Su mensaje se halla contenido en un opúsculo denominado "PALABRA DE MANUEL". 1.¿Qué es la 'PALABRA DE MANUEL'? - Es un mensaje de 'Conciencia Cósmica' ("algo más de lo que estamos acostumbrados a ver, a oir a conocer, a creer", según Andreas Faber-Kaiser), fundamentada sobre el trípode de la Libertad, de la Justicia y del Amor. - No es logia, ni política, ni religión, ni grupo de ninguna clase; y "bajo la única jerarquía de la igualdad" a todos une y a nadie ata. 2. ¿Cuándo y cómo nace?- Nace el 16 de junio de 1979 por 'arrebato cósmico' que tuviera el Dr. Manuel González Ávila, quien encarna al Manuel del Mensaje. Éste es dado a Manuel en 'Clave 9': un modo de pensar, de sentir, de hablar y de actuar que se corresponde en 'Conciencia Cósmica' con el devenir de los tiempos. 3. ¿Qué fin persigue el Mensaje? - Una humanidad más libre, más justa y más amorosa. Ese mundo mejor que todos anhelamos: en lo individual, en lo social, en lo universal y en lo trascendental. 4. ¿Cómo se logra este efecto? -Por el estudio y práctica del Mensaje: "para lograr el fin, hay que establecer los medios" (Palabra 11). ¡PIES EN TIERRA! ¡LIBERTAD, JUSTICIA Y AMOR! TÚ VALES Y MERECES MUCHO MÁS.
Manuel. Profeta de 'Clave 9'

08 noviembre 2012

NECESIDAD DE REDIMENSIONAR LA NOCIÓN DE DIOS, DEL MUNDO, DE LA VIDA, DEL HOMBRE Y DE LAS COSAS


En ‘Clave 9’, por la ‘Conciencia Cósmica’ aprendemos a redimensionar la noción de todos nuestros criterios  en aras de Libertad, de Justicia y de Amor, cuyo decurso conduce a la senda de la ‘VERDAD’. Tal es el poder de nuestra mente cuando se eleva a esferas superiores a la de la simple razón. La razón tiene su oficio, no obstante, en este proceso cósmico y trascendental, cuando se coloca sobre el Trípode no menos cósmico de la Libertad, de la Justicia y del Amor. Lo cual expresado en palabras más sencillas consiste en el término medio de los “pares de opuestos”, que no se pueden negar porque ellos, ‘los opuestos’, ‘los polos’, son como los faros que en el ancho mar de la búsqueda y de la duda nos alumbran para ver el ‘estrecho’, ‘el punto medio’, que se abre para anclar la nave de nuestro pensamiento en ‘puerto seguro’, donde reinan ‘las coincidencias’. ‘Los polos’ /”pares de opuestos”/ son necesarios, y tanto lo son, en cuanto que constituyen per se ‘las diferencias’. Sin las cuales es imposible hallar ‘las coincidencias’, la armonía, la paz. Por ende que aferrarse a los “pares de opuestos” /lo bueno, lo malo; lo bonito, lo feo; lo agradable, lo desagradable; tú razón y no la mía, y viceversa, ‘polos irreconciliables’/ produce altercados, contiendas matrimoniales, guerras infames, etc.  ‘Los polos’ tienen su oficio, como hemos dicho: señalar ‘las diferencias’. Supongamos que un polo es ‘lo bueno’ y otro polo es ‘lo malo’, si sólo existiera uno de ellos todo sería tan monótono al pensamiento como un impulso o instinto preestablecido que determinaría nuestras acciones de tal o cual manera, y nada más; caso del instinto que guía a los animales para hacer siempre lo mismo. Mientras que la conducta del ser humano está decretada por el ‘libre albedrío’. Y en la escogencia del ‘libre albedrío’ de entre los dos ‘polos’ está lo grande, lo bello y lo sublime de nosotros los humanos.
¡Cuántas veces decimos: La razón la tengo yo! Y por la razón incontrolada por el ‘yo’  sobrevienen enemistades y ‘luchas de contrarios’. Algo así sucede como cuando dos perros  pelean por un mismo hueso. ¡Terrible hueso el de fijar la razón sólo en una de las partes de la contradicción, en uno de los ‘polos’!  Por ejemplo: Juan discute con Pedro, porque ambos no ven sino el polo de sus conveniencias. Les falta sensatez para concluir que los dos porfían por el punto que les interesa; y Juan niega  y  excluye  la visión de Pedro, y Pedro la de Juan. Se olvidan o desconocen que existe el ‘término medio’, y caen en el acaloramiento y hasta en la agresividad, y en no pocos casos en lo indeseado, en  lo fatal.
