la libertad. Porque poseemos mente y espíritu, y somos imagen de Dios, y entre los demás seres que pueblan el planeta somos seres libres, no estamos atados a leyes ciegas de la naturaleza como los ani¬males. La aguja de nuestra mente la podemos pasear a placer por los tres esta-dios o planos de nuestro ser /físico-astral-espiritual/ o bien detenernos en un nivel u otro. De una manera o de otra todos sabemos lo que es bueno o lo que es malo /el parámetro nos lo marca la Biblia: “Lo que no quieras par ti, no lo quieras para otro”. Y lo irrefutable es que solemos escoger lo bueno para nosotros /conveniencias, intereses, ofertas, dádivas, etc,/ en medio de lo que no consideramos bueno o agradable, aunque en esta escogencia se perjudique el prójimo. Luego sí sabemos lo que es bueno y lo que es malo. Y sabemos también que, para seguir el camino que Dios nos ha tra¬zado para llegar a la perfección, hay que tomar cuesta arriba, y como es más sencilla la cuesta abajo, por aquí nos vamos al despeñadero. Y todavía no falta quien diga: “me perjudiqué, pero a gusto”. Simplemente, rehuimos el sacrificio que nos piden las cosas del alma, y es más gratificante por los momentos satisfacer al yo físico y al yo astral. ¿Para qué preocuparnos, entonces, por las cosas de Dios? Así es que el que obra bien y ama a su prójimo conoce a Dios. El que hace lo contrario no lo conoce, sus malas obras se lo impiden. Ésta es, pues, mi respuesta argumentada a la pregunta formulada.
¿Y por qué nos ha hecho Dios así, si esto es propensión a condenarse? Porque como imagen de Dios es condición sine qua non la libertad. Por la libertad no solamente podemos escoger entre el bien y el mal, sino que podemos ser perfectos como el Padre . Así como los ángeles son libres en el cielo, así somos nosotros libres en la tierra /¡qué cosa tan bella: pensar, querer, escoger...!/. La objeción está en que como lo bello, lo sublime y lo trascendental requiere sacrificio, de aquí la excusa, los dites y peros achacables a ¿por qué Dios nos ha hecho así?
A la hora de la verdad todos sabemos lo que hacemos /salvo un demente, y es¬to toca a la justicia divina/. En ley de Dios el pecado por ignorancia cuenta con la misericordia divina /no así en ley humana: “la ignorancia no excusa el incumplimiento de la ley”/. Así que Dios, al hacernos así, nos garantiza cien por cien mediante la reversibilidad cósmica volver a iniciarnos en el camino de la perfección. Mas si hemos hecho buen uso del libre albedrío, no tendremos que pasar por sombras ni penumbras de la reversibilidad cósmica, sino que el camino de luz lo tendremos expedito hacia la perfección /”Sed perfectos como el Padre celestial es perfecto” nuestra meta final, con la correspondiente gloria o gozo eterno/.
De todas estas cosas nos hablan los libros sagrados: Biblia, Corán, Vedas… Es el hombre, el llamado ‘escriba’ o ‘fariseo, el que, no interpretando bien la palabra, la lleva a plano religioso de normas, ritos, etc., que no a la adoración al Padre en espíritu y en verdad. Dijo Jesús de los escribas y fariseos de aquel momento:“… hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen” /Mt. 23,3/.
¿Y los libros impresos en nuestra conciencia no nos dicen nada? Extendamos las miradas hasta las luces del firmamento, oiremos una voz que como en misterio nos habla. Y si no tan lejos, al menos a nuestro alrededor, como decía Job: “Pregunta a las bestias, y ellas te enseñarán; a las aves del aire, y te lo dirán, a los reptiles de la tierra, y te instruirán, y te lo harán saber los peces del mar” /Job. 12, 7-8/.
Yo, mirando a las estrellas y hablando con ellas, y preguntándole a los animales que me rodean, y leyendo los libros sagrados, he sabido de Dios y del más allá. He ‘pedido’, he ‘buscado’ y he ‘llamado’ y se me ha dado, y he encontrado, y se me han abierto las puertas de lo de abajo y de lo de arriba. Y he tenido revelación. Y todo lo veo con claridad. Y cuando abro los libros sagrados /Biblia, Corán, Vedas, etc/ no rehúso profundizar en sus lecturas, que, aunque al pasar por la mente del autor hayan tomado matices religiosos, hay en Dios una luz, que todos debemos invocar, que nos ilumina. Y en ‘Clave 9’ solemos repetir: "Pide luz”. Muchos se han molestado con este pedir luz. “¿Para qué pedir luz?”. Explíqueme lo que yo no entiendo que con eso me basta. Lamentablemente no es así. Hay cosas que no se captan con explicaciones racionalistas o de conveniencias personales o grupales. La ventana de la luz, de la sabiduría, es el espíritu. Y es ya tradición cultural nuestra confundir lo verdaderamente espiritual con las actitudes y prácticas religiosas. La vida espiritual no está atada a rituales o ceremonias. La vida espiritual es consecuencia de la práctica de la justicia y del amor, de la humildad... Práctica que no está reñida con la voluntad de Dios ni con el cumplimiento sagrado de nuestro deber como individuos y como entes sociales de bien, y se ajusta a la ley establecida por el mismo Dios y a la que está impresa en nuestras conciencias. Cumplido esto cualquier ritual o ceremonia lo que haría /sin caer en extremos/ es afianzarnos en el camino emprendido desde nuestro nivel superior o espíritu.
¿Ha desvirtuado el hombre el mensaje de Dios haciéndolo religión?
Aunque la religión no es mala, sino un camino que conduce hacia Dios, sin embargo no siempre el pensamiento religioso /mente religiosa/ conlleva a “adorar a Dios en espíritu y en verdad”. Las energías del espíritu se distraen con normas, credos, dogmas, ritos, y otras prácticas, que fanatizan y hasta /como lo registra la historia, y sucede actualmente/, a nombre de Dios se castiga inmisericordemente, y se mata y se gestan guerras fratricidas, y hasta nos divide a unos de otros, nos etiqueta entre “buenos y santos” los que siguen “mi religión”, y “malos y condenados” los que no siguen “mi religión”..
¿Es esto lo que el sentido común extrae de los libros sagrados? ¿Y la ley del amor, cómo queda? Decía Jesús que prefería la misericordia al sacrificio. Y en diálogo con la Samaritana: “Créeme mujer que es llegada la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre..., ya llega la hora y es ésta, cuando los verdaderos adoradores han de adorar al Padre en espíritu y en verdad”. /Jn. 4,21 – 24/. Y no es que yo esté contra la religión /he sido criado en ella y no me arrepiento de haber recibido formación religiosa, sobre todo la adquirida por mi propia voluntad/. Me refiero a que generalmente se da demasiada importancia en religión a las normas y a las ceremonias y se descuida algo más que un tanto de la atención que requiere el espíritu. En fin, yo no puedo arreglar los desvíos de las religiones, pero sí puedo ordenarme dentro de la misma religión y cuidar más y mejor de mi espíritu. Lumbreras de hombres y mujeres hay, por ejemplo, dentro de la religión católica. Hombres y mujeres que han sabido combinar la teoría y las enseñanzas bíblicas con la práctica. No sólo fe, sino también obras. No sólo oración y cultos externos, sino amor y justicia como lo pide Dios en las relaciones con el próximo y en el cumplimiento del deber.
La Santa Teresa de Jesús asimiló todo esto muy bien y miró de tal forma hacia arriba que, en medio de su precaria salud, hacía lo que no suelen hacer los sanos. Y ello hasta el punto de decir: “muero porque no muero”. Había, de verdad, trascendido la materia y gustaba en esta vida la gloria del más allá.
Y como florecen las amapolas en el trigo verde, así lucen las almas de Dios aún dentro de la misma religión. De aquí también mi invitación a que nos ele¬vemos al plano espiritual. Que, dicho por Jesús, en otras palabras es esto: “el reino de los cielos” /y continúa Jesús: “No busquéis el reino de los cie¬los aquí o allá, ni viene ostensiblemente; el reino de los cielos está dentro de vosotros” /Lc. 17, 20 – 21/.
A Dios, pues, hay otra manera de verlo que no con los ojos de interés del mundo; con la trascendencia del espíritu que es como el telescopio de lo eterno. Es más, Dios es espíritu puro / y dicho en sentido no material: ‘LA ENERGIA PRISTINA Y PURA’, ‘EL GRAN TODO ENERGETICO’/. Dios es ‘EL PODER’, y fuera de ‘EL PODER’ ni siquiera la nada es concebible.
Y a Dios /espíritu puro/, dice el Evangelista Juan: “nadie le vio jamás” /Jn, 1,18/. Y si a Dios no lo ha visto nadie, ¿qué es lo que vieron los hombres bíbli¬cos y de otras culturas que dicen no sólo haber visto a Dios, sino que han hablado con El?
En mi acepción de Dios yo estoy de acuerdo con el Evangelista Juan y con otros evangelistas. Decía Jesús: “Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y las revelaste a los pequeños”. /Lc. 10,21/. Y yo, Manuel, me considero pequeño, y, siendo pequeño, he tenido revelación /por gracia de Arriba/, y he visto y oído lo que otros en su caparazón de grandes /que “ni entran ni dejan entrar”/, no han logrado. En las cosas de Dios sólo El manda y se las da a quien quiere, cuando quiere y como quiere. Y continúa Jesús: “Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre, y quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiere revelárselo”. /Lc. 10,22/. ¡Y Jesús me ha revelado tantas cosas…! De aquí la “LA PALABRA DE MANUEL”: “Te ha sido dado ver al Padre en Cristo y a Cristo en el Padre”. Y vivo estas cosas y las rumio en silencio. Y sé que Dios es espíritu puro y ‘EL PODER’, ‘EL UNO’, ‘EL GRAN TODO’, ‘EL INMANIFIESTO’ /y acepto por demás hay manifestación de su gloria en la creación que se nos ha dado a conocer y vivir/.
Si la cosa es como dice el Evangelio /que a Dios no lo ha visto nadie o que sólo lo conoce a quien Jesús se lo revelare/, ¿qué es, repito, lo que vieron los hombres, los profetas?
La Biblia está llena de imágenes, de manifestaciones de seres /Dios, Yavé, Ángeles.../. Y para no influir yo en el lector con mi punto de vista, lo invito a que pida luz, y de seguro que verá con claridad a las entidades que se han manifestado a los hombres. Me reservo mi opinión en este momento, aunque la haya dado en otras oportunidades. Y esto para no desviarme del tema en cuestión. Solamente dejo entrever algo: ¿Puede una estrella /la estrella de Belén/ posarse sobre una casa? ¿Tiene Dios necesidad de venir a pelar y a hacer guerras? ¿Necesita Dios de fuego y azufre /Sodoma y Gomorra/ para exterminar a los malvados? ¿Qué sería ese Yavé al que temía Moisés y que electrocutaba a los hombres y a las bestias que se acercaran a cierto perímetro del monte? ¿Qué sería aquella nube de Yavé que humeaba de día y echaba fuego de noche?. En fin, que el lector pida luz que la luz llega.
Veamos ahora cómo Dios, siendo espíritu puro, haya podido hacer la materia, y cómo nosotros procedemos de ésta teniendo, al mismo tiempo, espíritu. En mi acepción Dios, Dios es ‘EL PODER’. Y una mente como la nuestra tiene que abrir su radio mental hasta la esfera de la trascendencia, si quiere comprender estas cosas. Y qué tal si preguntáramos ¿y qué hacía Dios solo, y dónde esta¬ba antes de crear al mundo? ¿Y no se aburriría ese Dios solito...? Nuestra mente, que es finita y creada, quiere medir a Dios por ella misma. Recordemos lo del vaso, que no puede contener al mar, y si lo intentara sería en vano, pues lo único que conseguiría sería llenarse de agua de mar y ser atrapado por lo que él mismo pretendía guardar dentro de sí/”somos la gota de agua en el océano que se sabe océano ella misma”, y nada más/. Más allá de nuestros límites no podemos pasar.
Cuando estamos en estado de serenidad, de paz y de luz, Dios se acerca a nosotros. Y en mí, por ejemplo, noto la presencia de Dios. Y Dios aquieta mis ansias de co¬nocerlo mostrándoseme en forma que yo lo puedo captar. Y lo veo como ‘EL PODER’, ‘COMO EL UNO’, como ‘EL GRAN TODO’… Fuera del espacio y del tiempo. ¿Cómo es esto? Sólo sé que así lo percibo y que esta percepción es diáfana, como cuando en radiante luz del día veo las cosas de mi alrededor. Y algo sorprendente, al ver a Dios así me veo a mí mismo como en un nítido espejo /como si Dios fuera a la vez el espejo donde todo lo existente se refleja/. De verdad que somos imágenes de Dios. Todo está en ese espejo de la divinidad. Pero no como en los espejos materiales hechos por el hombre y en los que el hombre como materia se mira. Nosotros y la creación toda somos y estamos en el mismo espejo divino, no podemos estar fuera de ese espejo como entidades separadas, porque he dicho que fuera de ‘EL PODER’ ni siquiera la nada es concebible. O sea se trata de un espejo cuya realidad y cuyo reflejo se revierten en sí mismos. Y la luz con que veamos nuestras imágenes y las demás cosas en esa reversión depende de nuestra óptica espiritual. Y, bajándonos a otro plano sencillo de comprensión es como si Dios fuera ese mar que mencionamos, y nosotros, y todas las cosas, la gota de agua de ese océano único, donde ni la tierra a su alrededor existiese /como una bola de agua en medio de lo eterno e infinito, sin espacio ni tiempo/. Y en Dios, en su plano divino, hubo pronunciamiento: “HAGASE”. Y comenzó la manación del amor divino. Y como dentro ese espejo comenzaron a reflejarse sus criaturas. Por eso está bien lo del Apóstol Pablo: “Vivimos, nos movemos y existimos en Dios”. Y así es que todo es manifestación /manación, creación/ de Dios.
Ahora bien, en esa manifestación Dios ha hecho las dimensiones, y en las dimensio¬nes ‘especificaciones’ de su voluntad divina que son las existencias y coexistencias. Las coexistencias pueden darse entre seres de diferentes dimensiones y entre seres de una misma dimensión y en planos diversos. Aquí mismo en nuestra dimensión sensible hay seres en diferentes planos o niveles. Al tiempo que conformamos coexistencia con seres de otras dimensiones-luz, por ejemplo.
Nadie ha visto con sus ojos el ‘HAGASE’. Nuestra mente, como aparato retroproyector nos vislumbra el ‘principio’ /Y “al principio creó Dios los cielos y la tierra”/.
¿De dónde sacó Dios la materia, si El es espíritu puro? ¿Y cómo teniendo nosotros materia nos ha llegado el espíritu?
Tradicionalmente se nos ha dicho que Dios hizo al mundo de la nada. La nada equivaldría, a modo de ejemplo, a un depósito vacío en el cual meto la mano, y, como por magia, saco papas, monedas, utensilios, etc. Y Dios, como el gran mago, extrajo de allí toda la creación.
Si esto fuera así, simplemente de la nada, ya estaríamos suponiendo algo en donde no había ser alguno. ¿Entonces, qué es la nada?
Para no multiplicar los entes sin necesidad y no tener que recurrir a la nada como algo raro, yo mantengo mi posición de que Dios es ‘EL PODER’ /según ‘Clave 9’/, y fuera de ‘EL PODER’ ni siquiera la nada es concebible, pues habría como un opuesto ‘AL QUE ES’. Mi ‘Creación’ está en el plugo de la Divinidad: ‘HAGASE’, y todo fue hecho, porque ‘EL PODER’ se ha manifestado a SI mismo sin tener que exteriorizarse y sin insuflaciones.
Y ‘EL PODER’ se manifestó en sí mismo, como una manación de la perpetuidad suprema.
Dios no necesita como nosotros dónde ubicarse y moverse. Dios, valga la comparación, es como la nave, que se desliza en la ingravidez y que se conduce automáticamente. Y nosotros, sus criaturas, somos como astronautas que vamos en esa misma nave y “vivimos, nos movemos y existimos en Dios”, en la misma nave. /Act. 17,28/.
La Biblia nos dice “al principio”. El Corán nos habla del ‘origen’ como creación y que Dios es único, omnipotente y el originador de todo. En los libros Vedas el Señor es el Creador y el Omnipotente, y ha hecho el mundo material y lo seres vivientes de su energía externa. Esto es, que en Dios hay dos tipos de energías, la interna e inmanifiesta, y la externa o de la creación /según Vedas/. Y a mi modo de entender algo hay de cierto en esta versión, pues la energía externa no sería concebida por nosotros como un caparazón /que tal vez así lo perciban los Vedas/, sino como lo que he dado en llamar ‘la manifestación’. Y la manifestación no ha de tenerse necesariamente como lo externo a Dios, sino algo así como /para que podamos medio entender/ un desdoblamiento de la esencia divina en sí misma. Recuérdese lo descrito en Act. 17,28:”Vivimos, nos movemos y existimos en Dios”, no fuera de Dios; como la gota de agua en el océano.
Yo insisto que Dios es ‘EL PODER ’y que no hay necesidad de recurrir a energías internas y externas. Dios es y sin cara interna ni externa, o cara invisible y cara visible /“Yo soy el que soy”, Ex. 3,14/. Y Dios se manifiesta en SÍ mismo y todo lo demás tiene entidad en cuanto se pertenece a Él.
Y sin caer en argumentos y contraargumentos, pues no quiero hacer de mis palabras la ‘VERDAD’, sino que expongo ‘mi verdad’ /que ahora es mi evangelio/: la materia y el espíritu no son sino modalidades de la energía divina. La materia con forma determinada; el espíritu como algo sutil.
Y materia y espíritu no son entidades separadas, opuestas o yuxtapuestas, sino, repito, una unidad consustanciada /como el humo que está en potencia en el leño/. Esto es, Dios no ha hecho materia y espíritu por separado, sino que en una misma energía /materia/ ha impreso la potencialidad del espíritu /como el humo en el leño/. E interpreto que cuando la Biblia dice “Formó Ya¬vé Dios al hombre del polvo de la tierra, y le inspiró en el rostro aliento de vida, y fue así el hombre ser animado” /Gn. 2,7/, nos está confirmando en lo mismo. En la modalidad de la energía divina, con forma o materia, está la potenciali¬dad del espíritu /el aliento o soplo divino, el espíritu/. Y la materia no es mala, como nada de la creación es malo. Todo se manifiesta en su modalidad /“Y Dios vio que era bueno” -Gn. 1,18/. Materia y espíritu no se excluyen ni se comportan como un compuesto de opuestos irreductibles. Cuando ambas entidades se complementan y hay sincronización se deja sentir el reino de los cielos en nosotros mismo. Gozamos de paz. Nos sobreponemos a los quebrantos del cuerpo como materia. Nos hace como inmutados en esta misma vida frente a cualquiera adversidad. La vitalidad del espíritu se transmite al cuerpo como en alegría interna, y hasta nos previene de estar malhumorados y violentos.
Así como en la semilla está en potencia la vida de un árbol, así también lo está el espíritu en nuestra materia. Y el espíritu surge por el mismo acto de la fecundación. En la reacción primera del engendro /óvulo-espermatozoide/. Todo lo que sigue a esta primara reacción no son sino partes en proceso de transmutación y especificación del mismo ser que ya ha entrado a la vida. En el ADN de nuestra especie viene dada potencialidad transmisible a los individuos para la reproducción de la especie.
