ESTA ES MI VISIÓN CRÍSTICA, QUE SI EN
ALGO PUEDE AYUDAR A LA REFLEXIÓN, RENOVACIÓN DE SU MENTE Y DE SU CORAZÓN, Y DE
OBRAR EN CONSECUENCIA, A MIS HERMANOS CRISTIANOS, PARA ELLOS LA ESCRIBO, AHORA
Y PARA LA POSTERIDAD. NO ES OTRA LA FINALIDAD DE ESTAS PÁGINAS. Y SI ALGUNAS DE MIS EXPRESIONES SE
PRESTAN PARA OTRA INTERPRETACIÓN,
ME EXCUSO DE ANTEMANO.
¿Por qué será?
Por observación personal he llegado a la conclusión que un
cristiano y un no cristiano, socialmente hablando, tienen un mismo
comportamiento. El desconocimiento del Mensaje del Cristo de un cristiano, por
más que se revista de aureola religiosa frecuentando templos, rezando, y otras
prácticas ritualistas, no deja una huella inconfundible en la sociedad respecto
a los valores que pueda haber en cada nación. Contadas serían las excepciones.
No está demás decir: ¡Sálvese quien pueda! Porque los intereses creados por
muchos otros cristianos son poderosos.
De seguro que la réplica a lo que
digo estaría presta: <¿Acaso no practicamos la caridad pública con
instituciones que ayudan a tantos necesitados?> –Sí, es verdad, y esto es
muy bueno, y Dios lo premia, ¡y benditos
quienes esto hacen ¡, y el hambre
demanda más y más, pero no es la caridad como limosna lo que ha de satisfacer
las necesidades de los pueblos, sino la implantación de una justicia social a
tono con las exigencias primarias de todo ser humano, y secundarias en lo
posible. Y si los demás grupos religiosos, esotéricos, políticos, científicos,
etc., no proponen soluciones concretas para un mejor vivir, debe salir del
seno cristiano, en el que hay
talentos de sobra, una política que
obedezca a un nuevo ideal de vida /”hombre nuevo”/ como la justicia que
proclama el mismo Cristo. Justicia con
libertad; justicia y amor como lo deja entrever a las claras en su ‘Manifiesto
de las Bienaventuranzas’. Bienaventuranzas de las cuales yo soy beneficiario a
través del Mensaje ‘Clave 9’ que me vino por gracia de Arriba, y a través del
cual ayudamos a la “regeneración de lo humano” elevando las mentes para una
toma de ‘Conciencia Cósmica’, donde no hay mentiras, sino verdad /y ‘Verdad’,
con mayúscula’, está sólo en Dios/. “Y
la verdad os hará libres”, Jn. 8,32. No más mentira, que hay malhechores
que se valen de la limosna para atrapar
conciencias y comerciar con el sudor ajeno.
No más inconsciencia patrocinando con limosna la mendicidad. El Mensaje
del Cristo da para mucho más: Para una Humanidad más libre, más justa y más
amorosa. Sólo basta entrar en el ‘Reino de los cielos’ que está en nuestro seno
y empezar a ordenar nuestra propia vida y aprender a poner cada cosa en su
sitio. Sin mezquindad; con grandeza de pensamiento y de acción. Como decimos en
‘Clave 9’: Con pies en tierra, con la mente en lo trascendental y el corazón en
la Humanidad. Y no esperemos la “añadidura”; ella viene sola, a su tiempo y
rebasando la copa con llenura. Sólo debemos poner fe en ‘Lo Grande’ y manos a la obra.
En cuanto al sexo, por ejemplo, generalmente pereciera
que lo religioso /no digo lo espiritual/ no tiene la fuerza suficiente como
para contrarrestar los impulsos de la naturaleza sexuada; sobre todo en estos
nuevos tiempos en los que las comunidades han pasado del molde familiar a un
encuentro generacional explosivo, no sólo en la juventud, sino también en las
personas adultas, incluyendo a mayores de cincuenta años. Bien estaría atribuir
la influencia de los cambios del siglo a menores como objeto de desenfreno;
pero en las manifestaciones públicas pro liberalismo sexual se aprecian canas
que limitan con la ancianidad. Y la mayoría suelen ser de tendencia cristiana.
En los países regidos por el Islam, todavía la religión marca una pauta de
conducta frente al sexo, aunque sea por efecto de represión. En fin, ni quito
ni pongo. Sólo comento lo que mis ojos ven y mis oídos oyen. Mi apreciación de
valor no es de puritanismo moralista. Mi concepción del sexo es más amplia,
cósmica, sin fronteras, en la pureza que el Creador ha dado al instinto o
impulso sexual para la reproducción de las especies ‘de pareja’; también hay reproducción asexuada en otras especies
vivientes /”un solo reproductor, una división celular o mitosis que transmite
todas las características del progenitor”/. Pero en fin, no pretendemos hacer
un tratado de esto; sólo hacer mención al liberalismo sexual como una
aberración más de las tantas que se dan en nuestra sociedad, y de ello no
escapa la esfera cristiana. Sí reconocemos al mismo tiempo cómo ciertas
personas consagradas al servicio de Dios en la vida religiosa han vencido las
fuerzas de la naturaleza humana. Fuerzas que no son malas en sí. Malas las hace
el desenfreno que de ellas hace el ser humano /masculino y femenino/.
