NECESIDAD DE REDIMENSIONAR LA NOCIÓN DE DIOS, DEL MUNDO, DE LA VIDA, DEL HOMBRE Y DE LAS COSAS
En ‘Clave 9’, por la ‘Conciencia
Cósmica’ aprendemos a redimensionar la noción de todos nuestros criterios en aras de Libertad, de Justicia y de Amor,
cuyo decurso conduce a la senda de la ‘VERDAD’. Tal es el poder de nuestra
mente cuando se eleva a esferas superiores a la de la simple razón. La razón
tiene su oficio, no obstante, en este proceso cósmico y trascendental, cuando
se coloca sobre el Trípode no menos cósmico de la Libertad, de la Justicia y
del Amor. Lo cual expresado en palabras más sencillas consiste en el término
medio de los “pares de opuestos”, que no se pueden negar porque ellos, ‘los
opuestos’, ‘los polos’, son como los faros que en el ancho mar de la búsqueda y
de la duda nos alumbran para ver el ‘estrecho’, ‘el punto medio’, que se abre
para anclar la nave de nuestro pensamiento en ‘puerto seguro’, donde reinan
‘las coincidencias’. ‘Los polos’ /”pares de opuestos”/ son necesarios, y tanto
lo son, en cuanto que constituyen per se ‘las diferencias’. Sin las cuales es
imposible hallar ‘las coincidencias’, la armonía, la paz. Por ende que
aferrarse a los “pares de opuestos” /lo bueno, lo malo; lo bonito, lo feo; lo
agradable, lo desagradable; tú razón y no la mía, y viceversa, ‘polos
irreconciliables’/ produce altercados, contiendas matrimoniales, guerras
infames, etc. ‘Los polos’ tienen su
oficio, como hemos dicho: señalar ‘las diferencias’. Supongamos que un polo es
‘lo bueno’ y otro polo es ‘lo malo’, si sólo existiera uno de ellos todo sería
tan monótono al pensamiento como un impulso o instinto preestablecido que
determinaría nuestras acciones de tal o cual manera, y nada más; caso del
instinto que guía a los animales para hacer siempre lo mismo. Mientras que la
conducta del ser humano está decretada por el ‘libre albedrío’. Y en la escogencia
del ‘libre albedrío’ de entre los dos ‘polos’ está lo grande, lo bello y
lo sublime de nosotros los humanos.
¡Cuántas veces decimos: La razón
la tengo yo! Y por la razón incontrolada por el ‘yo’ sobrevienen enemistades y ‘luchas de
contrarios’. Algo así sucede como cuando dos perros pelean por un mismo hueso. ¡Terrible hueso el
de fijar la razón sólo en una de las partes de la contradicción, en uno de los
‘polos’! Por ejemplo: Juan discute con
Pedro, porque ambos no ven sino el polo de sus conveniencias. Les falta
sensatez para concluir que los dos porfían por el punto que les interesa; y
Juan niega y excluye
la visión de Pedro, y Pedro la de Juan. Se olvidan o desconocen que
existe el ‘término medio’, y caen en el acaloramiento y hasta en la agresividad,
y en no pocos casos en lo indeseado, en
lo fatal.
Mas la razón, aun siendo la “loca
de la casa”, también puede comportarse comedida, flexible y condescendiente.