Desde el Plano ‘D’ hacia arriba ya entramos en Dimensión-Luz. Nuestra mente tra¬baja hasta el plano espiritual, donde comienza la trascendencia. Y una particularidad de nuestra mente, y posteriormente de nuestra nueva modalidad del ser, es que siempre hay un radio que ensancha la circunferencia de nuestra visión respecto a Dios. Esto es, si ascendemos un peldaño, en la misma proporción se nos aleja Dios /éste es el camino de la perfección: “Sed perfectos como el Padre celestial es perfecto” -Mt: 5,48/. Nunca atraparemos a Dios. Nunca lo meteremos dentro de nosotros. Pero a cada peldaño que subamos en perfección lo veremos más perfecto. Y en ese devenir de nuestro ser habrá gloria y más gloria, y nos sentiremos, como hemos dicho anteriormente: “Como la gota de agua del océano que se sabe océano ella misma”. No abarcaremos a Dios, pero nos sentiremos cada vez más llenos de El.
Las mentes de los humanos están inmersas en sus respectivas culturas. Quizás un día no haya sino una sola cultura, y entonces tendrá cumplimiento: “Día llegará en que todos me conocerán…” /Jm. 31, 34/.
Mi mente también obedece a una cultura. Pero he aprendido a respetar los cánones de las otras culturas. Y aunque yo disienta de tal o cual norma cultural, por las cosas que he visto y he oído de arriba debo ser comprensivo y tolerante con esos mis hermanos, pues si algo de sabiduría hay en mí, a la sabi¬duría no le es dado litigar ni discriminar, sino colocar cada cosa en su lugar /ya esto mismo se logra por la adquisición de la ‘Conciencia Cósmica’/. Yo me debo al plano espiritual y trascendental, y ¡ay! de mí, si bajo de nivel, pues el golpe sería más fuerte. Como el que tiene una herencia y la malbarata, cuánto no le va a costar después recuperar lo perdido. Más vale subir que bajar, pues que Dios le tiene paciencia al pecador, a pesar de todo, y El lo que quiere es “que el pecador se arrepienta y viva”. No obstante, lo que no se purga aquí hay que resarcirlo allá, donde no entra espíritu impuro. Un globo que no esté inflado no puede ascender, y por más que lo lancemos a los aires caerá por sí mismo obedeciendo a la ley de la gravedad; allá la ley es no menos rigurosa, la ley de la justicia. Más vale purgar aquí en el tiempo que allá en la eternidad.
Hay culturas que favorecen la noción de un Dios Único y Verdadero; otras lo atomizan y parcializan hasta hacerlo forma sensible /múltiples deidades, lo que se denomina politeísmo/. Sea como fuere, cierto es que de alguna manera se ha filtrado la idea de Dios en la mente de los hombres. Dios, repito, como ‘EL GRAN TODO’ no cabe en nuestras mentes, pero su voz la han escuchado los hombres de todas las épocas. Como un ejemplo más de que Dios no cabe en nuestras mentes: una naranja, que tiene miles de poros, y ella, como el todo, no puede entrar en uno de sus poros, que son mínima expresión de la cantidad de elementos de la naranja en sí. Los poros sí dependen del todo-naranja. La existencia del poro se debe a la naranja como tal, y el poro es poro de la naranja y nada más. De igual modo somos poros del ‘todo’ /‘manación’, ‘creación’, y del ‘GRAN TODO’ o Dios/. Y las culturas son como vehículos donde se gesta nuestra conciencia de Dios, y en donde Dios nos susurra al buen sentido como suave brisa en el desierto al oído. Y quiéranlo que no los supuestos materialistas y ateos /que serían como medio día habiendo días enteros/, Dios está aquí y allá, como dice el catecismo católico: “Por esencia, presencia y potencia”.
La experiencia demuestra, no obstante, que no vale tener la noción de Dios para “adorar al Padre en espíritu y en verdad” y elevarse al plano espiritual y trascendental. Son muchas las culturas /y los hombres en particular/ que haciendo alarde de su religiosidad /una cosa es ser religioso y otra espiritual/, que han violado, y violan, el mandamiento de Dios: “No matarás”. Esa noción se ha que¬dado anclada en el astral y con tendencia a los intereses materiales. Repito con Jesús: “Por los frutos los conoceréis”. /Mt. 7,20/ Y los hombres podrán jugar con su noción de Dios, pero no podrán escapar a la ley de la justicia divina /la justicia de las justicias/. Justicia que no es venganza, sino equidad y compensación.
Una pregunta inquietante /y que la tienen muchas gentes, que no esforzándose esperan que todo les caiga del cielo/ sería ¿por qué unos conocen a Dios y otros no, si se dice que todos somos iguales delante de Dios?
Quizás la respuesta no sea tan fácil, por la serie de conjeturas y argumentos que implica, pero procuraré contestar a mi modo. Ante todo se nos presenta el grueso de la cuestión: la libertad. Porque poseemos mente y espíritu, y somos imagen de Dios, y entre los demás seres que pueblan el planeta somos seres libres, no estamos atados a leyes ciegas de la naturaleza como los ani¬males. La aguja de nuestra mente la podemos pasear a placer por los tres esta-dios o planos de nuestro ser /físico-astral-espiritual/ o bien detenernos en un nivel u otro. De una manera o de otra todos sabemos lo que es bueno o lo que es malo /el parámetro nos lo marca la Biblia: “Lo que no quieras par ti, no lo quieras para otro”. Y lo irrefutable es que solemos escoger lo bueno para nosotros /conveniencias, intereses, ofertas, dádivas, etc,/ en medio de lo que no consideramos bueno o agradable, aunque en esta escogencia se perjudique el prójimo. Luego sí sabemos lo que es bueno y lo que es malo. Y sabemos también que, para seguir el camino que Dios nos ha tra¬zado para llegar a la perfección, hay que tomar cuesta arriba, y como es más sencilla la cuesta abajo, por aquí nos vamos al despeñadero. Y todavía no falta quien diga: “me perjudiqué, pero a gusto”. Simplemente, rehuimos el sacrificio que nos piden las cosas del alma, y es más gratificante por los momentos satisfacer al yo físico y al yo astral. ¿Para qué preocuparnos, entonces, por las cosas de Dios? Así es que el que obra bien y ama a su prójimo conoce a Dios. El que hace lo contrario no lo conoce, sus malas obras se lo impiden. Ésta es, pues, mi respuesta argumentada a la pregunta formulada.
¿Y por qué nos ha hecho Dios así, si esto es propensión a condenarse? Porque como imagen de Dios es condición sine qua non la libertad. Por la libertad no solamente podemos escoger entre el bien y el mal, sino que podemos ser perfectos como el Padre . Así como los ángeles son libres en el cielo, así somos nosotros libres en la tierra /¡qué cosa tan bella: pensar, querer, escoger...!/. La objeción está en que como lo bello, lo sublime y lo trascendental requiere sacrificio, de aquí la excusa, los dites y peros achacables a ¿por qué Dios nos ha hecho así?
A la hora de la verdad todos sabemos lo que hacemos /salvo un demente, y es¬to toca a la justicia divina/. En ley de Dios el pecado por ignorancia cuenta con la misericordia divina /no así en ley humana: “la ignorancia no excusa el incumplimiento de la ley”/. Así que Dios, al hacernos así, nos garantiza cien por cien mediante la reversibilidad cósmica volver a iniciarnos en el camino de la perfección. Mas si hemos hecho buen uso del libre albedrío, no tendremos que pasar por sombras ni penumbras de la reversibilidad cósmica, sino que el camino de luz lo tendremos expedito hacia la perfección /”Sed perfectos como el Padre celestial es perfecto” nuestra meta final, con la correspondiente gloria o gozo eterno/.
De todas estas cosas nos hablan los libros sagrados: Biblia, Corán, Vedas… Es el hombre, el llamado ‘escriba’ o ‘fariseo, el que, no interpretando bien la palabra, la lleva a plano religioso de normas, ritos, etc., que no a la adoración al Padre en espíritu y en verdad. Dijo Jesús de los escribas y fariseos de aquel momento:“… hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen” /Mt. 23,3/.
¿Y los libros impresos en nuestra conciencia no nos dicen nada? Extendamos las miradas hasta las luces del firmamento, oiremos una voz que como en misterio nos habla. Y si no tan lejos, al menos a nuestro alrededor, como decía Job: “Pregunta a las bestias, y ellas te enseñarán; a las aves del aire, y te lo dirán, a los reptiles de la tierra, y te instruirán, y te lo harán saber los peces del mar” /Job. 12, 7-8/.
Yo, mirando a las estrellas y hablando con ellas, y preguntándole a los animales que me rodean, y leyendo los libros sagrados, he sabido de Dios y del más allá. He ‘pedido’, he ‘buscado’ y he ‘llamado’ y se me ha dado, y he encontrado, y se me han abierto las puertas de lo de abajo y de lo de arriba. Y he tenido revelación. Y todo lo veo con claridad. Y cuando abro los libros sagrados /Biblia, Corán, Vedas, etc/ no rehúso profundizar en sus lecturas, que, aunque al pasar por la mente del autor hayan tomado matices religiosos, hay en Dios una luz, que todos debemos invocar, que nos ilumina. Y en ‘Clave 9’ solemos repetir: "Pide luz”. Muchos se han molestado con este pedir luz. “¿Para qué pedir luz?”. Explíqueme lo que yo no entiendo que con eso me basta. Lamentablemente no es así. Hay cosas que no se captan con explicaciones racionalistas o de conveniencias personales o grupales. La ventana de la luz, de la sabiduría, es el espíritu. Y es ya tradición cultural nuestra confundir lo verdaderamente espiritual con las actitudes y prácticas religiosas. La vida espiritual no está atada a rituales o ceremonias. La vida espiritual es consecuencia de la práctica de la justicia y del amor, de la humildad... Práctica que no está reñida con la voluntad de Dios ni con el cumplimiento sagrado de nuestro deber como individuos y como entes sociales de bien, y se ajusta a la ley establecida por el mismo Dios y a la que está impresa en nuestras conciencias. Cumplido esto cualquier ritual o ceremonia lo que haría /sin caer en extremos/ es afianzarnos en el camino emprendido desde nuestro nivel superior o espíritu.
¿Ha desvirtuado el hombre el mensaje de Dios haciéndolo religión?
Aunque la religión no es mala, sino un camino que conduce hacia Dios, sin embargo no siempre el pensamiento religioso /mente religiosa/ conlleva a “adorar a Dios en espíritu y en verdad”. Las energías del espíritu se distraen con normas, credos, dogmas, ritos, y otras prácticas, que fanatizan y hasta /como lo registra la historia, y sucede actualmente/, a nombre de Dios se castiga inmisericordemente, y se mata y se gestan guerras fratricidas, y hasta nos divide a unos de otros, nos etiqueta entre “buenos y santos” los que siguen “mi religión”, y “malos y condenados” los que no siguen “mi religión”..
¿Es esto lo que el sentido común extrae de los libros sagrados? ¿Y la ley del amor, cómo queda? Decía Jesús que prefería la misericordia al sacrificio. Y en diálogo con la Samaritana: “Créeme mujer que es llegada la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre..., ya llega la hora y es ésta, cuando los verdaderos adoradores han de adorar al Padre en espíritu y en verdad”. /Jn. 4,21 – 24/. Y no es que yo esté contra la religión /he sido criado en ella y no me arrepiento de haber recibido formación religiosa, sobre todo la adquirida por mi propia voluntad/. Me refiero a que generalmente se da demasiada importancia en religión a las normas y a las ceremonias y se descuida algo más que un tanto de la atención que requiere el espíritu. En fin, yo no puedo arreglar los desvíos de las religiones, pero sí puedo ordenarme dentro de la misma religión y cuidar más y mejor de mi espíritu. Lumbreras de hombres y mujeres hay, por ejemplo, dentro de la religión católica. Hombres y mujeres que han sabido combinar la teoría y las enseñanzas bíblicas con la práctica. No sólo fe, sino también obras. No sólo oración y cultos externos, sino amor y justicia como lo pide Dios en las relaciones con el próximo y en el cumplimiento del deber.
La Santa Teresa de Jesús asimiló todo esto muy bien y miró de tal forma hacia arriba que, en medio de su precaria salud, hacía lo que no suelen hacer los sanos. Y ello hasta el punto de decir: “muero porque no muero”. Había, de verdad, trascendido la materia y gustaba en esta vida la gloria del más allá.
Y como florecen las amapolas en el trigo verde, así lucen las almas de Dios aún dentro de la misma religión. De aquí también mi invitación a que nos ele¬vemos al plano espiritual. Que, dicho por Jesús, en otras palabras es esto: “el reino de los cielos” /y continúa Jesús: “No busquéis el reino de los cie¬los aquí o allá, ni viene ostensiblemente; el reino de los cielos está dentro de vosotros” /Lc. 17, 20 – 21/.
A Dios, pues, hay otra manera de verlo que no con los ojos de interés del mundo; con la trascendencia del espíritu que es como el telescopio de lo eterno. Es más, Dios es espíritu puro / y dicho en sentido no material: ‘LA ENERGIA PRISTINA Y PURA’, ‘EL GRAN TODO ENERGETICO’/. Dios es ‘EL PODER’, y fuera de ‘EL PODER’ ni siquiera la nada es concebible.
Y a Dios /espíritu puro/, dice el Evangelista Juan: “nadie le vio jamás” /Jn, 1,18/. Y si a Dios no lo ha visto nadie, ¿qué es lo que vieron los hombres bíbli¬cos y de otras culturas que dicen no sólo haber visto a Dios, sino que han hablado con El?
En mi acepción de Dios yo estoy de acuerdo con el Evangelista Juan y con otros evangelistas. Decía Jesús: “Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y las revelaste a los pequeños”. /Lc. 10,21/. Y yo, Manuel, me considero pequeño, y, siendo pequeño, he tenido revelación /por gracia de Arriba/, y he visto y oído lo que otros en su caparazón de grandes /que “ni entran ni dejan entrar”/, no han logrado. En las cosas de Dios sólo El manda y se las da a quien quiere, cuando quiere y como quiere. Y continúa Jesús: “Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre, y quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiere revelárselo”. /Lc. 10,22/. ¡Y Jesús me ha revelado tantas cosas…! De aquí la “LA PALABRA DE MANUEL”: “Te ha sido dado ver al Padre en Cristo y a Cristo en el Padre”. Y vivo estas cosas y las rumio en silencio. Y sé que Dios es espíritu puro y ‘EL PODER’, ‘EL UNO’, ‘EL GRAN TODO’, ‘EL INMANIFIESTO’ /y acepto por demás hay manifestación de su gloria en la creación que se nos ha dado a conocer y vivir/.
Si la cosa es como dice el Evangelio /que a Dios no lo ha visto nadie o que sólo lo conoce a quien Jesús se lo revelare/, ¿qué es, repito, lo que vieron los hombres, los profetas?
La Biblia está llena de imágenes, de manifestaciones de seres /Dios, Yavé, Ángeles.../. Y para no influir yo en el lector con mi punto de vista, lo invito a que pida luz, y de seguro que verá con claridad a las entidades que se han manifestado a los hombres. Me reservo mi opinión en este momento, aunque la haya dado en otras oportunidades. Y esto para no desviarme del tema en cuestión. Solamente dejo entrever algo: ¿Puede una estrella /la estrella de Belén/ posarse sobre una casa? ¿Tiene Dios necesidad de venir a pelar y a hacer guerras? ¿Necesita Dios de fuego y azufre /Sodoma y Gomorra/ para exterminar a los malvados? ¿Qué sería ese Yavé al que temía Moisés y que electrocutaba a los hombres y a las bestias que se acercaran a cierto perímetro del monte? ¿Qué sería aquella nube de Yavé que humeaba de día y echaba fuego de noche?. En fin, que el lector pida luz que la luz llega.
Veamos ahora cómo Dios, siendo espíritu puro, haya podido hacer la materia, y cómo nosotros procedemos de ésta teniendo, al mismo tiempo, espíritu. En mi acepción Dios, Dios es ‘EL PODER’. Y una mente como la nuestra tiene que abrir su radio mental hasta la esfera de la trascendencia, si quiere comprender estas cosas. Y qué tal si preguntáramos ¿y qué hacía Dios solo, y dónde esta¬ba antes de crear al mundo? ¿Y no se aburriría ese Dios solito...? Nuestra mente, que es finita y creada, quiere medir a Dios por ella misma. Recordemos lo del vaso, que no puede contener al mar, y si lo intentara sería en vano, pues lo único que conseguiría sería llenarse de agua de mar y ser atrapado por lo que él mismo pretendía guardar dentro de sí/”somos la gota de agua en el océano que se sabe océano ella misma”, y nada más/. Más allá de nuestros límites no podemos pasar.
Cuando estamos en estado de serenidad, de paz y de luz, Dios se acerca a nosotros. Y en mí, por ejemplo, noto la presencia de Dios. Y Dios aquieta mis ansias de co¬nocerlo mostrándoseme en forma que yo lo puedo captar. Y lo veo como ‘EL PODER’, ‘COMO EL UNO’, como ‘EL GRAN TODO’… Fuera del espacio y del tiempo. ¿Cómo es esto? Sólo sé que así lo percibo y que esta percepción es diáfana, como cuando en radiante luz del día veo las cosas de mi alrededor. Y algo sorprendente, al ver a Dios así me veo a mí mismo como en un nítido espejo /como si Dios fuera a la vez el espejo donde todo lo existente se refleja/. De verdad que somos imágenes de Dios. Todo está en ese espejo de la divinidad. Pero no como en los espejos materiales hechos por el hombre y en los que el hombre como materia se mira. Nosotros y la creación toda somos y estamos en el mismo espejo divino, no podemos estar fuera de ese espejo como entidades separadas, porque he dicho que fuera de ‘EL PODER’ ni siquiera la nada es concebible. O sea se trata de un espejo cuya realidad y cuyo reflejo se revierten en sí mismos. Y la luz con que veamos nuestras imágenes y las demás cosas en esa reversión depende de nuestra óptica espiritual. Y, bajándonos a otro plano sencillo de comprensión es como si Dios fuera ese mar que mencionamos, y nosotros, y todas las cosas, la gota de agua de ese océano único, donde ni la tierra a su alrededor existiese /como una bola de agua en medio de lo eterno e infinito, sin espacio ni tiempo/. Y en Dios, en su plano divino, hubo pronunciamiento: “HAGASE”. Y comenzó la manación del amor divino. Y como dentro ese espejo comenzaron a reflejarse sus criaturas. Por eso está bien lo del Apóstol Pablo: “Vivimos, nos movemos y existimos en Dios”. Y así es que todo es manifestación /manación, creación/ de Dios.
Ahora bien, en esa manifestación Dios ha hecho las dimensiones, y en las dimensio¬nes ‘especificaciones’ de su voluntad divina que son las existencias y coexistencias. Las coexistencias pueden darse entre seres de diferentes dimensiones y entre seres de una misma dimensión y en planos diversos. Aquí mismo en nuestra dimensión sensible hay seres en diferentes planos o niveles. Al tiempo que conformamos coexistencia con seres de otras dimensiones-luz, por ejemplo.
Nadie ha visto con sus ojos el ‘HAGASE’. Nuestra mente, como aparato retroproyector nos vislumbra el ‘principio’ /Y “al principio creó Dios los cielos y la tierra”/.
¿De dónde sacó Dios la materia, si El es espíritu puro? ¿Y cómo teniendo nosotros materia nos ha llegado el espíritu?
