Su mensaje se halla contenido en un opúsculo denominado "PALABRA DE MANUEL". 1.¿Qué es la 'PALABRA DE MANUEL'? - Es un mensaje de 'Conciencia Cósmica' ("algo más de lo que estamos acostumbrados a ver, a oir a conocer, a creer", según Andreas Faber-Kaiser), fundamentada sobre el trípode de la Libertad, de la Justicia y del Amor. - No es logia, ni política, ni religión, ni grupo de ninguna clase; y "bajo la única jerarquía de la igualdad" a todos une y a nadie ata. 2. ¿Cuándo y cómo nace?- Nace el 16 de junio de 1979 por 'arrebato cósmico' que tuviera el Dr. Manuel González Ávila, quien encarna al Manuel del Mensaje. Éste es dado a Manuel en 'Clave 9': un modo de pensar, de sentir, de hablar y de actuar que se corresponde en 'Conciencia Cósmica' con el devenir de los tiempos. 3. ¿Qué fin persigue el Mensaje? - Una humanidad más libre, más justa y más amorosa. Ese mundo mejor que todos anhelamos: en lo individual, en lo social, en lo universal y en lo trascendental. 4. ¿Cómo se logra este efecto? -Por el estudio y práctica del Mensaje: "para lograr el fin, hay que establecer los medios" (Palabra 11). ¡PIES EN TIERRA! ¡LIBERTAD, JUSTICIA Y AMOR! TÚ VALES Y MERECES MUCHO MÁS.
Manuel. Profeta de 'Clave 9'

15 julio 2014

ESTA ES MI VISIÓN CRÍSTICA, QUE SI EN ALGO PUEDE AYUDAR A LA REFLEXIÓN, RENOVACIÓN DE SU MENTE Y DE SU CORAZÓN, Y DE OBRAR EN CONSECUENCIA, A MIS HERMANOS CRISTIANOS, PARA ELLOS LA ESCRIBO, AHORA Y PARA LA POSTERIDAD. NO ES OTRA LA FINALIDAD DE ESTAS PÁGINAS.  Y SI ALGUNAS DE MIS EXPRESIONES SE PRESTAN  PARA OTRA INTERPRETACIÓN, ME  EXCUSO DE ANTEMANO.
El Comunismo nos ha arrebatado la bandera a los cristianos
”> Y yo diría que no sólo el Comunismo, sino tantas instituciones del mal…
¿Por qué será?
Por observación personal he llegado a la conclusión que un cristiano y un no cristiano, socialmente hablando, tienen un mismo comportamiento. El desconocimiento del Mensaje del Cristo de un cristiano, por más que se revista de aureola religiosa frecuentando templos, rezando, y otras prácticas ritualistas, no deja una huella inconfundible en la sociedad respecto a los valores que pueda haber en cada nación. Contadas serían las excepciones. No está demás decir: ¡Sálvese quien pueda! Porque los intereses creados por muchos otros cristianos son poderosos.  De seguro que la réplica  a lo que digo estaría presta: <¿Acaso no practicamos la caridad pública con instituciones que ayudan a tantos necesitados?> –Sí, es verdad, y esto es muy bueno,  y Dios lo premia, ¡y benditos quienes esto hacen ¡,  y el hambre demanda más y más, pero no es la caridad como limosna lo que ha de satisfacer las necesidades de los pueblos, sino la implantación de una justicia social a tono con las exigencias primarias de todo ser humano, y secundarias en lo posible. Y si los demás grupos religiosos, esotéricos, políticos, científicos, etc., no proponen soluciones concretas para un mejor vivir, debe salir del seno cristiano,  en el que hay talentos de sobra,  una política que obedezca a un nuevo ideal de vida /”hombre nuevo”/ como la justicia que proclama el mismo Cristo.  Justicia con libertad; justicia y amor como lo deja entrever a las claras en su ‘Manifiesto de las Bienaventuranzas’. Bienaventuranzas de las cuales yo soy beneficiario a través del Mensaje ‘Clave 9’ que me vino por gracia de Arriba, y a través del cual ayudamos a la “regeneración de lo humano” elevando las mentes para una toma de ‘Conciencia Cósmica’, donde no hay mentiras, sino verdad /y ‘Verdad’, con mayúscula’, está  sólo en Dios/. “Y la verdad os hará libres”, Jn. 8,32. No más mentira, que hay malhechores que se valen de la limosna para  atrapar conciencias y comerciar con el sudor ajeno.  No más inconsciencia patrocinando con limosna la mendicidad. El Mensaje del Cristo da para mucho más: Para una Humanidad más libre, más justa y más amorosa. Sólo basta entrar en el ‘Reino de los cielos’ que está en nuestro seno y empezar a ordenar nuestra propia vida y aprender a poner cada cosa en su sitio. Sin mezquindad; con grandeza de pensamiento y de acción. Como decimos en ‘Clave 9’: Con pies en tierra, con la mente en lo trascendental y el corazón en la Humanidad. Y no esperemos la “añadidura”; ella viene sola, a su tiempo y rebasando la copa con llenura. Sólo debemos poner fe  en ‘Lo Grande’ y manos a la obra.
