EL POLVO CÓSMICO
‘EL POLVO CÓSMICO’
A los seres humanos de comportamiento
irracional, se les suele atribuir el otro de nuestros semejantes los ‘primates’.
Y es así que se dice de las personas
vandálicas:. Pero considero injusto este tratamiento que
afea la imagen de esos otros habitantes del Planeta: ‘Los primates’. Su
parecido a nosotros en cuanto a morfología corporal no implica
necesariamente que el ‘mono’ sea nuestro antecesor en la especie; y si lo
fuera, jamás la actitud que asumen los ‘monos’ en su sociedad llega a la
aberración que se da en el ser humano. ¿Se quedaron ellos atrás en la
evolución? ¿Saltamos nosotros desde su género a una condición superior,
respecto a ellos, de ser lo que somos: seres racionales y de libre albedrío? El ‘mono’ sigue siendo ‘mono’ y el hombre el hombre. Hasta ahora la fosa del
pasado no nos deja sino esqueletos parecidos, y nada más. Si hubo el paso de
una especie a otra, también quedó en esa tumba del olvido. Desde siempre
sabemos que el ‘mono’ es ‘mono’ y el ‘hombre’ es ‘hombre’. No hay un dato
histórico que confirme que tal o cual ‘mono’ se elevó a categoría de ‘hombre’.
El verdadero dueño del Planeta, por sus habilidades intelectuales y físicas,
desde que apareció nuestra especie, ha sido y es ‘el hombre’. Y no es la
fiereza del animal la que tiene el dominio en el Planeta, sino la inteligencia
agraciada que posee el ‘hombre’. Esos hermanos de cuerpo físico semejante al nuestro
ocupan en la Tierra una función como la nuestra: cohabitar parte del terruño. Y
ni son más, ni son menos. Nos diferenciamos de ellos no poco en lo físico, pero sí en lo mental y en el
libre albedrío. Y esto mental y de libre albedrío trae aparejado una conciencia
superior a la de los ‘primates’. Si a un ‘mono’ pretendiéramos humillarlo llamándole
‘primate’, de seguro que tal improperio no tendría ninguna reacción contra
nosotros. No comprenderían el significado de la ofensa. Al contrario, si a una
persona se le califica como ‘primate’ la respuesta produce agresividad, se
siente descalificado en su especie, y respondería agresivamente. Una cosa sí es
muy cierta, que el comportamiento irracional del ser humano, teniéndose como un
ser racional, rebasa los límites de la
animalidad, que en su impulsividad e instintos poseen los animales en general;
aun los animales más feroces una vez que
sacian sus necesidades se apaciguan. Sólo la preservación de su especie los
mantiene en guardia, en acecho en cualquier momento o circunstancia. El hombre,
aun fuera de peligro, maquina la maldad, y hasta se ensaña contra su víctima,
ya humillada a sus pies e incluso muerta. Por lo que eso de ‘primate’ le queda
incluso muy grande. Para la Ciencia los humanos pertenecemos a la ‘familia
homínidos’. Sin lugar a dudas que el parecido físico que tenemos unos familiares
con otros invita a reflexión por nuestra parte, como si fuéramos un eslabón de esa familia de simios
/primates, gorilas, chimpancés y orangutanes/. Lo cierto es que los poseedores
de conciencia y de libre albedrío somos los humanos. Quienes se consideren ‘hombres-monos’,
quienes se sientan atraídos por la especie originaria de los ‘primates’, como
lo admiten cantidad de científicos al afirmar que procedemos del ‘mono’, y que
somos fibra evolucionada de ellos, deberían de explicar en qué está cualitativamente
esa evolución, pues de ser así nuestra procedencia, hemos perdido la inocencia genésica, y lo que se tiene como evolución en
lo ‘mental y libre albedrío’ desdice de tal evolución /el hombre suele ser
perverso/. Compárese la barbarie del
hombre en todas sus épocas, desde que balbuceó por primera vez hasta ahora que
se autoestima /dizque en su conciencia y
en su libre albedrío/ como el ‘máximo exponente’ de la naturaleza terrenal.