Tradicionalmente se nos ha dicho que Dios hizo al mundo de la nada. La nada equivaldría, a modo de ejemplo, a un depósito vacío en el cual meto la mano, y, como por magia, saco papas, monedas, utensilios, etc. Y Dios, como el gran mago, extrajo de allí toda la creación.
Si esto fuera así, simplemente de la nada, ya estaríamos suponiendo algo en donde no había ser alguno. ¿Entonces, qué es la nada?
Para no multiplicar los entes sin necesidad y no tener que recurrir a la nada como algo raro, yo mantengo mi posición de que Dios es ‘EL PODER’ /según ‘Clave 9’/, y fuera de ‘EL PODER’ ni siquiera la nada es concebible, pues habría como un opuesto ‘AL QUE ES’. Mi ‘Creación’ está en el plugo de la Divinidad: ‘HAGASE’, y todo fue hecho, porque ‘EL PODER’ se ha manifestado a SI mismo sin tener que exteriorizarse y sin insuflaciones.
Y ‘EL PODER’ se manifestó en sí mismo, como una manación de la perpetuidad suprema.
Dios no necesita como nosotros dónde ubicarse y moverse. Dios, valga la comparación, es como la nave, que se desliza en la ingravidez y que se conduce automáticamente. Y nosotros, sus criaturas, somos como astronautas que vamos en esa misma nave y “vivimos, nos movemos y existimos en Dios”, en la misma nave. /Act. 17,28/.
La Biblia nos dice “al principio”. El Corán nos habla del ‘origen’ como creación y que Dios es único, omnipotente y el originador de todo. En los libros Vedas el Señor es el Creador y el Omnipotente, y ha hecho el mundo material y lo seres vivientes de su energía externa. Esto es, que en Dios hay dos tipos de energías, la interna e inmanifiesta, y la externa o de la creación /según Vedas/. Y a mi modo de entender algo hay de cierto en esta versión, pues la energía externa no sería concebida por nosotros como un caparazón /que tal vez así lo perciban los Vedas/, sino como lo que he dado en llamar ‘la manifestación’. Y la manifestación no ha de tenerse necesariamente como lo externo a Dios, sino algo así como /para que podamos medio entender/ un desdoblamiento de la esencia divina en sí misma. Recuérdese lo descrito en Act. 17,28:”Vivimos, nos movemos y existimos en Dios”, no fuera de Dios; como la gota de agua en el océano.
Yo insisto que Dios es ‘EL PODER ’y que no hay necesidad de recurrir a energías internas y externas. Dios es y sin cara interna ni externa, o cara invisible y cara visible /“Yo soy el que soy”, Ex. 3,14/. Y Dios se manifiesta en SÍ mismo y todo lo demás tiene entidad en cuanto se pertenece a Él.
Y sin caer en argumentos y contraargumentos, pues no quiero hacer de mis palabras la ‘VERDAD’, sino que expongo ‘mi verdad’ /que ahora es mi evangelio/: la materia y el espíritu no son sino modalidades de la energía divina. La materia con forma determinada; el espíritu como algo sutil.
Y materia y espíritu no son entidades separadas, opuestas o yuxtapuestas, sino, repito, una unidad consustanciada /como el humo que está en potencia en el leño/. Esto es, Dios no ha hecho materia y espíritu por separado, sino que en una misma energía /materia/ ha impreso la potencialidad del espíritu /como el humo en el leño/. E interpreto que cuando la Biblia dice “Formó Ya¬vé Dios al hombre del polvo de la tierra, y le inspiró en el rostro aliento de vida, y fue así el hombre ser animado” /Gn. 2,7/, nos está confirmando en lo mismo. En la modalidad de la energía divina, con forma o materia, está la potenciali¬dad del espíritu /el aliento o soplo divino, el espíritu/. Y la materia no es mala, como nada de la creación es malo. Todo se manifiesta en su modalidad /“Y Dios vio que era bueno” -Gn. 1,18/. Materia y espíritu no se excluyen ni se comportan como un compuesto de opuestos irreductibles. Cuando ambas entidades se complementan y hay sincronización se deja sentir el reino de los cielos en nosotros mismo. Gozamos de paz. Nos sobreponemos a los quebrantos del cuerpo como materia. Nos hace como inmutados en esta misma vida frente a cualquiera adversidad. La vitalidad del espíritu se transmite al cuerpo como en alegría interna, y hasta nos previene de estar malhumorados y violentos.
Así como en la semilla está en potencia la vida de un árbol, así también lo está el espíritu en nuestra materia. Y el espíritu surge por el mismo acto de la fecundación. En la reacción primera del engendro /óvulo-espermatozoide/. Todo lo que sigue a esta primara reacción no son sino partes en proceso de transmutación y especificación del mismo ser que ya ha entrado a la vida. En el ADN de nuestra especie viene dada potencialidad transmisible a los individuos para la reproducción de la especie.

A= EL PODER
B= LO INDETERMINADO
C= MAGMA COSMICO
D= ELEMENTOS
E= UNIVERSO
F= CELULAS - VIDA
G= VIDA - HOMBRE
H= EL DEVENIR… LO ETERNO…
A= ‘EL PODER’ en su manifestación: B-C-D-E-F-G-H.
B= Se dio el ‘HAGASE’ y surge lo indeterminado, y otras dimensiones conexas y superiores a la nuestra.
C= Lo indeterminado adquiere forma /la gran chispa o incendio primitivo y forjadora de la gran placenta cósmica de universos sensibles y ultrasensibles…/’El Big-Bang’…
D= Especificación de elementos dentro de la gran confusión.
E= Conjugación de elementos previos a la vida como tal.
F= Concreción de elementos y aparición de la vida.
G= Aparición del hombre en plano evolutivo de las células vivas.
H= Desde el mismo momento del ‘HAGASE’, impreso en la energía que nos sustenta, se abre la carrera del devenir de todos los seres, y como condición de nuestro plano evolutivo /hasta la perfección en otras dimensiones/, las dos ruedas del devenir/ en particular en nuestra dimensión/: el espacio y el tiempo. En el devenir de las dimensiones-luz este mismo devenir/ /menos espacio y tiempo/ adquiere también la modalidad de lo eterno e infinito.
La mente del hombre, calculando la edad de la tierra y la edad de la especie humana, cuenta en miles de millones de años /para la tierra/ y en unos millones /pa¬ra la evolución del hombre/, cuánto no más hasta agotar el calendario si nos remontáramos al ‘HAGASE’. Pero sí cabe en la mente que hubo un principio, aunque se nos agoten los años y los siglos. Mi mente también acepta este prin¬cipio. Más cabría preguntarse: ¿Sería este ‘HAGASE’ el primero, que pronunció Dios? Si es el primero, es muy fácil contar los miles de millones de años o de siglos. ¿Mas, y si el ‘HAGASE’ hay que transportarlo a lo eterno de la Divinidad? Estas cosas son demasiado grandes para nuestra reducida mente, pues recojo de los Vedas /en mi TESTIMONIO IV/ que la manación es eterna, pero comienza y termina; y termina, y comienza el nuevo ciclo. Y se dice /Vedas/ que un día del Divino Brahama /Hacedor/ lo constituyen 4 mil millones de años, y que al cabo de cada siglo divino es que se cierra cada ciclo y se abre el nuevo. Es¬ta concepción orientalista del ‘HAGASE’ da qué pensar, aunque no la comprendamos o no la compartamos. ¿Quién quita que la sorpresa que nos llevemos al terminar este nuestro ciclo vital sea mayor y de más gloria para quienes vibran armónicamente en la ley de Dios? EL vaso no puede contener el océano inmenso de las aguas. ¿Pero, y “el chirrincar de dientes” de quienes se hayan apartado de la ley del Señor, y hasta la hayan pisoteado? No es hablar por hablar. Considero que es para pensar y elevarnos a esferas de luz.
¿Dé dónde habrán sacado los Vedas esas cosas tan extravagantes para nuestras mentes? ¿Y si han tenido revelaciones divinas, aunque las hayan deformado? ¿Y si de verdad ese ‘principio’ /el inicio de todo/ que nosotros concebimos no es sino algo así como un punto en la línea infinita del devenir de nuestro ser /algo como un hito o un periodo que abre y cierra/? ¿Es que acaso esa línea se ha trazado sola? ¿Y si la manación del Gran Ser en Sí mismo se ha convertido en esa línea? Todo cae bajo nuestra reflexión, menos ‘el caos’ de los ateos y materialistas que es sinónimo de ignorancia e intrascendencia.
Ante la inmensidad del océano sólo me considero una gota del mismo. Pero “una gota que se sabe océano ella misma”. Soy, pues, algo más que lo aparente. Soy lo que hay en mí de trascendente /el saberme a mí mismo, el tener noción de mí mismo, y de que no soy algo tan simple como ver pasar en el caos de los intrascendentes una estrella fugaz/.
Mi mente sí capta, desde la ventana de mi espíritu que, en lo eterno e infinito de Dios, su ‘manación’ es como un campo fértil de cosechas y más cosechas; y más cosechas, más semillas y más cosechas. Y aquí y ahora soy fruto de una de esas cosechas, y mañana / aquí y en el más allá/ seré semilla para nuevas cosechas.
En este tipo de cosecha sensible en que estamos ahora /como una etapa/ hay capataces que cuidan y orientan para que nada se pierda. Capataces que, en lenguaje veda, serían ‘manús’, Seres Superiores que vienen a regirnos y a darnos pautas de buena conducta. Esto mismo lo hemos visto en nuestra cul¬tura: profetas, videntes, apariciones, Redentor...
Ya debemos prepararnos para una toma de conciencia superior /conciencia de unidad, de universalidad y de trascendencia/, ‘Conciencia Cósmica’. Preparación, repito, que, a tal efecto /de ‘Conciencia Cósmica’/ requiere del ejer¬cicio armónico de la Libertad, de la Justicia y del Amor en un ‘EN-PARA’: En Libertad, para la Libertad; en Justicia, para la Justicia; y en Amor, para el Amor. Y en correspondencia de términos: Libertad en cuanto que se correspon¬de con Justicia y con Amor; Justicia en cuanto que se corresponde con Libertad y con Amor; y Amor en cuanto que se corresponde con Libertad y con Justi¬cia. Esto equivaldría a decir que ‘el fin no justifica los medios’, sino que ‘los medios deben estar en proporción al fin que nos hayamos propuesto’. No más al aberrado principio de ciertas doctrinas filosóficas y políticas, y que tan fácilmente se tragan las mentes de “el fin justifica los medios”. En la lógica que el mismo Dios ha impreso en nuestras mentes está el ordenamiento armónico de las cosas. Para que una cosa /en su fin/ sea tal, debe poseer los elementos necesarios para su conformación. Es decir, tiene que haber una proporción entre la cosa y sus constituyentes. Y así también, si queremos transportar de una ciudad a otra miles de toneladas de un producto no sería un medio adecuado utilizar una bicicleta, sino un vehículo de tractor para carga pesada. La bicicleta no justificaría nunca el fin del transporte de miles de toneladas; el vehículo de carga pesada sí. Luego ‘el fin no justifica los medios’.
En mi obra ‘TESTIMONIO V’ trato de explicar cómo hacer estos ejercicios para la toma de ‘Conciencia Cósmica’. No se trata de ejercicios religiosos, ni esotéricos, ni metafísicos, ni políticos, etc. Ejercicios muy sencillos, que exigen poner ‘pies en tierra’, la mente en lo trascendental y el corazón en la humanidad. Al buen entendedor con pocas palabras basta. Pero hay que ser comprensivo hasta con el buen entendedor. Y para ello es que, quienes nos hemos prepa¬rado ya en ‘Clave 9’ para esta toma de conciencia, estamos dispuestos a ayudar a los demás hermanos, y hermanas, que deseen forjarse en ‘Conciencia Cósmica’. La ‘Conciencia Cósmica’ viene a ser como un lente nuevo que se abre en nuestro ser y nos permite estar siempre en equilibrio ante los ‘pares de opuestos’: ante lo agradable y lo desagradable, ante lo bueno y lo malo, ante el dolor y la alegría, complacencia o felicidad. Sin lucha de contrarios, sino en armonía con nosotros mismos, con nuestros semejantes y con todo lo demás.
Sobre la ‘lucha de contrarios’, tan arraigada en lo humano, y que ha llegado a conformar como una tercera naturaleza en la sociedad, me discutía recientemente alguien que se tiene por político de las llamadas izquierdas y, además, como un asiduo lector de Marx, amén /me decía/ que pertenecía a la Orden de los Masones. El punto de vista de este caballero es que el círculo es cerrado y la energía de ese círculo se comporta como en átomos en choques. “Por ende /insistía/ la lucha de contrarios es una energía en el ser humano que no podemos evitar y es lo único que mueve a la sociedad”. Es decir, en su mente no hay sino ‘choques’. Y el choque y los contrarios, así concebidos, es lo más natural del mundo. “Y en el choque /continúa el señor/ la fuerza mayor se impone”. Con esto él justifica los gobiernos revolucionarios /de luchas de contrarios como el ‘proletariado’ frente a la burguesía’. Así me lo reafirmaba nuestro interlocutor. Precisamente en ‘Clave 9’ desaparece la ‘lucha de contrarios’ y deviene la armonía entre las partes, que no necesariamente ‘los choques y la violencia’; y ni ‘proletariado’ ni ‘burguesía’, sino un sistema de mayor equilibrio y consenso entre las partes de una sociedad. ¿Qué es lo que deja la ‘lucha de contrarios’ en la historia? –Los más fuertes suben al poder y ya no quieren bajar de él. Su fin es mantenerse en lo alto, sin importarles los medios en relación al fin, pues que ya su fin justifica hasta el medio de la violencia. La armonía, característica universal y de la racionalidad del ser humano, como que no juega ningún papel, y, en consecuencia, idolatran ‘la lucha de contrarios’.
En esta ‘lucha de contrarios’ siempre hay un vencido y un vencedor. Mas en la armonía también natural del ser humano y asentada en la racionalidad /que no en la oportunista razón/ no hay ‘ni vencedores ni vencidos’, sino convenimiento justo. Es lo que se expresa en los Principios de ‘Clave 9’ o “PALABRA DE MANUEL”, nº 89:”Si en choque por desarmonía entre terrícolas hay vencidos, que los asimile según ‘Conciencia Cósmica’ el vencedor. Que el sol, estando sometido a ley universal, y sin tener discernimiento, a cualquier objeto vencido en atracción por él lo convierte en energía conforme a ley universal y no lo destruye estérilmente”. Sinceramente, quienes ya hemos gustado de la armonía que produce la ‘Conciencia Cósmica’ en nuestro modo de percibir al mundo, a la vida y a las cosas, surge una visión de armonía que no de ‘lucha de contrarios’. La racionalidad, como parte que obedece a la espiritualidad de nuestro ser, es la que comanda nuestros actos, que se inspiran en algo mucho más noble que ‘la lucha de de contrarios’, y hay paz… Y no sometimiento de unos a otros con los consabidos efectos negativos de miedo, odio, venganza, o quizás lo peor: represión de unos y aniquilamiento /o su lastre de resignación/ de otros.
El mundo, siendo tan grande, cada vez nos parece más pequeño. De igual manera nos puede suceder con la distancia tan enorme que hay entre el hombre materia¬lista y de vibraciones bajas y Dios. En la medida en que estas mentes que se sitúan en los niveles más innobles de la razón se eleven, esa distancia se achica también y, a la inversa, Dios se les muestra más grande, más amoroso y más Padre /recordemos al Apóstol Pablo: “Renovaos en vuestras mentes, para que comprendáis cuán buena, grata y perfecta es la voluntad de Dios”. La ‘Conciencia Cósmica’, de por sí, trae implícito todo esto.
Y el mundo, aunque es como una rueda demoledora con sus muelas el tiempo, el hombre no se ha amilanado nunca ante él. El hombre trata de abrirle las entrañas para poderlo dominar. En épocas remotas quizás lo hiciera como escondiéndose en las cavernas. E inventó el fuego, la rueda; y descubrió la pólvora... Y su deseo de volar ya lo ha logrado no sólo dentro de nuestro planeta, sino que ya ha puesto pies en la Luna; y muy pronto caminará por Marte y por otros lares del universo.
Pero la gran conquista del hombre no sólo está en lo externo, sino en descubrir su propio interior, donde mora el mismo Dios, y donde los misterios desaparecen.
Haciéndose el mundo cada día más pequeño al hombre, éste lo sondea, como el buzo en el océano, en busca de huellas o vestigios que conduzcan a descifrar la incógnita de ese ‘principio’ /“Al principio creó Dios los cielos y la tierra”/. Y desmenuza el hombre todo cuanto consigue a su paso. Y en este bregar le sucede como a Cristóbal Colón /buscando las Indias, tropezó con el Nuevo Mundo/. Y es que el mundo está en cada pedazo del mismo, como nosotros estamos en el ADN y el ADN está en nosotros /“Como arriba es abajo, como aba¬jo es arriba”/. Lo cual traduciríamos como sin límites, que estamos tocando lo grande e infinito, en lo más pequeño, y aun lo más pequeño en lo grande e infinito. De manera que da lo mismo remontarnos desde el átomo a la estrella que partir de la estrella y bajarnos al átomo. ¿No nos dice esto nada? Una media /calcetín/ por más que la tomemos por un lado o la revirtamos por el otro, sigue siendo la media. Otro ejemplo lo vemos cuando nos acostamos en noche estrellada de cara al cielo, ¿qué nos sucede? Que tenemos la sensación de que vamos a caer allá, hacia el abis¬mo; mientras que cuando estamos de pie creemos que el cielo está arriba. Hay una relatividad en todo. Nuestra misma individualidad se corresponde con esa relatividad del todo. Y así el todo sensible con los otros todos o dimensiones ultrasensibles y de luz. Por lo que me confirmo en que me muevo en el espe¬jo de la divinidad; soy ‘imagen’ de Dios /“Vivimos, nos novemos y existimos en Dios”/. Y lo que llamamos material, como lo opuesto a lo espiritual, no es sino modalidad de la ‘manifestación’ de Dios en SÍ mismo /‘EL PODER’ en su ‘manifestación’ como ‘EL UNO’ y ‘EL TODO’.
Esta relatividad que hay en la ‘manifestación’ no niega ‘LO ABSOLUTO’, a Dios como ‘EL UNICO’, esencia y existencia de todo. Y en reconocer esto /siendo pequeños/ ya somos grandes. Ya comenzamos a sentirnos como verdaderos hijos en la casa de gloria del Padre. Volvemos así al ‘PARAISO’. Por eso se nos han dado sentidos, mente y espíritu. Y somos invitados a la serena reflexión, pues para algo se nos ha dado ésta también, para que ahondemos en el archivo de nuestro ser, en nuestra conciencia, y saquemos a luz cuál es nuestra identificación y participación con ‘EL GRAN TODO’ y con sus principa¬les partes en esta dimensión /nuestro semejante/. Es sincronización y armonía lo que se nos exige con el todo y con las partes en la lectura del registro de nuestra conciencia. Y estas partes se corresponden en jerarquía de igualdad en todos los órdenes /individual, social, universal y trascendental/. Y con la conciencia clara ‘/Conciencia Cósmica’/ de nuestra condición relacional sembrarnos como semillas cósmicas en el campo de un mundo mejor. Y como dice LA “PALABRA DE MANUEL”: “Para un mundo mejor, para una sociedad mejor, un individuo mejor con ‘Conciencia Cósmica’: Libertad, Justicia y Amor”.