Sobre todo cuando ha sido educada por el ‘yo’, que es el centro operacional de
cuanto sucede en nuestro ser. Y el yo’, para controlar a la razón, debe
ser lo suficientemente humilde. No
siempre el ‘yo’ es por naturaleza apacible y prudente. Hay ‘yoes’ también por
naturaleza impulsivos, provocadores y violentos. Mas entre la pacificidad y la
violencia está el factor educación y el
factor cultura, que son como las
estrategias pedagógicas de la misma especie para moldear
‘las diferencias individuales’. Toda sociedad ejerce sobre sus individuos un
tipo de acción educativa conforme a su cultura, que es como el producto acabado
o modo peculiar de ser de la misma sociedad. Pero en esto aparece un gran
escollo: Todavía las culturas que han arribado al siglo XXI no han
internalizado la necesidad de forjarse en ‘Conciencia Cósmica’, que sí posee
los instrumentos propios, precisos y concisos para aclarar muchas situaciones
al ‘yo’ y, mediante la acción educativa,
suministrarle /al ‘yo’/ conocimientos y sabiduría para asimilar lo que
significa ‘poner cada cosa en su sitio’, hallar ‘el término medio’, establecer
‘las coincidencias’ en medio de ‘las diferencias’. Quienes con sinceridad de mente y de espíritu
se hayan integrado al proceso ‘Clave 9’ podrán afirmar la veracidad de
lo que decimos. Según Jesús sería: “Construir
sobre roca firme”, que no “sobre tierra movediza”. Y por más vientos
huracanados que nos azoten, cual es la
misma vida, estaremos a buen resguardo. Así
el ‘yo’ está fortificado, y sus pronunciamientos y acciones serán
expresión de frutos de realización pro bien social y de vida eterna. No
habremos sembrado al vacío, sino en surcos canalizados para cosecha segura,
fecunda y no menos lucrativa en el
devenir de nuestro ser. Tales son los efectos de la ‘Conciencia Cósmica’, que
se logra por el ejercicio armónico de la Libertad, de la Justicia y del Amor. Y
ahora recuerdo a un hermano muy querido que, siendo azotado por las
incomprensiones de sus superiores en el trabajo y de quienes más de cerca le
rodeaban, exclamó mirando a lo Alto: “Y si todavía me quieren azotar más /la
palabra correcta fue ‘dar más’/, aquí estoy”. He dicho ‘azotar más’
para que la interpretación del vocablo ‘dar’ no se desvirtúe.
Este aludido hermano, cuando se acercó al proceso ‘Clave 9’, tenía
un nivel mental como la gran mayoría de humanos: común y corriente. Se ufanaba
de su superioridad académica y profería amenazas, y por su mente no pasaba idea más brillante que
la de la necesidad de cortar cabezas. Y un día tocó despectivamente a la puerta
de la ‘Conciencia Cósmica’, burlándose
de “pedid luz”, y afianzándose en su exacerbado racionalismo, y ¡qué
contradicción! : Esta puerta se le abrió y respiró otra atmósfera, la que el
mismo Dios ha estipulado en la Biblia:”Prefiero la misericordia al sacrificio”.
Y desde entonces comenzó a sentir compasión hasta de las “hormiguitas”, a las
que llegó respetar por el resto de su
existencia. Y es que, a pesar de sus incongruencias mentales, tuvo un intento
de sinceridad por conocer esa “luz” de
que habla el Mensaje ‘Clave 9’. Y la ‘luz’ lo iluminó y dio un giro total a su
vida. Había tomado ‘Conciencia Cósmica’. Se había trazado el camino “abierto,
direccional y ascendente” de la Libertad, de la Justicia y del Amor. Había
superado su antinomia mental de “pares de opuestos”. Había arribado al puerto
de la trascendencia, rompiendo las tinieblas del racionalismo excluyente y
discriminador. La sinceridad y la humildad hacen que mane la sabiduría. Y como suelo decir: La
‘luz’ viene como dos más dos son cuatro. ¡Clama ‘luz’ a lo Alto, aunque no
creas en su nombre /Dios/! Que la ‘luz’ te responde cual a otro Cristo:”Tú eres mi Hijo amado”. Y, una vez
esto, ya no valen conjeturas. Sino la
Gran Presencia como premio a la lealtad del alma para con ‘El Uno y El Todo’.
1.- Comencemos por redimensionar
la noción que tenemos de nosotros mismos. Para ello debemos partir de que
previamente ya tenemos alguna noción de nosotros. ¿La tenemos? ¿Cuál? La
filosofía nos ha calificado de seres racionales, inteligentes, pensantes, de
libre albedrío, de entes sociales, risibles, de capacidades superiores a los
animales, etc., etc… ¿Pero que nos ha querido decir con esto? ¿…? Por otro lado las religiones nos han
catalogado de hijos de los dioses, de hijos de un solo Dios… Y no han faltado
quienes autollamándose agnósticos nos han conceptuado de ‘un azar’, reos de un destino; algo así como una
burbuja que por arte de sortilegio
aparece y desaparece, es y no es.
