ALGO SOBRE EL PROBLEMA DE DIOS
DIOS RESPONDE A QUIEN LO BUSCA DE CORAZÓN, AUNQUE ESTO SUENE
A RELIGIÓN. YO VIVO MI EXPERIENCIA Y NO LA CALLO. EN ‘CLAVE 9’ RESPETAMOS
LIBRE, JUSTA Y AMOROSAMENTE CUALQUIER CRITERIO RESPECTO A DIOS. SÍ ES UN HECHO
QUE QUIEN TOME ‘CONCIENCIA CÓSMICA’ CONOCE A DIOS PADRE Y SE ABRAZA CON EL
CRISTO. POR LA ‘CONCIENCIA CÓSMICA’ GOZO DE LA PRESENCIA DIVINA DÍA Y NOCHE.
MANUEL, PROFETA DE ‘CLAVE 9’. Manuelclave9@hotmail.com
Jamás me hubiera imaginado sentirme, en la vigilia y en el
sueño, embriagado de la Presencia de
Dios en su Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Trinidad que es misterio para unos; lo incomprensible y
absurdo para otros… ¿Y cuántos no niegan la Divinidad, Principio y Fin de toda
existencia?
Tus términos no tienen consistencia, me dirán los adoradores
del abismo en relación a Dios; son aprendidos y utilizados como coletillas de ilusos. No obstante, para mí Dios es: Presencia vivificadora en la cual soy, y a
la que me pertenezco, y por siempre he sido, soy y seré desde que el “Hágase” de su Amor se manifestó
creatura en mí… Y desde ese momento soy
eterno. Vengo del Amor eterno. Me voy a la Morada de lo eterno.
Aquí y ahora, en esta dimensión, soy en una modalidad de mi ser, y antes de esta
modalidad, que concebimos como creación, fui en el Amor eterno de mi Dios, y me
siento como una gota que ha manado de ese mismo Amor. Lo que ni el racionalista
entiende, ni el fanático religioso acepta, porque no repito lo que ellos
quieren. Sí, fui en el Amor eterno de mi Dios, y por este Amor fui hecho hombre,
imagen suya. Y hombre sigo siendo; ahora, como he dicho, ‘en esta modalidad’:
Un ‘YO’ con cuerpo, mente y espíritu. Después, siguiendo el camino de los
designios divinos, en el mismo Amor de
mi Dios, seré en otras condiciones insospechadas en la mente de ahora, pero siempre
en orden a la perfección, cual es el devenir de mi ser. Jamás me considero objeto
de vacío existencial. El Amor Divino es
Sabiduría que ilumina mi mente y que en voz clara me dice qué soy, qué hago
aquí y para dónde voy. Y soy eso: manifestación del Amor Divino. Y el Amor de
Dios es mi sustento, y lo que da esencia a mi ser. Muy pocos quizás conozcan de
este Amor Divino, fanatizado y distorsionado en religiones. Y en las religiones hay quienes
se hacen poseedores del mismo Dios. Y “el Sol sale para todos por igual”. Y no faltarían quienes desearan mandarme al claustro de lo que ellos denominan “centro de reclusión para
lunáticos”. ¡Lunáticos…! ¡Cuánto lamento
de estos hermanos, que viviendo bajo las influencias de la Luna, no la contemplan
y no ven en ella la mano de su Creador! Lo mío, dicen, “son meros conceptos”.
Lo de ellos, lo enfatizan, “es la verdad, la realidad, y nada más”.
Un día, en lo no muy lejano de nuestra historia, lo que
muchos tampoco aceptan, unos dos mil años atrás, se nos manifestó el Verbo de Dios /”El Verbo era Dios”, “En
Él estaba la vida y la vida era la luz
de los hombres”… “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”…/… Ese
Verbo Divino, repito, se pronunció’ y, siendo “vida y luz”, no quiso esto para
sí solo /”y la vida era la luz de los hombres”/, sino que nos abrió sus brazos en cruz y ante la
perplejidad, asombro, incomprensión y no menos
cruel rechazo de quienes se autoproclamaban ‘ los sabios y los justos’ del mundo se nos dio por entero
como lo que era y es:”Camino, Verdad y Vida”, luz de salvación. Y quienes Lo
hemos recibido nos sentimos en plenitud de reconocimiento y de gratitud
para con Él, y no menos en espera de compartir a su lado la gloria que
Él nos ha conquistado con sangre de purificación. Y antes de irse, venciendo
las tinieblas de este mundo, nos dejó la herencia más preciada que como
creaturas pudiéramos recibir: a su mismo Padre. Y está escrito:”Y creó Dios al
hombre a imagen suya”. Portamos, pues, el reflejo de lo Divino. Nos podemos
mirar en el espejo de lo Divino cuantas veces queramos. ¡Dicha de quienes,
teniendo entendimiento para entender, logran asomarse a este ‘espejo de lo
Divino’ y verse como lo que somos: Hijos de Dios, un Dios donado a nosotros
como Padre por el Verbo Encarnado!