Mas la razón, aun siendo la “loca de la casa”, también puede comportarse comedida, flexible y condescendiente. Sobre todo cuando ha sido educada por el ‘yo’, que es el centro operacional de cuanto sucede en nuestro ser. Y el yo’, para controlar a la razón, debe ser  lo suficientemente humilde. No siempre el ‘yo’ es por naturaleza apacible y prudente. Hay ‘yoes’ también por naturaleza impulsivos, provocadores y violentos. Mas entre la pacificidad y la violencia  está el factor educación y el factor cultura, que son como  las estrategias pedagógicas de la misma especie para  moldear  ‘las diferencias individuales’.  Toda sociedad ejerce sobre sus individuos un tipo de acción educativa conforme a su cultura, que es como el producto acabado o modo peculiar de ser de la misma sociedad. Pero en esto aparece un gran escollo: Todavía las culturas que han arribado al siglo XXI no han internalizado la necesidad de forjarse en ‘Conciencia Cósmica’, que sí posee los instrumentos propios, precisos y concisos para aclarar muchas situaciones al ‘yo’  y, mediante la acción educativa, suministrarle /al ‘yo’/ conocimientos y sabiduría para asimilar lo que significa ‘poner cada cosa en su sitio’, hallar ‘el término medio’, establecer ‘las coincidencias’ en medio de ‘las diferencias’.  Quienes con sinceridad de mente y  de espíritu  se hayan integrado al proceso ‘Clave 9’ podrán afirmar la veracidad de lo que decimos.  Según Jesús sería: “Construir sobre roca firme”, que no “sobre tierra movediza”. Y por más vientos huracanados que nos azoten,  cual es la misma vida, estaremos a buen resguardo. Así  el ‘yo’ está fortificado, y sus pronunciamientos y acciones serán expresión de frutos de realización pro bien social y de vida eterna. No habremos sembrado al vacío, sino en surcos canalizados para cosecha segura, fecunda y no menos  lucrativa en el devenir de nuestro ser. Tales son los efectos de la ‘Conciencia Cósmica’, que se logra por el ejercicio armónico de la Libertad, de la Justicia y del Amor. Y ahora recuerdo a un hermano muy querido que, siendo azotado por las incomprensiones de sus superiores en el trabajo y de quienes más de cerca le rodeaban, exclamó mirando a lo Alto: “Y si todavía me quieren azotar más /la palabra correcta fue ‘dar más’/, aquí estoy”. He dicho ‘azotar más’ para que la interpretación del vocablo ‘dar’ no se desvirtúe.
Este aludido hermano,  cuando se acercó al proceso ‘Clave 9’, tenía un nivel mental como la gran mayoría de humanos: común y corriente. Se ufanaba de su superioridad académica y profería amenazas, y  por su mente no pasaba idea más brillante que la de la necesidad de cortar cabezas. Y un día tocó despectivamente a la puerta de la ‘Conciencia Cósmica’,  burlándose de “pedid luz”, y afianzándose en su exacerbado racionalismo, y ¡qué contradicción! : Esta puerta se le abrió y respiró otra atmósfera, la que el mismo Dios ha estipulado en la Biblia:”Prefiero la misericordia al sacrificio”. Y desde entonces comenzó a sentir compasión hasta de las “hormiguitas”, a las que llegó respetar  por el resto de su existencia. Y es que, a pesar de sus incongruencias mentales, tuvo un intento de sinceridad por  conocer esa “luz” de que habla el Mensaje ‘Clave 9’. Y la ‘luz’ lo iluminó y dio un giro total a su vida. Había tomado ‘Conciencia Cósmica’. Se había trazado el camino “abierto, direccional y ascendente” de la Libertad, de la Justicia y del Amor. Había superado su antinomia mental de “pares de opuestos”. Había arribado al puerto de la trascendencia, rompiendo las tinieblas del racionalismo excluyente y discriminador. La sinceridad y la humildad hacen  que mane la sabiduría. Y como suelo decir: La ‘luz’ viene como dos más dos son cuatro. ¡Clama ‘luz’ a lo Alto, aunque no creas en su nombre /Dios/! Que la ‘luz’ te responde cual a otro  Cristo:”Tú eres mi Hijo amado”. Y, una vez esto,  ya no valen conjeturas. Sino la Gran Presencia como premio a la lealtad del alma para con ‘El Uno y El Todo’.