Todo esto nos puede hacer comprender mejor el significado de la Palabra 56: “Las guerras, pestes, terremotos y otras miserias que acechan a los terrícolas son llamados a la armonía en ‘EL PODER’, pues que el terrícola está sometido a leyes universales /diríamos tanto en el plano físico, como en el individual, como en el social, como en el universal y en el trascendental/, y no son tales sucesos castigos de Dios; su contingencia no es castigo, sino condición para que alcance una mayor perfección según ‘Conciencia Cósmica’: Libertad, Justicia y Amor”.
El ADN, al tiempo que nos unifica como especie, nos unifica como individuos. Nos dice que nos pertenecemos a un todo estructurado y armónico, y que como parte de ese todo gozamos de libertad para perfeccionarnos. ¿Pero, cómo ayudarnos? Una simple respuesta no abarcaría lo que de complejo tiene la relación hombre - hombre, hombre - sociedad, sociedades entre sí. Este último aspecto lo observamos en las asambleas de las Naciones Unidas, de la Organización de Estados Americanos, Africanos y Europeos… Difícilmente logran efectos positivos y satisfactorios para las partes. Predomina el nacio¬nalismo y los intereses propios de cada Estado. Y es que, como es el todo, también así es la parte. Esto es, el individuo que es la base de toda sociedad no ha tomado conciencia de su relación hombre - hombre, y con mayor dificultad podrá haber en tal sentido hermandad y camaradería entre naciones. Bien dice la canción: “No, no basta con rezar; hacen falta muchas cosas para con¬seguir la paz”. Y la paz es sinónimo de esa armonía de que hablamos: ‘La armo¬nía conmigo mismo, con mis semejantes y con todo lo demás /hasta con Dios/’. ‘La lucha de contrarios’ crea resentimientos que a la postre se traducen en violencia hasta para con las cosas de Dios, ya que directamente no pueden los violentes atentar contra Dios mismo.
Hay, pues, que actuar:”A Dios rogando y con el mazo dando”. Este tópico lo resume la Palabra 11: “…para lograr el fin, hay que establecer los medios”. Y los medios pareciera que todavía no los hemos puesto en nuestras manos. Los fines tampoco los hemos establecido.
En las asambleas internacionales de naciones se hacen planteamientos de avance y no de tanto avance cuando los representantes de las naciones hablan en tono provinciano alardeando de que su país /tal o cual/ es de los que lo habitan y nada más. Con lo cual se cierran fronteras. No hay margen para la amplitud. El intercambio y otras concertaciones son a base de puro interés bilateral sin tomar en cuenta las necesidades de otros países… Y sobrevienen aplausos y aplausos. ¿Qué indica esto? Que todavía no nos hemos abierto al futuro mejor y de relaciones amplias y de hermandad entre las naciones.
Recuerdo ahora /del Evangelio/ que decía Jesús: “Los pobres los tendréis siempre”. /Mt. 14,7/. No porque la pobreza sea predestinación o karma de unos y la riqueza una gracia de los dioses para sus privilegiados; no; sino porque siempre habrá quien tenga más necesidades que otros, así como el que no sepa multiplicar sus recursos, y hasta quien derroche sus pertenencias. Habrá siempre quien entendiendo de sacrificio y previendo el futuro, se esfuerce en precaver /no como “las vírgenes imprudentes o necias que se quedaron sin aceite y cuando lo necesitaron no lo tenían y tu¬vieron que mendigarlo/. No se puede negar que en el mundo /sea capitalista o de otra índole social/ no hay posiciones que hacen que unos hombres vivan mejor que otros. La sociedad igualitaria no ha nacido aún. ¡Qué difícil es todavía que se cumpla el deseo del presidente de Brasil /Sr. Lula/ quien dice que no dormirá tranquilo hasta que vea que todos los pobres tengan su plato de comida!
Mas así como no basta con rezar para conseguir la paz, no basta con los buenos deseos de los Presidentes de las naciones ni de los hombres de buen corazón. La dinámica del hombre está inscrita en el movimiento del universo. El universo no se detiene. El hombre tiene que luchar para mejorar su camino. Pero sin olvidar que “para lograr el fin, hay que establecer los medios”. Y no cualquier medio como sucede en el aspecto político /mal concebida política/ de las naciones. Los medios deben estar en proporción al fin /fin de Libertad, de Justicia y de Amor/. Y hemos dicho también que esto implica ‘poner pies en tierra, la mente en lo trascendental y el corazón en la humanidad/. Indiscutiblemente que esto requiere una nueva concepción más amplia y noble del hombre como verdaderos hermanos e hijos de Dios que somos. Y hay que planificar mejor, y administrar mejor y con un sentido más profundo de la justicia, sin politiquería ni intereses bastardos del poder por el poder. Justicia del hombre en función del hombre es lo que falta.
La Biblia anuncia que “un día comerá el lobo con el cordero”, “que unos no tra¬bajarán para lucro de otros”, y que “llegar a cien años será tenido como niño”. Planteamiento no de ‘lucha de contrarios’, sino de paz y de armonía, de solidaridad humana y no de discriminación ni de ley del más fuerte.
Una profecía quizás lejos de nosotros, pero no ‘los imprevistos’; los imprevistos derrumban fronteras, tumban imperios, abren espacio para nuevas realizaciones. Si bien estamos en un mundo de causas y efectos, es no menos cierto que hay leyes por encima de las que conocemos. Leyes y Maestros del Universo, Peregrinos del Universo, que señala la “PALABRA DE MANUEL:” Y Ellos tienen poder para transmutar formas y energías…”. Y cuando los hombres rebasan la copa, ahí surge el imprevisto. Las fuerzas de arriba se encargan de nivelar a las de de abajo. La desarmonía hasta cierto límite. El todo se resiente y como un automático lanza la compensación. Ya hemos visto cómo las aguas cuando se desbordan no se pueden contener; su mansedumbre se vuelve furia irresistible. Así en la vida del hombre y de la sociedad. El hombre se olvida o simula su desconocimiento, pero el todo ni olvida si se deja engañar por sus partes.
Esta ‘manación’ entraña el hilo de ‘EL PODER’. Esta ‘manación’ de Dios no está sola e inconexa. Esta ‘manación’ que salta a nuestra vista tampoco es ciega. La misma ciencia ha descubierto cómo hay animales, incluso de especies inferio¬res, que no necesitan ni ojos para ver. Y hasta pueden ver más claro que nos¬otros que necesitamos rayos de luz natural o artificial para enfocar y detectar el mundo del campo visual. Animalitos que mediante ondas sonoras o de radiación de calor captan y se mueven perfectamente donde nosotros pisaríamos a ciegas. Y hasta vemos cómo las plantas se mueven fácilmente con la estimulación de la luz; y lo mismo si observamos la conducta de los minerales con su tendencia de simpatía natural respondiendo al calor, al frío, a la luz, etc. Todo se nos muestra como fuerza de ‘EL PODER’. Nosotros como fuerzas pensantes. Y no nos equivo-caríamos al decir que el cosmos también es pensante, tiene su mente /se rige armoniosa y maravillosamente como un todo y en cada una de sus partes/. La diferencia entre ese todo y nosotros es que nuestro pensamiento tiene el atributo de la libertad /movimiento autónomo, deliberado y conciente/. Y en consecuencia se nos ha dado poder de dominio sobre “todo cuanto vive y se mueve sobre la tierra”.
Dios, cuando dijo a las especies “procread y multiplicaos y henchid la tierra”, también se lo dijo al hombre. Y en este mandato divino hay que considerar que, al decírselo al hombre, lo estaba diferenciando del resto de vivientes, porque el hombre fue hecho “a imagen y semejanza de Dios”. Dios se estaba dirigiendo a un ser racional y de conciencia, sabedor de sus actos. Y en tal sentido la ‘procreación, la multiplicación y la población del hombre en la tierra’ tienen una connotación muy singular, no como la de simple animal o vegetal. No una multiplicación irracional. La mente del hombre también es previsiva y comedida, y debe en realidad serlo así.
Ahora bien, entre ‘procrear, multiplicar y henchir’, en la racionalidad del hombre está implícito ‘el crecer y el desarrollarse’. Sólo atendiendo a esta premisa en un contexto funcional de nuestra especie es que podamos dar cumplimiento a ‘la expresa disposición de Dios de “procread, multiplicaos y henchid la tierra”. En consecuencia, para el logro de tal fin, debemos crecer y desarrollarnos no sólo físicamente, sino también en conocimiento, en sabiduría, en ciencia, en tecnología..., y en una cultura que nos sirva para incu¬bar y fertilizar una vida buena /pues que “Dios vio ser bueno” cuando nos creó/. No multiplicarnos como bichos ni comportarnos descerebrados.
Hay que crecer y desarrollarse en función de lo nuevo, de la ‘Conciencia Cósmica’, y en base a ésta redimensionar una serie de conceptos, criterios e ideologías que impulsan la acción del hombre. Acción que, recogida en la crónica histórica, desdice mucho del hombre ‘racional y conciente’. El moralismo, el radicalismo y las ambiciones y pasiones desatadas tienen a la humanidad sumida en charcos de sangre y en la miseria. Quienes se entronizan en el poder /‘poder por el poder’/ se olvidan de que en ellos mismos late el corazón de una espe¬cie escogida por Dios y hecha a su ‘imagen y semejanza’ para hacerla de verdad heredera de un reino no pasajero como los gobiernos que hasta este siglo han establecido los hombres, sino de un reino de gloria eterna, y la gloria eterna puede comenzar desde acá, desde una sociedad más libre, más justa y más amorosa. Pero los hombres, impulsados por los apetitos del cuerpo y por la pasión desenfrenada, como fieras hambrientas y sedientas, han agudizado su astucia y su zarpazo, como los depredadores más terribles del planeta. Por lo que acertadas serán aquí las palabras del Profeta: “Han desaparecido de la tierra los justos, no hay ninguno recto entre los hombres, todos acechan la sangre, todos tienden redes a su prójimo. Todas las manos están prontas a hacer diestramente el mal; el príncipe hace extorsión, el juez juzga por cohecho y el grande sen¬tencia a su capricho, y pisan al justo... No os fiéis del amigo, no creáis al compañero; guarda las confidencias de tu boca de la que duerme en tu seno. El hijo deshonra al padre, la hija se alza contra la madre…” /Miqueas, 7, 2 – 6/.
Sentencias que parecieran exageradas, pero creo que la realidad es más cruel. ¿Acaso a estas alturas del siglo veintiuno no se pisotean los derechos, se cometen atrocidades contra personas y pueblos, se roba y se mata a mansalva tras la mampara de la ley del más fuerte y de la impunidad? Ni con moralismo, ni con lamentaciones, ni con la ‘ley del ojo por ojo’ va a salir el hombre de este atolladero, sino colocando a la racionalidad en el lugar que le corresponde, sin rebajarse a esferas inferiores. Y en el nivel inmediato superior a este deterioro de lo humano deviene ahora la ‘Conciencia Cósmica’. Es el momento de “vino nuevo en cuero nuevo”, si queremos echar adelante.
No esperemos que la solución nos venga de afuera, salvo un imprevisto con
¡ayes! insospechados. “El reino de los cielos está dentro de vosotros”. Ten¬mos que elevarnos sobre el nivel de las fieras atroces en que hemos caído. Verdad que no somos ángeles; pero tampoco para revolcarnos en el abismo fangoso de la impiedad. Estamos a tiempo de “hallar soluciones armoniosas” que nos reivindiquen. Yo cumplo con ponerme a la orden de mis hermanos y hermanas para ayudarlos(as) a levantar cabeza. Y si a alguien le parecen fuera de sentido mis palabras, que “tire la primera piedra”, que, si no rebota en el muro de la rectitud, es porque anda por buen camino /y entonces le ‘ofrezco la mano para acompañarle por este mundo de tinieblas y que, juntos, salgamos ilesos/. ¡Dios bendito sobre todas las cosas!.
Mi acepción de Dios abarca lo de arriba, lo de abajo y lo del centro. Mi Dios
no es una entelequia. Ni puedo separar lo divino de lo universal y de lo humano /en lo individual y en lo social/. Mi esfera de trascendencia se sitúa en todas las partes del ‘TODO’. Mi alma no tiene límites en el mundo de Dios. Aunque la inocencia es característica del niño, también en los albores de la humanidad hubo inocencia. Así, cuando Dios creó al hombre, éste gozaba de inocencia: “Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, sin avergonzarse de ello” /Gn. 3,7/. La vergüenza del desnudo viene cuando el hombre y la mujer comen del fruto prohibido”, de lo indebido; cuando abusa de su libre albedrío. Es entonces cuando el hombre y la mujer se dieron cuenta que estaban desnudos. Sabían que lo que habían hecho era incorrecto. Sintieron la voz de su conciencia. Y en la voz de su conciencia la presencia de Dios, y oyeron su voz /la voz de Dios/ y sintieron su desnudez, y comenzaron las excusas. Y hasta “se cosieron unas hojas de higuera y se hicieron unos cinturones”. /Gn. 3,7/. Y aunque recurrieron a dar razones /excusas/, comunicaron su error a Dios. Y no sólo fueron cubiertas sus partes púdicas sino que Dios, después de hacerles conocer las consecuencias de su pecado, los vistió con “túnicas de pieles”. El hombre, pues, perdió su estado paradisíaco y ahora tiene que esforzarse /entre “espinas y abrojos”/ para regresar a él /o sea, elevar¬se de nuevo a su estado de conciencia originaria/. Ésta, repito, es la misión principal del hombre. Y para recuperar ese nuevo estado tiene que cumplir con la ley de Dios. Sinceramente que la humanidad está caída y degradada, por más que abunden las religiones y haya uno que otro humano con sensatez y amor a su prójimo.
Una diferencia de la civilización del paraíso es que, aunque trataron de ocultarse, exteriorizaron su autoengaño y se sometieron a la sentencia de Dios. Pero después el hombre siguió a Caín. Huye y como que no quiere reconciliarse con Dios.
Y reconciliarse con Dios no es decir “Señor, Señor” /“¿Por qué me llaméis Señor, sino hacéis lo que yo os digo?”, Lc. 6,46/. / “Amarás al Señor tu Dios con todas tus fuerzas, con todo tu corazón, y al prójimo como a ti mismo”, Lc. 10,27/. Desgraciadamente esto no se cumple. ¡Cuántas veces el prójimo se arrodilla ante el hombre pidiéndole perdón y la respuesta es como la de al manso cordero: lo torturan a patadas, a palos /y esto como mal menor/ o le cortan la ca-beza o le disparan a mansalva! ¡Pobre humanidad! ¡Triste degradación y perversión de lo humano! Innombrables son las torturas inventadas y ejecutadas del hombre contra su semejante. Los animales siguen sólo la ley de la voracidad cósmica que rige todo lo ciego e inconciente.
El que llega al poder, aunque sea por el voto popular, no lo quiere soltar. El poder es su trono y su posesión /posesión diabólica/. Y si los pueblos reclaman sus derechos a reivindicaciones sociales o por otras necesidades, como la de verdadera hambre, lo que reciben de sus autoridades, de sus guías o administradores, es ‘látigo ó plomo limpio’ /balas criminales/ para calmar el estómago. ¡Qué bella es así, para algunos, ‘la lucha de contrarios’!
Todo lo dicho y mucho más por decir, entra en ‘Mi Acepción de Dios’ /“El que recibiere a este niño -a un desvalido-, a mí me recibe”, /Lc. 9,48/. Por ende que si a mis expresiones se las pueden tildar de políticas, entonces el Dios mismo es político. Y la política no es mala, como nada de lo que hay en el mundo es malo. Mala es la ‘política mala’, la que engorda a unos y enflaquece y debilita a otros hasta llevarlos a la tumba.
La política de las naciones debe tener ahora un ideal de Libertad, de Justi¬cia y de Amor. Y esta misma política debe idear, instrumentar y poner en práctica los medios adecuados a tal propósito /el ideal señalado/. Medios que sean también de Libertad, de Justicia y de Amor. Repitiendo sería: ‘EN-PARA’: Que la nueva humanidad debe ser preparada /en sistema educativo/ en Libertad, para la Libertad; en Justicia, para la Justicia; y en Amor, para el Amor. De manera que nadie da lo que no tiene. Y es hora de que vayamos aprendiendo esta lección del ‘EN-PARA’. Medios siempre en proporción al fin, que para ‘Clave 9’ es un hombre más libre, más justos y más amoroso / más armonioso consigo mismo, con sus semejantes y con todo lo demás/, y en el deseo de colaborar con Cristo: "en la regeneración de lo humano”.
Tiene el hombre que modificar muchas leyes anquilosadas en patriotismos anacrónicos, sin mancillar por esto a los héroes que, en lucha de ‘antihistoria’ /ésta como opuesto de la historia racional y conciente que debe escribir el nuevo hombre/, abolieron la esclavitud o le dieron asiento firme a sus comunidades. Ellos /los héroes/, por más que los queramos exaltar o parangonar con dioses celestes, lo que hicieron fue cumplir su misión, aun a costa de sus vidas como una ofrenda a la posteridad. Pero el tiempo no se detiene. Ni el hombre debe estacionarse en valores de épocas que ya pasaron. Todo por supuesto a su debido tiempo. “Hay tiempo de guerra y tiempo de paz” /Eclesiastés, 3,7/. Y hay tiempo hasta para que desaparezca la guerra y nazcan nuevos héroes sin necesidad de empuñar las armas.
Si hasta ahora el único camino que han hallado los hombres para resolver los problemas sociales ha sido la violencia /la guerra fratricida/, ahora los tiempos son nuevos y “todo tiene su tiempo y todo cuanto se hace debajo del sol tiene su hora” /Idem, 3,l/ . Y la Palabra 11 dice: “Ha llegado la hora de Manuel: Preparar a los terrícolas para la ‘Nueva Generación’. Un nuevo hombre con ‘Conciencia Cósmica: Libertad, Justicia y Amor. Y para lograr el fin, hay que establecer los medios”. Medios, repito, en proporción al mismo fin /una humanidad más libre, más justa y más amorosa/. Y ya es hora de que, como Manuel /mi persona/, comience el hombre a despejar brumas de pasados fatídicos y enrumbemos la nave a nuevo puerto. Puerto de mar serena y de cielo azul /de día/ y estrellado /de noche para no perder la estrella guía/. O sea, una sociedad más equilibrada y menos belicosa que ésta. Quizás estemos en víspera de hallar esos “cielos nuevos y tierra nueva, en que tiene su morada la justicia” /II Pedro, 3,13/. En ‘Clave 9’ ya estamos aprendiendo a descifrar el nuevo mapa cósmico.
Esta cultura de ‘sangre y fuego’ que hemos heredado no es la propicia para arribar a buen puerto. Cultura de ‘lucha de contrarios’, como si los contrarios estuviesen dados como condición ‘sine qua non’; los contrarios como tales no existen. Los contrarios no son sino fuerzas hasta ahora no controladas. Los contrarios son desafíos del hombre consigo mismo en su todavía bajo estado vibracional por apetitos, abusos, intereses que privan en su mente /físico-astral/.
Enfatizando en ‘el tiempo para cada cosa’, el Eclesiastés nos da una imagen de lo que queremos decir: “Hay tiempo de esparcir las piedras y tiempo de amontonarlas”. /Ecl. 3,5/. El tiempo de ‘esparcimiento’ ya ha recorrido milenios sin levantar el edificio de concordia y paz, de armonía y de verdadera salud de nuestra especie. Ahora hay que ‘amontonar las piedras’. Pero an¬tes de emprender una nueva construcción, tenemos que planificarla con todos los requisitos de una construcción como la que merecemos. No podemos vivir de apegos a la tradición, sobre todo cuando ésta nos ha conducido a un callejón sin salida /de guerras, terrorismo, alucinógenos, discriminaciones, hambre, lavado cerebral, que no es sino ‘ensuciado cerebral’, pues anula la personalidad, sexo, destrucción ecológica.../. ‘Amontonar las piedras’ es para una edificación más sólida y segura de nuestra especie.