 En cuanto  al sexo, por ejemplo, generalmente pereciera que lo religioso /no digo lo espiritual/ no tiene la fuerza suficiente como para contrarrestar los impulsos de la naturaleza sexuada; sobre todo en estos nuevos tiempos en los que las comunidades han pasado del molde familiar a un encuentro generacional explosivo, no sólo en la juventud, sino también en las personas adultas, incluyendo a mayores de cincuenta años. Bien estaría atribuir la influencia de los cambios del siglo a menores como objeto de desenfreno; pero en las manifestaciones públicas pro liberalismo sexual se aprecian canas que limitan con la ancianidad. Y la mayoría suelen ser de tendencia cristiana. En los países regidos por el Islam, todavía la religión marca una pauta de conducta frente al sexo, aunque sea por efecto de represión. En fin, ni quito ni pongo. Sólo comento lo que mis ojos ven y mis oídos oyen. Mi apreciación de valor no es de puritanismo moralista. Mi concepción del sexo es más amplia, cósmica, sin fronteras, en la pureza que el Creador ha dado al instinto o impulso sexual para la reproducción de las especies ‘de pareja’; también  hay reproducción asexuada en otras especies vivientes /”un solo reproductor, una división celular o mitosis que transmite todas las características del progenitor”/. Pero en fin, no pretendemos hacer un tratado de esto; sólo hacer mención al liberalismo sexual como una aberración más de las tantas que se dan en nuestra sociedad, y de ello no escapa la esfera cristiana. Sí reconocemos al mismo tiempo cómo ciertas personas consagradas al servicio de Dios en la vida religiosa han vencido las fuerzas de la naturaleza humana. Fuerzas que no son malas en sí. Malas las hace el desenfreno que de ellas hace el ser humano /masculino y femenino/. 
Pero vayamos al objetivo que nos hemos trazado: El Mensaje del Cristo. Mensaje en sí que difiere de la religión como camino de ritos, oraciones, etc., que, bajo una creencia o fe puesta en algo o en cierta divinidad establecen los humanos como un medio para satisfacer inquietudes que llamamos del alma. Por supuesto que estas inquietudes pueden tener fines opuestos entre sí /objeto divino, objeto diabólico, objeto filosófico, e incluso objeto material o de cualquiera otra índole hacia el cual se proyecta un individuo o una comunidad/. Y esto mismo ha sucedido con el Mensaje del Cristo, se ha convertido en un camino de cánones, de meditaciones, de ceremonias, etc. Por supuesto que esto, sin ser malo,  desvirtúa en sí en alguna forma, y quizás en mucho, el Mensaje Crístico /de “buscar primero el reino de los cielos y su justicia” y de cambiar el rito por “la adoración al Padre en espíritu y en verdad”; y todo lo demás se nos dará por añadidura/.
Por los vientos que soplan dentro de las diferentes formas religiosas que ha tomado el cristianismo, enmarcado siempre en la tendencia al Capitalismo, y  amenazado por su enemigo de principios, el Socialismo Comunista, y por no menos el Islam, y sobre todo por la falta de conciencia del cristiano del verdadero Mensaje del Cristo, más las disensiones por intereses de los diferentes grupos religiosos, el mundo, como lo deseaba el Cristo de que sus discípulos estaban destinados a la “regeneración de lo humano”, no se va a mejorar nunca.
No es pesimismo. Desde que el Maestro ascendió a los cielos, no ha habido uniformidad de criterio en cuanto al Mensaje, y no han faltado reyertas personales y grupales;  y eso de “Mas no ruego sólo por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que  todos sean uno,  como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, para que también ellos sean en nosotros, y el mundo crea que tú me has enviado” Jn. 17, 20-21 , eso  como que ha pasado desapercibido en los diversos grupos cristianos. “Ruego” de Jesús  que ni en sueño se ha logrado. Mas nunca es tarde cuando hay intención de rectificar. Sin pretensión de ser más,  yo estoy en la acción parar lograr este propósito, pues para mí, y para ti /hermana, hermano/, y para cada uno en particular, es el Mensaje del Maestro. Bien claro está escrito:”Mas no sólo ruego por éstos /sus discípulos directos/, sino también por quienes han de creer en mí por palabra de ellos”. La responsabilidad debe ser, primero asumida, y luego compartida; con conciencia de lo que somos, o al menos de lo que creemos y decimos que somos: cristianos. Y en tal sentido también me dirijo a quienes ostenta la dirección de las Iglesias Cristianas, para que los jerarcas sean los primeros en atenerse al mandato del Maestro:”Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros” Jn. 13,12-15. En Lucas 13,26 se dice taxativamente:”…el mayor entre vosotros será como el menor, y el que manda como el que sirve”. Un ejemplo de jerarquía de la igualdad. Lo cual no implica que alguien asuma, como en cualquiera otra institución, el control de la misma. Pero tal como la plantea el Maestro: en