1.- Comencemos por redimensionar la noción que tenemos de nosotros mismos. Para ello debemos partir de que previamente ya tenemos alguna noción de nosotros. ¿La tenemos? ¿Cuál? La filosofía nos ha calificado de seres racionales, inteligentes, pensantes, de libre albedrío, de entes sociales, risibles, de capacidades superiores a los animales, etc., etc… ¿Pero que nos ha querido decir con esto?  ¿…? Por otro lado las religiones nos han catalogado de hijos de los dioses, de hijos de un solo Dios… Y no han faltado quienes autollamándose agnósticos nos han conceptuado de ‘un azar’,  reos de un destino; algo así como una burbuja  que por arte de sortilegio aparece y desaparece, es y no es.
Pero, ¿y nosotros, lectoras y lectores de estas páginas, y yo mismo que las escribo, qué noción tenemos de nosotros mismos: qué somos, de dónde venimos, a dónde vamos, qué hacemos aquí?  En “MI Evangelio Cósmico” he tratado de responder a estas interrogantes que nos atañen a todos por igual, salvo que alguien en su inconsciencia haga un escape y nos diga que todo es ilusión. Nada nuevo estaría diciendo, pues alguien lo tradujo a poesía: “La vida es un sueño. Y los sueños, sueños son”. ¿Y qué es esto sino un escape que en nada justifica nuestra presencia aquí en la Tierra? Cuando tales personas, pensadores,  dicen esto se contradicen por varias razones: a) Porque según la psiquiatría los sueños tienen un trasfondo en una vivencia o en una realidad. b) Porque si a tales pensadores les duele, simplemente, una muela, ni su dolor es un sueño, ni una fantasía, ni carece de existencia. Reaccionan como una realidad acuciante y buscan alivio efectivo. Como cuando tienen hambre  o sed buscan alimento o agua. La ligereza de pensamiento es muy frágil. La vida real que vivimos es en no pocas ocasiones dura y contrapuesta a los sueños y a la nada. En cabeza ajena no nos duelen las cosas. Sólo cuando las sufrimos en persona es que nos damos cuenta  de que esto no es un sueño, de que esto es una gran realidad, aunque no trascendamos más allá de nuestras narices.
Mi noción de mí mismo es que soy una entidad propia, única, y que me pertenezco a un mundo en el cual hallo otros ‘yoes’, otras entidades, semejantes, que piensan, sienten, tienen necesidades, etc., como yo. O sea: yo no soy solo; ni estoy solo. Y algo más: No me he hecho a mí mismo, sino que soy producto de otros miembros de mi especie. Y que yo no me he criado fuera del seno de mi especie: ésta me trajo,  me alimentó, vistió, me impuso hábitos, etc. No soy ente per se, ni como un elemento más de la sociedad me abastezco a mí mismo. Mi noción redimensionada,  en conclusión,  de mí mismo es que soy una entidad propia y única, sí; pero interdependiente no sólo del todo social, sino del ‘Todo Cósmico’ que como gran matriz nos envuelve a todos por igual.  Es más, el aislamiento de la sociedad, nos envilece y embrutece. Es más, ningún ser humano ha podido subsistir por sí mismo en pleno aislamiento, pues si al nacer nos hubieran abandonado en cualquier lugar inhóspito del Planeta, necesitaríamos no sólo del aire para respirar, sino de alimentos para nutrir las células de nuestro crecimiento y desarrollo, y si no hay quien nos los suministre, infaliblemente moriríamos de inanición /salvo que tuviéramos la suerte de los fundadores de Roma, Rómulo y Remo, que fueron amamantados por una loba y luego recogidos por un pastor; ¿pero sólos…?/. De aquí también que creerse tan autosuficiente como para no depender de nada ni de nadie es ‘mero imposible’.
 Es verdad, nacemos solos como individuos, y nos vamos solítos… Uno mismo es el que nace; uno mismo es el que muere. Es más: yo soy el responsable absoluto de mis actos. Y religiosamente hablando: yo soy quien se salva o quien se condena. ¿Entonces, por qué depender de los demás? ¿No sería un absurdo atender a las palabras bíblicas: “Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como  a sí mismo”?; “El que cree en mí será salvo”; “Allí donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estaré yo en medio de ellos”. ¿Para qué necesitamos máximas bíblicas? ¿Acaso yo no soy dueño de mí mismo? –En paradoja, soy tan dueño de mí mismo que dependo de todo lo demás. Como del pan que otros amasan. Visto de lo que otros fabrican. Poseo un vocabulario creado  por otros. Me muevo según los cánones de la cultura que me envuelve…  <¡Pero me creo que  soy absoluto!> De aquí a ser iluso, es mi criterio, no hay ni distancia  ni tiempo. A lo sumo racionalismo egocéntrico y pedantería; una manera de fanfarronear en medio de un nihilismo de incongruencia /absurdo total/.