Pero, ¿y nosotros, lectoras y
lectores de estas páginas, y yo mismo que las escribo, qué noción tenemos de
nosotros mismos: qué somos, de dónde venimos, a dónde vamos, qué hacemos aquí? En “MI Evangelio Cósmico” he tratado de
responder a estas interrogantes que nos atañen a todos por igual, salvo que
alguien en su inconsciencia haga un escape y nos diga que todo es ilusión. Nada
nuevo estaría diciendo, pues alguien lo tradujo a poesía: “La vida es un sueño.
Y los sueños, sueños son”. ¿Y qué es esto sino un escape que en nada justifica
nuestra presencia aquí en la Tierra? Cuando tales personas, pensadores, dicen esto se contradicen por varias razones:
a) Porque según la psiquiatría los sueños tienen un trasfondo en una vivencia o
en una realidad. b) Porque si a tales pensadores les duele, simplemente, una
muela, ni su dolor es un sueño, ni una fantasía, ni carece de existencia.
Reaccionan como una realidad acuciante y buscan alivio efectivo. Como cuando
tienen hambre o sed buscan alimento o
agua. La ligereza de pensamiento es muy frágil. La vida real que vivimos es en
no pocas ocasiones dura y contrapuesta a los sueños y a la nada. En cabeza
ajena no nos duelen las cosas. Sólo cuando las sufrimos en persona es que nos
damos cuenta de que esto no es un sueño,
de que esto es una gran realidad, aunque no trascendamos más allá de nuestras
narices.
Mi noción de mí mismo es que soy
una entidad propia, única, y que me pertenezco a un mundo en el cual hallo
otros ‘yoes’, otras entidades, semejantes, que piensan, sienten, tienen
necesidades, etc., como yo. O sea: yo no soy solo; ni estoy solo. Y algo más:
No me he hecho a mí mismo, sino que soy producto de otros miembros de mi
especie. Y que yo no me he criado fuera del seno de mi especie: ésta me
trajo, me alimentó, vistió, me impuso
hábitos, etc. No soy ente per se, ni como un elemento más de la sociedad me abastezco
a mí mismo. Mi noción redimensionada, en
conclusión, de mí mismo es que soy una
entidad propia y única, sí; pero interdependiente no sólo del todo social, sino
del ‘Todo Cósmico’ que como gran matriz nos envuelve a todos por igual. Es más, el aislamiento de la sociedad, nos
envilece y embrutece. Es más, ningún ser humano ha podido subsistir por sí
mismo en pleno aislamiento, pues si al nacer nos hubieran abandonado en
cualquier lugar inhóspito del Planeta, necesitaríamos no sólo del aire para respirar,
sino de alimentos para nutrir las células de nuestro crecimiento y desarrollo,
y si no hay quien nos los suministre, infaliblemente moriríamos de inanición /salvo
que tuviéramos la suerte de los fundadores de Roma, Rómulo y Remo, que fueron
amamantados por una loba y luego recogidos por un pastor; ¿pero sólos…?/. De
aquí también que creerse tan autosuficiente como para no depender de nada ni de
nadie es ‘mero imposible’.
No confundamos la gimnasia con la magnesia.
Una cosa es que seamos dueños y responsables de nuestros actos en ejercicio de
nuestro libre albedrío, y otra cosa es creerse ‘un ser absoluto,
independiente’. Nos pertenecemos a un todo social y a un todo universal y
trascendental. Somos no una individualidad única, sino interdependiente.
Somos parte, repito, del todo social y
del ‘Gran Todo’. Mi esencia y mi existencia
‘dependen de’. Otra cosa es que en mi individualidad sea yo el
verbo hablante que conjuga todas las ideas, y todos los pensamientos, y
todas las impresiones que lleguen a mi
mente y a mi físico. Por eso decía Jesús: “El reino de los cielos está dentro
de vosotros”. O sea: que tenemos capacidad para ser felices aquí en la Tierra y
de perpetuarnos en esa felicidad hasta revertirnos en nuestra Gran Causa, Dios
/si así lo podemos conceptuar/. Yo así lo acepto y así redimensiono mi concepto
de mí mismo. Y en esta redimensión de mi ser: me ubico en un eterno de devenir…
Ser… Ser… Sin dejar de ser; sólo en modificación perfectible de mi ser: de hito
en hito… Ciclo que se abre… Ciclo que se cierra… Ciclo que se abre y que se cierra
en lo que de eterno hay en mi ser. Y no soy el ente efímero de mentes alienadas
por la vanidad o la prepotencia: ente que nace y simplemente muere. Soy, repito,
ser… Eternamente ser, pero en la ‘Gran Causa’ de mi esencia y existencia. Y en
mi esencia y en mi existencia: mi
especie como condición ‘sine que non’.