Desde su aparición hasta hoy no ha perdido su condición de ‘bárbaro’. En esto
sí ha evolucionado. ‘Los primates’ continúan en su inocencia de generación en
generación. Si piensan, su demostración es la de siempre: la manifestación de
la inteligencia natural que, como capacidad para resolver problemas de su
especie, tiene todo ser viviente. Así fueron; y así son. No más fijar nuestras
miradas en los ojos de uno de esos “nuestros hermanos morfológicos”, y ya
percibimos un abismo en el tiempo. Abismo que refleja en sus miradas su estado
de inocencia. Aún viven en el denominado “paraíso terrenal”.
Siempre
he pensado en el ‘mito’ o en la
‘realidad’ de que nos habla la Biblia en cuanto a los llamados “primeros
padres”, ‘Adán y Eva’. Ellos vivían en la inocencia, “estaban desnudos”. Había en ellos un estado de ‘conciencia’, algo muy
superior al sentir y percibir de los
‘primates’. Y sabían de los dictámenes de su ‘conciencia’ cuando obraban
bien o cuando obraban mal, y “se
sintieron desnudos”. Es lógico pensar qué pudo haber sucedido en esta versión
paradisíaca. ¿Se dio entonces el paso de mero animal a ser racional y
consciente, y de libre albedrío? ¿Nació así propiamente el hombre? La
Biblia /Génesis/ sitúa al hombre, lo
hace aparecer, en la última escala de
los seres vivientes.
También hay que considerar y
ahondar en este planteamiento, contrapuesto al científico /de ‘el hombre
como primate evolucionado’/. La ciencia es radicalista. Se cierra en su concepción. En la Biblia, a mi entender,
aunque defiende lo suyo, me deja espacio
abierto a una interpretación más amplia sobre la aparición del hombre en
la Tierra. La Biblia dice textualmente:”Y
creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, y los creó macho y
hembra” Gén. 1, 27. Ya aquí ciencia y Biblia no compaginan. En la
ciencia el hombre es eslabón tardío, pero derivado, de una cadena biológica ya formada. En la
Biblia: El hombre tiene autonomía de vida propia; es originario y no
derivado. Y más: Se asemeja a Dios. De
hecho al hombre lo que le falta en esta vida es el poder de perpetuarse en este
mundo sensible; pero tiene una supervivencia limitada; mientras Dios es
Todopoderoso. Y este dictamen lo da la misma mente del hombre. Mente que cuando
se proyecta más allá de lo sensible encuentra la perpetuidad de su Causa
Primera, Dios, sin principio y sin fin. El hombre, el barro, y Dios, el
Alfarero. Y es este Alfarero /Dios/ el
que ha moldeado cada existencia según su sabiduría y poder infinitos. “Creó Dios al hombre a imagen suya”;
como imagen de Él, pero no igual a Él. El hombre, posee conocimientos según
experiencias y vivencias. Dios es Sabiduría Suprema, y no necesita de
experiencias ni de vivencias. En ello la ciencia, en su rama de psicología,
dice que el hombre . Ahora bien, cuando la
mente obtiene un rayo de luz fuera del ensayo y del error, entramos en otro
tipo de ciencia: ’La ciencia infusa’ /lo que se sabe sin haberlo aprendido/. A
esto último lo comparamos con sabiduría que deviene de ‘Arriba’, y
religiosamente se le da el nombre de “revelación”. Y esta aptitud, que es una
excepción entre los hombres, se suele dar más que nada en las personas
humildes, abnegadas y amorosas, que dan hasta su propia vida por servir a sus
hermanos de especie. Los ‘primates’
están enmarcados en el instinto de supervivencia según su especie y nada más.
Sí es de admirar el comportamiento de fidelidad al hombre que poseen algunas
especies, como los animales domésticos /perro, por ejemplo/.