Pero vayamos al objetivo que nos hemos trazado: El Mensaje
del Cristo. Mensaje en sí que difiere de la religión como camino de ritos,
oraciones, etc., que, bajo una creencia o fe puesta en algo o en cierta
divinidad establecen los humanos como un medio para satisfacer inquietudes que
llamamos del alma. Por supuesto que estas inquietudes pueden tener fines
opuestos entre sí /objeto divino, objeto diabólico, objeto filosófico, e
incluso objeto material o de cualquiera otra índole hacia el cual se proyecta
un individuo o una comunidad/. Y esto mismo ha sucedido con el Mensaje del
Cristo, se ha convertido en un camino de cánones, de meditaciones, de
ceremonias, etc. Por supuesto que esto, sin ser malo, desvirtúa en sí en alguna forma, y quizás en
mucho, el Mensaje Crístico /de “buscar primero el reino de los cielos y su
justicia” y de cambiar el rito por “la adoración al Padre en espíritu y en
verdad”; y todo lo demás se nos dará por añadidura/.
Por los vientos que soplan dentro de las diferentes formas
religiosas que ha tomado el cristianismo, enmarcado siempre en la tendencia al
Capitalismo, y amenazado por su enemigo
de principios, el Socialismo Comunista, y por no menos el Islam, y sobre todo
por la falta de conciencia del cristiano del verdadero Mensaje del Cristo, más
las disensiones por intereses de los diferentes grupos religiosos, el mundo,
como lo deseaba el Cristo de que sus discípulos estaban destinados a la
“regeneración de lo humano”, no se va a mejorar nunca.
No es pesimismo. Desde que el Maestro ascendió a los cielos,
no ha habido uniformidad de criterio en cuanto al Mensaje, y no han faltado
reyertas personales y grupales; y eso de
“Mas no ruego sólo por éstos, sino
también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, para
que también ellos sean en nosotros, y el mundo crea que tú me has enviado” Jn. 17, 20-21 , eso como que ha pasado desapercibido
en los diversos grupos cristianos. “Ruego” de Jesús que ni en sueño se ha logrado. Mas nunca es
tarde cuando hay intención de rectificar. Sin pretensión de ser más, yo estoy en la acción parar lograr este
propósito, pues para mí, y para ti /hermana, hermano/, y para cada uno en
particular, es el Mensaje del Maestro. Bien claro está escrito:”Mas no sólo
ruego por éstos /sus discípulos directos/, sino también por quienes han de
creer en mí por palabra de ellos”. La responsabilidad debe ser, primero
asumida, y luego compartida; con conciencia de lo que somos, o al menos de lo
que creemos y decimos que somos: cristianos. Y en tal sentido también me dirijo
a quienes ostenta la dirección de las Iglesias Cristianas, para que los
jerarcas sean los primeros en atenerse al mandato del Maestro:”Después que les
lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo: «¿Comprendéis
lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y
"el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el
Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a
otros. Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he
hecho con vosotros” Jn. 13,12-15. En Lucas 13,26 se dice
taxativamente:”…el mayor entre vosotros será como el menor, y el que manda
como el que sirve”. Un ejemplo de jerarquía de la igualdad. Lo cual no
implica que alguien asuma, como en cualquiera otra institución, el control de
la misma. Pero tal como la plantea el Maestro: en reciprocidad de derechos y de
deberes. Sin privilegios. Sin distancias arrogantes y prepotentes de unos sobre
otros. Nadie es más. Nadie es menos. Todos inspirados en el mandato del Divino
Maestro:”Amaos los unos a los otros como yo os he amado”. En testimonio de fe,
diría el Apóstol Pablo, y en caridad mutua. “Un precepto nuevo os doy: que
os améis los unos a los otros; como yo os he amado, así también amaos
mutuamente. En esto conocerán todos que sois mis discípulos” Jn. 13,34-35.
Los Apóstoles, “limpios” de los afanes del mundo y de los intereses personales,
se lanzaron a cumplir libre, justa y amorosamente con la obra que el Maestro
les había encomendado. No había espacio en sus corazones sino para seguir los
dictámenes del Espíritu Santo. Y su Mensaje ha llegado hasta nosotros. Somos
los nuevos Apóstoles. La Iglesia viva del Cristo. Cada cual en el puesto que la
vida le haya deparado: en su profesión, en su vocación de trabajo, como
dirigente o como colaborador, como esposo, como padre de familia, como hijo y hermano,
como ciudadano… Sí necesitamos los cristianos elevar nuestras mentes para
comprender mejor nuestra misión. La fe en el Dios Bendito, primero; pero consecuentes a esa fe en el
obrar:”Por los frutos, pues, los conoceréis” Mt. 7,20. Así que el Maestro
ha dado hasta las pautas más sencillas para saber si somos o no somos auténticos seguidores suyos, sembradores de
la semilla que hace germinar el ‘Reino de los Cielos’ en nuestros corazones.