reciprocidad de derechos y de deberes. Sin privilegios. Sin distancias arrogantes y prepotentes de unos sobre otros. Nadie es más. Nadie es menos. Todos inspirados en el mandato del Divino Maestro:”Amaos los unos a los otros como yo os he amado”. En testimonio de fe, diría el Apóstol Pablo, y en caridad mutua. “Un precepto nuevo os doy: que os améis los unos a los otros; como yo os he amado, así también amaos mutuamente. En esto conocerán todos que sois mis discípulos” Jn. 13,34-35. Los Apóstoles, “limpios” de los afanes del mundo y de los intereses personales, se lanzaron a cumplir libre, justa y amorosamente con la obra que el Maestro les había encomendado. No había espacio en sus corazones sino para seguir los dictámenes del Espíritu Santo. Y su Mensaje ha llegado hasta nosotros. Somos los nuevos Apóstoles. La Iglesia viva del Cristo. Cada cual en el puesto que la vida le haya deparado: en su profesión, en su vocación de trabajo, como dirigente o como colaborador, como esposo, como padre de familia, como hijo y hermano, como ciudadano… Sí necesitamos los cristianos elevar nuestras mentes para comprender mejor nuestra misión. La fe en el Dios Bendito,  primero; pero consecuentes a esa fe en el obrar:”Por los frutos, pues, los conoceréis” Mt. 7,20. Así que el Maestro ha dado hasta las pautas más sencillas para saber si somos o no somos  auténticos seguidores suyos, sembradores de la semilla que hace germinar el ‘Reino de los Cielos’ en nuestros corazones. Otra pauta muy significativa es:”…de la abundancia del corazón habla la lengua” Lc. 6,45. Lamentablemente, entre nosotros los  cristianos abundan ‘frutos malos’, y ‘palabras indeseables’, y peor: ’malintencionadas’. Para cerciorarse de esto basta con ver la prensa escrita y los medios de comunicación audiovisuales. Cosas que nos afean de tal manera que  cualquier profano nos lleva la ventaja. Hablo del mundo cristiano. Sé que el otro sector no cristiano de la Humanidad está igual o peor que nosotros.
Desde antaño corren estos dos refranes:  “Haz lo que dice el cura, pero no hagas lo que él hace”; “A los curas óyeles la misa y sácales el cuerpo”. ¿En qué estará basada esta desconfianza del feligrés con su Pastor? No sé si esto mismo se lo aplican los adeptos de otras religiones a sus Pastores. Pero en algo no muy agradable debe estar el fundamento de tal recelo. Si el mandamiento nuevo es “amaos los unos a los otros como yo os he amado”, y el Maestro era una atracción insuperable para sus seguidores, ¿cómo ahora es que surge esta dicotomía entre el Pastor y el rebaño del Señor? Algo de “extraño” verán  las ovejas en sus pastores. En la parábola del ‘Buen Pastor’ está la respuesta a esta incógnita. Sólo observo una triste realidad. No señalo con el dedo a nadie en particular. Tengo bastante con mi carga. De verdad, como dice el Señor que  “…los hijos de este siglo son más sagaces en las relaciones con sus semejantes que los hijos de la luz” Lc. 16,8. Cada cual busque no la paja en el ojo ajeno, sino una respuesta para subsanar esta sombra que desdice de la luz crística. No olvidemos que el mundo de las tinieblas es denso, y que a nosotros los cristianos, si es que lo somos,  se nos ha asignado la tarea de disipar tinieblas. Creo que sólo el amor /”como yo os he amado”/, puede limpiar ese vidrio empañado que no permite al pastor y al rebaño mirarse con fidelidad a los ojos. Y pareciera como que en estos tiempos de depravación, como lo narran las noticias, la visibilidad entre cristianos es como de catarata aguda. Es necesario una cirugía de urgencia, que a mi entender debería comenzar por la dirigencia cristiana, sin excluir a ninguna de las demás capas que conforman el cristianismo. O somos o no somos. Se nos ha dotado de capacidades, dones y privilegios en medio de las demás especies del Planta: de entendimiento, de voluntad y de asentimiento, de libre albedrío… Los “tibios” no entran en la competencia por el Reino de Dios; ni merece gastar energías en ellos. Mas ¿adónde están “los fríos y calientes” para que  con decisión y coraje, si se dicen cristianos,  se autorreformen? Cristo nos llama a “nacer de nuevo”. No importa que seamos menos, que ojalá y seamos más;  por ley de sinergia “de la unidad saldrá el millar”. La Humanidad espera de nosotros frutos de sinceridad, de honestidad, de honradez y de participación activa para mejorar los problemas sociales. Si bien Cristo no niega el culto al Padre /Dios/, nos enfatiza  en que “…ya llega la hora , y es ésta, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, pues tales son los adoradores que el Padre busca” Jn. 4, 23.  