La Biblia especifica cómo fue la aparición del hombre en la
Tierra:”Formó Yavé Dios al hombre del
polvo de la tierra, y le inspiró en el rostro aliento de vida, y fue así el
hombre ser animado” Gén. 2, 7. Atiéndase bien a esto: ”del polvo de la tierra”. Y el polvo de la tierra es, como el
polvo del Universo entero, ‘polvo cósmico’ /”Como
arriba es abajo, como abajo es arriba”/. Una sola ‘hechura’: . Y una de dos: o esta ’Hechura, Creación’, se hizo sola, a sí misma, como dicen los científicos ateístas, lo cual
sería lo mismo decir que ese ‘Todo’ es
un dios con atributos de creador’, y ya
esto nos pone frente a una proliferación de incógnitas indescifrables para la
mente, que, al tocar ‘el azar’, como que se paraliza. Incógnitas que exigen
causas sobre causas, y sin sustentación. Para la Biblia no hay
sino un solo Dios Omnipotente, la Gran
Causa que todo lo ha creado. ¡Cuántas veces he puesto el ejemplo de que el
‘vaso’ cabe en el Océano, pero el Océano no cabe en el ‘vaso’. O sea, que muchas mentes intrascendentes /’vaso’/,
apegadas al mundo de los sentidos y nada más, no pueden concebir /meter/ a Dios
en su estrecha capacidad /mero ‘vaso’
ante la inmensidad del Océano ‘Dios’/. Y también repito con el poeta: “Somos gota de agua del Océano, que se
sabe Océano ella misma”. O sea, nos sabemos, nos reconocemos a nosotros
mismos como gota de ese Océano Divino, cual es Dios. No somos el Océano, sino
una gota del mismo /”imagen de Dios”/, pero tenemos la capacidad mental para
lograr este reconocimiento de pertenencia a ese Océano. Y por eso, quienes así
hemos trascendido por sobre lo de abajo, los apegos a la materia, podemos
decir: ’Mi Dios, Dios mío’ /nos sabemos gotas de agua de ese Océano Divino/. –A
modo de nota: Cuando he dicho ’hechura, creación, un ‘todo’, y luego lo he
puesto como si fuera el Creador, lo cual sería contradictorio, lo he dicho
porque a tal extremo contradictorio llegan los científicos ateístas cuando se
empecinan en sus alegatos de que el Universo se ha hacho a sí mismo. Ellos son
los que en su velo mental atribuyen a la materia el poder de hacerse a sí
misma. Y sólo Dios puede ser en sí mismo. Algo tuvo que ser primero, y el
Universo es un efecto, yo forma parte del Universo, y mi mente se inclina por
una Gran Causa, que la ciencia no me la da.
Sigamos
con el ‘polvo cósmico’.
Necesariamente tuvo que haber un principio. Lo desconocido hasta ahora para la
mente humana. Y téngase presente que el único receptor-efector de nuestro ser
es la mente con sus diferentes facultades u operaciones: la razón, el
entendimiento, la fantasía, la ilusión, la voluntad, la conciencia, la memoria,
la especulación, el raciocinio, la racionalidad…. Términos parecidos, pero que
cumplen funciones muy específicas. En fin, no entremos en discusión sobre
términos. La mente es el tablero de
registro de nuestro ser en todo cuanto nos llega de adentro y de afuera, y un ‘receptor
- procesador – efector’, que es evocado
en el ‘YO’, y éste de por sí es eterno.