Otra pauta muy significativa es:”…de la abundancia del corazón habla la
lengua” Lc. 6,45. Lamentablemente, entre nosotros los cristianos abundan ‘frutos malos’, y
‘palabras indeseables’, y peor: ’malintencionadas’. Para cerciorarse de esto
basta con ver la prensa escrita y los medios de comunicación audiovisuales. Cosas
que nos afean de tal manera que
cualquier profano nos lleva la ventaja. Hablo del mundo cristiano. Sé
que el otro sector no cristiano de la Humanidad está igual o peor que nosotros.
Desde antaño corren estos dos refranes: “Haz lo que dice el cura, pero no hagas lo
que él hace”; “A los curas óyeles la misa y sácales el cuerpo”. ¿En qué estará
basada esta desconfianza del feligrés con su Pastor? No sé si esto mismo se lo
aplican los adeptos de otras religiones a sus Pastores. Pero en algo no muy
agradable debe estar el fundamento de tal recelo. Si el mandamiento nuevo es
“amaos los unos a los otros como yo os he amado”, y el Maestro era una
atracción insuperable para sus seguidores, ¿cómo ahora es que surge esta
dicotomía entre el Pastor y el rebaño del Señor? Algo de “extraño” verán las ovejas en sus pastores. En la parábola del ‘Buen Pastor’ está la
respuesta a esta incógnita. Sólo observo una triste realidad. No señalo con el dedo a nadie
en particular. Tengo bastante con mi carga. De
verdad, como dice el Señor que “…los hijos de este siglo son más sagaces en
las relaciones con sus semejantes que los hijos de la luz” Lc. 16,8. Cada cual busque no la paja en el ojo ajeno, sino una respuesta para
subsanar esta sombra que desdice de la luz crística. No olvidemos que el mundo
de las tinieblas es denso, y que a nosotros los cristianos, si es que lo somos, se nos ha asignado la tarea de disipar
tinieblas. Creo que sólo el amor /”como yo os he amado”/, puede limpiar ese
vidrio empañado que no permite al pastor y al rebaño mirarse con fidelidad a
los ojos. Y pareciera como que en estos tiempos de depravación, como lo narran
las noticias, la visibilidad entre cristianos es como de catarata aguda. Es
necesario una cirugía de urgencia, que a mi entender debería comenzar por la
dirigencia cristiana, sin excluir a ninguna de las demás capas que conforman el
cristianismo. O somos o no somos. Se nos ha dotado de capacidades, dones y
privilegios en medio de las demás especies del Planta: de entendimiento, de
voluntad y de asentimiento, de libre albedrío… Los “tibios” no entran en la
competencia por el Reino de Dios; ni merece gastar energías en ellos. Mas
¿adónde están “los fríos y calientes” para que
con decisión y coraje, si se dicen cristianos, se autorreformen? Cristo nos llama a “nacer
de nuevo”. No importa que seamos menos, que ojalá y seamos más; por ley de sinergia “de la unidad saldrá el
millar”. La Humanidad espera de nosotros frutos de sinceridad, de honestidad,
de honradez y de participación activa para mejorar los problemas sociales. Si
bien Cristo no niega el culto al Padre /Dios/, nos enfatiza en que “…ya llega la hora , y es ésta,
cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, pues tales son los adoradores que
el Padre busca” Jn. 4, 23.
Importante el énfasis que da el
Maestro: “…tales son los adoradores
que el Padre busca”. No falseemos más nuestro cristianismo: En el Mensaje
del Cristo lo tenemos todo; y muy en particular al ‘hombre nuevo’. Son
principios inconmovibles. Y yo, Manuel,
Profeta de ‘Clave 9’, y por ésta mi convicción plena en Cristo, puedo experimentar a diario el Mensaje de mi Señor, y lo siento
y lo hago vivencia permanente:” El cielo y la tierra pasarán, mas mis
palabras no pasarán” Mt.14,35. Palabras
no para repetir como muchos hacen como recetas de píldoras baratas, sino para
internalizarlas y vivenciarlas en lo personal, en lo social y en la armonía con
el todo que nos rodea. ¿Y cuáles son esas palabras? Esas palabras están en los
Evangelios, en el Mensaje Crístico como única fuente /”que salta hasta la vida
eterna”/ para beber del agua, que quien la tome jamás tendrá sed. No más
ocultismo a la Verdad. Sólo los apegados a este mundo se podrían justificar del
conocimiento de la Verdad. Pero si somos cristianos debemos beber de esa
‘fuente’ crística, los Evangelios, a
‘motu proprio’, sin que nadie nos utilice para otros fines que no sean los del
Mensaje Crístico. Pidamos luz para que el Espíritu Divino nos ilumine y nos
mueva a voluntad. Si necesitamos de un ángel para una mejor comprensión de lo
escrito, el Padre se encargará de enviárnoslo. La fe en lo escrito, primero,
que ya devendrán los enviados del Señor a darnos su cátedra, y podremos mirar
de tú a tú, sin ningún tipo de distancia, a sus ojos. Si nos renovamos, en la