 No confundamos la gimnasia con la magnesia. Una cosa es que seamos dueños y responsables de nuestros actos en ejercicio de nuestro libre albedrío, y otra cosa es creerse ‘un ser absoluto, independiente’. Nos pertenecemos a un todo social y a un todo universal y trascendental. Somos no una individualidad única, sino interdependiente. Somos  parte, repito, del todo social y del ‘Gran Todo’. Mi esencia y mi existencia  ‘dependen de’. Otra cosa es que en mi individualidad sea yo el verbo hablante que conjuga todas las ideas, y todos los pensamientos, y todas las  impresiones que lleguen a mi mente y a mi físico. Por eso decía Jesús: “El reino de los cielos está dentro de vosotros”. O sea: que tenemos capacidad para ser felices aquí en la Tierra y de perpetuarnos en esa felicidad hasta revertirnos en nuestra Gran Causa, Dios /si así lo podemos conceptuar/. Yo así lo acepto y así redimensiono mi concepto de mí mismo. Y en esta redimensión de mi ser: me ubico en un eterno de devenir… Ser… Ser… Sin dejar de ser; sólo en modificación perfectible de mi ser: de hito en hito… Ciclo que se abre… Ciclo que se cierra… Ciclo que se abre y que se cierra en lo que de eterno hay en mi ser. Y no soy el ente efímero de mentes alienadas por la vanidad o la prepotencia: ente que nace y simplemente muere. Soy, repito, ser… Eternamente ser, pero en la ‘Gran Causa’ de mi esencia y existencia. Y en mi  esencia y en mi existencia: mi especie como condición ‘sine que non’.
Indiscutiblemente, por ‘Ley de la Liberalidad del Pensamiento’,  me han de salir al paso ‘adversarios gratuitos’, a quienes en ningún momento rechazo, sino que los pongo en su sitio para no contaminarme de sus influencias negativas. Unos me impondrán su Jehová, otros su Cristo, otros su Mahoma, otros su Buda, otros Las Planchas de Mormón y de Moroni,  etc. Pero ‘yo soy yo’ a semejanza de aquel otro: “YO SOY EL QUE SOY”. Y ‘yo soy yo’,  y lo seguiré siendo en mi individualidad en el decurso del devenir de lo eterno,  desde el Plugo de la Divinidad que, en mi mente, como se me dan las demás cosas, se me ha dado concebirme en su amor /en el amor de ese ‘Plugo’/.  De manera que ‘yo soy yo’ pero ‘en’  / en y por la manación del amor de ese Plugo de  Dios, Causa Primera, Lo Determinante, etc./.
La individualidad, como hemos dicho,  puede  llevar a  distorsiones mentales: rebotes y  animadversiones; enredos, fobias; y también  a efervescencias del astral y fanatismo. Lo cual nos desequilibra anímicamente y nos disocia a unos individuos de otros. Caso conocido de los choques personales por doctrinas religiosas, esotéricas, políticas, etc. Y unos resultan ser los poseedores de la ‘verdad’ y otros los hijos del diablo. Pero, sin caer en la posesión de la ‘verdad’, yo a través de los dictámenes de mi mente, de mis vivencias y experiencias he llegado a un robustecimiento de espíritu que se irradia por todo mi ser. Dicho de otra manera, a través de mi mente, de mis vivencias y experiencias, mi ‘yo’ ha encontrado una definición en medio del devenir de mi ser, inmerso en el océano de lo insondable como una gota de agua de ese mismo mar; pero una gota que “se sabe océano ella misma”:  Y siendo ella misma, se pertenece a ‘LO OTRO’.
Y cuando he vislumbrado  eso ‘LO OTRO’, cual caminante agotado y sediento  en su caminar sin rumbo,  me he sentado a la sombra del árbol de mi certidumbre, bajo el cual se aquietan mis angustias y se despejan infinitos horizontes. Y grito en mi encuentro:¡Soy yo! ¡Yo y ’LO  OTRO’! Y no contento con mi ‘yo’ en su también infinito y eterno contorno, me salgo de mí mismo y me presto a conocer en alguna forma eso ‘OTRO’, para hacerlo mío, para redimensionarlo en el poder que se me ha dado de introyectar  todo lo que me rodea y de proyectarme a lo eterno e infinito, hacia ‘LO INABARCABLE’, ‘LO OTRO’… 
 En la redimensión de mi pensamiento todo ha dado un giro circular completo. Esto es: He nacido de nuevo. Como si antes todo lo hubiera visto a través de un lente de distorsión y ahora todo confluye en una nueva visión:  no sólo de mí, sino también  de Dios, del mundo, de la vida, del hombre, de las cosas…’.  Ya no es eso de ‘todo está mí’, ‘yo soy la referencia de mi mundo’,  ‘yo soy el responsable de mis actos’, ‘yo soy el que al final muere /“Polvo eres y en polvo te convertirás”/…  No. El verbo hablante de mi ser, ‘yo’,  cuando abre su radar se esparcen sus vibraciones por el empíreo y no halla fronteras. Pero nunca podré decir soy ‘absoluto’. Cuanto captan mis antenas  vibracionales me dice lo contrario: ‘todo es paridad’ en eco de unicidad del ‘Gran Todo’. Yo sí; tú también; y lo otro; todo… Y es entonces cuando se me abren las puertas para redimensionar mi ‘noción de Dios’.