El ‘YO’ es propiamente el verbo hablante de nuestro ser. Todas las operaciones
física y psíquicas las centraliza la mente en el ‘YO’. Este ‘YO’ es el fin
último de las operaciones mentales. Y es él con su libre albedrío quien toma las decisiones /por cierto que la
voluntad no corresponde a la mente, sino al
‘YO’ /. El ‘YO’, es el que recibe
de la mente las ofertas de apego a las complacencias
que ofrecen las cosas de este mundo, y
en consecuencia el responsable de recibirlas o rechazarlas. Si a través de la
misma mente busca contenidos que le enriquezcan espiritualmente, está en la
dirección acertada. Él tiene la sensación de que es eterno, y que después de esta
‘dimensión sensible’, aunque sea en dudas percibe algo más allá. Pero también
la insistencia de la mente en presentarle determinados contenidos negativos y
para su autocomplacencia lo pueden sobrecargar y es entonces, cuando cede y
hasta se puede enajenar /caso de doctrinas e ideologías condicionantes/. Si
teme a la muerte física de acá, es razonable, pues en parte se pertenece
también a esta ‘dimensión sensible’ donde todo termina en muerte. Sólo cuando
se robustece espiritualmente /de contenidos buenos, justos, de amor…/ él puede
comandar automáticamente la nave del físico en que está enclaustrado. Y es entonces también cuando no teme a la muerte
física. Ésta más bien es para él el ‘hito’ /como el cohete impulsor/ que le
abre las puertas del más allá. Por supuesto que, mientras su cuerpo /nave
física que contiene al ‘YO’/ se desprenda de las atracciones de este mundo, por
el comando directo del ‘YO’ espiritualizado, ya la muerte física deja de ser un
espanto. El ‘YO’, espiritualizado, dentro de su cuerpo va como en una nave de la NASA que sale de la atracción de la
tierra /de la atracción de este mundo/ y entra en su órbita prefijada, flota y se
desliza suavemente por su ruta cósmica con miras al logro de su verdadera meta: la
‘dimensión luz’. La nave de su cuerpo fue construida en el laboratorio del ‘polvo cósmico’ /”del polvo de la
tierra”/. Y doy la razón a la
Biblia, cuando ésta dice al formar Dios al hombre: ”y le inspiró en el rostro aliento de vida” Gén. 2,7. Esto
es, el ‘polvo cósmico’
adquiría plenitud de vida. La Creación había terminado el ensamblaje perfecto
de la ‘imagen de Dios’, cual es el hombre. Es más, en la escala de la Creación,
cuando ya Dios consideró que era el
momento adecuado para el engendro del hombre, éste apareció como un compuesto
molecular más de los que conforman la vida en la Tierra, y aquí estamos desde
aquel entonces, que es no ‘Al principio’,
sino ‘a nuestro principio’, no
por desprendimiento del ‘mono’, sino por lo predeterminado por el ’Creador’, “del polvo de la tierra”, del ‘polvo cósmico’. Según la Biblia
tenemos argumentos para defender nuestra autonomía. ¿Por qué determinados
científicos, de visión sumamente estrecha, tienen que hacernos herederos del
‘mono’? El ‘mono’ en la obra del mismo Dios y merece también su respeto. Pues
¿cuántas veces con nuestro proceder, si es que fuésemos hijos de ‘mono’ /aserto
negado/, habríamos menoscabado ya a nuestro “predecesor, patrón genético”
/entre comillas/? Además, ¿cómo justificamos que somos un ‘mono evolucionado’?
¿En qué lo habríamos mejorado, cuando es al revés: somos peores que ellos?
Siempre hay excepciones. Y pido excusas si me extralimito.
Y
ya que insistimos en el papel de la mente, es bueno recordar que, cuando la
mente se eleva, ella tiene también la cualidad intrínseca para establecer un
feedback de armonía con el ‘YO’, y es entonces cuando se puede decir que
la persona está en el proceso definido de la perfección; y es más: en esta categoría espiritual, que en ‘Clave
9’ decimos de ‘Conciencia Cósmica’ y ‘Trascendental’, sin fronteras ya en esta ‘dimensión sensible’, la mente, por mandato
del ‘YO’, pone cada cosa en su sitio, y
a la persona con toda su integridad en
el suyo /lo de ‘abajo’ es lo de ‘abajo’, y lo de ‘Arriba’ es lo de ‘Arriba’/; no
sé si se podría decir con el Buda que así hemos “alcanzado el nirvana”, pero ya su relación con lo de
‘Arriba’ es directa, y lo de abajo se queda en su puesto. Todo es armonía para
un ‘YO’ en estas condiciones. Un ‘YO’ que se rige por su ‘Conciencia Cósmica’, y vive en
Libertad, para la Libertad; en Justicia, para la Justicia; y en Amor, para el
Amor. Y como diría la Santa Teresa:”Muero,
porque no muero…”. Increíble, pero es entonces cuando realmente nos
hemos alejado de un todo del ‘primate’.