La Palabra 72 nos dice que “estorban las fronteras”. Sin embargo el hombre está empecinado en seguir ‘esparciendo las piedras’, inventando con sus nacionalismos barre¬ras divisionistas.
¿Bla, bla, bla? No, todavía imperan nacionalismos e ideologías segregacionistas. Y cuando se celebran ‘cumbres’, el resultado, más que ‘amontonar las piedras’, es para ‘esparcirlas’ en terrenos de antagonismos irreconciliables. Tal es ‘la lucha de contrarios’. Esto aunque reconozcamos ciertas excepciones.
Muchas proposiciones. Puro derroche de palabras. Aplausos... Y ahí quedaron ‘esparcidas las piedras’. Los intereses del más fuerte se sobreponen sobre las propuestas más racionales de los débiles. Y si alguien remueve ¬una de las ‘piedras’ de ese interés, todos conocemos las consecuencias: cae azufre del cielo.
No obstante esta realidad, hay que empezar a ‘amontonar las piedras’. Yo, Manuel, ya he comenzado a recoger las que puedo. ¿Quién me quiere acompañar en este quehacer de la ‘Conciencia Cósmica’? ¿Quién me ayuda a domar la fiera humana, esta fiera que cuando saca sus garras son como de mil suplicios para con su víctima, por más inocente que ésta sea? Los animales son nobles en comparación con esta fiera /humana/, que si, cuando comete maldades, se mirara en el espejo de su Hacedor, en vez de como ‘imagen de Dios’, se vería como cuando nos miramos en un espejo de distorsiones de los que andan de feria en feria; su rostro sería horroroso.
¿Qué me ha hecho a mí esta fiera que así la retrato? En comparación con otros semejantes míos, casi nada, por no decir nada, porque más de una vez me ha lanzado sus garfios ponzoñosos. A otros más bien los ha hecho pedazos. Fiera que, cuanto más pacífica es la víctima, más se ensaña y más daño causa. Si tú, amable lector, crees que te miento o que exagero, aun así, te recomiendo que no te interpongas cuando la veas encolerizada. Deja tranquila a la serpiente, no sea que te muerda y te cunda la sangre y hasta el alma de veneno. Sólo un domador en ley del más fuerte la puede aplacar. Mientras tanto, cuídate de ella. Y aprende a ‘amontonar las piedras’, como dice la Palabra 130: “Ni violencia ni debilidad; diálogo y acción”.
Y hay que dialogar con el político, con el religioso, con el esotérico, con el científico, con el académico, con el rico, con el pobre, con el viejo, con el joven... En Venezuela nace un gran sector de la juventud con deseos de amontar las ‘piedras dispersas’ por la ‘antihistoria’ /historia irracional e inconciente/. Una juventud que va más allá de ‘la lucha de contrarios’ y centra su entusiasmo en una nueva lucha: ’lucha de la reconciliación y por una sociedad más justa’. Para todos sin excepción vayan estas líneas de ‘Mi Acepción de Dios’.
No descarto que aquellos que sólo piensan en su tripa o aquellos que sueñan con laureles me tilden de loco y de utopista, que ni Cristo, dicen, arregló este mundo. Mas nunca es tarde cuando la dicha llega. Cuando, estando ‘las piedras dispersas’, ‘las amontonamos’ y, por lo menos, intentamos utilizarlas para la “Mansión de Amor, de Reconciliación y de Armonía” /Palabra 96/ que tanto soñamos y que sí podemos construir.
Mi invitación en tal sentido es que tengamos la disposición de dar el primer paso. De seguro que nos animaremos para dar el segundo y cuantos más sean necesarios. ¡Vamos, pues!
Hablemos de la educación, pilar fundamental de toda cultura y civilización. Ideando, planificando, implementando y realizando la obra de un nuevo sistema educativo con un ideal de humanidad y con unos objetivos, métodos, técnicas y estrategias como medios apropiados a ese fin /’EN-PARA’/. Yo he puesto en marcha durante diez años en Educación Media y en algunos cursos de Mejoramiento profesional para educadores mi ‘Método Clave 9’, impreso varios de mis testimonios escritos y en folleto especial, y publicado eneste blog. He puesto en práctica en el aula la Libertad, la Justicia y el Amor con miras a ese ideal de hombre nuevo que debemos forjar. Los resultados han sido altamente positivos. Aunque no por ello dejara de llevarme mis buenos golpes por ciertas autoridades y colegas que esgrimían este único argumento: “Los alumnos son unos tracaleros”. Claro que sí, que son tracaleros para el fiscalizador y policía, y no menos arbitrario de injusticias inauditas en el proceso enseñanza-aprendizaje /y especialmente en sus evaluaciones/. No así sucede cuando profesor y alumnos comparten el proceso con un profundo sentido de Libertad /diálogo y convenimiento con los alumnos/, de Justicia /dando oportu-nidades de que el alumno se sienta un sujeto con derechos y con deberes/ y de Amor /haciendo del aula el templo y la patria/.
Este ideal de hombre nuevo debe ser una política de Estado: qué hombre queremos, cómo hacer que todo niño que venga a la sociedad sea bienvenido, acogido y tutelado por su comunidad, y atendiendo a sus necesidades globales como ente bio-psico-social, de mente y de corazón, y de espíritu y trascendencia. Sin negarle ninguna de sus posibilidades de realización, para que de verdad sea un ciudadano más libre, más justo y más amoroso que el todavía ‘fiera’ que ha llegado al siglo veintiuno. Fiera especulativa y de zarpazos inauditos: venta de armas, droga, terrorismo, violencia desatada en crímenes a luz del día, ya ni siquiera en la oscuridad de la noche. Fiera sin conciencia para matar hasta por ‘sicariato’ /matones por dinero/. Fiera que si por algo se distingue en nuestras sociedades modernas es porque se apropia violentamente de lo ajeno, y hemos tenido que convertir nuestras viviendas como en cárceles enrejadas /inseguridad a toda hora/. Repito ‘fiera moderna’, porque en nada se diferencia el hombre actual del hombre del circo romano, del de la inquisición, del de las guerras infernales, del de las distintas revoluciones de guillotina, horca, paredón y torturas desde las más rudas hasta las más sofisticadas.... En fin, en ‘Mi Acepción a Dios’ no cabe la barbarie, sino un hombre digno de comportarse como lo que es: ‘Imagen del Dios Vivo y Único’ /“en el cual vivimos, nos movemos y existimos”/.
Mi acepción de Dios, por más que me califiquen de ‘teísta’, ‘panteísta’ o ‘iluso’, es la que estoy exponiendo. Un Dios ante quien pongo mis pies en tierra, mi mente en lo trascendental y mi corazón en la humanidad. Lo demás de religiones, política, ideologías, doctrinas, etc., quedan en mi respeto y en mi invitación a que colaboren para escribir una historia más racional y más conciente del hombre. Una nueva página del libro de la vida que esté llena de gloria, que no de más llanto y sangre. ¡Dios y hombre; hombre y Dios!
Ayer, 02-03-04, vino a casa a visitarme un sacerdote muy querido, cuyo nombre escribo, ‘Rv. Padre Antonio Viedma Moreno’, y a él dedico la escena del “taladro”, que a continuación escenifico, ya que lo vi altamente motivado al comentarle algo de este trabajo ‘Mi Acepción de Dios’. El me dio la idea de un taladro, cuya barra perforadora penetra y penetra hasta abrir el agujero y ver la luz. Así he pretendido hacer en ‘Mi acepción de Dios’: ir taladrando esa muralla que no nos deja ver qué es lo que hay detrás de ella /la muralla de las cosas que nos impide ver más allá de los sentidos y de la mente en efervescencia racionalista de moralismo, de política, de ideologías, de intereses particulares y de grupos.../. Al Padre Antonio, pues, mi cariño y guardando en mi mente y en mi corazón otras sugerencias que él me ha hecho. Mientras tanto yo sigo horadando esa muralla y cavando en tierra y ahondando, y penetrando más allá del espacio y del tiempo con mi mente y con mi espíritu, y lo que otros no ven, porque no incursionan más allá de sus apetitos y comodidades, se presenta ante mí como una realidad tangible /“buscad y hallaréis”/.
Después de este paréntesis continuemos con la inserción de lo social en ‘Mi Acepción de Dios’.
Tomo el siguiente pensamiento de uno de mis apuntes diarios: Aunque dijo Pablo a los atenienses: “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que hay en él, ése, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templo hechos por mano del hombre, ni por manos humanas es servido, como si necesitase de algo, siendo Él mismo quien da a todos la vida, el aliento y todas las cosas” /Hec. 17, 24-25/... Mi opinión es que si se le pudiera hacer a Dios un templo del metal más precioso y más codiciado que hubiera en el Universo, todavía sería poco para tributar reconocimiento y gratitud al Dios Todopoderoso. ¿Más, no sería mejor que empezáramos en el Planeta Tierra y en los espacios interestelares /si esto último también fuere el caso/ a construir un ‘templo de Libertad, de Justicia y de Amor’ /dentro de nosotros mismos/ donde nos pudiéramos armonizar con nosotros mismos, con nuestros semejantes y con todo lo demás?
Todo el panorama bíblico está desarrollado en un plano social. Desde el prin¬cipio del Génesis hasta el Apocalipsis el hombre es lo que mueve la palabra de Dios /el hombre como individuo y como sociedad/. Así se expresa Pedro: “...no hay en Dios acepción de personas, sino que en toda nación el que teme a Dios y practica la justicia le es acepto” /Act. lO,34-35/. Y la misma iglesia católica recoge este sentir: “Es la persona humana la que hay que salvar, y es la sociedad humana la que hay que renovar” /Con. Vat. II, Sobre la Iglesia en el mundo actual, INc. 3/. Y a esto es que vino Jesús, el Hijo de Dios, al mundo. El Señor, pues, está inmerso en lo individual y en lo social /por supuesto que en los demás planos, dimensiones y existencias/: “¿Sabéis qué ayuno quiero yo?... Romper las ataduras de iniquidad, deshacer los haces opresores, dejar libres a los oprimidos y quebrantar todo yugo; partir tu pan con el hambrien¬to, albergar al pobre sin abrigo, vestir al desnudo y no volver tu rostro ante tu hermano” /Is. 58,6-7/. Por eso he dicho que, si hablar de los escarnios a que son sometidos a diario /día y noche/ hermanos nuestros por poderes impíos, si esto es política, yo me inscribo en el partido de Dios. “El que no practica la justicia no es de Dios...” /I Jn.3,l0/. Y “...es mi precepto: que os améis unos a otros como yo os he amado” /Jn. 15,12/. La práctica del amor y de la justicia ya de por sí es estar en la verdad /y “la verdad os hará libres”/. Y no hay sensación más fuerte y más maravillosa que la de ser libre. Y quien logra ser libre ya ha comenzado el vuelo por las alturas celestiales. Misión /cabe enfatizar/ de ‘Clave 9’: Libertad, Justicia y Amor, que no son términos cursis, sino principios de verdadera vida.
Pero la poca conciencia que le quedó al hombre después de su caída en el paraíso se está perdiendo. ¿Quién puede negar de las maldades que encharcan la tierra del fango más putrefacto que pudiera haber? Pero no, es muy bonito poseer /por herencia o por rapiña/ grandes propiedades de tierra, tesoros no trabajados, mientras el desvalido no tiene como dijera Jesús “ni donde reclinar su cabeza”/. Es muy bonito tener la tripa llena, mientras quien está en condi-ciones deplorables de enfermedad o falta de trabajo /o tantos niños inocentes que mueren de hambre y hasta de sed/, cae en la desnutrición y en el sinsentido de una vida miserable. Es muy bonito ostentar el poder, mientras los demás no tienen derecho a levantar su voz u otro tipo de protesta. El llamado es para que todos vivamos como hijos de un solo Padre y como verdaderos her¬manos. Por ende, también, que despertemos de nuestro letargo histórico y nos aboquemos a la solución de mundo mejor. “…si vuestra justicia no supera a la de los escribas y fariseos no entraréis en el reino de los cielos” /Mat. 5,20/.
No provoques la ira del Señor, que el Señor no se irrita. Pero la irritación que tú has suscitado, inexorablemente recaerá sobre ti. No más profieres sen¬tencia a la irritación, cuando pierdes energías positivas y, como el vacío que tú te imaginas /el olvido cósmico/ no existe, las fuerzas negativas vendrán a rellenar el lugar que ocupaban las fuerzas positivas y te harás tú mismo reo de la irritación. Y en este sentido: “…ved que viene el día, ardiente como horno, y serán entonces los soberbios y los obradores de maldad la paja, y el día que viene le prenderá fuego, dice Yavé” /Mal. 4,1/. Palabras que para muchos podrían ser más que irritantes, ilusorias. Pero yo te echo el cuento: ¡A cuántos obradores de maldad no se les ha quemado ya la paja! Dios no tiene prisas. Para Dios, dicen las Escrituras, “da lo mismo un día que mil años, que mil años que un día”/ Y ese día o ese año, así como le llega al justo para gloria, así le llega infaliblemente al malvado para su perdición.
Recuerdo que, siendo niño, nos asomamos a una ventana donde se oían los gritos persecutorios y desesperantes de alguien que agonizaba /en plena vida de salud y de juventud había matado a placer de sadismo y se había enriquecido dejando a muchos en la miseria -durante la guerra española/. Otros pueda ser que hasta desencarnen plácidamente, pero ¡qué horrible dormirse en confortable colchón y despertarse en horno ardiente!. He referido en este mismo texto que ‘el infierno’ no es necesariamente fuego como el que conocemos. Hay otro fuego “donde ni la paja se apaga ni el gusano se consume”, el fuego de la privación de Dios por parte del alma. Ese terrible lugar cósmico o virtual donde la soledad es de por sí desesperación. ¡Sentirse el alma sola sin la presencia de Dios /sin los goces para que ha sido creada/, allá, donde el arrepentimiento ya es cosa tardía y sin efecto! Y esto no nos debe hacer obrar por miedo, sino con amor y acción positiva /de justicia/. Injusto sería el Creador si no existiese esa ley divina de la justicia para todos por igual.
Repito que a través de las culturas Dios se ha comunicado con el hombre. El hombre no ha estado, ni está, ni estará solo. Así como “el espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las aguas”/, Gén. l,2/, así se cierne el espíritu de Dios sobre las culturas, sobre los pueblos y sobre las gentes en particular. El partido de Dios está siempre vigente. El hombre lo que tiene es que, en uso de su libre albedrío, afiliarse a este partido de Libertad, de Justicia y de Amor del mismo Dios. Jesús como Hijo de Dios, y valga la comparación, como Secretario General del partido del Padre, lo dijo bien cla¬ro: “…dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” /Lc. 29,25/. Esto es: Dios y hombre; hombre y Dios; pero un hombre que ponga cada cosa en su sitio.
Y con esto no separa Jesús a la política de Dios. Es el hombre el que debe saber situarse en su lugar de hijo de Dios y establecer un buen gobierno. ¿Una teocracia? ¿O sea, un gobierno donde Dios sea el centro de todo y el gobierno sea un grupo religioso que todo lo mangonea? No, un gobierno que garantice al hombre un completo desarrollo en su mente /ideas nobles para la vida/, de su corazón /que se sienta miembro de la familia humana y que haga obras de amor, para sí mismo buscando su armonía, y para con su prójimo con la solidaridad que demanda un hombre en sociedad/ y de su espíritu /esencia de nuestro ser/. Se trataría, pues de un gobierno, más que de amplitud, de unidad, en el que participen todos los sectores de la sociedad. Al respecto tengo un trabajo que intitulo ‘ESTADO PREVIO’ /previo a la ‘Nueva Generación’ que se profetiza en ‘Clave 9’/. Y es que ya hay que ir dando nuevos pasos hacia el descubrimiento del nuevo hombre, de la nueva humanidad. Para mí, este ideal ya está en marcha y su bandera es el tricolor de la Libertad, de la Justicia y del Amor. Todo esto lo resume Jesús cuando nos invita a conocer la verdad/ “…la verdad os librará”, /Jn. 8,32/.
¿Quieres conocer la verdad, eso que cuestionó Pilato: “Y qué es la verdad”? /Jn. 18,38/. Cumple primero con las enseñanzas de Jesús, con los Mandamientos del Padre. De seguro que conocerás la verdad y serás libre. Y esta libertad, va más allá de poderse uno mover por todas las naciones sin necesidad de pasaporte. “…ley perfecta la de la libertad”, /Snt. l,25/. Es la libertad del espíritu dosificando al físico y al astral y remontándose a las esferas de la trascendencia, poniendo cada cosa en su sitio /¡Pies en tierra!/.
“Las naciones todas de los terrícolas izan banderas de desconcierto” /Palabra 72/. Y es que ‘si vientos siembras, tempestades recoges’. La siembra de los siglos ha sido la ambición, el poder por el poder, el divisionismo, el suplicio, el martirio… La sangre, en fin. Y ahora, como karma histórico, la cosecha no puede ser de satisfacciones o de gloria, sino de una barbarie inaudita y muy superior a la de los bárbaros, que no conocieron la cultura; este mundo actual no tiene excusas, pues sí ha conocido al menos algo de cultura, o se dice cultural. Juan Pablo II habló de la cultura de la muerte. Y quizás ésta sea la cultura de nuestro siglo. De hecho eso es lo que vemos a diario: ¡Muerte! ¡Asesinos a sueldo y a placer!
Mas así como se seleccionan los granos para sembrarlos, así hay ahora que entresacar las mejores ideas, las mejores técnicas y procedimientos para el engendro del nuevo hombre. Ciencia, tecnología, política, religión… deben darse la mano para procrear al nuevo hombre y recibirlo en un ambiente más cónsono con su dignidad de hijo de Dios.
¿Puede ser bien recibido un niño a una sociedad /como la actual/ de hijos huérfanos, teniendo padres; de familias deshechas por el divorcio; de terrorismo y drogadicción...? ¿De hijos de la Sodoma y Gomorra del siglo veintiuno? ¿De hijos huérfanos por la criminalidad? ¿Y la inseguridad social: atracos, muertes violentas…?
¿Puede marchar bien un mundo de ejércitos, de policías, de cárceles, de represión, de vicios infernales…?
Para qué voy a responder yo. Tú, amable lector, tienes la respuesta. Algo completamente distinto /entresacar las semillas/ es lo que debemos hacer, porque el mundo no se detiene, el mundo sigue dando vueltas, y/o arribamos a puerto seguro a las buenas, o a las malas los vientos que hoy sembremos nos responderán con la cosecha de tempestades jamás vistas por el hombre. La profecía no ha muerto.
Y no olvidemos: “No, no basta con rezar…”. Tampoco viene por arte de magia eso de “Morir a los cien años será morir niño, y no llegar a los cien años será tenido por maldición... No edificarán para que habite otro, no plantarán para que recoja otro..., y mis elegidos /los que trabajen en el partido del Señor/ disfrutarán del trabajo de sus manos. No trabajarán en vano, ni parirán para una muerte prematura... El lobo y el cordero pacerán juntos…” /Is., 65, 20 - 25/. Los cristianos tenemos abierto para ello el camino trazado por Jesús.