Mi noción de Dios deviene redimensionada en mi mismo proceso cósmico y trascendental por que atraviesa mi existencia. No la he tenido que inventar. “Quien busca, encuentra”. Y tras el encuentro, la quietud en lo infalible. Algo así como la nave lanzada al espacio con un objetivo preciso, que ha ido quemando cohetes, etapas, y se desplaza majestuosa hacia su meta. Así es la nave de mi ‘yo’, de mi ser, cuando toma conciencia /’Conciencia Cósmica’/, y ve ante sus ojos la ‘GRAN PRESENCIA’ que todo lo invade. Y esto es lo mismo que vio el Apóstol  Pablo cuando dijo:”Vivimos, nos movemos y existimos en Dios”. Y respecto a Dios, entonces, como he dicho en mi poema /”¿Buscas a Dios?”/:”No lo busques más”. ¿Y cómo lo voy a buscar más, si es ante mis ojos y ante  mi alma: PRESENCIA?
Y yo también he buscado al Cristo. No al Cristo deformado por ritos religiosos, ni bandera de nadie en particular. Sino al Dios hecho hombre, que me hace sentir en filiación divina. Y lo he encontrado, aquí y allá; abajo  y Arriba. Un Cristo redimensionado en la pureza de mi alma. Un Cristo que es mi pensamiento y mi habla. Un Cristo que  me anima en la adversidad con su palabra y con su ejemplo,  y que en mi estado normal me muestra la balanza de la Justicia y de la Sabiduría con que debo medir todas las cosas. Este es ahora mi Cristo. Pero no para que me encierre entre mis cuatro paredes de intrascendencia y egoísmo /de complacencias o rechazos/;  sino para que comparta las bienaventuranzas de mi ser con todos y cada uno de mis semejantes. Mi Cristo así redimensionado no tiene fronteras. Me hace divino en lo humano, y humano en lo Divino. Por Cristo: Dios, mi Causa Primera, mi verdadero Padre, también lo siento dentro de mí. Sus palabras, “el Padre y yo vendremos y haremos morada en él”, se hacen vida en mí, y  yo  en mente y en corazón trato de cumplir su Mensaje. Por esto también que allí donde suenen las campanas de hermandad cristiana, aunque no comparta ritos extravagantes, allí me inclino y abrazo a mis hermanos /acertados o errados/ para compartir la paz, aunque sea en palabras, pues consciente estoy de la violencia que reina aun entre cristianos. Pero si mi presencia y mi ejemplo sirven de edificación, allí estoy como buen samaritano, y a sabiendas, que ”allí donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy YO en medio de ellos”. Y por esta razón voy al culto religioso; no a juzgar, ni por miedo a qué, sino a compartir en la PRESENCIA DE MI SEÑOR. Más fácil me sería quedarme en la cueva de mi egoísmo y prepotencia, o de mi desidia;  pero de mísero e intrascendente no pasarían mis días. Mi libre albedrío puede decidir entre compartir alabanza a Dios, fuente de mi ser, aunque sea una hora, una vez a la semana. ¿Cuántas horas dedico a mis cosas personales o íntimas en mi aislamiento? ¿Cuántas horas dedico a cualquiera otra cosa de este mundo? Y a aquello que me dignifica como ente social, como familia humana, lo rehúyo como si, repito, yo fuera un ente absoluto y autosuficiente. ¿Acaso me considero superior a los demás? ¡Cuántas gentes me dicen:¿cuándo me visitas?! Este es el facilismo de:  o de la irreflexión, o del egocentrismo, o de la apatía; ‘Ley del Embudo’: Lo ancho para mí y lo estrecho para ti. ¡Comodidad…! Pero hay otra fórmula de salir o de la prepotencia o de la indolencia: Elevarse a nivel de ‘Conciencia Cósmica’, y, entonces, lo que antes se tenía como incómodo, innecesario o rechazable, ahora se redimensiona y toma nueva significación y nuevo valor. Tal es el sentido de mis palabras al invitar a reflexionar sobre algunas actitudes que asumimos dentro del conglomerado social al que nos pertenecemos como unidad genésica. Si bien Jesús nos aconseja “entrar en nuestra cámara secreta” para hablar con el Padre, y Él mismo se retiraba al desierto para comunicarse con su Padre, también es no menos cierto que toda su vida la compartió con los demás, y cuando la montaña no venía a Él, Él iba a la montaña. No se enclaustraba en su prepotencia de Hijo de Dios. “Yo no he venido a ser servido, sino a servir”, a