El ‘primate’ en su lugar y el ‘YO’ en el
suyo. Yo al menos no hago caso a ese tipo de teoría del ‘mono-hombre’, y mucho menos a que vinieron alienígenas a engendrarnos aquí en la ‘Tierra’. Ambas cosas suenan a ‘ateísmo
ex profeso’ y para alienarnos más de lo que estamos, y del mismo modo buscan desterrarnos de nuestra verdadera cuna, la
‘Tierra’. Pero somos hijos de este Planeta, y todos por igual nos pertenecemos
a él como nuestra patria cósmica. Nuestro compuesto químico testifica que somos
hijos de este Planeta: oxígeno, hidrógeno, carbono, nitrógeno, calcio, fósforo,
magnesio, hierro, y cantidad de elementos más. Nuestro cuerpo tiene un promedio
en su peso de 70% de agua, cuyo porcentaje se asemeja al de los océanos en
relación a la parte de tierra de nuestro Planeta. No pongo en dudas que un día
fuimos germen, molécula dentro de las aguas, y en nada contradice que así fuese
nuestra hechura por parte de Dios; y nos
hicimos como de plasma ovular, y comparados después a renacuajos; y crecimos; y a modo natural nos reprodujimos, y
nos alimentamos en la placenta de los océanos;
hasta parirnos el mar en sus
orillas, como a tantos otros seres vivientes que nos acompañan. Y nos
deslizamos por lo seco, y se desarrollaron nuestros miembros, hasta caminar, y
trepar los árboles en busca de sustento, cazar animales, extraer peces de las
aguas… Fases y fases de lucha y de perfeccionamiento hasta concluir en lo que
somos, la ‘especie humana’. Toda la obra
de Dios va de lo menos a lo más. Y es así que no tenemos motivo para ser una
excepción. Todos los seres vivientes del Planeta, y el mismo Planeta, hemos
seguido el mismo proceso cósmico, y todos nos debemos al ‘polvo cósmico’, que no por ser ‘polvo cósmico’ es necesariamente lo seco y estéril. ‘Polvo cósmico’ es la ‘gran matriz cósmica’ que nos ha gestado por mandato Divino del
“Hágase”. Somos, pues, hijos del ‘Planeta Tierra’. Y lo mismo que surgió del ‘polvo de la Tierra’ el gusano o
el elefante, etc., de igual modo aparecimos nosotros. Y en cada fase, a nuestro
modo nos reproducíamos. Sí, que en
nuestro germen primario venía en concomitancia con la materia la ‘potencialidad espiritual’ que nos
eleva en categoría como especie ante los
demás seres vivientes.:”He ahí al hombre hecho como uno de nosotros”
Gén. 3,22. /Dice un comentarista bíblico que al hablar Dios en vocablo “nosotros” está magnificando la
expresión, y su realeza Divina; de manera que no se refiere , según esto, a varios ‘dioses’ o ‘alienígenas’/.