misma proporción nos vendrá la ayuda del Señor. No esperemos que otros sean los
operarios del Señor. Cada uno de nosotros, según nuestra capacidad y
circunstancias, somos libres para trabajar en la viña del Señor. Y la viña del
Señor no es nada abstracto, sino lo concreto. Somos el ‘templo’ de Dios Vivo
aquí en la Tierra. Somos coherederos con Cristo del Reino de Dios, por más que
esto suene a religión. Por Cristo cambió la historia de la Humanidad. Cristo no
es una entelequia, ni un fantasma. Lo que sí sucede es que los ‘cínicos’ de
este mundo, disfrazados de mansos corderos, tienen pavor a la ‘Verdad
encarnada’. El mismo Cristo los enfrentó: ”¿Por qué no entendéis lo que digo? Porque
no podéis oír mi palabra. Sois de vuestro padre el diablo y queréis hacer los
deseos de vuestro padre. El fue un homicida desde el principio, y no se ha
mantenido en la verdad porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, habla
de su propia naturaleza, porque es mentiroso y el padre de la mentira” Jn. 8, 43-44. Un cristiano tiene que
portar el sello de la ‘Verdad Suprema’ en su frente, en sus labios, en su
corazón, y en su alma. Ya los tiempos no son los mismos que cuando el tirano
Nerón, aunque todavía sobran tiranos en el mundo que, como vampiros del terror
están dispuestos al escarnio y sangría de cristianos. Mas los cristianos de
ahora, sin necesidad de violencia, tienen que subir alguna vez a la montaña de
la verdad, de la fortaleza, y de las decisiones firmes, que la “gracia”
en promesa del mismo Cristo les acompañará, y la verdad vencerá a la
mentira. Con miedo, ni en la cueva de su apatía o cobardía encontrarán la paz,
y seguirán siendo pobres víctimas de los déspotas de siempre. La cobardía del
cristiano es fortaleza de su enemigo. A Cristo le tocó tomar el ‘látigo’ para
ahuyentar a los mercaderes del Templo, no como violencia, sino como la
respuesta más eficaz ante la situación /sin herir ni matar/. ¿Y es que acaso un cristiano no es templo vivo
de Dios? Cristo nos reivindicó a esta categoría tan sublime /hijos de Dios/. Creemos
confusión a los mentirosos con el
destello de nuestra verdad crística. Con
la acción por delante; sin escondernos. Haciéndonos sentir como fuerzas
positivas en acción, como lo hizo el Cristo; y como he dicho antes: construyendo
un nuevo ideal de vida que supere al Capitalismo y al Socialismo-Comunismo de
la lucha de contrarios. La paz y la felicidad terrenales alguien las debe
erigir en beneficio de todos, y no de grupos elitescos. ¿A qué entonces vino el
Cristo? Asimilemos bien su ‘Manifesto de las Bienaventuranzas’. ¿No es pecado
que unos gocen, hasta en niveles más bajo que el de los cerdos, y otros sufran
toda clase de calamidades y hasta mueran de hambre? El Planeta lo ha hecho Dios
para todos y cada uno de sus hijos, que
“imagen de Dios” somos /por fe en las Escrituras y por dictamen de nuestra razón/,
y por Cristo fuimos bautizados como verdaderos hijos de Dios. Somos redimidos
en sangre /humillación, espinas, clavos/ y levantados en gloria. O sea, que un
cristiano debe estar preparado para todo; menos para matar. Su espada es de
doble filo: de amor y de fe. Por ende que la batalla de un cristiano retumba en
los cielos, el fin último para el cual estamos en esta dimensión sensible.
Subamos a la montaña de nuestro poder mental que, de seguro, así como Jesús se
transfiguró en el ‘Monte Tabor’ ante sus tres Apóstoles, escogidos para ello,
así seremos nosotros transmutados en luz, en sabiduría y en poder para vencer a
este mundo y a sus secuaces. Sólo el que porfía, el que se proyecta con fe
hacia adelante, y “no mira hacia atrás”, es el que recibe la corona de
laureles.
Y yo pienso en mi Cristo, en el que “todo ha
sido consumado”. No sólo todo cuanto en
el Antiguo Testamento se predecía de Él, sino, en lo personal, cumplir con la
obra que el Padre le había encomendado:”Mi alimento es hacer la voluntad del
que me envió y acabar su obra” Jn. 4,34.. ¿“Acabar su obra…”? ¿Es
que Dios hizo el mundo incompleto, algo así como un edificio sin terminar? No.
A todo cuanto hacía “Dios lo vio ser bueno”. Tenía la marca de su garantía
divina. Mas no había pasado por alto en su mente el cuido del tesoro más
preciado en el mundo: ‘el libre albedrío’ que depositó en una de sus creaturas,
el hombre. De hecho fue así. El hombre hizo mal uso de su razón y de su
voluntad, y se inclinó por el mal. Y he aquí que el Cristo, “el amor de los
amores” como lo han llamado los
místicos, vino a abrirnos los verdaderos horizontes de vida, y se nos dio Él
mismo, sin aspavientos religiosos, como “el Camino, la Verdad y la Vida”. La
obra del Padre había sido “consumada” por el Hijo; ‘quedó terminada’.