Indiscutiblemente, por ‘Ley de la
Liberalidad del Pensamiento’, me han de
salir al paso ‘adversarios gratuitos’, a quienes en ningún momento rechazo,
sino que los pongo en su sitio para no contaminarme de sus influencias
negativas. Unos me impondrán su Jehová, otros su Cristo, otros su Mahoma, otros
su Buda, otros Las Planchas de Mormón y de Moroni, etc. Pero ‘yo soy yo’ a semejanza de aquel
otro: “YO SOY EL QUE SOY”. Y ‘yo soy yo’,
y lo seguiré siendo en mi individualidad en el decurso del devenir de lo
eterno, desde el Plugo de la Divinidad
que, en mi mente, como se me dan las demás cosas, se me ha dado concebirme en
su amor /en el amor de ese ‘Plugo’/. De
manera que ‘yo soy yo’ pero ‘en’ /
en y por la manación del amor de ese Plugo de Dios, Causa Primera, Lo Determinante, etc./.
La individualidad, como hemos
dicho, puede llevar a distorsiones mentales: rebotes y animadversiones; enredos, fobias; y
también a efervescencias del astral y
fanatismo. Lo cual nos desequilibra anímicamente y nos disocia a unos
individuos de otros. Caso conocido de los choques personales por doctrinas
religiosas, esotéricas, políticas, etc. Y unos resultan ser los poseedores de
la ‘verdad’ y otros los hijos del diablo. Pero, sin caer en la posesión de la
‘verdad’, yo a través de los dictámenes de mi mente, de mis vivencias y
experiencias he llegado a un robustecimiento de espíritu que se irradia por todo
mi ser. Dicho de otra manera, a través de mi mente, de mis vivencias y
experiencias, mi ‘yo’ ha encontrado una definición en medio del devenir de mi
ser, inmerso en el océano de lo insondable como una gota de agua de ese mismo
mar; pero una gota que “se sabe océano ella misma”: Y siendo ella misma, se pertenece a ‘LO OTRO’.
Y cuando he vislumbrado eso ‘LO OTRO’, cual caminante agotado y
sediento en su caminar sin rumbo, me he sentado a la sombra del árbol de mi
certidumbre, bajo el cual se aquietan mis angustias y se despejan infinitos
horizontes. Y grito en mi encuentro:¡Soy yo! ¡Yo y ’LO OTRO’! Y no contento con mi ‘yo’ en su también
infinito y eterno contorno, me salgo de mí mismo y me presto a conocer en
alguna forma eso ‘OTRO’, para hacerlo mío, para redimensionarlo en el poder que
se me ha dado de introyectar todo lo que
me rodea y de proyectarme a lo eterno e infinito, hacia ‘LO INABARCABLE’, ‘LO
OTRO’…
En la redimensión de mi pensamiento todo ha
dado un giro circular completo. Esto es: He nacido de nuevo. Como si antes todo
lo hubiera visto a través de un lente de distorsión y ahora todo confluye en
una nueva visión: no sólo de mí, sino
también de Dios, del mundo, de la vida,
del hombre, de las cosas…’. Ya no es eso
de ‘todo está mí’, ‘yo soy la referencia de mi mundo’, ‘yo soy el responsable de mis actos’, ‘yo soy
el que al final muere /“Polvo eres y en polvo te convertirás”/… No. El verbo hablante de mi ser, ‘yo’, cuando abre su radar se esparcen sus
vibraciones por el empíreo y no halla fronteras. Pero nunca podré decir soy
‘absoluto’. Cuanto captan mis antenas vibracionales me dice lo contrario: ‘todo es
paridad’ en eco de unicidad del ‘Gran Todo’. Yo sí; tú también; y lo otro;
todo… Y es entonces cuando se me abren las puertas para redimensionar mi
‘noción de Dios’.