compartir, a darme a los demás. ¡Oh, si comprendiéramos lo que es darse a los demás! El mismo Jesús dice:”Más vale dar que recibir”. En el compartir, que es un darse también a los demás, todos los átomos de nuestro ser se compenetran en empatía con ‘El Gran Todo’, y, en vez de gastar energía, nos fortalecemos;  recibimos “el ciento por uno”. Por eso al que da “con su mano derecha sin que lo sepa la izquierda” /dar de corazón/ nada le falta, de nada tiene necesidad y todo le sobra. Yo sólo sé que  en mi compartir sigo el Mensaje del Cristo. Y cuando comparto con mis hermanos lo que es justo y bueno, en ‘Ley de Compensación’  se me llena de gozo el alma /la paz del Cristo:”Mi paz os dejo; no como os la da el mundo”/. Paz que se hace Presencia Crística.
Ahora sí entro a redimensionar mi noción de Dios. Por el ejercicio de la Libertad, de la Justicia y del Amor se suben unos peldaños  que, antes de este ejercicio, ni lo sospechábamos; incluso nos veíamos más en lo físico que en lo que somos por dentro. ¿Mas, en qué consiste este ejercicio? Primero hay que aprender a ser libre. Y se es libre, como dice el Mensaje ‘Clave 9’, PALABRA DE MANUEL:”Cuando se está por encima de todas las cosas, pero sin manchar ni siquiera con la sombra el orden establecido, la armonía de las fuerzas en el Poder”. Y no olvidemos que en ’Clave 9’:”Dios es el Poder”, y fuera de ‘El Poder’ ni siquiera la nada es concebible. O sea, respetar todo cuanto hay preestablecido en la Naturaleza, sin desviarlo de su curso ni de su finalidad. Este mismo respeto nos hace justos  y comenzamos a manar sentimientos tan nobles y tan sublimes,  que son difíciles de superar en este mundo. Sentimientos que conocemos como ‘el amor’. Y es entonces cuando comenzamos a pisar la escala de la trascendencia, cual ‘escala de Jacob’, y sufrimos estremecimiento en nuestro ser, y como las serpientes cambian su piel y se revisten de nuevo, así se hermosea nuestra alma bajo rayos de luz celestial /como “ángeles que suben y bajan por la escala de Jacob” / y aparece la “Imagen del  Dios desconocido” renovada /«¡Así pues, está Yahveh en este lugar y yo no lo sabía!» dijo Jacob/. No lo sabíamos porque el proceso de ‘antihistoria’ /historia forjada en la irracionalidad/  que hemos vivido, y vivimos,  nos ha cerrado las puertas de la Casa del Padre, las puertas del Cielo. Y es así cómo por la escala de La Libertad, de la Justicia y del Amor subimos a la Morada de lo Divino. Y Dios deja de ser el “castigador” o el “viejito de barbas pobladas”, o “el que nos espera de regreso para juzgarnos y arrojarnos fuera de su seno”, porque  no hemos cumplido con determinados cánones religiosos. No, por favor. “El pensamiento de Dios no es lo mismo que el pensamiento de los hombres”. El pensamiento de Dios, yo no lo pongo en duda,  se hizo carne, sangre y hueso en Cristo, nuestro Hermano Mayor, como también se hizo carne, sangre y hueso en nosotros, con una diferencia sí: Que Cristo es “el Camino, la Verdad y la Vida”  para nosotros sus hermanos menores. Somos así manación del pensar de Dios. Y en mi atrevimiento diría: Que Cristo es para mí la “escala renovada de Jacob”, que quien la suba hallará abiertas de par en par las puertas de la “Casa del Señor”. Y es más: “En la casa de mi Padre hay muchas moradas”, y una de ellas nos pertenece a cada uno de nosotros. “Si esto no fuera así, yo os lo diría”. ¡Oh, ignorancia que todavía te ciernes sobra le faz de nuestro Planeta, entorpeciendo nuestra clara visión de Dios! Yo, en ¡gloria al Cristo!, por quien me ha sido dado ver y palpar la otra cara de la moneda, puedo decir que en mí ha sido redimensionada la noción  de Dios, en todo momento hecha ‘Presencia’. Tal es la ‘escala’ /Libertad, Justicia y Amor/ que ofrece ‘Clave 9’. Yo la he subido. Me ha costado sufrimientos y lágrimas; incomprensiones y desprecios; y saborear la amargura de la soledad del alma.  Pero la he subido. Y una vez que se sube, todo lo negativo queda consumido en el abismo. ¡Es nacer de nuevo! Y evoco mi pensamiento cósmico:                       <¿Buscas a Dios?