Nuestra atención a partir de ese momento debe estar puesta en el Cristo:”Yo soy
el Camino, la Verdad y la Vida”. Es el
modelo a seguir. Y, ¡ojalá!, imitáramos al Cristo con entidad propia, y
pudiéramos decir como Él: ’Yo soy mi camino, mi verdad y mi vida’. Y ‘mi
camino, mi verdad y mi vida’ tienen sólo
una meta, imitar a mi Cristo: ‘Hacer la voluntad de mi Dios’, y así también
acabar con la obra que el Padre, mi Dios Creador, me ha encomendado: . Amor y no otra cosa
es la encomienda final del Maestro:”Amaos los unos a los otros como yo os he
amado”. Pero el amor se pisotea por doquier. Es como un sentimiento muerto,
que ya pasó al olvido. Algo está sucediendo en el mundo como si el Cristo se
estremeciera de nuevo en la Cruz:”Padre, perdónalos, porque no saben lo que
hacen”. Sí, Padre, perdónanos, que hemos
perdido el sentido común. La gente pareciera haberse olvidado hasta de sí
misma. Por eso es que ya nadie da. A todo se le pone precio. Cobran por el tiempo, que es de Dios para el
buen uso del hombre; ni siquiera por el desgaste de su trabajo. ¡”Mi tiempo
vale!”, dicen los avaros .Se matan unos a otros sin más razón ni conciencia de
lo que es un ser humano. Las fieras nos superan en bondad, pues una vez que
satisfacen sus necesidades vitales
entran en calma, y no se devoran entre sí como miembros de una misma
especie; sólo su instinto de
supervivencia lo descargan sobre sus presas conforme a la ‘Ley de Voracidad
Cósmica’. El hombre se ha desatado en perversidad. Se asocia fácilmente, y con
gran astucia, para matar. La sangre
humana que se ofrecía antes a los dioses como sacrificio, ha perdido hasta este valor cultural; ahora se pisotea
vilmente, sin ningún tipo de reparo ni escrúpulo /véase y óigase los noticieros
televisados en los que se pasan las noticias al vivo/. ¿Cuánto vale ya un ser
humano? Hay que estar en suerte para no tropezar con un ‘gatillo alegre’, y de
no caer en sus manos; que no seamos de su agrado, o le entremos en discusión, o por dinero /sicariato/, o por exceso de alcohol, o por
droga… La venta de armas enriquece a muchos políticos y a sus comparsas
mafiosas. El hombre está abofeteando y crucificando nuevamente al Cristo. Y ya
no son los ‘magistrados o doctores bíblicos’
los que se resisten a las enseñanzas del Mesías , son los mismos
cristianos /siempre haciendo salvedad/ quienes se prestan para la infamia
desatada en el mundo entero. Las palabras de Isaías resuenan nuevamente: “Cierto, oiréis y no
entenderéis, veréis y no conoceréis. Porque se ha endurecido el corazón de este
pueblo, y se han hecho duros de oídos, y han cerrado sus ojos, para no ver con
sus ojos y no oír con sus oídos, y para no entender en su corazón y
convertirse, que yo los curaría” Apud. Mt. 13,14-15. Hemos llegado al siglo
de la paranoia colectiva, no por enfermedad psíquica, sino por apegos,
vanidad, autosuficiencia, materialismo
despiadado; la negación total de la racionalidad.
…Y sin embargo, el Cristo-Dios,
está ahí, esperando para perdonarnos “setenta veces siete”, y
tendiéndonos su mano, como nos refiere
Isaías, para curarnos /”yo los curaría”/.
Hermanas cristianas y
Hermanos cristianos, ha llegado la hora de redimensionar la noción de pecado y
de redención /y salvación/. Y en tal
sentido me parecen muy comprensibles y
muy actualizadas /redimensionadas/ estas palabras del ‘Concilio Vaticano II’: “La
Iglesia /Católica/ ya no se dirige sólo a los hijos de ella y a quienes invocan
el nombre de Cristo, sino, sin vacilación, a la humanidad entera… Tiene presente,
por consiguiente, al mundo de los hombres, es decir, a la universal familia
humana con todo cuanto le rodea, al mundo como teatro de la historia del género
humano…”. De aquí que veamos al Papa extendiendo su preocupación por los
problemas del mundo entero /guerras atroces, tráfico de seres humanos, de droga
y de armas,, hambruna en muchos países, corrupción generalizada enriqueciendo a
unos y envileciendo a otros, torturas, desapariciones forzadas, etc./ sin
distingos de razas, credos, etc. Algo
bueno está sucediendo en el seno de la Iglesia Cristiana. Y añade el ‘Concilio
Vaticano II’:”Es la persona humana la que hay que salvar, y es la
sociedad humana la que hay que renovar. Por consiguiente, será
el hombre el eje de toda esta explanación: el hombre concreto y total, con
cuerpo y alma, con corazón y conciencia, con inteligencia y voluntad… Por
tanto, este Sagrado Concilio… ofrece a todo el género humano la sincera
cooperación de la Iglesia para forjar la fraternidad universal…”. Y se reafirma en lo dicho sobre la venida del Cristo:” Vino al mundo para dar
testimonio de la verdad, para salvar y no para juzgar, para servir, no para ser
servido” /Del Cap. ‘Gaudium et Spes/.