Mi noción de Dios deviene
redimensionada en mi mismo proceso cósmico y trascendental por que
atraviesa mi existencia. No la he tenido que inventar. “Quien busca,
encuentra”. Y tras el encuentro, la quietud en lo infalible. Algo así como la
nave lanzada al espacio con un objetivo preciso, que ha ido quemando cohetes,
etapas, y se desplaza majestuosa hacia su meta. Así es la nave de mi ‘yo’, de
mi ser, cuando toma conciencia /’Conciencia Cósmica’/, y ve ante sus ojos la
‘GRAN PRESENCIA’ que todo lo invade. Y esto es lo mismo que vio el Apóstol Pablo cuando dijo:”Vivimos, nos movemos y
existimos en Dios”. Y respecto a Dios, entonces, como he dicho en mi poema
/”¿Buscas a Dios?”/:”No lo busques más”. ¿Y cómo lo voy a buscar más, si es
ante mis ojos y ante mi alma: PRESENCIA?
Y yo también he buscado al
Cristo. No al Cristo deformado por ritos religiosos, ni bandera de nadie en
particular. Sino al Dios hecho hombre, que me hace sentir en filiación
divina. Y lo he encontrado, aquí y allá; abajo
y Arriba. Un Cristo redimensionado en la pureza de mi alma. Un Cristo
que es mi pensamiento y mi habla. Un Cristo que me anima en la adversidad con su palabra y con
su ejemplo, y que en mi estado normal me
muestra la balanza de la Justicia y de la Sabiduría con que debo medir todas
las cosas. Este es ahora mi Cristo. Pero no para que me encierre entre mis
cuatro paredes de intrascendencia y egoísmo /de complacencias o rechazos/; sino para que comparta las bienaventuranzas
de mi ser con todos y cada uno de mis semejantes. Mi Cristo así redimensionado
no tiene fronteras. Me hace divino en lo humano, y humano en lo Divino. Por
Cristo: Dios, mi Causa Primera, mi verdadero Padre, también lo siento dentro de
mí. Sus palabras, “el Padre y yo vendremos y haremos morada en él”, se hacen
vida en mí, y yo en mente y en corazón trato de cumplir su
Mensaje. Por esto también que allí donde suenen las campanas de hermandad
cristiana, aunque no comparta ritos extravagantes, allí me inclino y abrazo a
mis hermanos /acertados o errados/ para compartir la paz, aunque sea en
palabras, pues consciente estoy de la violencia que reina aun entre cristianos.
Pero si mi presencia y mi ejemplo sirven de edificación, allí estoy como buen
samaritano, y a sabiendas, que ”allí donde hay dos o tres reunidos en mi
nombre, allí estoy YO en medio de ellos”. Y por esta razón voy al culto
religioso; no a juzgar, ni por miedo a qué, sino a compartir en la PRESENCIA DE
MI SEÑOR. Más fácil me sería quedarme en la cueva de mi egoísmo y prepotencia,
o de mi desidia; pero de mísero e
intrascendente no pasarían mis días. Mi libre albedrío puede decidir entre
compartir alabanza a Dios, fuente de mi ser, aunque sea una hora, una vez a la
semana. ¿Cuántas horas dedico a mis cosas personales o íntimas en mi
aislamiento? ¿Cuántas horas dedico a cualquiera otra cosa de este mundo? Y a
aquello que me dignifica como ente social, como familia humana, lo rehúyo como
si, repito, yo fuera un ente absoluto y autosuficiente. ¿Acaso me considero
superior a los demás? ¡Cuántas gentes me dicen:¿cuándo me visitas?! Este es el
facilismo de: o de la irreflexión, o del
egocentrismo, o de la apatía; ‘Ley del Embudo’: Lo ancho para mí y lo estrecho
para ti. ¡Comodidad…! Pero hay otra fórmula de salir o de la prepotencia o de
la indolencia: Elevarse a nivel de ‘Conciencia Cósmica’, y, entonces, lo que
antes se tenía como incómodo, innecesario o rechazable, ahora se redimensiona y
toma nueva significación y nuevo valor. Tal es el sentido de mis palabras al
invitar a reflexionar sobre algunas actitudes que asumimos dentro del
conglomerado social al que nos pertenecemos como unidad genésica. Si
bien Jesús nos aconseja “entrar en nuestra cámara secreta” para hablar con el
Padre, y Él mismo se retiraba al desierto para comunicarse con su Padre, también
es no menos cierto que toda su vida la compartió con los demás, y cuando la
montaña no venía a Él, Él iba a la montaña. No se enclaustraba en su
prepotencia de Hijo de Dios. “Yo no he venido a ser servido, sino a servir”, a