Recorre primero los espacios infinitos y,                                          
cuando llegues a tu mismo punto de partida,
ahí está Dios.
-No lo busques más.
Porque una vez que lo encuentras, cesan las palabras.
Todo se trunca en silencio.
¡Oh, Dios! ¡Oh, Dios!
¡Cuán cerca de mí estás!
Como sol centelleante en la aurora.
¿Cómo puedo buscarte más?>
 
Mi noción del mundo la he redimensionado como consecuencia de este proceso que llevo. El mundo tampoco es lo mismo para mí ahora que antes. En mi niñez el mundo como tal no llegaba a ser una noción propia de mi pensamiento, pues confundía lo mágico con lo real. El mundo era llover, el frío del invierno, el calor del verano, la primavera, las hojas que caían en otoño de los árboles, los animalitos, comer esto o lo otro, la luna, el sol, las estrellas, los cuentos que oía… Después estas impresiones de mis sentidos se fueron especificando más y más, y quizás globalizando en un todo como el universo, la naturaleza, el infinito… Y mucho más tarde, cuando aprendí religión, el mundo se me hacía más mágico, un punto imaginario y Dios, no sé en qué forma lo veía, como un ancianito salvando a ese mundo, a esa bola redonda. Y más tarde todavía, cuando los conocimientos científicos penetraron en mi mente es que  puedo hablar que tuve  noción del mundo, por supuesto que como un concepto abstracto. Ahora el mundo, redimensionado conscientemente por mi avatar de búsqueda y encuentro, pasa de mero concepto a una realidad exterior en la cual yo me hallo inmerso. El mundo es ahora como un río, cuyo nacimiento tiene el mismo origen que yo, y que en la medida en que abre cauces yo me arrastro con él. Pero ni el mundo es yo, ni yo soy el mundo. Nos pertenecemos en algo superior el uno al otro: en una misma Causa. Y ese algo superior, nos hace entidades diferentes, y es en mi conciencia donde perteneciéndome a este mundo /pues Jesús nos habló de otro mundo/ puedo definirme como lo que no soy:  éste mundo. Y es más: soy de este mundo y estoy en este mundo. Pero mi mundo real se ha ampliado en tal magnitud que siendo de este mundo, me pertenezco también al otro mundo del cual  nos
habló Jesús: el mundo del más allá. Y así dejo redimensionada mi noción del mundo. Una noción que rebasa los límites de un universo físico poblado  de galaxias y más galaxias… Mi mundo es más amplio que lo que vemos y de lo mismo quizás que llamamos Naturaleza. No concibo al mundo como lo distinto a mí, sino que soy parte de él, por mi estructura material, aunque pueda decir que en mí hay algo más de lo físico que me dice que ambos somos entidades individualizadas /concíbase esto como se quiera/. Yo pondría el ejemplo de un huevo empollado. Yo me he engendrado en ese huevo /mundo/, pero una vez que salgo a la vida, perteneciéndome a ese huevo, soy un ente distinto. Sí puedo decir que mi matriz primigenia es el mundo. Y lo mismo que salgo de ella físicamente, la tendré que dejar un día cuando me toque partir al   “otro mundo”. Salí del huevo-naturaleza, como el pollito, pero en mí hay un germen sobrenatural /el espíritu/ que concomita con   mi aspecto físico y que me da alas para volar al más allá, al “otro mundo”. Saldré de las aguas de abajo y volaré a las aguas de Arriba.