En requiebros de mi espíritu a mi Dios y Hermano Mayor, el
Verbo Divino, no callo su nombre: “Jesús, El Cristo, El Unigénito del Padre”. No importa que me digan
“repetidor de recetas”. Pero quien firma estas recetas no es un cualquiera; es
“El Verbo de Dios” que, más que en mis
oídos, hace eco en mi alma, y como “vida y luz” me llega en Presencia
permanente que me ‘anima e ilumina’ por
la senda de mi devenir. ¡Cómo ansío esto para todos y cada uno de mis hermanos
de especie!
Sé que hoy, cuando lo material absorbe la atención y la mente
del humano, hablar de Dios es, más que ridículo, algo así como una expresión
disonante que ahuyenta y distancia al que la oye. La razón trabaja en base a
los apegos de este mundo, y algo peor: a los intereses de credos religiosos,
filosóficos, políticos, etc. Ni siquiera
uno es escuchado por muchos que predican de Dios; han hecho de Dios un molde a sus
conveniencias. Pareciera que en el mundo
monoteísta se mueve un monopolio de Dios. Por otra parte, no se puede compartir una conversación sobre ‘Lo
Grande’. La prepotencia de unos… Las ambiciones de poder y de riquezas, y no
menos la nimiedad mental y espiritual de
otros… Y las preocupaciones por lo cotidiano, cierran toda posibilidad. Mas
cruzarse de abrazos y entregar la guardia no es de un hijo de Dios, y menos de
un cristiano “bautizado en fuego y en
espíritu”.
Manuel, es que tú… Sí, yo, he sido vivificado ‘en fuego y en
espíritu’, igual que tú, igual que otro hermano u otra hermana de carne y
hueso; y vivo mis avatares; pero siempre a Dios por delante. He luchado. He
cometido errores. He caído, pero siempre dispuesto a levantarme. Y así hasta que me llegó del cielo mi ángel. Es el
Padre el que da la victoria al que vence, no al que entrega la guardia y se
refugia en su ego. Y aun en mi lejanía y desconocimiento por largo tiempo de Dios, he suspirado a las Alturas. Y cuando
comencé a buscar eso que mi sociedad me daba como “Dios”, no menos sufrí lo
indecible. Y en más de una ocasión la soledad incomprendida me consumía. E
incluso el Cristo me repugnaba al verlo en la cruz. Mas clamaba y clamaba, no
sé ni adónde. Y de verdad Dios me respondió, y me tendió su mano, e iluminó mi
mente, y hasta el día de hoy cuando puedo decir: “Padre… Mas no se haga mi voluntad, sino la
tuya”, y es entonces cuando deviene la transmutación del dolor en alegría, en
gozo, en resurrección… Si no hay sacrificio, no hay expiación, ni glorificación. La comodidad
induce a lo vano; y al final las manos vacías. El ayer no vuelve, porque todo
es devenir; “no hay retorno”.
Hermanas… Hermanos… Si toda la energía que en elucubraciones
gastan quienes se ufanan de ser agnósticos, ateos, materialistas, e incluso en
hacer daños a su prójimo, etc., la emplearan a la inversa, en buscar a Dios,
quizás este mundo giraría de otra manera más armoniosa. Creer en Dios, nada
quita; todo lo pone. Mas creer en Dios como lo practican millones de feligreses
de las diversas religiones, no basta para contrarrestar la perversión que se ha
desatado en el mundo. Ritos y más ritos. Golpes de pecho y más golpes de pecho.
Jaculatorias y más jaculatorias… “Yo lo
que quiero es que hagáis justicia”, dice el Señor. Nada hecho con buena fe, y
sin perjuicio a otro, es malo. Pero anclarse
en la autocomplacencia, en el creerse salvo y nada más, y no cumplir con la
‘Ley preestablecida del Amor’ puede conllevar a desagradables sorpresas. Y ya
en las fronteras de lo eterno no hay marcha atrás. Cuando se abren las
compuertas de ese túnel sucede lo inevitable: “Unos a la derecha; otros a la
izquierda”. Nuestras mismas almas exigirán justicia, porque ha llegado la hora
de purgar, y necesitan pasar por el crisol que las ha de marcar con el sello de
gloria que el Amor Divino nos ha de imprimir como hijos de Dios. Allá no entra espíritu impuro.
Si todavía esto tiene matiz de receta, Hermanas y Hermanos de
cualquier condición del pensar y del sentir, me permito añadir algo más: El
mundo está de mal en peor. Si al menos en lo individual pudiéramos
decir:.
¡Cuántos sí se involucran en la maldad…,
bien por una dádiva pasajera, bien por sentimentalismos que enajenan, y
hasta bien por congraciarse con los de arriba, como si éstos supieran agradecer! Los de arriba
utilizan a los de abajo para fines de este mundo y nada más: para ensanchar sus
panzas. A los de arriba les estorban los hombres de bien y de sabiduría. Sólo
les interesan los que mendigan su propia dignidad…
Pero Dios es de todos por igual. Y quien lo busca, lo
encuentra. Sí sucede que quizás muchos que lo buscan no han emprendido el camino correcto.