Hay que empezar a sembrar desde ahora la Libertad, la Justicia y el Amor para que podamos vivir en una sociedad más libre, más justa y más amorosa. Así que: ¡Manos a la obra!.
Israel, Grecia, Roma, India, y muchas otras comunidades del Planeta, han tenido gobiernos, se dice que puestos por Dios o por los dioses. Todavía en el siglo vein¬tiuno se persiste en la idea de que es Dios el que quita y pone gobiernos, porque: o bien Dios los pone, o bien el pueblo es la voz de Dios, y hasta se implora a Dios, por medio de sacerdotes, que bendiga las armas de los ejércitos en vez del pan de cada día. Sólo en tribus primitivas o en mentes del plano físico y astral se gestan estas ideas erróneas. Está escrito: “….No por la fuerza de las armas se alcanza la victoria, sino que Dios la otorga a los que juzga dignos de ella” /Maq. II, 15,21/. Verdad o casualidad, lo cierto es que muchos ejér¬citos /la ‘Armada Invencible de España, los ejércitos de Napoleón, el ejército de Hitler..., por ejemplo/, han sido aniquilados aun en su apogeo. Y no es que yo conciba a Dios como juez castigador, sino que Dios ha establecido le¬yes de compensación y de equilibrio que son lo que yo denomino ‘imprevistos’. Y de estos imprevistos, cuando se satura /se rebosa la copa/ de crueldad la fuerza de lo humano, no se escapa nadie; la derrota es inminente. El ada¬gio dice que “en guerra avisada no muere soldado”. Dios lo que quiere, porque así lo ha establecido en nuestras conciencias, es que respetemos sus Mandamientos. Y si alguien todavía no reconoce los Mandamientos, que respete la ley que hay en su mente y en su corazón, ley que le habla de que lo malo no se debe hacer y que lo bueno siempre es justo.
¿Quién no sabe cuando ha obrado bien o mal? ¿Por qué huyen y se esconden los que hacen mal? No paso por alto a aquellos “varones machos” /entre comillas/ que se jactan de hacer el mal cuando tienen un arma en las manos. ¡Qué tal cuando están desarmados! ¡Cobardes como ellos solos!
Yo insisto en ‘Mi Acepción de Dios’ que tengamos cuidado de nosotros mismos. Y que lo que no queramos para nosotros tampoco lo queramos para nuestro prójimo como también nos enseñó Jesús. Pues si en esta dimensión donde hay humanos que padecen de enfermedades u otras necesidades como el hambre, sufren lo indecible, y sólo el que sufre sabe de su dolor, cuál no será el sufrimiento en el más allá /¡“Habrá crujir de dientes”!, -Mt. 8,12/.Y esto, repito, no porque Dios nos castiga, sino porque, cuando obramos mal, quebrantamos las leyes preestablecidas /ley de compensación, de justicia... Leyes inexorables que rigen la armonía del todo existencial en ‘EL GRAN TODO’/. ¡Cómo hay de temor en esta vida de caer en manos de la justicia humana! ¡Qué no será el abismo del más allá! Sigamos. Sumerjámonos de nuevo en el océano de la vida.
Estar aquí y ahora no es un sueño /“los sueños, sueños son”, -Calderón de la Barca/. La mente nos acusa de la realidad que somos y de las realidades que nos envuelven. Y tenemos el sentimiento y la intuición de que no nos hemos hecho a nosotros mismos ni el universo se ha hecho por sí solo /alguien se refirió al universo como el reloj más maravilloso y que, como tal, detrás de él tendría que haber una inteligencia aun más maravillosa/. Es más, de haberse hecho a sí mismo, con todo lo que tiene de maravilloso, muestra sus imperfecciones: las estrellas mueren, todo se deteriora, todo muere. De haberse hecho a si mismo: las estrellas brillarían más y más, los cuerpos no se pudrirían, las flores no se marchitarían… etc.
¿Qué triste sería tener que decir: “Comamos y bebamos, que mañana moriremos” /I Cr. 15,32/. Pero no, la vida no se detiene. Y si bien las obras de la naturaleza en general son obras regidas por leyes universales, las obras del hombre obedecen a leyes de mente, de conciencia y de libertad. Y no, porque el hombre tenga su causa inmediata en la naturaleza, debemos inferir que la naturaleza es su causa última. Por encima está el Relojero, el Hacedor, Dios como causa primera y principio y fin de todas las cosas. De manera también que reducir todo a un simple universo, que, repito, no es sino un granito de arena en la gran playa de las dimensiones y de las coexistencias que escapan a nuestros sentidos y que sólo acertamos a ver cuando la mente se adentra en el campo del espíritu y, por ende, de la trascendencia.
Estos días he leído un artículo periodístico, cuyo autor un ex sacerdote y profesor universitario, que me ha puesto a pensar más y más en todas estas cosas que escribo acerca de ‘Mi Acepción de Dios’. Tal autor niega de plano a Dios, reniega de la religión y se queda a solas en su conclusión: “Yo soy yo”. En tal caso el mencionado autor sería el propio Dios, no una criatura de carne y hueso como nosotros y /sin juzgarlo/ manifiesta su angustia /cosa que el verdadero Dios no tiene, sino dicha eterna e infinita/ y desea una explicación del universo que tiene por delante. Sólo Dios puede decir: “YO SOY EL QUE SOY” /Ex. 3,14/.
Todo me habla de Dios. Y es que lo que está aquí abajo está también allá arriba. Aunque esto no sea sino un parafraseo para entendernos /ni el arriba es tal ni el abajo tampoco, son otra realidad/. Puntos de referencia mental y nada más. Y valga que utilicemos términos que estén al alcance de nuestras mentes: Comparo a Dios como una bola tan gigantesca que no habría universos para contenerla y que /en paradoja para nosotros/ ella misma se contiene. Dentro de esa bola es que están las dimensiones, los universos, las existencias. Esa bola se manifiesta en sí misma /recordemos: fuera de ‘EL PODER’ ni siquiera la nada es concebida/. Esa bola sí es el “YO SOY”. Y dentro, por así decirlo, de esa bola es que están los seres de luz, y nosotros los humanos como una imagen de ese “YO SOY”. Y entonces es que podemos decir: yo soy en ‘EL QUE ES’. ¡Y, qué cosa tan bella: desde que mi aguja mental rozó el área de mi espíritu y de la trascendencia me veo día y noche en ese espejo de la divinidad, y por ningún concepto quisiera mancharlo, sino seguir eternamente mirándome en él!
Eso de arriba y eso de abajo me cautiva cuando toco el átomo. Y es que yo soy un átomo pensante. Si los átomos no pensaran yo tampoco pensaría. Ellos tienen en su estructura el germen del pensamiento. Ellos, siendo partícula ínfima de lo de arriba /del macro/ se revierten abajo /en lo individual/ en la fundamentación de nuestra vida. Por eso digo que lo que hay arriba lo hay abajo también. En cierta forma y a un modo más metafísico es lo que decía Platón del mundo de las ideas y de la doxa o mundo de las sombras /materia/: el mundo de arriba y el mundo de abajo. ¿Quién sabe qué pudo haber visto Platón y lo expreso así?
Para mí lo de arriba y lo de abajo deja de ser una máxima metafísica /quizás a tribuida a Hermes Trismegisto/. Para mí lo de arriba y lo de abajo se revierten en un punto de convergencia, de interacción y de dinamismo: una moneda, por ejemplo, tiene su cara /anverso/ y su reverso /que llamamos ‘cruz’/. ¿Cara o cruz -decimos? Anverso, nuestro plano. Reverso, lo que está en conexión con nuestro plano y que no conocemos directamente. Y esa moneda de ‘cara y cruz’ es una sola. La cara reverso y la cara anverso son como el manantial y su agua. Ni el manantial sin su agua, ni el agua sin su manantial. De aquí que nos dé la sensación, a veces, de que conocemos el reverso. Nos sucede como si al ver la realidad dijésemos que no es la realidad, que es una película de la realidad /Platón con su mundo de las ideas o rever¬so o verdadera realidad/. El anverso /la cara que vemos/ es la película. Entonces alguien podría preguntar: ¿Quiere decir esto que mi existencia no es real? Claro que sí es real, pero repito el ejemplo: somos el agua que se corresponde al manantial /reverso/, y lo que está en uno fluye necesariamente en lo otro. Repito el ejemplo: “Somos la gota de agua en el océano que se sabe océano ella misma” /V.M. Crespo/. Soy, pues, átomo del todo universal. Y, como tal átomo /anverso/ que soy, estoy necesariamente en conexión con ese todo /reverso/. Mas no pensemos que lo grande es lo de arriba y lo pequeño lo de abajo. Todo está en interacción: aunque dos caras, una sola moneda.
Todo es una moneda con dos caras y en estado vibratorio y de sincronización mutua /manantial-agua, océano-gota de agua del mismo océano/. Y lo que sucede en ese todo universal sucede al mismo tiempo en sus partes. El átomo es un elemento del todo; ni el todo puede existir sin el átomo, ni el átomo sin su todo. Todo coexiste en alguna forma. Lo que es, es y no puede dejar de ser.
Sabemos que los átomos se intercomunican en una operación denominada ‘covalen¬te’ mediante el mensajero del átomo /el ‘electrón’/. Si se da la covalencia es porque los átomos tienen la capacidad de interactuarse y constituir una unidad /una molécula/. A base de estas uniones se han formado las células de nuestro cuerpo. Y en cada célula hay miles y miles de átomos. Por supuesto que en esas unidades vivientes de las células intervienen otras miles y miles de moléculas, moléculas inferiores, las ‘enzimas’, que son las que regulan /dan órdenes/ en las células y en los organismos formados por las células /la digestión de nuestro estómago, por ejemplo, está regulada por una ‘en¬zima’/. Me atrevería a decir que en la conocida ‘función clorofílica’ de las plantas /que reciben luz solar en su función de fotosíntesis y convierten el anhídrido carbónico que llega del aire, y el agua, en oxígeno/, que la luz solar es como la enzima cósmica. El sol, pues, para nuestra vida es eso: La enzima cósmica. En este mismo ejemplo vemos la interacción de lo de arriba con lo de abajo. El sol sería en este caso el reverso, nuestra vida el anverso, y en lo que el sol tiene de más y nosotros de menos hay un electrón de empatía, de covalencia, que vendría siendo la enzima luz y la enzima calor, etc. Hay una mente universal, y una mente individual como la nuestra. Tan mente es una como la otra. Los mismos componentes hay arriba que abajo. Si algo nos diferencia es en el tipo de conducta, que en nosotros están los átomos dispuesto para una función muy compleja y muy particular de que no sólo nos movamos en el espacio y en el tiempo, sino con la cualidad especial de ser ‘imagen de Dios’ /imagen especial dentro de la bola de cristal donde nos reflejamos en el espejo de Dios/. Gozamos no sólo de un cuerpo físico como todo cuanto se mueve y existe en esta dimensión sensible, sino que además así como se libera el oxígeno de la planta, así se libera nuestro espíritu del cuerpo una vez que se da el hito /fotosíntesis cósmica/ muerte.
Nuestra vida vendría siendo como una molécula de átomos covalentes, con la misma propiedad que el agua es por covalencia la unión de hidrógeno y oxí¬geno, /2 componentes de hidrógeno y uno de oxígeno, H20/. Tan sencillo, pero todavía el hombre no domina al átomo para producir fórmula /H2O =Agua/. Sólo ha logrado una que otra molécula, como ciertas enzimas, para combatir algunas enfermedades y mejorar algo en el ganado y en la agricultura. Esperemos qué más extraemos de lo de arriba y de lo de abajo.

Nada me asusta. Todo es maravilla. Y la ‘bola de cristal’ antes descrita de cómo ejempli¬ficar a Dios no es panteísmo, pues que no identifico a Dios con el universo, ni en mi acepción de Dios entra el universo como hecho por sí mismo como un dios. Voy más allá. Y tampoco soy moralista. Hablo de lo que veo, siento y vivo.
Si bien habíamos visto eso de “al principio” /Biblia/, no estaría mal remover ese pasado, sin olvidarnos del presente ni del futuro.
Y como dice el Génesis: “Hubo tarde y mañana”. O sea, una cosa dio paso a otra. Nada estaba quieto desde el mismo ‘HAGASE’. Y aun lo muerto continúa su movimiento. Los átomos tienen vida. Son energías de por sí. Y si llegásemos a dividir un átomo de tal modo que ya no hubiera instrumento para detectar la última partícula, estaríamos llegando a lo que llamo punto de convergen¬cia /como cuando en temperatura bajamos al punto cero/. De aquí hacia abajo se produce el espasmo cósmico: el toque del anverso con su mismo reverso. Sería como si fundiéramos una moneda y sus dos caras se hicieran una sola, pues que entre anverso y reverso hay covalencia.
…Y “hubo tarde y mañana” y las especies se expandieron por toda la tierra. Surgen las razas como una empatía de la molécula de la vida /ADN con sus átomos de carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno…/ con su medio ambiente, que le sirve como de catalizador /como la enzima, que modifica y ella permanece estable/, y es entonces cuando el hombre sufre mimetismo /tomar color o apa¬riencia del medio/. Así es esto que el racismo vendría a ser como la desarmonía del individuo con su especie. Según los científicos, genéticamente, cada vez se está acercando el hombre a la unificación de sus diferencias. ¿Será esto ya un atisbo de esa humanidad más unida que pueda enfrentar su futuro como una sola familia? Si esto es así vamos en busca de un hombre completamente nuevo. Y merece nuestra lucha por un mundo mejor. Tenemos que volver al paraíso /incluso al terrenal/ purificados de nuestro pecado, de nuestras divisiones, de nuestros crímenes y de tantas otras maldades…
Nuestro espíritu también saldrá a su otro paraíso. Para esto hay que morir. Del palo quemado salía el humo /símil de espíritu/. Y vemos cómo una estrella, aunque haya muerto, su luz /espíritu/ sigue cruzando los espacios del universo.
Aprovecho las palabras del Apóstol Pablo para aclarar más estas cosas, no sólo de la muerte, sino de las diferentes vidas en este planeta. Yo hablo que en la voluntad de Dios se dio empatía a unos átomos y a sus compuestos molecu¬lares para que en eso que decimos covalencia se unieran y formaran los diversos cuerpos de los seres vivos. Pablo: “¡Necio! Lo que tú siembras no nace si no muere. Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de nacer, sino un simple grano, por ejemplo, de trigo, o algún otro tal. Y Dios le da el cuerpo según ha querido, a cada una de las semillas el propio cuerpo. No es toda carne la misma carne, sino que una es la de los hombres, otra la de los ganados, otra la de las aves y otra la de los peces… Se siembra en corrupción /tiene que morir el cuerpo/ y se resucita en incorrupción” /I Cr. 15,36-43/.
De esa carne que Dios dio al hombre desconocemos su color /tendría el mimetismo del paraíso/. Luego es que aparecen las razas /por mimetismo/: negra en África, amarilla en Asia, blanca en Europa…, cobriza y otros grupos y subgrupos por toda la tierra.
Uniendo lo de las razas con la carne de que habla Pablo, podemos decir que se expandieron por todo el planeta /raza blanca, negra, amarilla, cobriza, y otros grupos y subgrupos/. Y la primera raza /Biblia/ Adán - Eva, como el ADN de nuestra especie, también tuvo su color. ¿Cuál? El del mimetismo que le dio el paraíso.
El mimetismo que dan los diferentes ambientes es lo mismo que la marca que deja en el psiquismo cada cultura. Lo que de verdad nos hace pensar que nos une esa molécula de la vida ‘ADN’ y lo que nos separa son meras circunstan¬cias; y capacidad tenemos para contrarrestarlas y sobreponernos a ellas, y buscar la unión de razas, pueblos, culturas, hombres. Proceso largo, quizás, pero que en el laboratorio de la tecnología hemos descubierto la enzima de las comunicaciones para establecer contactos y acortar distancias. Sin olvidar que en la molécula de la vida, en la potencialidad de sus átomos, están impresas también las letras del color, que se da en cualquier elemento de la naturaleza /hombre, animal, vegetal, piedra, etc./ Letras que favorecen el mimetismo.
Pablo, refiriéndose a los diferentes seres vivientes, nos dice que a cada uno le ha dado Dios su tipo de carne /de hombre, de animal.../. Pero sea cual fuere ese cuerpo, esa carne, sus átomos /aún después de la muerte/ siguen en movimiento, y hasta los podemos recibir en nuestro cuerpo mediante la respiración. Al mismo tiempo que en el anhídrido carbónico que expulsamos y en el aliento acuoso los átomos de nuestro cuerpo vuelan también por los espacios. Mas esto nos lleva de nuevo a lo de aquel día de la ‘reversibilidad cósmica’, al día cuando ha de sonar la trompeta para la resurrección de los muertos. Y entonces los átomos /para cerrar su ciclo en esta dimensión/, por ley de lo semejante /que es lo mismo que por ley de covalencia/ se atraerán, volverán a sus moléculas, y a sus células, y a sus cuerpos... Y habrá resurrección de los muertos. Y los cuerpos, más gloriosos o menos gloriosos, conforme su compañera el alma, correrán un mismo destino.
¿Pero, adónde va el alma sola después de la muerte? De por sí a su destino final /la nueva dimensión, después de ésta/. Allá espera ansiosa a su compañero el cuerpo. Y allá habrá un nuevo soplo de vida /de Dios/ para que cuerpo y alma compartan lo más glorioso o lo menos glorioso de su nuevo estado o modalidad.
Y ya que hemos tocado el paraíso y la carne, me viene en reflexión de cómo Adán y Eva en su inocencia exhibían sus cuerpos con la mayor naturalidad, y hasta con candor. No así los adanes y las evas de las civilizaciones posteriores /homosexuales, lesbianas y rameras/ que usan el desnudo como aberración y comercio. No lejos de nosotros está el azufre y fuego que cayó sobre Sodoma y Gomorra.
Todas estas consideraciones valen en ‘Mi Acepción de Dios’. Y hasta contemplar el sexo. Y el sexo en ‘Clave 9’: “...ni es bueno ni malo, es fuerza generadora de la armonía en “EL PODER” /Palabra 68/. Es el modo cómo Dios ha impregnado de atractiva fragancia la naturaleza humana y la de otros seres que pueblan la tierra. El sexo hace vibrar la carne y someter en embeleso a la mente y hasta el espíritu. El mismo Adán no pudo callar ante la mujer: “Esto sí que ya es hueso de mis huesos y carne de mi carne” /Gén. 2,23/. Y es que ese encuentro inocente y no menos puro de la función reproductora de la especie no era para menos en la conciencia y en la mente del hombre. El hombre comenzó a sentir aquella atracción y como en éxtasis de un dios carnal se llena de ardor y de pasión. Y cohabita con su mujer. Y sigue la maravilla de ese encuentro carnal y de adhesión espiritual: la prole, los hijos... Bien dijo el poeta: “¡Ay, tú no sabes lo que es esto. Es la tempestad de mis senti¬dos doblegando la selva sensible de mis nervios. Es la carne que grita con sus ardientes lenguas! ¡Es el incendio!” /P. Neruda/. Y el hombre /Adán/ exclamó: “Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer” /Gén. 2, 24/. Lástima que esta atracción que Dios ha impreso en nuestra naturaleza la hayamos pervertido. EL sexo es fuerza generadora de armonía. Mas, cuando se pervierte ese engendro de armonía, sufrimos las consecuencias: decepciones, persecuciones, enfermedades /sida/.