¿Hemos
pensado por cuántos procesos químicos antes de constituirnos en la unidad
multimolecular de nuestro organismo? Dios hizo el tiempo, y el tiempo es la
medida del proceso genésico de todo cuanto existe en el Universo. El tiempo
sólo tiene un antes /”Al Principio”/ y un después /el ‘devenir’/, desde que el
Creador imprimió potencialidad a la manación de su /desde “Al Principio”/ para que comenzara
el proceso de plasmación de los seres de lo indeterminado a lo determinado; de
lo que no era hasta lo que ha llegado a ser. Algo así como masas muy complejas,
y de muchos elementos, que el ‘Hacedor’ amasó para que tomaran formas y
las metió en el horno del tiempo para
que cada una adquiriera el punto de
cocción necesario, que es lo que determina a cada ser, y que tal vez sea esto
el concepto de evolución de los científicos. Y está demostrado que existieron
seres anteriores al hombre y desaparecieron; y otros igualmente más antiguos
que nosotros y viven todavía /unos en los mares, otros en la tierra/. ¿Por qué no
arrogarnos de ser los últimos o de los
últimos en aparecer? Y algo también más
profundo: Hay una finalidad en cada cosa. No más que examinemos
cualquier órgano de nuestro cuerpo y nos daremos cuenta de ello. ¿Científicos, y
la finalidad que hay en cada cosa tan perfectamente diseñada por una ‘Mente
Creadora’, sobre todo en los seres vivientes, y en particular en el hombre,
también se hace así misma? ¿Un azar más? Pensemos, y analicemos, nada más en los órganos de la reproducción
sexuada: Es como extasiarse al ver la perfección cómo funcionan; cada cosa para
la otra; una cosa en función de otra. Como un pequeño universo de armonía dentro
de nuestro cuerpo. ¡Maravilla y sobrecogedor, mi Dios! En fin, también hay
mentes intrascendentes; o gentes que no ve más allá de sus narices por más
títulos que posean. Les sucede como al que descuartiza una res y no tiene ni noción de lo que es un corte entre
las diferentes piezas para que todas conserven su integridad y poderlas
comerciar al gusto del comprador.
No
olvidemos que somos ‘polvo cósmico’,
para entendernos mejor en evolución.
‘Al principio’ ni el ‘polvo cósmico’ era tal. Y
entendemos por ‘polvo cósmico’
la materialidad del universo en sus diversas formas: lo indeterminado
/inimaginable para nosotros/, un no-espacio todavía, un cuasi- espacio, un
espacio tipo neblina energética y sin contenido, mareas energéticas arrastradas
por huracanes, gases cósmicos, atisbos de de lo indefinido hacia formas, rayos
y truenos que ni el ojo ni el oído podrían soportar, centellas de fuego creando
espacios, lo determinado /formas sin estructuras anunciando la materia, el
‘polvo cósmico’ concretizándose/, átomos en choques cósmicos y
molecularizándose, núcleos atómicos y moleculares dando paso a formas mayores /
cuerpos etéreos sin formas, y astros, nebulosas, galaxias, etc./, y por fin la bóveda celestial con sus
luminarias, y los elementos dando formas específicas, y así hasta aparecer lo
estable y lo errático, y el orden universal reinante, y la propiciación para la
vida /no sólo en el Planeta Tierra, sino en otros lares del Universo/,
combinación de elementos en proporciones adecuadas para producir vida /genes
reproductivos/... Y es ya el momento en que el escenario cósmico se hace matriz
del ‘polvo cósmico’ en sus más
diversas especificaciones para parir las especies. Todo está meticolosamente calculado
por el ‘Plan Superior’, por la ‘Mente Cósmica’ que obedece al ‘YO
ÚNICO’ /Dios, el Creador/ y da finalidad a cada cosa, y sabia portentosa a cada
elemento del ‘polvo cósmico’ para producir el milagro de la vida en las
especies, que se perpetúan en la reproducción, que no es sino obediencia ciega
al ‘Plan Divino’. Hoy vemos que este milagro se realiza a través de la cadena,
no menos cósmica y trascendental en la vida del hombre, llamada ‘ADN’.