Importante el énfasis que  da el Maestro:  “…tales son los adoradores que el Padre busca”. No falseemos más nuestro cristianismo: En el Mensaje del Cristo lo tenemos todo; y muy en particular al ‘hombre nuevo’. Son principios inconmovibles. Y  yo, Manuel, Profeta de ‘Clave 9’, y por ésta mi convicción plena en Cristo,  puedo experimentar  a diario el Mensaje de mi Señor, y lo siento y lo hago vivencia permanente:” El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán”  Mt.14,35. Palabras no para repetir como muchos hacen como recetas de píldoras baratas, sino para internalizarlas y vivenciarlas en lo personal, en lo social y en la armonía con el todo que nos rodea. ¿Y cuáles son esas palabras? Esas palabras están en los Evangelios, en el Mensaje Crístico como única fuente /”que salta hasta la vida eterna”/ para beber del agua, que quien la tome jamás tendrá sed. No más ocultismo a la Verdad. Sólo los apegados a este mundo se podrían justificar del conocimiento de la Verdad. Pero si somos cristianos debemos beber de esa ‘fuente’ crística, los Evangelios,  a ‘motu proprio’, sin que nadie nos utilice para otros fines que no sean los del Mensaje Crístico. Pidamos luz para que el Espíritu Divino nos ilumine y nos mueva a voluntad. Si necesitamos de un ángel para una mejor comprensión de lo escrito, el Padre se encargará de enviárnoslo. La fe en lo escrito, primero, que ya devendrán los enviados del Señor a darnos su cátedra, y podremos mirar de tú a tú, sin ningún tipo de distancia, a sus ojos. Si nos renovamos, en la misma proporción nos vendrá la ayuda del Señor. No esperemos que otros sean los operarios del Señor. Cada uno de nosotros, según nuestra capacidad y circunstancias, somos libres para trabajar en la viña del Señor. Y la viña del Señor no es nada abstracto, sino lo concreto. Somos el ‘templo’ de Dios Vivo aquí en la Tierra. Somos coherederos con Cristo del Reino de Dios, por más que esto suene a religión. Por Cristo cambió la historia de la Humanidad. Cristo no es una entelequia, ni un fantasma. Lo que sí sucede es que los ‘cínicos’ de este mundo, disfrazados de mansos corderos, tienen pavor a la ‘Verdad encarnada’. El mismo Cristo los enfrentó: ”¿Por qué no entendéis lo que digo? Porque no podéis oír mi palabra.  Sois de vuestro padre el diablo y queréis hacer los deseos de vuestro padre. El fue un homicida desde el principio, y no se ha mantenido en la verdad porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, habla de su propia naturaleza, porque es mentiroso y el padre de la mentira” Jn. 8, 43-44. Un cristiano tiene que portar el sello de la ‘Verdad Suprema’ en su frente, en sus labios, en su corazón, y en su alma. Ya los tiempos no son los mismos que cuando el tirano Nerón, aunque todavía sobran tiranos en el mundo que, como vampiros del terror están dispuestos al escarnio y sangría de cristianos. Mas los cristianos de ahora, sin necesidad de violencia, tienen que subir alguna vez a la montaña de la verdad, de la fortaleza, y de las decisiones firmes, que  la “gracia”  en promesa del mismo Cristo les acompañará, y la verdad vencerá a la mentira. Con miedo, ni en la cueva de su apatía o cobardía encontrarán la paz, y seguirán siendo pobres víctimas de los déspotas de siempre. La cobardía del cristiano es fortaleza de su enemigo. A Cristo le tocó tomar el ‘látigo’ para ahuyentar a los mercaderes del Templo, no como violencia, sino como la respuesta más eficaz ante la situación /sin herir ni matar/.  ¿Y es que acaso un cristiano no es templo vivo de Dios? Cristo nos reivindicó a esta categoría tan sublime /hijos de Dios/. Creemos confusión  a los mentirosos con el destello de nuestra verdad crística.  Con la acción por delante; sin escondernos. Haciéndonos sentir como fuerzas positivas en acción, como lo hizo el Cristo; y como he dicho antes: construyendo un nuevo ideal de vida que supere al Capitalismo y al Socialismo-Comunismo de la lucha de contrarios. La paz y la felicidad terrenales alguien las debe erigir en beneficio de todos, y no de grupos elitescos. ¿A qué entonces vino el Cristo? Asimilemos bien su ‘Manifesto de las Bienaventuranzas’. ¿No es pecado que unos gocen, hasta en niveles más bajo que el de los cerdos, y otros sufran toda clase de calamidades y hasta mueran de hambre? El Planeta lo ha hecho Dios para todos y cada uno de  sus hijos, que “imagen de Dios” somos /por fe en las Escrituras y por dictamen de nuestra razón/, y por Cristo fuimos bautizados como verdaderos hijos de Dios. Somos redimidos en sangre /humillación, espinas, clavos/ y levantados en gloria. O sea, que un cristiano debe estar preparado para todo; menos para matar. Su espada es de doble filo: de amor y de fe. Por ende que la batalla de un cristiano retumba en los cielos, el fin último para el cual estamos en esta dimensión sensible. Subamos a la montaña de nuestro poder mental que, de seguro, así como Jesús se transfiguró en el ‘Monte Tabor’ ante sus tres Apóstoles, escogidos para ello, así seremos nosotros transmutados en luz, en sabiduría y en poder para vencer a este mundo y a sus secuaces. Sólo el que porfía, el que se proyecta con fe hacia adelante, y “no mira hacia atrás”, es el que recibe la corona de laureles.