Como nota sobre Adán y Eva, deduzco que no son nombres propios, sino dos culturas /patriarcado y matriarcado de comunidades organizadas en la Tierra/ que se fundieron en una nueva civilización de verdadera paz y armonía. Aquello fue un paraíso, el “paraíso terrenal”. Aquellas regiones del Eufrates, del Tigris, del Pisón y del Guijón llegaron a ser una bendición de Dios. El deseo de Adán por unificar aquellas comarcas se hizo un sopor en él. Él representaba el patriarcado y Eva el matriarcado. Y su sueño se lo hizo Dios realidad. La mujer nacería ahora de su costilla, de su esfuerzo, de su sudor. Había logrado la fusión de aquellas dos culturas. Había nacido el hombre nuevo y la mujer nueva. El código de Adán se tradujo en bienestar y en paz. Surge una nueva moral y una nueva ética:”Esto sí que es ya hueso de mis huesos y carne de mi carne. Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer”. Ha nacido también el matrimonio indisoluble. Todo giraría en torno a esa bendición de Dios que inspiró a Adán en su “sopor”. Al principio fue todo así. Hasta que comenzaron las mentiras, las intrigas, los dites y diremes, las excusas y las componendas; aquel paraíso se vino abajo. Y tan abajo que le sigue el crimen representado en Caín. Así hasta los caínes de hoy. Luego la religión se encargaría de acomodar el mito o realidad. Y así las persistentes preguntas:¿Y cómo siendo Adán y Eva, y Caín y Abel, los únicos miembros de una familia se ha podido poblar la Tierra toda? ¿Y las mujeres de Caín y de Abel? ¿Eran solos? ¿…? Para mí estamos viviendo ahora una segunda caída. Ya el Caín se ha multiplicado y ronda por doquiera.
En uno de mis ensayos /reconozco que le falta fuerza poética/ escribí un día:
VARON Y HEMBRA:
El hombre, metida lleva en su esencia
La más profunda nostalgia, quimera,
Fruición tal, que invade su vida entera…
¡Sexo! Del ser impulsión….Inmanencia.
Y, quien dice hombre…¡Mujer en latencia!
Complemento que plenitud espera
De encuentro en coyuntura placentera,
Pues se hallan parte a parte en apetencia.
Lágrimas sin llanto en coexistencia.
Embeleso… Semen de índole mera.
Prodigio de manantial en turgencia.
…Varón y hembra, que en perpetua tendencia,
Portando la divina sementera,
Constituyen pedestal de la herencia.
- Esa ‘fruición’, esa ‘impulsión’ y ‘tendencia’ nos vienen de la ‘inmanencia’, de esos dos átomos que viviendo juntos, como en un andrógino /mitad varón, mitad hembra/, cuando Dios los separó para hacer la carne de varón y la carne de hembra, se siguieron amando y, como en una ‘covalencia sexual’, al encontrarse de nuevo sienten irresistiblemente la atracción mutua /como dos átomos covalentes, varón y hembra/.
Me da igual contemplar en noche despejada el azul del firmamento con su luminaria, y transportarme a lo infinito, que bajar a los antros del átomo, o desmenuzar una célula en el laboratorio. ¡Qué no siento al considerar las magnificencias que el Creador con su omnipotencia y sabiduría ha puesto en la carne humana, en nuestro cuerpo! ¡Cómo quisiera ser poeta para arrancar musas a lo de arriba en lo de abajo y a lo de abajo en lo de arriba! Bañarme en un mar de delicias cual del fin entre cantos de sirenas sería una pobre imagen en comparación de lo que siento y percibo en medio de la creación de mi Dios. Y no puede ser para menos, pues así como veo lo de arriba en lo de abajo y lo de abajo en lo de arriba, me veo en el paraíso celestial de mi Dios. Recordemos: “Vivimos, nos movemos y existimos en Dios” /Hc. 17,28/. No más toco a las puertas del Padre, cuando entro en arrebato al célico jardín de mi existir. El ángulo de la duda y de la contradicción se abre para dar paso a la certeza y beatitud. Yo no puedo sino decir: ¡Dios! ¡Dios! ¡Dios! ¡Dichosos los que aprenden a oír tu voz!
Y del átomo en su movimiento, repito, deviene el sexo. Y por el sexo nos pode¬mos remontar hasta Dios. El sexo no es lo morboso ni lo perverso que el moralis¬mo nos ha inculcado. Para ‘Clave 9’, dijimos: “Es fuerza generadora de la armonía en ‘EL PODER”. Generadora de armonía. Tan sólo analizar el mundo in¬terno de nuestro organismo para convencernos de esto. Ahí está la mano del Dios Todopoderoso. Ahí está todo un universo de sincronización, de armonía y de belleza. Alguien dijo de San Agustín: “¿Por qué hemos de avergonzarnos en nombrar aquello que ni el mismo Dios se ha avergonzado en crear?”. Por ende que el sexo no es malo. Malo es pervertir esa armonía en desarmonía. Eduquemos nuestra mente y nuestro corazón. ¿Cómo? Voluntad tenemos. Controlemos los apetitos. Que tampoco son malos. Malos son cuando les damos rienda suelta y los corrompemos. Los apetitos siguen también el orden de armonía: tienen finalidad. Son impulsos para que nos pongamos en marcha en aquellas cosas que son de naturaleza dada por Dios. Somos libres para inclinar la aguja hacia lo correcto o lo incorrecto. Sólo cuando la mente se detiene en lo físico /en las apetencias del cuerpo/ es cuando corremos el peligro de desarmonizar nuestras propias energías /para mal que nunca para bien/.
Carne… Cuerpo, que se reduce /en sentido general/ a órganos /como los sexuales/, células, átomos… /oxígeno, hidrógeno, nitrógeno, carbono, etc./ en base última.
En los órganos sexuales, mediante función de hormonas especializadas, podemos apreciar cómo se dieron los primeros elementos de la vida en nuestro planeta. Apreciamos dos procesos importantísimos: el proceso de la espermatogénesis /formación de los espermatozoides/ y el proceso de la ovogénesis /formación de los óvulos/. Y ¡qué maravilla! ¡Cómo al insertarse el espermatozoide en la matriz, sintiéndose atraído por la empatía que le despierta el óvulo, sale a la búsqueda de éste para fecundarlo y comenzar así la gestación de una nueva vida humana! Ocurriendo para esta fecundación que, de los miles y miles de espermatozoides que establecen la llamada “danza macabra”, sólo uno de ellos, si es que lo logra, es el que mediante una reacción química penetra al óvulo. ¿Misterio? Sólo se sabe que así sucede. Y que a partir de ese momento de la fecundación, y anidación consiguiente del huevo en la matriz, hay todo un proceso definitorio de lo que será la nueva criatura: mórula, blástula, embrión, feto. Proceso éste que recojo en mi ensayo ‘Engendro Humano’ /también falta fuerza poética/:
ENGENDRO HUMANO
Engendro humano es evolución, vida…
Su esencia, su ser, no está en esponsales,
Ni en milagros, ni en cuestiones morales;
Basta quede, pues, la mujer prendida.
Sólo una célula en otra fundida:
Un espermatozoide, que a raudales
---fenómenos, cosas muy naturales-
Se vierte en el óvulo en fatal huida.
Luego el óvulo fecundado anida
En los llamados antros maternales,
Y ya es naturaleza concebida.
Por nueve meses crece en su guarida:
¡blástula, embrión, feto… -cambios vitales!
Rompe fuentes y halla en parto salida.
Todo lo ha escrito Dios /y lo escrito escrito está/, lo mismo en el cuerpo aquí abajo que en el universo arriba. El todo es el gran libro y las partes su texto de letras. Ambos se pertenecen: el libro a sus letras, las letras a su libro.
Esto mismo ocurre con el cuerpo y sus partes, y entre éstas están las células sexuales con la función específica de retransmitir la especie a través de la molécula de la vida ‘ADN’, cuya principal composición es oxígeno, hi¬drógeno, carbono, nitrógeno, fósforo... Y en unas de las partículas de las células, los ‘cromosomas’, que son 23 pares para la célula masculina /espermatozoide/ y 23 pares para la célula femenina /óvulo/, se hallan las letras defi¬nitorias de lo que ha de ser el nuevo ser: varón /‘xy’, ‘x’ de célula femenina, ‘y’ de célula masculina; hembra - ‘xx’, una ‘x’ de célula femenina y otra ‘x’ de cé¬lula masculina/... Y en varón y hembra todos los demás caracteres /como color de los ojos, etc./. ¿No es esto digno de admirar de ese escritor Dios? y así de generación en generación.
¿Pero, y la evolución, no existe? la evolución también está inscrita en el libro de la vida. Sus mutaciones son como los capítulos de ese libro. Más no olvidemos, no adelantemos los acontecimientos, porque el escritor Dios no tiene prisas. Recordemos el Eclesiastés: “Tiempo para todo”. De hecho obser¬vamos cómo en los animales salvajes, que tienen su inteligencia de supervivencia y están regidos estrictamente por leyes de naturaleza, y por la gran ley de la voracidad cósmica, sus sentimientos aún no se han abierto a algo de más nobleza. Vemos, por ejemplo, el perro /sin descartar otros animales domésticos, como el caballo/ cómo ha dulcificado su fiereza y cómo ha llegado a entenderse perfectamente con su amo el hombre. ¿Quién quita que este animal, tarde o temprano, desarrolle su potencialidad /como la nuestra, espíritu/ y, modificando sus miembros, llegue un día a sustituir al hombre, cuando éste, como los dinosaurios ya no exista como especie? No necesariamente haya tenido lugar el día de la ‘reversibilidad cósmica’ /para todas las especies. El último capítulo del libro de la vida en esta dimensión sólo lo conoce y lo escribe Dios. De hecho en las páginas de ese libro caben muchos capítulos aún ignorados por el hombre. ¿A caso el perro, a su modo /en la modalidad de su ser/ no tiene su espíritu, su energía superior a la de la forma de su cuerpo? ¿Acaso los animales no tienen su lenguaje para comunicarse entre sí? Que no hayan llegado a ser ‘imagen’ de Dios, entidad con libertad para determinar sus actos, no les quita la posesión de su espíritu. Ellos lo que necesitan, para ser uno de nosotros, es el don de la libertad. De hecho piensan, sienten, quieren, aman, recuerdan y tienen su conciencia /aunque repito les falte el libre albedrío/. No somos quiénes para menospreciar la obra de Dios. Por algo Dios les ha dado un cuerpo como el nuestro. ¿Quién puede negar la potencialidad de espíritu que hay también en esa materia animal? A su modo y a su modalidad. Pero tanto ellos como nosotros somos hechuras de un mismo Dios /y “en El vivimos, nos movemos y existimos” en unión de los animales, que por demás sabemos que hay muchos de ellos que ven más que nosotros, y tienen un oído, un olfato y hasta un sexto sentido más desarrollado que nosotros. Lo que debemos hacer es, dentro de la potestad para dominar a los demás seres que pueblan la tierra /potestad que Dios nos ha dado/ que tengamos un trato más justo con ellos /como los gobernantes para con su pueblo también deben tener/. En el hombre la potestad de dominio debe ser racional y conciente en marcada en las leyes de Dios.
¿Y por qué ha de ser el perro y no el mono u otro animal el que nos substituya? Simplemente se trata de un ejemplo, lo que sí sería diferente es el reinado de ese animal al del hombre. No necesariamente tendría que valerse de una tecnología, de una ciencia, de una civilización y cultura como la nuestra.
De la historia de la humanidad se dice que el hombre tomó conciencia cuando empezó a enterrar a sus muertos y darles culto /les atribuían espíritu/. Este paso también se podría estar dando en el perro: Vemos con frecuencia cómo los perros, entre otros animales, cuando tropiezan con otro animal de su especie muerto, se vuelcan sobre la víctima y le hacen sus ceremonias muy bien definidas /se revuelcan, aúllan…/.
Esto nos hace pensar cómo los demás seres que pueblan el universo pueden tener una estructura molecular y un comportamiento muy distintos a los nuestros. Que no necesariamente tienen que comer “con el sudor de su frente”. Y así nos podríamos explicar la presencia de los ovnis en nuestra atmósfera. Tales seres no necesitan sino de vibración energética para alimentarse /en otras palabras: para cargar sus baterías/. /Dato curioso: léase CAP. 1 de Ezequiel/. ¿Y mueren igual que nosotros estos seres? Por supuesto que sí, pues que son expresión /vida/ de un estado molecular aunque diferente al nuestro. Ellos también tienen su ciclo vital. En mi ‘arrebato cósmico’ de 1979 tuve la dicha de observar cómo en planetas de luz propia /sin sol que los ilumine/ se movían y gozaban a su modo. Quizás, antes de llegar nosotros a la morada de gloria, tengamos que pasar por este nuevo estadio que me fue dado ver.
Hagamos, pues, buen uso racional de nuestra existencia, pues que “no sólo de pan vive el hombre” /Lc. 4,4/.
Antes de reflexionar un poco más sobre este dominio del hombre, preguntémonos: ¿Hay un cielo reservado también pera los animales?
Todo, repito, tiene su anverso y su reverso. En el día de la ‘reversibilidad cómica’, y en el día que antecede a cada ser de esta dimensión a ese otro último día, hay establecido también para los animales /y todo lo demás/ un puente /entre esta dimensión y la otra/ que todo ser tiene que atravesar. Todo ha de seguir su decurso en el devenir de lo eterno. Bien está dicho que “nada se crea; todo se transforma”. Esto es: a una modalidad, sigue otra modalidad. Todo ser viviente que vaya saliendo de esta dimensión por el hito muerte, allá tiene su reverso, su sitial, como lo tenemos nosotros. Los beneficios de la creación de Dios son para todas sus criaturas. Hasta la materia /que llamamos inerte y que no es tan inerte/ tiene allá otra modalidad, su rever¬so en el devenir infinito y de perfección. ¡ Quién se imaginara una tosca piedra de ahora convertida en precioso diamante después! Así será.
... Si bien el dominio del hombre sobre los seres inferiores a él debe ser más comedido y más racional de lo que ha venido siendo hasta estos momentos, debe ser de conciencia según Libertad, Justicia y Amor de ahora en adelante el trato del hombre para con su semejante. Sea gobernante, sea otro tipo de administración que ocupe un hombre frente a otros, debe estar inspirado en la Libertad, en la Justicia y en el Amor. Nadie es más que otro. Y si alguien no lo quiere reconocer, sería bueno recordarle que todos nacemos desnudos y que, al final, a todos nos mete en el mismo molde la guadaña de la muerte. ¿Adónde los afanes, las apetencias, los egoísmos, las arbitrarie¬dades, las pasiones desordenadas, los apegos y maldades? Allá todo será medido por la justicia, no la de los favoritismos o conveniencia de los hombres, sino la justicia divina, la que como un video registra nuestros actos y nuestras más recónditas intenciones.
Oigo decir a algunos dirigentes políticos que qué culpa tenemos nosotros, y sobre todo nuestros hijos, para sufrir lo que otros cometieron en el pasado. La respuesta no puede ser más elocuente, como una ‘perogrullada’ /“verdad tan sabida que es simpleza decirla”/. No obstante la diremos: ¿Qué tal, si tú tienes una hacienda de la cual vives tú y ha de vivir tu descendencia, y no la cultivas y la dejas perder por tu mala cabeza? Todo se vendrá abajo irremediable¬mente. No has empleado los dones que Dios te ha dado como debería ser. Igual sucede en el plano social: por la corrupción y desvíos de políticas se pierde también la hacienda pública. Y los ciudadanos sufren las consecuencias. Así lo ha escrito el Señor en tu conciencia. Allá tú, si te haces el sordo y no la quieres oír. Te harás reo de dolor más agudo que el de parturienta. Y lo inevitable saltará /“espinas y abrojos”/ en tu camino. Es más, está escrito que nuestros pecados /nuestras malas obras/ los tenemos que pagar hasta la tercera o cuarta generación. Si obramos el bien, Dios lo premia hasta mil generaciones. No hay escape ante lo inevitable. Y que se vayan bajando de sus laureles los que ostenten un poder que no les pertenece sino en función de bien común. Y despiértense los pueblos todos, que ha llegado la hora de ‘recoger las piedras’ y hacer una nueva edificación del todo social a beneficio de todas y cada una de las partes /de cada individuo/ de ese todo. Es la hora del derecho revertido en justicia, para el gozo de la libertad, que ya esto es “amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”. Evita para ti y para tus hijos el llanto de la desventura por tu propia culpa. Pon de tu parte que Dios te ayudará.
El 16 de Junio de 1979 yo amanecí muy tranquilo en mis tareas de preparar un programa de educación sexual para la radio. De música de fondo tenía “una rosa pintada de azul...”. De pronto entré en ‘arrebato cósmico’ /historia que ya he narrado en varios de mis escritos y que no viene ahora al caso; sólo comentar el hecho/. Desde aquel momento comienza ‘Clave 9’ a operar en mí. Desde aquel momento mi vida ha cambiado los llamados 180 grados. Entré en otra dimensión /de luz/ y viví en dos horas y cuarenta y cinco minutos /de nuestra dimensión tiempo/ lo que en una vida de acá no se puede lograr. ¿Increíble? Sólo yo sé lo que vivo y siento. Y me remito a mi vivencia para comunicar a los demás el Mensaje ‘Clave 9’ que me fuera dado en aquella oportunidad por los Maestros del Universo, Peregrinos del Universo. Una de las palabras /72/ dice:”las naciones todas de los terrícolas izan banderas de desconcierto. Mas se acerca la hora de la Nueva Generación. Testimonio que da Manuel, porque estorban las fronteras y el nuevo orden político, económico y social se ha de implantar según Conciencia Cósmica: Libertad, Justicia y Amor”.
¿Acaso se trata ese nuevo orden de una teocracia regida por clérigos? De seguro que no, sino de un Estado cuyo tricolor es la Libertad, la Justicia y el Amor.
Ya está sonando la diana de amanecer, aunque muchos todavía no estén en capacidad de ubicar el sonido de las trompetas. Ya hay un grito del derecho. Del derecho no a la romana o a la inglesa, etc. Ya no interesa la limosna como dádiva de mendicidad en medio de un mundo de esclavitud y servidumbre. Es la misma voz de Dios que ahora cobra una nueva significación /”...Yo, Yavé, soy amante del derecho y aborrezco el rapaz latrocinio” -Is.. 61,8/.
Todo comienza a renacer como en primavera de una nueva vida. Jesús nos invita a “nacer de nuevo”. Y es la hora de que nos gestemos en el seno de esa nueva primavera, pues que la matriz de lo antiguo y de esto que llamamos moderno produce aborto de hambre, de terrorismo, de droga, de corrupción, de criminalidad y tortura, de perversión sexual y de las más sanas costumbres...
Estemos prontos a los cambios que se avecinan vertiginosamente. Hasta el punto dice la Palabra 77 que “Las armas de los terrícolas se aprestan en llamas”. Y no nos asustemos. Pongamos de nuestra parte, como el labrador ante las inclemencias del tiempo, para no perder la cosecha. Sin creer que Dios nos lo va a resolver todo. El refrán lo dice: “A Dios rogando y con el mazo dando”. Y más que a ideologías materialistas y racionalistas hay que recurrir al encuentro del hombre con el hombre, sin fronteras de ninguna naturaleza. Y gobernar ha de dejar de ser ‘poder de fuerza’: debe ser administración sana de la vida humana en orden al mayor bien de todos y de cada uno de los humanos. Y esto se logra haciendo, comprometiéndonos todos y obligándonos en conciencia al logro de esta meta. Recordemos lo que hemos dicho de la Palabra ll: “Para lograr el fin, hay que establecer los medios”. ¡Manos a la obra! “Ni violencia, ni debilidad; diálogo y acción” /Palabra 130/.