 
Ahora hablo de cómo he redimensionar tres aspectos en uno: ’vida, hombre, cosas’. El hombre, decimos, tiene vida, y las plantas y los animales. Las cosas generalmente son tomadas como seres inanimados, carentes de vida. Las definiciones se las dejamos a los filósofos y a los biólogos,  y a los científicos. A mí me interesa como hombre, como ser humano, tener una noción de mí mismo. ¿Tengo vida o soy vida? Y lo opuesto a la vida es la muerte. ¿Por qué se caracteriza una y otra? La vida es movimiento propio, interno, algo más que medular,  en los seres catalogados de  vivientes, aunque haya redundancia en la expresión; pero esto lo entendemos todos. Y sin ese  movimiento, que es como un motor prendido, no hay vida. Y la muerte es la paralización de la misma vida. Se para el motor, y hasta aquí llegó la vida. Así lo entiendo; así lo internalizo como redimensión de mí mismo como ser viviente. Pero en mi vida hay algo no manifiesto en los demás seres vivientes: el poder de mi mente, que analiza, aprehende o desase;  que se introyecta o proyecta; que dice a mi ‘yo’, verbo hablante de mi ser, de mi misma y verdadera vida, que ‘yo’ no soy mero cuerpo, que soy algo más: vida eterna, que no muere, porque es energía muy especial, espíritu, el cual no de pende de la energía molecular que mueve a los cuerpos. Es como dice la Bibla “imagen de Dios”; y  a Dios, nos lo define Jesús:”Dios es espíritu, y los que le adoran han de adorarle en espíritu y en verdad”, Jn.4,23. El cuerpo, nuestro cuerpo,  es producto de la fusión de dos células, que no son sino elementos químicos,  constituyentes de la materia viva. Constituyentes que son los que generan la combustión del motor-vida /la vida de cualquier ser: hombre, animal, vegetal… De todo cuanto se mueva per se/. En tal sentido una vela prendida pareciera asemejarse a la vida de una planta o de un animal, de nosotros: irradia luz, algo así como un tipo de vida. Se apaga la vela, se va la luz /la vela no tiene vida/. Pero la vela nos sirve de ejemplo para comprender  lo otro que nos caracteriza a nosotros los seres humanos, el espíritu. Así, pues, cuando se apaga la vela, de ella sale humo. Humo que es la semejanza de nosotros cuando morimos: se apaga el motor del cuerpo, pero el espíritu, cual humo, se eleva y va a su sitio. El humo al espacio. El espíritu a la dimensión que le es propia; a su reino; a la dimensión eterna.
 
La misma palabra vida es compleja en su significación. Pero si tenemos la idea de lo que es la vida, podemos sacar nuestra propia conclusión, y aceptar ésta como la redimensión del concepto vida. Y ya no tendremos problemas con lo que es la vida. No obstante, estoy seguro que hay millones de personas en el mundo que en nada les preocupa tener una noción de la vida. No olvidemos que hay gentes para todo: para lo bueno, para lo malo, para la perversión…, y sigamos contando. Por ello nada nos debe extrañar que no toda persona tenga una noción clara de lo que ES  la vida en sus diferentes acepciones. Mas para un hombre o una mujer de pensamiento escudriñador y de búsqueda de la verdad, no le satisface tener vida, sentirse vida o la sinonimia que encierre la palabra vida. El pensador sale de sí y extrae una noción propia de la vida, y éste es mi caso. Por eso yo he tratado de redimensionar mi noción de mí mismo y de la vida; o sea: reordenar mis pensamientos, mis sentimientos, mis impresiones, mis ideas, mis acciones, y mis circunstancias, y las cosas… Todo cuanto forme parte del motor que me mueve, y ponerlo todo en función no de lo que perece y se queda aquí, como mi cuerpo, sino en función de mi espíritu, que es la verdadera vida de mi ser. Y mi ser aspira a continuar viviendo más allá de la materia, en la dimensión luz o patria celestial.
 En esta reorganización consciente, y según Libertad, Justicia y Amor, es que, hecha la redimensión de mí mismo y de cuanto me rodea, me muevo ahora como individuo y como ente social en medio del orbe terráqueo y del cosmos; pero en misión cósmica y trascendental, no religiosa ni esotérica, etc. Ahora mi entidad ‘hombre’ no es un ente aislado o independiente, sino integrado al concierto cósmico y trascendental de una vida superior a la de los simples apegos a los “pares de opuestos” /lo mío, lo tuyo; lucha de contrarios, etc/. Lo humano ahora en mí es más que universal: cósmico y trascendental, sin fronteras, con la mirada en mi Gran Esencia, en mi Dios, que en la Presencia del Cristo vivifica mis días e ilumina mis noches /mis vaivenes como ser contingente/. Y es en esta concepción no cabe mezquindad, y todos los humanos son como piezas invisibles que conforman mi entidad.  Y, cuando todo lo he redimensionado, es que puedo decir con integridad:”PRIMERO YO, LUEGO YO Y SIEMPRE YO; PERO EN ARMONÍA CONMIGO MISMO, CON MIS SEMEJANTES Y CON TODO LO DEMÁS”. Un yo sin egoísmo, sino compartido en todo cuanto concierna a mi especie y a la Causa /Dios/, que selló para siempre y para lo eterno ‘mi ser’.
 

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