Su mensaje se halla contenido en un opúsculo denominado "PALABRA DE MANUEL". 1.¿Qué es la 'PALABRA DE MANUEL'? - Es un mensaje de 'Conciencia Cósmica' ("algo más de lo que estamos acostumbrados a ver, a oir a conocer, a creer", según Andreas Faber-Kaiser), fundamentada sobre el trípode de la Libertad, de la Justicia y del Amor. - No es logia, ni política, ni religión, ni grupo de ninguna clase; y "bajo la única jerarquía de la igualdad" a todos une y a nadie ata. 2. ¿Cuándo y cómo nace?- Nace el 16 de junio de 1979 por 'arrebato cósmico' que tuviera el Dr. Manuel González Ávila, quien encarna al Manuel del Mensaje. Éste es dado a Manuel en 'Clave 9': un modo de pensar, de sentir, de hablar y de actuar que se corresponde en 'Conciencia Cósmica' con el devenir de los tiempos. 3. ¿Qué fin persigue el Mensaje? - Una humanidad más libre, más justa y más amorosa. Ese mundo mejor que todos anhelamos: en lo individual, en lo social, en lo universal y en lo trascendental. 4. ¿Cómo se logra este efecto? -Por el estudio y práctica del Mensaje: "para lograr el fin, hay que establecer los medios" (Palabra 11). ¡PIES EN TIERRA! ¡LIBERTAD, JUSTICIA Y AMOR! TÚ VALES Y MERECES MUCHO MÁS.
Manuel. Profeta de 'Clave 9'

01 abril 2015

EL POLVO CÓSMICO

‘EL POLVO CÓSMICO’
 A los seres humanos de comportamiento irracional, se les suele atribuir el otro de nuestros semejantes los ‘primates’.  Y es así que se dice de las personas vandálicas:. Pero considero injusto este tratamiento que afea la imagen de esos otros habitantes del Planeta: ‘Los primates’. Su parecido  a nosotros  en cuanto a morfología corporal no implica necesariamente que el ‘mono’ sea nuestro antecesor en la especie; y si lo fuera, jamás la actitud que asumen los ‘monos’ en su sociedad llega a la aberración que se da en el ser humano. ¿Se quedaron ellos atrás en la evolución? ¿Saltamos nosotros desde su género a una condición superior, respecto a ellos, de ser lo que somos: seres racionales y de libre albedrío?  El ‘mono’ sigue siendo ‘mono’ y  el hombre el hombre. Hasta ahora la fosa del pasado no nos deja sino esqueletos parecidos, y nada más. Si hubo el paso de una especie a otra, también quedó en esa tumba del olvido. Desde siempre sabemos que el ‘mono’ es ‘mono’ y el ‘hombre’ es ‘hombre’. No hay un dato histórico que confirme que tal o cual ‘mono’ se elevó a categoría de ‘hombre’. El verdadero dueño del Planeta, por sus habilidades intelectuales y físicas, desde que apareció nuestra especie, ha sido y es ‘el hombre’. Y no es la fiereza del animal la que tiene el dominio en el Planeta, sino la inteligencia agraciada que posee el ‘hombre’. Esos  hermanos de cuerpo físico semejante al nuestro ocupan en la Tierra una función como la nuestra: cohabitar parte del terruño. Y ni son más, ni son menos. Nos diferenciamos de ellos no poco  en lo físico, pero sí en lo mental y en el libre albedrío. Y esto mental y de libre albedrío trae aparejado una conciencia superior a la de los ‘primates’. Si a un ‘mono’  pretendiéramos humillarlo llamándole ‘primate’, de seguro que tal improperio no tendría ninguna reacción contra nosotros. No comprenderían el significado de la ofensa. Al contrario, si a una persona se le califica como ‘primate’ la respuesta produce agresividad, se siente descalificado en su especie, y respondería agresivamente. Una cosa sí es muy cierta, que el comportamiento irracional del ser humano, teniéndose como un ser racional,  rebasa los límites de la animalidad, que en su impulsividad e instintos poseen los animales en general; aun los animales más feroces una  vez que sacian sus necesidades se apaciguan. Sólo la preservación de su especie los mantiene en guardia, en acecho en cualquier momento o circunstancia. El hombre, aun fuera de peligro, maquina la maldad, y hasta se ensaña contra su víctima, ya humillada a sus pies e incluso muerta. Por lo que eso de ‘primate’ le queda incluso muy grande. Para la Ciencia los humanos pertenecemos a la ‘familia homínidos’. Sin lugar a dudas que el parecido físico que tenemos unos familiares con otros invita a reflexión por nuestra parte, como si fuéramos  un eslabón de esa familia de simios /primates, gorilas, chimpancés y orangutanes/. Lo cierto es que los poseedores de conciencia y de libre albedrío somos los humanos. Quienes se consideren ‘hombres-monos’, quienes se sientan atraídos por la especie originaria de los ‘primates’, como lo admiten cantidad de científicos al afirmar que procedemos del ‘mono’, y que somos fibra evolucionada de ellos, deberían de explicar en qué está cualitativamente esa evolución, pues de ser así nuestra procedencia,  hemos perdido la inocencia  genésica, y lo que se tiene como evolución en lo ‘mental y libre albedrío’ desdice de tal evolución /el hombre suele ser perverso/. Compárese la barbarie  del hombre en todas sus épocas, desde que balbuceó por primera vez hasta ahora que se autoestima  /dizque en su conciencia y en su libre albedrío/ como el ‘máximo exponente’ de la naturaleza terrenal. Desde su aparición hasta hoy no ha perdido su condición de ‘bárbaro’. En esto sí ha evolucionado. ‘Los primates’ continúan en su inocencia de generación en generación. Si piensan, su demostración es la de siempre: la manifestación de la inteligencia natural que, como capacidad para resolver problemas de su especie, tiene todo ser viviente. Así fueron; y así son. No más fijar nuestras miradas en los ojos de uno de esos “nuestros hermanos morfológicos”, y ya percibimos un abismo en el tiempo. Abismo que refleja en sus miradas su estado de inocencia. Aún viven en el denominado “paraíso terrenal”.