En las exigencias de ese mundo nuevo que todos anhelamos, derechos y deberes estarán regulados por normas de Libertad, de Justicia y de Amor. No como sucede todavía: normas quizás muy bonitas, pero de abuso y conveniencia en su ejecución. Llámese democracia o tiranía. Los de arriba hacen cargas sobre los de abajo. Y es que la pirámide social y de poder está construida por inte¬reses de poder económico o de otra clase. Tal pirámide obra de arriba hacia abajo. Es irreversible en su funcionalidad. Y a quienes no estén de acuerdo con las intereses de los de arriba la descarga de poder les cae encima. Y es por esto que los gobiernos hacen ejecuciones /se dice que legales para los de arriba/ de individuos y de grupos /adversarios/. La cultura de la muerte es la que rige todavía en el siglo veintiuno. Si se protesta por hambre, ¡lá¬tigo, paredón, horca, etc.! Si en regímenes despóticos se arriesgan a escapar en busca de refugio, ¡deportación y hasta castigo de muerte al regreso! Hay, pues, necesidad de invertir y revertir esa pirámide de poder maléfico todavía fundamentada en la barbarie de los siglos. Hay que empezar a construir la pirámide de la cultura de la vida. Jesús, el Redentor, con su vida y ejemplo nos ha abierto las puertas que dan regreso al paraíso /“cielos nuevos y tierra nueva”/. Para ello hay que ser ‘libre’. Y Jesús nos dice cómo podemos ser libres: Primero, por el conocimiento y cumplimiento de sus palabras /“la misericordia, la justi¬cia, la lealtad...”/; segundo, obrando en consecuencia, que es cuando deviene la ‘verdad’ ¡“Y la verdad os hará libres”/. Y si aprendemos así a ser libres ya estaremos en capacidad de construir la nueva pirámide social y la nueva cultura de la vida. Con la mentira y la ignorancia: ¡Palos, sumisión y muerte! Dios está siempre presto a salir a nuestro encuentro. Demos un paso a hacia Él con sinceridad de reconocimiento como hijos suyos. El mismo Jesús nos dirá: “¡Venid, benditos de mi Padre!”. Pero demos ese paso. Empecemos a recoger, “las piedras dispersas”, que ya es tiempo. Hagamos realidad esa nueva pirámide de Libertad, de Justicia y de Amor.
Yo sé que para el que tiene la barriga llena, para el que amasa el deshonor, para el que sólo piensa en echar en su saco /roto por la avaricia/, etc., estas palabras son utopías. También se qué que para el que tiene el estómago vacío, para el que no tiene esperanza de levantar cabeza, para el que ya no tiene conciencia ni de sí mismo como progenie de Dios, estas palabras le pueden sonar hueras, sin sentido y hasta burlescas... Pero no faltará quien las sepa valorar y poner manos a la obra de la “regeneración de lo humano” /que es la invitación que nos hace Jesús: “...los que me habéis seguido en la regeneración de lo humano, cuando el Hijo del hombre se siente sobre el trono de su gloria, os sentaréis también vosotros sobre doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel” -Mt. 19,28/.
El obrar humano /bien o mal, de acuerdo a valores de trascendencia, según las culturas/ guarda relación con lo de arriba y con lo de abajo. Dicho de otra manera: EL obrar obedece, según mi criterio, al modo de percibir el mundo, la vida y las cosas, y de la idea que se tenga de lo trascendente. No olvidemos que por encima de nuestros planos físico /sensible/ y astral /lo ideal y vislumbrante de la mente/ está el plano espiritual, que se corresponde con lo que llamo ‘el reverso’ /la otra cara de la moneda que no todos ven, sino aquellas mentes que se elevan a la trascendencia/. Y en este plano es donde /sin malentendido idealismo platónico/ se corresponden todas las cosas que se realizan y materializan. El reverso es como una programación de todo lo posible en una computadora. El hombre lo que tiene es que extraer los datos de ese campo de lo posible y plasmarlos libremente en una realidad. Lo cual no indica que todo está predeterminado; pero está allí esperando que se abra esa ventana con el puntero del libre albedrío del ser humano. Y ello tampoco contradice las palabras de Jesús:”Hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados, y no se cae ninguno sin la voluntad del Padre”. Pensamiento de Dios que, si no es por luz de Arriba, no se comprende en su profundidad. Ni tampoco acepto eso de que la sabiduría está en mi mente y yo hago con mi mente lo que yo quiera. Mi mente no es todopoderosa como dicen muchos poseedores de la “verdad” /verdad entre comillas/. Insisto en que es mi criterio y por él me dejo inducir. La mente sí tiene capacidad /y aquí está su ejercicio de libre albedrío/ de moverse entre los planos físico-astral-espiritual y cumplir su misión de brújula de la nave en que nos movemos. Nuestro verdadero norte es el polo espiritual, donde está la auténtica libertad de nuestro espíritu. Si llamamos a cualquiera de los planos /físico-astral-espiritual/ él nos responde, según el tipo de operaciones que deseamos. Y esta libertad es lo que nos hace responsables de nuestros actos, y, hasta como decía Jesús: “De toda palabra ociosa que hablen los hombres”. Si llamamos arriba, lo de arriba nos responde. Respuesta que va a depender de nuestra conexión /franca o menos franca/. Arriba no cabe el engaño. Abajo y en el astral, sí podemos recurrir a la mentira /en los planos inferiores/, pero lamentablemente esos planos no están aislados, conforman un todo con el plano espiritual /y el todo se resiente y, tarde o temprano, la mentira rebota y nos acusa de impureza; en el plano espiritual, ya lo decía Jesús: “La fe traslada montañas”. Esto es, lo inconcebible en otros planos /físico – astral/ se hace realidad visible y tangible en el plano espiritual. Y hasta se puede producir el milagro. Esa conexión certera con lo de arriba es lo que denomina Jesús “fe”. En los planos inferiores /físico – astral/ también podemos producir efectos, y de hecho estos planos son nuestro hábitat más inmediato. Pero hay una diferencia entre los efectos de arriba /plano espiritual/ y los efectos de los planos físico y astral. Los efectos que se extraen de arriba son siempre positivos. Los efectos de abajo no siempre son positivos, dependiendo de la intencionalidad del sujeto que los produce. Y sí es cierto que los efectos del plano superior mueven las montañas de los planos inferiores, y surge el milagro, y no tendremos que preocuparnos, como decía Jesús, “de qué comer o vestir”, y el Padre nos cuidará como a los “lirios del campo”. Y es que el ‘reverso’, una vez que se toca con fe, responde infaliblemente, y no hay montaña que se le resista. De aquí también que en las proyecciones que solemos hacer en ‘Clave 9’ antes de iniciar cualquier acto se diga a los participantes: ’Cada cual proyéctese allá donde tiene puesta su fe, que allí también hay respuesta y porque Dios es omnipresente y el objeto proyectado responde atendiendo a la pureza de intención. Y esto no es fetichismo’. Dios escudriña los corazones.
A veces oí decir /y nos puede haber sucedido/ que alguien soñó con un número, lo compró en tal o cual lotería y ganó. Y es que sucede que, como todo está arriba, el astral, que está más cerca del espiritual, tiene un destello de lo de arriba y lo transmite a la conciencia y ésta lo materializa. Es más, Dios puede conceder esta facultad visionaria a quien El lo tenga en voluntad como un don /también los dones hay que saberlos utilizar en función de ley de arriba/. A mí, por ejemplo, me hablan los números. ¿Qué hablan los números? Yo no sé si será un don que he recibido. ¿Y si esto es así, por qué, tu, Manuel, no eres rico?. Simplemente, porque no busco las riquezas de este mundo, y digo con Jesús: “Mi reino no es de este mundo”. Si algo me pertenece como hijo de Dios, lo espero por añadidura, pues que “primero es el reino de los cielos y su justicia”. Para mí los números tienen un significado muy profundo y trascendental. Pero de que los números están arriba y luego los materializamos /para bien o para mal/ aquí abajo es una realidad. ¿Qué diría un científico? Que todo cuanto se mueve a nuestro alrededor es cuantificable. Lo que indica que antes que la cuantificación está el reverso de las posibilidades, tan real como lo de abajo. Arriba, las posibilidades. Abajo las realizaciones y materializaciones.
En las principales culturas religiosas, en sus libros sagrados, se dice que “el que obra justicia es de Dios”. Obrar justicia implica que la mente está en contacto con lo de arriba en alguna forma, pues abajo dominan los impulsos, las tendencias, los intereses, la ignorancia y, en consecuencia, de la misma manera se obra. Todo según el plano donde opere la mente. Ejemplos no faltan. El ignorante no puede producir obras de sabiduría. No se le puede exigir al que no sabe de matemáticas que resuelva un problema de ecuaciones. Y hay, igualmente, comunidades que viven en el atraso /hasta de sus concepciones religiosas, habiendo otra manera de ver el problema de Dios y de la creación/. En Dios /por palabras de Jesús/ el ignorante se puede salvar:“Si fuerais ciegos, no tuvierais pecado…” / o sea, si fuerais ignorantes/ -Jn. P,41. Jesús hablaba desde arriba, donde moran la verdad, la justicia, el amor, la sabiduría… Y tan de arriba era Jesús que no hablaba por sí mismo /”El Padre y yo somos una sola cosa”, “Yo hablo lo que he visto cerca del Padre”, “Yo no he hablado de mí mismo; mas el Padre…, El me dio mandamiento de lo que he de decir…”/. ¿Qué diríamos nosotros de los mandamientos del hombre en los planos físico y astral? –Se siembra el odio, la mentira, la venganza, la perfidia, el crimen, el latrocinio, y tantas otras injusticias que conocemos. ¡Pobre hombre, que no escucha la voz de arriba, de lo espiritual y trascendental, cuánto menos la voz directa del Padre! Por todo esto y más es que en ‘Clave 9’ nos esforzamos en subir a un nivel superior, cual es, y nos pertenece ahora, el de la ‘Conciencia Cósmica’, que en nada excluye a la religión ni a otras doctrinas de bien y de sabiduría. Hay, pues, necesidad de buscar la unión y la hermanad entre los hombres /”Amaos los unos a los otros como Yo os he amado”/.
Todo esto y más, repito, entra en mi acepción de Dios.
Lo de arriba es tan real como lo de abajo. Ambos se corresponden como las dos caras de la moneda a ésta. La diferencia está: arriba, lo posible; abajo, la realización y materialización. Arriba, como ejemplo, estaría el abecedario con todas sus letras y signos. Abajo, la escritura al libre albedrío del escritor. Y así como somos libres para escribir poemas trágicos /latrocinio, crímenes, guerras, etc./, somos también libres para inspirarnos en cantos al amor /aprendiendo a ser más libres, más justos y más amorosos/. Y la verdadera libertad, la verdadera justicia y el verdadero amor hay que tomarlos de arriba, del reino del espíritu y de la trascendencia donde mora lo Divino.
En cuanto a la Virgen, Madre de Jesús, sin atenerme al origen de las palabras /que si griego, que si hebrero, que si arameo, que si latín…/, para mí la Virgen es el Plugo de la misma Divinidad, que se hace seno en María para darse paso a Sí misma /la Divinidad/ en la persona de Jesús. De otra manera Dios /en la persona de Jesús/ es inconcebible que pudiera entrar en vientre humano.
Pareciera para algunas mentes raquíticas que eso de la Santísima Trinidad /Padre, Hijo y Espíritu Santo/ es un misterio. Ya hemos dicho que para mí el misterio, más que lo desconocido es ignorancia de quien o quienes así piensan. Simplemente comparando lo de abajo /que es todo producto de causa y efecto, y contingente, con lo de Arriba Único y per Se no hallaríamos una comprensión clara de la Santísima Trinidad. Sólo cuando la mente se eleva al plano espiritual es que se nos permite entrever, aunque sea en penumbra /que es contigua a la luz, y no sombra que se funde en espesas tinieblas/, algo de la Trinidad Santa. Ni la noción del Padre ni del Hijo constituyen obstáculo para tal comprensión en nuestra cultura cristiana . Quizás el problema esté en la captación /por su puesto no con la razón, sí con la parte espiritual/ del Espíritu Santo. El Espíritu Santo es la propia esencia de la Divinidad, la Santidad inabarcable para un ser humano /como la gota de agua en el océano contenida en la inmensidad de las aguas, mientras la gota no puede englobar al océano total/. Y algo muy peculiar en esta relación Padre-Hijo-Espíritu Santo nos lo da a conocer Jesús:”Todo lo que el Padre tiene es también mío; por eso os he dicho que todo lo que el Espíritu os dé a conocer, lo recibirá de mí” /Jn. 16,15/. Y es que el Espíritu Santo es la Esencia Divina y de Sabiduría en Dios. Jesús nos lo confirma: “El Padre y yo somos una misma cosa”, una misma Esencia Divina. Por ende que la Trinidad Santa es Una en tres personas, que yo denominaría más bien tres manifestaciones /Padre-Hijo-Espíritu Santo” en un mismo Dios en Sí mismo. La interpretación que nos han dado y nos siguen dando es: Un solo Dios en tres personas distintas. Distinto, según yo he aprendido, y según la Real Academia de la Lengua Española, es “1. adj. Que no es lo mismo, que tiene realidad o existencia diferente de aquello otro de que se trata”.
Por consiguiente, para no enredarme la cabeza, no lo acepto así /”tres personas distintas”/. Si “el Padre y yo somos una misma cosa”, son iguales, no distintos. A mi entender ‘distintas’ serían ganas de complicar la situación. Padre, Hijo y Espíritu Santo, para mí, no son distintas personas, sino iguales. Es como si al mirar a una persona la viéramos en un solo enfoque tridimensional. Algo difícil de comprender en nuestro plano mental que es secuencial; es decir: una cosa detrás de la otra. Es más, si “quien me ve a mí, ve al Padre” /Jn. 14,9/, no puede estar viendo algo distinto. Así vemos al Padre y al Hijo iguales y fuera de misterios. ¿Y la Tercera Persona de la Trinidad Santa, el Espíritu Santo? Yo, al menos, concluyo satisfactoriamente para mí: Si el Padre y el Hijo son una misma Esencia Divina, esta Esencia, el Espíritu Santo de Dios, tampoco puede ser persona distinta a la del Padre y a la del Hijo. De aquí también que Jesús dijera:” Quien blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, es reo de eterno pecado” /Mr. 3,29/, porque tal ofensa atenta contra la misma Esencia Santa de la Divinidad Suprema, contra el Espíritu Santo del mismo Dios, la Pureza Divina, el Espíritu vivificador que “se cernía sobre la superficie de las aguas” /de arriba del firmamento y de debajo del firmamento/, el Espíritu de la vida misma, El Per Se…
Y Jesús profirió esa sentencia porque lo tildaron de poseer espíritu impuro. Y la Suprema Pureza no se debe tocar ni con la inocencia, porque en Ella queda nuestra huella como una mancha imborrable. No porque Dios se manche, sino porque al proferir la tan sola blasfemia, la tenemos como eterno acusador. Es como si rebotara una flecha sobre un blanco de eterna resonancia; no un simple eco de tal o cual duración, sino de eterna vibración. En tal sentido doy razón al Corán cuando hace reo de infierno al que manche el nombre del Dios Bendito. Lo intocable es intocable, y no hay más argumento o ‘por qué’.
Es más, el Espíritu Santo es el que viene sobre María para engendrar a Jesús. La misma Esencia Divina manifestándose entre nosotros a través de la carne. Por eso:”El que me ve a mí, ve al Padre” /Jn. 14,9/. ¡Cómos les explicaba Jesús a sus discípulos de estas cosas! Y yo sé esto por la reminiscencia que ha llegado a mí como encarnación hoy del ‘Felipe Apóstol’. El Espíritu Santo es sabiduría y luz. Jesús decía a sus Apóstoles que cuando Él se fuera les enviaría El Espíritu Santo. Y “ese día ya no tendréis necesidad de preguntarme nada” /Jn. 16,23/. ¿Y cómo se puede preguntar por lo que es clarividencia? Por supuesto que nada más que las palabras de Jesús eran sabiduría y luz, porque Él mismo era el Espíritu Santo. “No os dejaré huérfanos, volveré a estar con vosotros /Jn. 14,18/. Jesús en Espíritu Santo acompañaría a sus discípulos. Y “todo lo que el Espíritu os dé a conocer, lo recibirá de mí” /Jn 16,15/, de Él que es el mismo Dios. Más claro no puede hablar Jesús. Pero a esta comprensión no se llega por la razón, sino por la sabiduría y luz de Arriba, como dijo Jesús a Pedro, cuando les preguntó:”¿Y vosotros quién decís que soy yo? Y respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo… Jesús le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás; porque no te lo reveló carne ni sangre mas mi Padre que está en los cielos” /Mt. 15,17/. ¡Y qué bien entendieron los Apóstoles de las cosas de Arriba y de abajo, de aquella infusión del mismo Espíritu de Dios hablando entre ellos /Jesús mismo/! Todo se les aclaró cuando llegado el momento les dijo:”Salí del Padre y vine al mundo; ahora dejo el mundo para volver al Padre” /Jn. 16,28/. Estaban iluminados por el Espíritu Santo en Persona, en Jesús. Y hablándoles más claramente del Espíritu Santo les dice que los que son de este mundo no pueden ver ni conocer al Espíritu Santo:”Vosotros, en cambio, sí le conocéis, porque vive en vosotros y está en medio de vosotros /el mismo Jesús/” /Jn. 14,17/.
Y claro para nosotros debe estar que “con Jesús es entrado el reino de los cielos”. Y “El reino de los cielos no lo busquéis acá o allá, ni ha de venir ostensiblemente. El reino de los cielos está dentro de vosotros”. Y como dice el Antiguo Testamento de Yavé Dios: “Te he puesto mi ley dentro de ti mismo, en tu mente, en tus labios en tu corazón…”. ¿Qué más queremos, si todo está dentro de nosotros? Que el mismo Dios baje a resolver todos nuestros problemas? Capacidad de discernimiento y libre albedrío tenemos. No esperemos que los demás nos lo den todo hecho. ¿Y nuestros talentos?
...Así termino estos apuntes, aunque dando de lado otros aspectos de reflexión…
ALGUNAS REVELACIONES DEL MISMO MANUEL, LO QUE TESTIMONIA LA PROCEDENCIA DE ARRIBA DEL MENSAJE ‘CLAVE 9’.
Son muchísimas las imágenes reveladas a Manuel tanto de Jesús, como de la Virgen, como del mismo Manuel. Aquí la derecha, debajo de este cuadro, vemos a la Virgen con el niño y una escena de ángeles /tomado de la ‘piedrita cósmica’, que contiene miles de imágenes-fotos/. El resto de revelaciones son dadas a Manuel generalmente en los cielos, o en cualquier lugar.
TU VALES Y MERECES MUCHO MÁS
¡PIES EN TIERRA!
¡LIBERTAD, JUSTICIA Y AMOR!
Manuel, Profeta de ‘Clave 9’
(Esta versión ha sido terminada el 26-11-2010).
TU VALES Y MERECES MUCHO MÁS
¡PIES EN TIERRA!
¡LIBERTAD, JUSTICIA Y AMOR!
Manuel, Profeta de ‘Clave 9’
(Esta versión ha sido terminada el 26-11-2010).








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