Y yo pienso en mi Cristo, en el que “todo ha sido consumado”. No sólo todo  cuanto en el Antiguo Testamento se predecía de Él, sino, en lo personal, cumplir con la obra que el Padre le había encomendado:”Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y acabar su obra” Jn. 4,34.. ¿“Acabar su obra…”? ¿Es que Dios hizo el mundo incompleto, algo así como un edificio sin terminar? No. A todo cuanto hacía “Dios lo vio ser bueno”. Tenía la marca de su garantía divina. Mas no había pasado por alto en su mente el cuido del tesoro más preciado en el mundo: ‘el libre albedrío’ que depositó en una de sus creaturas, el hombre. De hecho fue así. El hombre hizo mal uso de su razón y de su voluntad, y se inclinó por el mal. Y he aquí que el Cristo, “el amor de los amores” como lo han llamado  los místicos, vino a abrirnos los verdaderos horizontes de vida, y se nos dio Él mismo, sin aspavientos religiosos, como “el Camino, la Verdad y la Vida”. La obra del Padre había sido “consumada” por el Hijo; ‘quedó terminada’. Nuestra atención a partir de ese momento debe estar puesta en el Cristo:”Yo soy el Camino, la Verdad  y la Vida”. Es el modelo a seguir. Y, ¡ojalá!, imitáramos al Cristo con entidad propia, y pudiéramos decir como Él: ’Yo soy mi camino, mi verdad y mi vida’. Y ‘mi camino, mi verdad y mi vida’  tienen sólo una meta, imitar a mi Cristo: ‘Hacer la voluntad de mi Dios’, y así también acabar con la obra que el Padre, mi Dios Creador, me ha encomendado: . Amor y no otra cosa es la encomienda final del Maestro:”Amaos los unos a los otros como yo os he amado”. Pero el amor se pisotea por doquier. Es como un sentimiento muerto, que ya pasó al olvido. Algo está sucediendo en el mundo como si el Cristo se estremeciera de nuevo en la Cruz:”Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Sí, Padre, perdónanos, que  hemos perdido el sentido común. La gente pareciera haberse olvidado hasta de sí misma. Por eso es que ya nadie da. A todo se le pone precio.  Cobran por el tiempo, que es de Dios para el buen uso del hombre; ni siquiera por el desgaste de su trabajo. ¡”Mi tiempo vale!”, dicen los avaros .Se matan unos a otros sin más razón ni conciencia de lo que es un ser humano. Las fieras nos superan en bondad, pues una vez que satisfacen sus necesidades vitales  entran en calma, y no se devoran entre sí como miembros de una misma especie;  sólo su instinto de supervivencia lo descargan sobre sus presas conforme a la ‘Ley de Voracidad Cósmica’. El hombre se ha desatado en perversidad. Se asocia fácilmente, y con gran astucia,  para matar. La sangre humana que se ofrecía antes a los dioses como sacrificio, ha perdido hasta  este valor cultural; ahora se pisotea vilmente, sin ningún tipo de reparo ni escrúpulo /véase y óigase los noticieros televisados en los que se pasan las noticias al vivo/. ¿Cuánto vale ya un ser humano? Hay que estar en suerte para no tropezar con un ‘gatillo alegre’, y de no  caer en sus manos; que no seamos  de su agrado, o le entremos en  discusión, o por dinero  /sicariato/, o por exceso de alcohol, o por droga… La venta de armas enriquece a muchos políticos y a sus comparsas mafiosas. El hombre está abofeteando y crucificando nuevamente al Cristo. Y ya no son los ‘magistrados o doctores bíblicos’  los que se resisten a las enseñanzas del Mesías , son los mismos cristianos /siempre haciendo salvedad/ quienes se prestan para la infamia desatada en el mundo entero. Las palabras de Isaías resuenan nuevamente: Cierto, oiréis y no entenderéis, veréis y no conoceréis. Porque se ha endurecido el corazón de este pueblo, y se han hecho duros de oídos, y han cerrado sus ojos, para no ver con sus ojos y no oír con sus oídos, y para no entender en su corazón y convertirse, que yo los curaría” Apud. Mt. 13,14-15. Hemos llegado al siglo de la paranoia colectiva, no por enfermedad psíquica, sino por apegos, vanidad,  autosuficiencia, materialismo despiadado; la negación total de la racionalidad.
…Y sin embargo, el  Cristo-Dios,  está ahí, esperando para perdonarnos “setenta veces siete”, y tendiéndonos  su mano, como nos refiere Isaías, para curarnos /”yo los curaría”/.