Siempre he pensado en el ‘mito’ o en la  ‘realidad’ de que nos habla la Biblia en cuanto a los llamados “primeros padres”, ‘Adán y Eva’. Ellos vivían en la inocencia, “estaban desnudos”. Había  en ellos un estado de ‘conciencia’, algo muy superior al sentir y percibir de los  ‘primates’. Y sabían de los dictámenes de su ‘conciencia’ cuando obraban  bien o cuando obraban mal, y “se sintieron desnudos”. Es lógico pensar qué pudo haber sucedido en esta versión paradisíaca. ¿Se dio entonces el paso de mero animal a ser racional y consciente, y de libre albedrío? ¿Nació así propiamente el hombre? La Biblia  /Génesis/ sitúa al hombre, lo hace aparecer, en  la última escala de los seres vivientes.

También hay que considerar y  ahondar en este planteamiento, contrapuesto al científico /de ‘el hombre como primate evolucionado’/. La ciencia es radicalista. Se cierra en su  concepción. En la Biblia, a mi entender, aunque defiende lo suyo,  me deja espacio abierto a una interpretación más amplia sobre la aparición del hombre en la Tierra. La Biblia dice textualmente:”Y creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, y los creó macho y hembra” Gén. 1, 27. Ya aquí ciencia y Biblia no compaginan. En la ciencia el hombre es eslabón tardío, pero derivado,  de una cadena biológica ya formada. En la Biblia: El hombre tiene autonomía de vida propia; es originario y no derivado.  Y más: Se asemeja a Dios. De hecho al hombre lo que le falta en esta vida es el poder de perpetuarse en este mundo sensible; pero tiene una supervivencia limitada; mientras Dios es Todopoderoso. Y este dictamen lo da la misma mente del hombre. Mente que cuando se proyecta más allá de lo sensible encuentra la perpetuidad de su Causa Primera, Dios, sin principio y sin fin. El hombre, el barro, y Dios, el Alfarero. Y es  este Alfarero /Dios/ el que ha moldeado cada existencia según su sabiduría y poder infinitos. “Creó Dios al hombre a imagen suya”; como imagen de Él, pero no igual a Él. El hombre, posee conocimientos según experiencias y vivencias. Dios es Sabiduría Suprema, y no necesita de experiencias ni de vivencias. En ello la ciencia, en su rama de psicología, dice que el hombre . Ahora bien, cuando la mente obtiene un rayo de luz fuera del ensayo y del error, entramos en otro tipo de ciencia: ’La ciencia infusa’ /lo que se sabe sin haberlo aprendido/. A esto último lo comparamos con sabiduría que deviene de ‘Arriba’, y religiosamente se le da el nombre de “revelación”. Y esta aptitud, que es una excepción entre los hombres, se suele dar más que nada en las personas humildes, abnegadas y amorosas, que dan hasta su propia vida por servir a sus hermanos de especie. Los ‘primates’ están enmarcados en el instinto de supervivencia según su especie y nada más. Sí es de admirar el comportamiento de fidelidad al hombre que poseen algunas especies, como los animales domésticos /perro, por ejemplo/.