Primero, la sinceridad, para que haya verdadero encuentro. Luego no desmayar en
la búsqueda /”Buscad y hallaréis”/. Esta Ley
es cósmica y trascendental; no falla, mientras no se corte el hilo de la
fe en el objetivo trazado. Bastaría no más un pequeña duda, para que el efecto
no se dé. Duda que forma parte del camino incorrecto. A Dios se busca o no se
busca; no valen medias tintas. Él no necesita de nosotros. Ni tampoco nos ha
lanzado a una desventura, pues nos ha dotado del equipo necesario /mente,
voluntad, sentimientos, sentidos, etc./ para transitar por esta dimensión, y
para darnos cuenta de que aquí todo acaba; y, después de finalizar esta etapa, no queda excluida la posibilidad
de un más allá. Sí debo decir al respecto de nuestra búsqueda hacia Dios que en
vez de usar la razón para la terquedad seamos condescendientes con nosotros
mismos /sinceridad de alma/ y no un quiero, pero no quiero / contradicción ‘per
se’, dirían los metafísicos/. No se puede partir de un silogismo infundado para
demostrar la verdad. Es como negar por negar; un absurdo. Absurdo que muchos
dan como la verdad máxima:”Lo tuyo son meros conceptos; lo mío es la verdad, la
realidad única”. Ante la duda de si hay Dios y de si nuestra vida continúa en
un más allá, no cabe ni la afirmación ni la negación, sino admitir la
‘posibilidad’. La razón puede apoyarse en el término más prudente: En ’la posibilidad’, y actuar según dictámenes de
racionalidad.
¡ Cuántas veces hemos oído esto de personas que incluso han
pasado por la universidad, pero la universidad pareciera no haber pasado por
ellas! ¡Ni noción del menor respeto para el modo de pensar de otros!
Me atrevería a poner un ejemplo para comprender mejor esto de
la ‘búsqueda de Dios’: Imaginemos, pues,
a través de la circunferencia /más abajo/, que yo llamo ‘circunferencia mental’,
basada en su ‘radio mental’, que se puede iniciar la búsqueda hacia arriba o
hacia abajo, tomando como base referencial el centro de la circunferencia, del
cual vamos a abrir un eje hacia arriba y un eje hacia abajo para establecer el
diámetro de la circunferencia. Cuando abrimos la ‘circunferencia mental’ desde
un epicentro reducido, de mente estrecha, de bajas vibraciones, la
circunferencia no pasa de un punto. Su longitud va a depender siempre ‘del
mayor o menor radio mental’. Queremos significar, cuando decimos hacia abajo,
cuando la mente busca a Dios en las atracciones del mundo o en la mera materia,
sin trascender en nada sobre ésta. Y hacia arriba, cuando la mente se
proyecta directamente hacia ‘Dios’ y pone fe en Él; entonces no hay elementos que interfieran entre el
sujeto que se proyecta y el objeto de su fe /Dios/. Su mente está más libre y
pronta para tocar esa Gran Realidad. El costo de su trabajo es inferior que si
busca a Dios en los enredos de la razón apegada a lo material o a ideas
filosóficas o científicas preconcebidas
de antemano en la negación. La intención y fe que se pongan en la búsqueda son
factores determinantes para que Dios responda:¡Aquí estoy! Dios no obliga a
creer en Él, y nos ha dado razón
y libre albedrío para que, elevándonos,
lo percibamos en alguna forma. Cuanto más subamos hacia la cima
de la montaña de su Reino, más nos acercamos hacia Dios. Y aquí radica el
proceso de perfección de nuestro ser. Dios se nos hace cada vez más
inabarcable, y su atracción nos impulsa más hacia Él. O sea: cuanto más
elevamos nuestro radio mental hacia Dios, más y más grande se nos hace la
Esfera Divina; y así hasta lo infinito de la perfección. Hacia abajo las interferencias son imponderables. Ya
sabemos que todo vibra, y si la mente quiere buscar a Dios en el abismo de las
interferencias de seguro que puede fracasar. Hacia abajo todo es denso. Hacia
arriba todo fluye; razón y fe se dan la mano. Hacia abajo, la razón
se ciega y desestima la fe y la recusa.
En este estado mental están quienes se proclaman agnósticos, ateos,
racionalistas, incrédulos, etc.
Comience a establecer su circunferencia mental desde el punto
central de la misma, y abra su radio lo más que pueda. Mi sugerencia es hacia arriba; de alguna manera oirá
la voz de Dios. También Él puede mandarle su ángel, que suele personificarse.
No recomiendo la búsqueda hacia abajo, porque en nada o en poco garantiza el encuentro con Dios; sin olvidar
que todo se mueve bajo el poder de Dios y Él está siempre presto a oír tus
buenas intenciones y plasmarlas en realidad. Abre tu circunferencia mental lo
más que puedas.
EL HOMBRE ES LO QUE LLEVA EN SU MENTE.
TÚ VALES YMERECES MUCHO MÁS. ¡PIES EN TIERRA! ¡LIBERTAD, JUSTICIA Y AMOR!
MANUEL, PROFETA.


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