Hermanas cristianas y Hermanos cristianos, ha llegado la hora de redimensionar la noción de pecado y de redención /y salvación/.  Y en tal sentido me parecen  muy comprensibles y muy actualizadas /redimensionadas/ estas palabras del ‘Concilio Vaticano II’: “La Iglesia /Católica/ ya no se dirige sólo a los hijos de ella y a quienes invocan el nombre de Cristo, sino, sin vacilación, a la humanidad entera… Tiene presente, por consiguiente, al mundo de los hombres, es decir, a la universal familia humana con todo cuanto le rodea, al mundo como teatro de la historia del género humano…”. De aquí que veamos al Papa extendiendo su preocupación por los problemas del mundo entero /guerras atroces, tráfico de seres humanos, de droga y de armas,, hambruna en muchos países, corrupción generalizada enriqueciendo a unos y envileciendo a otros, torturas, desapariciones forzadas, etc./ sin distingos de razas, credos, etc.  Algo bueno está sucediendo en el seno de la Iglesia Cristiana. Y añade el ‘Concilio Vaticano II’:”Es la persona humana la que hay que salvar, y es la sociedad humana la que hay que renovar. Por consiguiente, será el hombre el eje de toda esta explanación: el hombre concreto y total, con cuerpo y alma, con corazón y conciencia, con inteligencia y voluntad… Por tanto, este Sagrado Concilio… ofrece a todo el género humano la sincera cooperación de la Iglesia para forjar la fraternidad universal…”.  Y se reafirma en lo  dicho sobre la  venida del Cristo:” Vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para juzgar, para servir, no para ser servido” /Del Cap. ‘Gaudium et Spes/.
A mí,  en lo tocante a ‘Clave 9’, como Mensaje de Libertad, de Justicia y de Amor, y tendiente a formar una  nueva conciencia, ‘Conciencia Cósmica’, Conciencia de Unidad, de Universalidad y de Trascendencia, me confortan estas palabras conciliares cuando dice que el Sagrado Concilio “ofrece a todo el género humano la sincera cooperación de la Iglesia para forjar la fraternidad universal”. La experiencia me dice que todavía parte del Clero Cristiano no conoce de esta misiva liberadora /”cooperación”/ del ‘Concilio Vaticano II’, porque , sin tener una noción clara del Mensaje ‘Clave 9’, me han descalificado con rechazos hasta ofensivos. Gracias a ti, ¡oh Señor!, que mantienes firme  a tu Iglesia, a nosotros todos los cristianos,  la promesa de ‘no dejarnos solos’: “Yo estaré con vosotros siempre hasta la consumación de los siglos“ Mt. 28,20. Y de verdad, Tú lo sabes, y no te puedo engañar;  me has hecho y me haces sentir, tu Presencia día y noche. Gracias, Señor. “Aquí estoy”.
 Mencionando nuevamente ‘Vaticano II’. En su aspecto de ‘Comunidad Política’ dice:
 a) ”Los Cristianos deben tener conciencia de la vocación particular y propia que tienen  en la comunidad política, en la que están obligados a dar ejemplo, desarrollando en sí mismos el sentido de responsabilidad y de consagración al bien común…”.  ¿Y quién enseña o forma este tipo de conciencia?  ¿La dirigencia cristiana? Ésta centra su atención en el rito.  ¿El gobierno de turno, capitalista o socialista? Los gobiernos tienden a perpetuarse en el poder, que pareciera el fin último de un gobernante. Los socialistas con su cacareada filosofía de “masa”, de “lucha de contrarios”, mantienen  “una capa de pobres” a base de dádivas,  como sostén de bienaventuranzas de  quienes manipulan las riendas del poder. Los capitalistas no se quedan atrás gozando del usufructo /robo legalizado/ de la ‘propiedad privada’, adueñándose unos cuantos de lo que corresponde a la mayoría, y así todo es perfecto; ¡beatitud! Mientras tanto, el sueño de los cristianos traspasa los ‘agujeros negros’ en la espera de que todo le sea dado desde ‘Arriba’. Señor, dame… Señor dame… ¿Y qué retribuimos  a cambio a nuestra sociedad?
b) Con relación  a las formas de la comunidad política, tipos de Estado: ”/Ellas/ deben tender siempre a formar un hombre culto, pacífico, benévolo, respecto a los demás, para provecho de toda la familia humana”. Hasta aquí lo considero muy bien. ¿Pero,  quién se encarga de inculcar ese deber? –En ‘Clave 9’ hay una respuesta.
 c) / “…es de suma importancia que se promueva el acceso de individuos y colectividades a un determinado dominio de los bienes exteriores”.  ¿Pero quién determina este dominio? ¿La conciencia de cada cual que no está formada para tal fin? La educación de los de  ‘arriba’  imprime a la educación  una finalidad de ‘aparente bien común’, mientras los métodos, técnicas y procedimientos cortan la posibilidad de concretar ese bien común. ¿Y los de ‘abajo’? Los de abajo tienen libertad, según su capacidad, para: o subir, si pueden; o resignarse a formar el cinturón de miseria que hay en las grandes urbes. Hasta ahora la ‘propiedad privada’ no ha dado satisfacción al pregonado “bien común”. No obstante, ‘Vaticano II’ insiste:
d) “Al Estado toca el impedir que se abuse de la propiedad privada en contra del bien común”.  Pero volvemos a preguntar: ¿Qué Estado?   El socialista se va a los extremos: ‘El Estado se hace capitalista a su modo. Anula la ‘propiedad privada’, y él es el dueño de todo. Su filosofía a través de los tiempos, en los tantos Estados Socialistas que conocemos,  ha demostrado ser ineficaz. Élite de arriba dominando a los indefensos de abajo. Represión vs.  resignación como  resultado. Y si es el Estado Capitalista, sólo propicia la ambición, y en la carrera por obtener riquezas o vivir mejor que los demás se forja la cadena de miseria, no menos de ‘resignados’, peor que siervos o esclavos que contaban con un dueño que respondía por ellos, aunque fuera para exprimirlos. Los pobres caen en la marginalidad más denigrante que pueda padecer un ser humano. 