A mí, en lo tocante a ‘Clave 9’, como Mensaje de
Libertad, de Justicia y de Amor, y tendiente a formar una nueva conciencia, ‘Conciencia Cósmica’,
Conciencia de Unidad, de Universalidad y de Trascendencia, me confortan
estas palabras conciliares cuando dice que el Sagrado Concilio “ofrece a
todo el género humano la sincera cooperación de la Iglesia para forjar la
fraternidad universal”. La experiencia me dice que todavía parte del Clero Cristiano
no conoce de esta misiva liberadora /”cooperación”/ del ‘Concilio
Vaticano II’, porque , sin tener una noción clara del Mensaje ‘Clave 9’, me han
descalificado con rechazos hasta ofensivos. Gracias a ti, ¡oh Señor!, que mantienes
firme a tu Iglesia, a nosotros todos los
cristianos, la promesa de ‘no dejarnos
solos’: “Yo estaré con vosotros siempre hasta la consumación de los siglos“
Mt. 28,20. Y de verdad, Tú lo sabes, y no te puedo engañar; me has hecho y me haces sentir, tu Presencia
día y noche. Gracias, Señor. “Aquí estoy”.
Mencionando
nuevamente ‘Vaticano II’. En su aspecto de ‘Comunidad Política’ dice:
a) ”Los Cristianos
deben tener conciencia de la vocación particular y propia que tienen en la comunidad política, en la que están
obligados a dar ejemplo, desarrollando en sí mismos el sentido de
responsabilidad y de consagración al bien común…”. ¿Y quién enseña o forma este tipo de
conciencia? ¿La dirigencia cristiana?
Ésta centra su atención en el rito. ¿El
gobierno de turno, capitalista o socialista? Los gobiernos tienden a
perpetuarse en el poder, que pareciera el fin último de un gobernante. Los
socialistas con su cacareada filosofía de “masa”, de “lucha de contrarios”, mantienen “una capa de pobres” a base de dádivas, como sostén de bienaventuranzas de quienes manipulan las riendas del poder. Los
capitalistas no se quedan atrás gozando del usufructo /robo legalizado/ de la
‘propiedad privada’, adueñándose unos cuantos de lo que corresponde a la mayoría,
y así todo es perfecto; ¡beatitud! Mientras tanto, el sueño de los cristianos
traspasa los ‘agujeros negros’ en la espera de que todo le sea dado desde
‘Arriba’. Señor, dame… Señor dame… ¿Y qué retribuimos a cambio a nuestra sociedad?
b) Con relación a las
formas de la comunidad política, tipos de Estado: ”/Ellas/ deben tender
siempre a formar un hombre culto, pacífico, benévolo, respecto a los demás,
para provecho de toda la familia humana”. Hasta aquí lo considero muy bien.
¿Pero, quién se encarga de inculcar ese
deber? –En ‘Clave 9’ hay una respuesta.
c) / “…es de suma
importancia que se promueva el acceso de individuos y colectividades a un
determinado dominio de los bienes exteriores”. ¿Pero quién determina este dominio? ¿La
conciencia de cada cual que no está formada para tal fin? La educación de los
de ‘arriba’ imprime a la educación una finalidad de ‘aparente bien común’,
mientras los métodos, técnicas y procedimientos cortan la posibilidad de
concretar ese bien común. ¿Y los de ‘abajo’? Los de abajo tienen libertad,
según su capacidad, para: o subir, si pueden; o resignarse a formar el cinturón
de miseria que hay en las grandes urbes. Hasta ahora la ‘propiedad privada’ no
ha dado satisfacción al pregonado “bien común”. No obstante, ‘Vaticano II’
insiste:
d) “Al Estado toca el impedir que se abuse de la propiedad
privada en contra del bien común”.
Pero volvemos a preguntar: ¿Qué Estado?
El socialista se va a los extremos: ‘El Estado se hace capitalista a su
modo. Anula la ‘propiedad privada’, y él es el dueño de todo. Su filosofía a
través de los tiempos, en los tantos Estados Socialistas que conocemos, ha demostrado ser ineficaz. Élite de arriba
dominando a los indefensos de abajo. Represión vs. resignación como resultado. Y si es el Estado Capitalista,
sólo propicia la ambición, y en la carrera por obtener riquezas o vivir mejor
que los demás se forja la cadena de miseria, no menos de ‘resignados’, peor que
siervos o esclavos que contaban con un dueño que respondía por ellos, aunque
fuera para exprimirlos. Los pobres caen en la marginalidad más denigrante que
pueda padecer un ser humano.
e) ‘Vaticano II’, en su concepción sobre la ‘propiedad
privada’ afinca su posición:” … debe ser considerada como una
prolongación de la libertad humana”.