compartir, a darme a los demás. ¡Oh, si comprendiéramos lo que es darse a los
demás! El mismo Jesús dice:”Más vale dar que recibir”. En el compartir, que es
un darse también a los demás, todos los átomos de nuestro ser se compenetran en
empatía con ‘El Gran Todo’, y, en vez de gastar energía, nos fortalecemos; recibimos “el ciento por uno”. Por eso al que
da “con su mano derecha sin que lo sepa la izquierda” /dar de corazón/ nada le
falta, de nada tiene necesidad y todo le sobra. Yo sólo sé que en mi compartir sigo el Mensaje del Cristo. Y
cuando comparto con mis hermanos lo que es justo y bueno, en ‘Ley de
Compensación’ se me llena de gozo el
alma /la paz del Cristo:”Mi paz os dejo; no como os la da el mundo”/. Paz que
se hace Presencia Crística.
Ahora sí entro a redimensionar mi noción de Dios.
Por el ejercicio de la Libertad, de la Justicia y del Amor se suben unos
peldaños que, antes de este ejercicio,
ni lo sospechábamos; incluso nos veíamos más en lo físico que en lo que somos
por dentro. ¿Mas, en qué consiste este ejercicio? Primero hay que aprender a
ser libre. Y se es libre, como dice el Mensaje ‘Clave 9’, PALABRA DE
MANUEL:”Cuando se está por encima de todas las cosas, pero sin manchar ni
siquiera con la sombra el orden establecido, la armonía de las fuerzas en el
Poder”. Y no olvidemos que en ’Clave 9’:”Dios es el Poder”, y fuera de ‘El
Poder’ ni siquiera la nada es concebible. O sea, respetar todo cuanto hay
preestablecido en la Naturaleza, sin desviarlo de su curso ni de su finalidad.
Este mismo respeto nos hace justos y comenzamos a manar sentimientos tan nobles y
tan sublimes, que son difíciles de
superar en este mundo. Sentimientos que conocemos como ‘el amor’. Y es
entonces cuando comenzamos a pisar la escala de la trascendencia, cual
‘escala de Jacob’, y sufrimos estremecimiento en nuestro ser, y como las
serpientes cambian su piel y se revisten de nuevo, así se hermosea nuestra alma
bajo rayos de luz celestial /como “ángeles que suben y bajan por la escala de
Jacob” / y aparece la “Imagen del Dios
desconocido” renovada /«¡Así pues, está Yahveh en este lugar y yo no
lo sabía!» dijo Jacob/. No lo sabíamos porque el proceso de ‘antihistoria’
/historia forjada en la irracionalidad/
que hemos vivido, y vivimos, nos
ha cerrado las puertas de la Casa del Padre, las puertas del Cielo. Y es así
cómo por la escala de La Libertad, de la Justicia y del Amor subimos a la
Morada de lo Divino. Y Dios deja de ser el “castigador” o el “viejito de barbas
pobladas”, o “el que nos espera de regreso para juzgarnos y arrojarnos fuera de
su seno”, porque no hemos cumplido con
determinados cánones religiosos. No, por favor. “El pensamiento de Dios no es
lo mismo que el pensamiento de los hombres”. El pensamiento de Dios, yo no lo
pongo en duda, se hizo carne, sangre y
hueso en Cristo, nuestro Hermano Mayor, como también se hizo carne, sangre y
hueso en nosotros, con una diferencia sí: Que Cristo es “el Camino, la Verdad y
la Vida” para nosotros sus hermanos
menores. Somos así manación del pensar de Dios. Y en mi atrevimiento diría: Que
Cristo es para mí la “escala renovada de Jacob”, que quien la suba hallará
abiertas de par en par las puertas de la “Casa del Señor”. Y es más: “En la
casa de mi Padre hay muchas moradas”, y una de ellas nos pertenece a cada uno
de nosotros. “Si esto no fuera así, yo os lo diría”. ¡Oh, ignorancia que
todavía te ciernes sobra le faz de nuestro Planeta, entorpeciendo nuestra clara
visión de Dios! Yo, en ¡gloria al Cristo!, por quien me ha sido dado ver y
palpar la otra cara de la moneda, puedo decir que en mí ha sido redimensionada
la noción de Dios, en todo momento hecha
‘Presencia’. Tal es la ‘escala’ /Libertad, Justicia y Amor/ que ofrece ‘Clave
9’. Yo la he subido. Me ha costado sufrimientos y lágrimas; incomprensiones y
desprecios; y saborear la amargura de la soledad del alma. Pero la he subido. Y una vez que se sube,
todo lo negativo queda consumido en el abismo. ¡Es nacer de nuevo! Y
evoco mi pensamiento cósmico: <¿Buscas a
Dios?