e) ‘Vaticano II’, en su concepción sobre la ‘propiedad privada’ afinca su posición:” … debe ser considerada como una prolongación de la libertad humana”. Yo diría  que tal libertad debe estar en función de lo que portamos en esencia como especie humana.  O sea, la “prolongación” debe estar primordialmente en tal sentido /de especie humana, que está más cerca del ‘bien común’/, que ya esto,  religiosamente hablando, y más, crísticamente hablando, es “amar al prójimo como a sí mismo”; lo cual no quiere decir que hay que excluir el ‘yo personal’, sino sistematizarlo /formarlo/  en función del todo social. Esto es, a mi criterio, la ‘propiedad privada’ entendida tal como la hemos vivido no es la conducente, pues hace a unos poseedores de mucho, mientras que a no pocos,  a veces mayoría,  los sume en la miseria. Y contra todo esto, aunque el Cristo no lo presentara en nuestros términos políticos, sí lo daba  a entender en su ‘Manifiesto de las Bienaventuranzas’;  y al buen entendedor con pocas palabras basta. ¿Puede estar el reino de Dios entre los que todo lo acaparan mientras los demás viven en la miseria? La sentencia del Cristo es:”Ay, de vosotros los ricos!”. Y es de tener cuidado también con los extremos: Socialismo – Capitalismo. Ambos  izando sus banderas como la verdad: Uno, ‘roja’, sobre el ‘asta’ de una necesidad de utilizar a los pobres como alimento de los que comandan el Estado Socialista. Otro, Capitalismo, con bandera multicolor,  quizás muy bonita y atrayente  en apariencia,  pero que sus patrocinadores pisotean en su inconsciencia, y no menos soberbia,  la dignidad humana. Si esto no fuera así, el Socialismo, como su contrario no hubiese tomado cuerpo.
SI bien Cristo no estableció un código social completamente definido para el bien común y la paz, sí se deduce del contexto evangélico  que ‘el bien y la paz’ que Cristo nos da no es igual que la que ofrece el mundo de la mentira, de la hipocresía… Su paz, base para el bienestar social, está fundamentada en la justicia, eso que claman los pueblos, pero además  enriquecida por el amor y la libertad. Y no cualquier libertad, sino la libertad que nace de la verdad, de la sinceridad, de la fraternidad, del sentido de igualdad, etc. Y es más, Cristo no entra en polémica con los gobernantes del Imperio, sino con los Principales de su mismo pueblo, con los miembros del Sanedrín, que en privilegio que les otorgaba el Imperio, eran los mandamás (doctores de la Ley, sabios, jueces…, teniendo como cabeza al Sumo Pontífice). Ellos eran como los políticos del momento a los cuales iban dirigidas las amonestaciones y reproches del Cristo:”Sepulcros blanqueados”. Y cuando los “hipócritas” se acercaron a Él para que mandase a callar a sus Apóstoles y seguidores que emocionados /entrada triunfal en Jerusalén/ daban vítores a su Maestro,  ”Bendito el que viene, el Rey, en nombre del Señor… Algunos fariseos de entre la muchedumbre  le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. Él contestó y dijo: Os digo que, si ellos callasen, gritarían las piedras” Lc. 19, 38-40. La paz del Cristo exigía ‘no callar verdad ni cruzarse de brazos ante la injusticia’. Y si Él dijo que su ‘reino no era de este mundo’, ¿para qué vino a enfrentarse a la lacra de este mundo? ¿Para sembrar más de mártires el Planeta? ¿Era ésta la salvación que nos ofrecía? Como Dios que era, y lo dijo /”se me ha dado todo poder en los cielos y en la tierra”/ vino a darnos una lección inconfundible de mansedumbre y de no menos  hidalguía en pro  de una especie mancillada por los siglos y que necesitaba rescate, pero no con violencia, sino con sabiduría y constancia, con fe y con amor, sin detrimento a la verdad, y con miras a hacernos libres. Él era Dios; también hombre. Y como tal sabía unir muy bien lo de Arriba con o de abajo y lo de abajo con lo de Arriba. El método de su enseñanza estaba, pues,  en la ‘fe’ y en el ‘amor’. Y por eso nos invitaba a seguirlo en la ‘fe’ y en el ‘amor’. Medios y fines se corresponden entre sí; mientras que los políticos y otros grupos sociales se valen de cualquier medio para conseguir el fin. Sólo así, como nos lo planteaba el Cristo, podría  nacer el hombre nuevo. Como Dios nos hablaba de su ‘Reino’, y nos lo ofrecía como  premio al vencedor. Como hombre no quería más espada /”el que a hierro mata, a hierro muere”/. Sus enseñanzas tenían la fuerza suficiente para que aprendiéramos a poner “vino nuevo en cuero nuevo”. Y puso al hombre por encima de toda institución: política, religiosa, esotérica, y de otra índole doctrinaria. El hombre lo es todo. Y al hombre no se le debe poner vendas en sus ojos, ni mordazas en su boca, ni grillos en su pies, ni ataduras en su manos. Y resalta lo que valemos, dándonos confianza en la Providencia Divina, en nuestro Padre Hacedor,  /lo que no hacen los hijos del mundo, el hombre viejo/ y nos compara superior a los ‘lirios, a las ovejas, a las aves’, porque somos la especie predilecta de Dios. Y si reconocemos esto, lo internalizamos y obramos en consecuencia /”Primero el reino de Dios y su justicia”/  naceremos de nuevo, y estaremos en capacidad de engendrar una sociedad más libre, más justa y más amorosa.