Yo diría que tal libertad
debe estar en función de lo que portamos en esencia como especie humana. O sea, la “prolongación” debe estar
primordialmente en tal sentido /de especie humana, que está más cerca del ‘bien
común’/, que ya esto, religiosamente
hablando, y más, crísticamente hablando, es “amar al prójimo como a sí mismo”;
lo cual no quiere decir que hay que excluir el ‘yo personal’, sino
sistematizarlo /formarlo/ en función del
todo social. Esto es, a mi criterio, la ‘propiedad privada’ entendida tal como
la hemos vivido no es la conducente, pues hace a unos poseedores de mucho, mientras
que a no pocos, a veces mayoría, los sume en la miseria. Y contra todo esto,
aunque el Cristo no lo presentara en nuestros términos políticos, sí lo daba a entender en su ‘Manifiesto de las
Bienaventuranzas’; y al buen entendedor
con pocas palabras basta. ¿Puede estar el reino de Dios entre los que todo lo
acaparan mientras los demás viven en la miseria? La sentencia del Cristo es:”Ay,
de vosotros los ricos!”. Y es de tener cuidado también con los extremos:
Socialismo – Capitalismo. Ambos izando
sus banderas como la verdad: Uno, ‘roja’, sobre el ‘asta’ de una necesidad
de utilizar a los pobres como alimento de los que comandan el Estado
Socialista. Otro, Capitalismo, con bandera multicolor, quizás muy bonita y atrayente en apariencia,
pero que sus patrocinadores pisotean en su inconsciencia, y no menos
soberbia, la dignidad humana. Si esto no
fuera así, el Socialismo, como su contrario no hubiese tomado cuerpo.
SI bien Cristo no estableció un
código social completamente definido para el bien común y la paz, sí se deduce
del contexto evangélico que ‘el bien y la
paz’ que Cristo nos da no es igual que la que ofrece el mundo de la mentira, de
la hipocresía… Su paz, base para el bienestar social, está fundamentada en
la justicia, eso que claman los pueblos, pero además enriquecida por el amor y la libertad. Y
no cualquier libertad, sino la libertad que nace de la verdad, de la
sinceridad, de la fraternidad, del sentido de igualdad, etc. Y es más, Cristo
no entra en polémica con los gobernantes del Imperio, sino con los Principales
de su mismo pueblo, con los miembros del Sanedrín, que en privilegio que les
otorgaba el Imperio, eran los mandamás (doctores de la Ley, sabios, jueces…,
teniendo como cabeza al Sumo Pontífice). Ellos eran como los políticos del
momento a los cuales iban dirigidas las amonestaciones y reproches del Cristo:”Sepulcros
blanqueados”. Y cuando los “hipócritas” se acercaron a Él para que mandase
a callar a sus Apóstoles y seguidores que emocionados /entrada triunfal en
Jerusalén/ daban vítores a su Maestro, ”Bendito
el que viene, el Rey, en nombre del Señor… Algunos fariseos de entre la
muchedumbre le dijeron: Maestro,
reprende a tus discípulos. Él contestó y dijo: Os digo que, si ellos callasen,
gritarían las piedras” Lc. 19, 38-40. La paz del Cristo exigía ‘no callar
verdad ni cruzarse de brazos ante la injusticia’. Y si Él dijo que su ‘reino no
era de este mundo’, ¿para qué vino a enfrentarse a la lacra de este mundo?
¿Para sembrar más de mártires el Planeta? ¿Era ésta la salvación que nos
ofrecía? Como Dios que era, y lo dijo /”se me ha dado todo poder en los cielos
y en la tierra”/ vino a darnos una lección inconfundible de mansedumbre y de no
menos hidalguía en pro de una especie mancillada por los siglos y que
necesitaba rescate, pero no con violencia, sino con sabiduría y constancia, con
fe y con amor, sin detrimento a la verdad, y con miras a hacernos libres. Él
era Dios; también hombre. Y como tal sabía unir muy bien lo de Arriba con o de
abajo y lo de abajo con lo de Arriba. El método de su enseñanza estaba, pues, en la ‘fe’ y en el ‘amor’. Y por eso nos
invitaba a seguirlo en la ‘fe’ y en el ‘amor’. Medios y fines se corresponden
entre sí; mientras que los políticos y otros grupos sociales se valen de
cualquier medio para conseguir el fin. Sólo así, como nos lo planteaba el Cristo,
podría nacer el hombre nuevo. Como Dios
nos hablaba de su ‘Reino’, y nos lo ofrecía como premio al vencedor. Como hombre no quería más
espada /”el que a hierro mata, a hierro muere”/. Sus enseñanzas tenían la
fuerza suficiente para que aprendiéramos a poner “vino nuevo en cuero nuevo”. Y
puso al hombre por encima de toda institución: política, religiosa, esotérica,
y de otra índole doctrinaria. El hombre lo es todo. Y al hombre no se le
debe poner vendas en sus ojos, ni mordazas en su boca, ni grillos en su pies,
ni ataduras en su manos. Y resalta lo que valemos, dándonos confianza en la
Providencia Divina, en nuestro Padre Hacedor,
/lo que no hacen los hijos del mundo, el hombre viejo/ y nos compara
superior a los ‘lirios, a las ovejas, a las aves’, porque somos la especie
predilecta de Dios. Y si reconocemos esto, lo internalizamos y obramos en
consecuencia /”Primero el reino de Dios y su justicia”/ naceremos de nuevo, y estaremos en capacidad
de engendrar una sociedad más libre, más justa y más amorosa.