Y
doy también mi opinión: de que el Universo no es sino un granito de arena en
la inmensidad de las playas del ‘Todo Coexistencial’. Si incontables serían los
astros que pueblan el Universo en el que vivimos, incontables serían también
las otras formas de existencia que todas constituyen ‘El Todo CoexistenciaL’ /toda existencia creada por Dios,
tanto en el plano sensible como el de luz o celestial/. ‘Todo’ donde imperan ‘leyes inexorables e infalibles’
trazadas no al azar de los ateístas, sino por la ‘Gran Mente’ /por el que
dijo:”Hágase” y todo fue
hecho, y el ‘Principio’ se
abrió en devenir…/. Por ende también que a cada cosa creada por Dios dice la
Biblia:”Y hubo mañana y tarde”,
todo se inició y todo terminó, y “vio
Dios ser muy bueno cuanto había hecho” Gén. Cap. 1. En mi comprensión
del “Hágase”, si me pidiera un
ejemplo, yo diría: ‘Al Principio’ lleva implícito en su significación que hubo un movimiento previo a la ‘manación’, al proceso de de la
Creación. Ese movimiento fue la ‘voluntad’
del ‘Hacedor – Dios’ que puso su sello todopoderoso en ese ‘Principio’, y éste se polariza en
un ‘antes’, la impresión /”Hágase”/ del ‘Poder Divino’ en lo
inexistente /ni siquiera la nada podría estar fuera del ‘Poder Divino’/, y en
un ‘después’ /la ‘Palabra
Divina’ se objetiva en la ‘manación’;
Hay ‘Creación’. Y como ejemplo concreto recurro a algo más allá de mi
imaginación, y la ‘Creación’ toma su proceso: En el mismo momento /sin que por
ello nos valgamos de la palabra tiempo como nosotros lo concebimos/… En ese
mismo momento, repito, como un punto cerrado en el vacío se da la expansión, la
‘Creación’ toma su cuerpo. Y
en esa mi imaginación, sólo el ‘Plugo Divino’ /la voluntad del
Creador en su pronunciamiento/… Y surge ese ‘punto’, algo así como una
‘pelota’, sin forma, sin textura, sin color, sin sustentación, sólo impulsada por el ‘Poder
Divino’, sin más nada que la pueda identificar… Y es así cómo ‘Al
Principio’ esa ‘pelota imaginaria’ inicia su expansión y se multiplica
cual ‘óvulo cósmico’ fecundado por el ‘Poder Divino’. Y si <como
abajo es arriba, y como arriba es abajo> la comparación de esa expansión y
multiplicación y aparición de formas la tenemos en el ‘óvulo fecundado’ de
nuestra misma especie: que pasa a ser mórula, blástula, embrión, feto y cuántos
más cambios hasta la total realización del individuo. Y entonces también
podríamos hablar de esa pelota /óvulo cósmico fecundado por el ‘Poder Divino’/ como un con el que tanto alborotan los
científicos /¡como si hubieran descubierto la pólvora!/.
Todas
las cosas sensibles y las no sensibles llegan a la mente, se trate de internas
/sensaciones, impulsos, tendencias, apetencias, necesidades, voliciones,
intereses, etc./, así como también todos los contenidos externos que se
procesan a través de los sentidos / estímulos del mundo circundante de calor,
frío, suavidad, aspereza, sonidos, imágenes, etc./. Mas cuando decimos ‘las no
sensibles’, no sólo pueden ser las psicológicas o internas, sino que también es
ámbito de nuestra mente el mundo ultrasensible, esferas que no se tocan con los
sentidos, como las celestiales, y que nos circundan. Y es esta propiedad de la
mente la que con su lente de trascendencia se remonta a ‘Al Principio’. ‘Principio’
que no pudo proceder de la nada. Tuvo
que haber un ‘hito’ que lo abriera y lo impulsara a manifestarse. Ese ‘principio’ tiene, por fuerza de
nuestra razón, un ‘hito’ impulsor. De la
nada no pudo salir. Y para manifestarse: O se generó por sí mismo, y entonces
estamos en que ese ‘principio’
es en sí su propia ‘causa eficiente’,
un dios en el sentido en que la mente lo concibe, o fue generado por otra ‘Causa
también Eficiente’, Dios, El Único, El Absoluto y Toldopodero. Más