Éste es el reto del cristiano del siglo XXI. Por eso el Papa Francisco pareciera tener inspiración sobre este reto y habla al mundo en otro tono menos confesional, porque tiene conciencia de su misión como representante del Mensaje del Cristo en la Tierra. Mensaje sellado con sangre, y refrendado con resurrección y gloria. Al buen entendedor, con pocas palabras basta.
Hay muchas cosas en Cristo que debemos consultar directamente con Él, y de seguro que obtendremos respuestas satisfactorias. Cristo como Dios, sea que invoquemos al Padre, sea que invoquemos al Espíritu Santo, en razón de que “todo lo que tiene el Padre es mío”, hace que la  respuesta nos llegue  por cualquier parte /directamente de Dios o a través de sus ángeles, que suelen personificarse y materializarse/. Máxime cuando el mismo Dios nos dice “Llámame, que yo te responderé”. Son frases conocidas tanto del  Antiguo como del Nuevo Testamentos, por eso evito señalar citas específicas. Así que si algún cristiano disiente de mis palabras, que las busque en el Cristo, que Él también ha prometido que el que siga sus enseñanzas va a tenerlo a Él en su corazón /” Vendré y haré morada en él”/.
 Cristo dice también algo muy importante, como todas su palabras, que “no es mayor el siervo que el señor”, y que Él es “el Señor”, y nosotros “siervos”. Un mal entendido pudiera llevar a pensar que el Cristo patrocina la servidumbre. Conclusión negada, porque ¡qué Señor tan singular!:”Ya no os llamaré siervos, sino amigos”. Y es más:”Cuanto hiciéreis con uno de estos pequeñuelos, conmigo lo hacéis”. Simplemente ‘dar un vaso de agua a uno de sus discípulos /en calidad de tal/ recibirá recompensa’. No es un señor más de la ‘antihistoria’ /historia irracional e inconsciente/, es ‘todo un Señor’ que rompe todo molde de servidumbre y esclavitud. Él es, siendo Señor de señores, el “Hijo del Hombre”, el mismo Dios al servicio de sus creaturas. De manera que cuando un cristiano asimile en su mente, en su corazón y en su alma el significado de estas cosas, de seguro que abrazará a su Señor como lo que verdaderamente es: ‘El Dios del Amor’. ‘El Amigo’.  Y nos invita a que lo sigamos: ”Yo os he dado el ejemplo” . Y es entonces cuando podemos comprender que el Cristo se nos haya declarado lo que Él es en sí:”Camino, Verdad y Vida”. Yo en el convencimiento, más que en fe, de las palabras de mi Señor, lo retribuyo así: Gracias, Amigo, porque siento tu Presencia, y por siempre sea que así como tú vives en mí, yo viva en ti.
-Si antes de ‘Clave 9’ yo era un cristiano más, algo así como  del montón, sin conciencia de lo que era ser cristiano, ahora en ‘Clave 9’, por la ‘Conciencia Cósmica’, se me ha dado la gracia de conocer más de carca al Cristo, y por eso me confieso así ante mis hermanas cristianas y  mis hermanos cristianos,   y a quienes todavía no conocen a mi Señor / a mi Amigo/, y se lo presento a través del Mensaje ‘Clave 9’, Palabra 135:”Que Cristo es el Divino Maestro, dicen los Maestros /Maestros del Universo, Peregrinos del Universo/ a Manuel, y quien así no lo aceptare porque sea otra su religión, que tome ese terrícola conciencia cósmica (libertad, justicia y amor) que ya ha comenzado a recibir lo grande”. Y  yo, Manuel, lo ratifico: Quien tome ‘Conciencia Cósmica’ es seguro que tarde o temprano se encuentra con el Cristo; mejor dicho:  el Cristo le sale a su encuentro, y en un abrazo inolvidable y por siempre entre lo Divino y lo humano. Cristo se nos hace Presencia… ¡Dicha de verdad aquí en la Tierra!
Yo trato de poner mi granito de arena al despertar de las almas, y mañana 16 de Julio en consagración  a Nuestra Santísima Madre, Virgen del Carmen. ¿Quién me acompaña? No  olvidemos: El hombre es lo que lleva en su mente.  Tú  vales y mereces mucho más.
¡Pies en tierra!
¡Libertad, Justicia y Amor!
Mérida, Venezuela, 15 de Julio de 2014.




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