Recorre
primero los espacios infinitos y,
cuando
llegues a tu mismo punto de partida,
ahí
está Dios.
-No
lo busques más.
Porque
una vez que lo encuentras, cesan las palabras.
Todo
se trunca en silencio.
¡Oh,
Dios! ¡Oh, Dios!
¡Cuán
cerca de mí estás!
Como
sol centelleante en la aurora.
¿Cómo
puedo buscarte más?>
Mi noción del mundo la he redimensionado como
consecuencia de este proceso que llevo. El mundo tampoco es lo mismo para mí ahora
que antes. En mi niñez el mundo como tal no llegaba a ser una noción propia de
mi pensamiento, pues confundía lo mágico con lo real. El mundo era llover, el
frío del invierno, el calor del verano, la primavera, las hojas que caían en
otoño de los árboles, los animalitos, comer esto o lo otro, la luna, el sol,
las estrellas, los cuentos que oía… Después estas impresiones de mis sentidos
se fueron especificando más y más, y quizás globalizando en un todo como el
universo, la naturaleza, el infinito… Y mucho más tarde, cuando aprendí religión,
el mundo se me hacía más mágico, un punto imaginario y Dios, no sé en qué forma
lo veía, como un ancianito salvando a ese mundo, a esa bola redonda. Y más
tarde todavía, cuando los conocimientos científicos penetraron en mi mente es
que puedo hablar que tuve noción del mundo, por supuesto que como
un concepto abstracto. Ahora el mundo, redimensionado conscientemente
por mi avatar de búsqueda y encuentro, pasa de mero concepto a una realidad
exterior en la cual yo me hallo inmerso. El mundo es ahora como un río, cuyo
nacimiento tiene el mismo origen que yo, y que en la medida en que abre cauces
yo me arrastro con él. Pero ni el mundo es yo, ni yo soy el mundo. Nos
pertenecemos en algo superior el uno al otro: en una misma Causa. Y ese algo
superior, nos hace entidades diferentes, y es en mi conciencia donde
perteneciéndome a este mundo /pues Jesús nos habló de otro mundo/ puedo
definirme como lo que no soy: éste
mundo. Y es más: soy de este mundo y estoy en este mundo. Pero mi mundo real se
ha ampliado en tal magnitud que siendo de este mundo, me pertenezco también al
otro mundo del cual nos
habló Jesús: el mundo del más allá. Y así dejo
redimensionada mi noción del mundo. Una noción que rebasa los límites de un
universo físico poblado de galaxias y
más galaxias… Mi mundo es más amplio que lo que vemos y de lo mismo quizás que
llamamos Naturaleza. No concibo al mundo como lo distinto a mí, sino que soy
parte de él, por mi estructura material, aunque pueda decir que en mí hay algo
más de lo físico que me dice que ambos somos entidades individualizadas
/concíbase esto como se quiera/. Yo pondría el ejemplo de un huevo empollado.
Yo me he engendrado en ese huevo /mundo/, pero una vez que salgo a la vida,
perteneciéndome a ese huevo, soy un ente distinto. Sí puedo decir que mi matriz
primigenia es el mundo. Y lo mismo que salgo de ella físicamente, la tendré que
dejar un día cuando me toque partir al
“otro mundo”. Salí del huevo-naturaleza, como el pollito, pero en mí hay
un germen sobrenatural /el espíritu/ que concomita con mi aspecto físico y que me da alas para
volar al más allá, al “otro mundo”. Saldré de las aguas de abajo y volaré a las
aguas de Arriba.