claro no se puede razonar. Y el azar no tiene consistencia para mi mente. Y lo
que no se puede discutir es que si hubo o no hubo un ‘principio’ /’Al Principio’/. Por necesidad metafísica
/indiscutible e inapelable/ el ‘principio’
se dio y todo comenzó a tomar forma. Y nuestro Universo, y el ‘ Todo Coexistencial’
/todas las demás existencias habidas y posibles/ hicieron su aparición. ‘Al Principio’ se hizo ‘manifestación’. Y la ‘manifestación’ se hizo ‘polvo cósmico’, y en éste el “polvo de la tierra”. ¡Y qué cosa,
la Biblia continúa, y le dice al hombre:”Polvo
eres y en polvo te convertirás” Gén. 3,19.! En sentido lato: lo tomamos
como la muerte. En sentido más específico: ya no es muerte, sino un regreso al ‘polvo de la tierra’, que
es el mismo ‘Polvo Cósmico’,
donde está actuante ‘El Poder Divino’;
es volver a un más allá sin retorno, sumergido ese más allá en el mismo ‘Polvo Cósmico’, en la ‘misma
Creación’, pero como un ‘estadio
no sensible’, el ‘reverso’ de esta dimensión sensible, la ‘dimensión luz o celestial’. Por eso: si somos ‘Polvo Cósmico’, que todo lo
invade, no podemos salir de él y, el ‘hito
muerte’, nos hace continuar por otros senderos de modalidad en modalidad eternamente.
Y ahora la ‘próxima modalidad’
está en lo que conocemos como ‘el más allá’. Y el Cristo nos
habló claramente de ese estadio: ”Allí
seréis como ángeles en el cielo” Mt. 22,30.
¿Qué
ha podido suceder en nuestra especie
para que, en los milenios que llevamos de civilización y de cultura, aún en
cuanto a nobleza se refiere, estemos vibrando más bajo que los propios ‘simios’? Y el hombre
sigue siendo el mismo de siempre: agresivo, desafiante, perverso… La mentira,
el vicio, los apegos e intereses que desbordan la fantasía, el odio, la
venganza, la tortura, los crímenes más infames, las guerras…, y no dejemos de
nombrar otras vilezas que brotan de los estratos más bajos del psiquismo
humano. ¿Pero, entonces, qué papel juegan la mente, los sentimientos, la
conciencia..., eso que decimos que nos diferencia de los animales? Paradoja o absurdo, pero la
mayoría de las conductas del ser humano son degradantes e inferiores a la de
las otras especies vivientes. Y se
dice /el hombre/ ser el rey de la creación. ¡Vaya corona con perlas de
ignominias que carga sobre su cabeza! Lo que aquí se diga en pobres palabras,
ni es un atisbo de la cruel realidad que
representa la vida de nuestra especie. A veces, surgen excepciones que
demarcan áreas del pensamiento como lo bello del ser humano /poesía, música,
altruismo, bondad, trabajo constructivo de bien social…/. La ciencia y la tecnología no sólo están al
servicio del bienestar humano, sino también, y en gran parte se abocan a la
muerte, y a la destrucción de valores, e incluso al exterminio escalonado de
nuestra especie. El interés por los bienes terrenales y el dominio de posesión
en cuanto al poder /ser el más fuerte/ siembran la desconfianza entre humanos e
incitan a enfrentamientos de individuos y de grupos, y no menos de nación
contra nación. ¿Es esto de un ser que se jacta de ser racional?
El ‘primate’ es un
angelito a nuestro lado. Los individuos se alistan fácilmente, como por
atracción o hechizo, a doctrinas e ideologías que se gestan en cualquier parte
del Planeta con fines positivos en apariencia, pero el reclutamiento de
incautos lo que arroja es fanatismo, alienación, y, en no pocas ocasiones,
legiones macabras para estafar, malbaratar esfuerzos ajenos, ocasionar dolor y
lágrimas, y no menos para asesinar
impíamente, como lo registra la historia, y como continúa acaeciendo en los
albores de nuestro siglo XXI.
CONCLUSIÓN GRÁFICA


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