Éste es el reto del cristiano del
siglo XXI. Por eso el Papa Francisco pareciera tener inspiración sobre este
reto y habla al mundo en otro tono menos confesional, porque tiene conciencia
de su misión como representante del Mensaje del Cristo en la Tierra. Mensaje
sellado con sangre, y refrendado con resurrección y gloria. Al buen entendedor,
con pocas palabras basta.
Hay muchas cosas en Cristo que
debemos consultar directamente con Él, y de seguro que obtendremos respuestas
satisfactorias. Cristo como Dios, sea que invoquemos al Padre, sea que
invoquemos al Espíritu Santo, en razón de que “todo lo que tiene el Padre es
mío”, hace que la respuesta nos
llegue por cualquier parte /directamente
de Dios o a través de sus ángeles, que suelen personificarse y materializarse/.
Máxime cuando el mismo Dios nos dice “Llámame, que yo te responderé”.
Son frases conocidas tanto del Antiguo
como del Nuevo Testamentos, por eso evito señalar citas específicas. Así que si
algún cristiano disiente de mis palabras, que las busque en el Cristo, que Él
también ha prometido que el que siga sus enseñanzas va a tenerlo a Él en su
corazón /” Vendré y haré morada en él”/.
Cristo dice también algo muy importante, como
todas su palabras, que “no es mayor el siervo que el señor”, y que Él es
“el Señor”, y nosotros “siervos”. Un mal entendido pudiera llevar a pensar que
el Cristo patrocina la servidumbre. Conclusión negada, porque ¡qué Señor tan
singular!:”Ya no os llamaré siervos, sino amigos”. Y es más:”Cuanto
hiciéreis con uno de estos pequeñuelos, conmigo lo hacéis”. Simplemente
‘dar un vaso de agua a uno de sus discípulos /en calidad de tal/ recibirá
recompensa’. No es un señor más de la ‘antihistoria’ /historia irracional e
inconsciente/, es ‘todo un Señor’ que rompe todo molde de servidumbre y
esclavitud. Él es, siendo Señor de señores, el “Hijo del Hombre”, el mismo Dios
al servicio de sus creaturas. De manera que cuando un cristiano asimile en su
mente, en su corazón y en su alma el significado de estas cosas, de seguro que
abrazará a su Señor como lo que verdaderamente es: ‘El Dios del Amor’. ‘El
Amigo’. Y nos invita a que lo sigamos:
”Yo os he dado el ejemplo” . Y es entonces cuando podemos comprender que
el Cristo se nos haya declarado lo que Él es en sí:”Camino, Verdad y Vida”. Yo
en el convencimiento, más que en fe, de las palabras de mi Señor, lo retribuyo
así: Gracias, Amigo, porque siento tu Presencia, y por siempre sea que así como
tú vives en mí, yo viva en ti.
-Si antes de ‘Clave 9’ yo era un
cristiano más, algo así como del montón,
sin conciencia de lo que era ser cristiano, ahora en ‘Clave 9’, por la
‘Conciencia Cósmica’, se me ha dado la gracia de conocer más de carca al
Cristo, y por eso me confieso así ante mis hermanas cristianas y mis hermanos cristianos, y a quienes todavía no conocen a mi Señor /
a mi Amigo/, y se lo presento a través del Mensaje ‘Clave 9’, Palabra 135:”Que
Cristo es el Divino Maestro, dicen los Maestros /Maestros del Universo,
Peregrinos del Universo/ a Manuel, y quien así no lo aceptare porque sea otra
su religión, que tome ese terrícola conciencia cósmica (libertad, justicia y
amor) que ya ha comenzado a recibir lo grande”. Y yo, Manuel, lo ratifico: Quien tome
‘Conciencia Cósmica’ es seguro que tarde o temprano se encuentra con el Cristo;
mejor dicho: el Cristo le sale a su
encuentro, y en un abrazo inolvidable y por siempre entre lo Divino y lo
humano. Cristo se nos hace Presencia… ¡Dicha de verdad aquí en la Tierra!
Yo trato de poner mi granito de arena al despertar de las
almas, y mañana 16 de Julio en consagración
a Nuestra Santísima Madre, Virgen del Carmen. ¿Quién me acompaña?
No olvidemos: El hombre es lo que lleva
en su mente. Tú vales y mereces mucho más.
¡Pies en tierra!
¡Libertad, Justicia y Amor!
Mérida, Venezuela, 15 de Julio de
2014.

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