Ahora hablo de cómo he redimensionar tres aspectos
en uno: ’vida, hombre, cosas’. El hombre, decimos, tiene vida, y las
plantas y los animales. Las cosas generalmente son tomadas como seres
inanimados, carentes de vida. Las definiciones se las dejamos a los filósofos y
a los biólogos, y a los científicos. A
mí me interesa como hombre, como ser humano, tener una noción de mí mismo.
¿Tengo vida o soy vida? Y lo opuesto a la vida es la muerte. ¿Por qué se
caracteriza una y otra? La vida es movimiento propio, interno, algo más que
medular, en los seres catalogados
de vivientes, aunque haya redundancia en
la expresión; pero esto lo entendemos todos. Y sin ese movimiento, que es como un motor prendido, no
hay vida. Y la muerte es la paralización de la misma vida. Se para el motor, y
hasta aquí llegó la vida. Así lo entiendo; así lo internalizo como redimensión
de mí mismo como ser viviente. Pero en mi vida hay algo no manifiesto en
los demás seres vivientes: el poder de mi mente, que analiza, aprehende o desase;
que se introyecta o proyecta; que dice
a mi ‘yo’, verbo hablante de mi ser, de mi misma y verdadera vida, que ‘yo’
no soy mero cuerpo, que soy algo más: vida eterna, que no muere, porque es
energía muy especial, espíritu, el cual no de pende de la energía molecular
que mueve a los cuerpos. Es como dice la Bibla “imagen de Dios”; y a Dios, nos lo define Jesús:”Dios es espíritu, y los que le
adoran han de adorarle en espíritu y en verdad”, Jn.4,23. El cuerpo, nuestro
cuerpo, es producto de la fusión de dos
células, que no son sino elementos químicos, constituyentes de la materia viva. Constituyentes
que son los que generan la combustión del motor-vida /la vida de cualquier ser:
hombre, animal, vegetal… De todo cuanto se mueva per se/. En tal sentido una
vela prendida pareciera asemejarse a la vida de una planta o de un animal, de
nosotros: irradia luz, algo así como un tipo de vida. Se apaga la vela, se va
la luz /la vela no tiene vida/. Pero la vela nos sirve de ejemplo para
comprender lo otro que nos caracteriza a
nosotros los seres humanos, el espíritu. Así, pues, cuando se apaga la vela, de
ella sale humo. Humo que es la semejanza de nosotros cuando morimos: se apaga
el motor del cuerpo, pero el espíritu, cual humo, se eleva y va a su sitio. El
humo al espacio. El espíritu a la dimensión que le es propia; a su reino; a la
dimensión eterna.
La misma palabra vida es compleja en su
significación. Pero si tenemos la idea de lo que es la vida, podemos sacar
nuestra propia conclusión, y aceptar ésta como la redimensión del concepto
vida. Y ya no tendremos problemas con lo que es la vida. No obstante, estoy
seguro que hay millones de personas en el mundo que en nada les preocupa tener
una noción de la vida. No olvidemos que hay gentes para todo: para lo bueno,
para lo malo, para la perversión…, y sigamos contando. Por ello nada nos debe
extrañar que no toda persona tenga una noción clara de lo que ES la vida en sus diferentes acepciones. Mas para
un hombre o una mujer de pensamiento escudriñador y de búsqueda de la verdad,
no le satisface tener vida, sentirse vida o la sinonimia que encierre la
palabra vida. El pensador sale de sí y extrae una noción propia de la vida, y
éste es mi caso. Por eso yo he tratado de redimensionar mi noción de mí
mismo y de la vida; o sea: reordenar mis pensamientos, mis sentimientos,
mis impresiones, mis ideas, mis acciones, y mis circunstancias, y las cosas…
Todo cuanto forme parte del motor que me mueve, y ponerlo todo en función no de
lo que perece y se queda aquí, como mi cuerpo, sino en función de mi espíritu, que
es la verdadera vida de mi ser. Y mi ser aspira a continuar viviendo más
allá de la materia, en la dimensión luz o patria celestial.

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