La Biblia especifica cómo fue la aparición del hombre en la Tierra:”Formó Yavé Dios  al hombre del polvo de la tierra, y le inspiró en el rostro aliento de vida, y fue así el hombre ser animado” Gén. 2, 7. Atiéndase bien a esto: ”del polvo de la tierra”. Y el polvo de la tierra es, como el polvo  del  Universo entero, ‘polvo cósmico’ /”Como arriba es abajo, como abajo es arriba”/. Una sola ‘hechura’: . Y una de dos: o esta ’Hechura, Creación’,  se hizo sola, a sí misma,  como dicen los científicos ateístas, lo cual sería lo mismo  decir que ese ‘Todo’ es un dios con atributos de creador’,  y ya esto nos pone frente a una proliferación de incógnitas indescifrables para la mente, que, al tocar ‘el azar’, como que se paraliza. Incógnitas que exigen causas sobre causas, y sin sustentación. Para la Biblia   no hay sino un solo  Dios Omnipotente, la Gran Causa que todo lo ha creado. ¡Cuántas veces he puesto el ejemplo de que el ‘vaso’ cabe en el Océano, pero el Océano no cabe en el ‘vaso’. O sea, que  muchas mentes intrascendentes /’vaso’/, apegadas al mundo de los sentidos y nada más, no pueden concebir /meter/ a Dios en su estrecha capacidad  /mero ‘vaso’ ante la inmensidad del Océano ‘Dios’/. Y también repito con el poeta: “Somos gota de agua del Océano, que se sabe Océano ella misma”. O sea, nos sabemos, nos reconocemos a nosotros mismos como gota de ese Océano Divino, cual es Dios. No somos el Océano, sino una gota del mismo /”imagen de Dios”/, pero tenemos la capacidad mental para lograr este reconocimiento de pertenencia a ese Océano. Y por eso, quienes así hemos trascendido por sobre lo de abajo, los apegos a la materia, podemos decir: ’Mi Dios, Dios mío’ /nos sabemos gotas de agua de ese Océano Divino/. –A modo de nota: Cuando he dicho ’hechura, creación, un ‘todo’, y luego lo he puesto como si fuera el Creador, lo cual sería contradictorio, lo he dicho porque a tal extremo contradictorio llegan los científicos ateístas cuando se empecinan en sus alegatos de que el Universo se ha hacho a sí mismo. Ellos son los que en su velo mental atribuyen a la materia el poder de hacerse a sí misma. Y sólo Dios puede ser en sí mismo. Algo tuvo que ser primero, y el Universo es un efecto, yo forma parte del Universo, y mi mente se inclina por una Gran Causa, que la ciencia no me la da.
Sigamos con el ‘polvo cósmico’. Necesariamente tuvo que haber un principio. Lo desconocido hasta ahora para la mente humana. Y téngase presente que el único receptor-efector de nuestro ser es la mente con sus diferentes facultades u operaciones: la razón, el entendimiento, la fantasía, la ilusión, la voluntad, la conciencia, la memoria, la especulación, el raciocinio, la racionalidad…. Términos parecidos, pero que cumplen funciones muy específicas. En fin, no entremos en discusión sobre términos. La mente es  el tablero de registro de nuestro ser en todo cuanto nos llega de adentro y de afuera, y un ‘receptor - procesador – efector’, que es  evocado en el ‘YO’, y éste  de por sí es eterno. El ‘YO’ es propiamente el verbo hablante de nuestro ser. Todas las operaciones física y psíquicas las centraliza la mente en el ‘YO’. Este ‘YO’ es el fin último de las operaciones mentales. Y es él con su libre albedrío  quien toma las decisiones /por cierto que la voluntad no corresponde a la mente, sino al  ‘YO’ /. El ‘YO’, es  el que recibe de la mente las ofertas de  apego a las complacencias que ofrecen  las cosas de este mundo, y en consecuencia el responsable de recibirlas o rechazarlas. Si a través de la misma mente busca contenidos que le enriquezcan espiritualmente, está en la dirección acertada. Él tiene la sensación de  que es eterno, y que después de esta ‘dimensión sensible’, aunque sea en dudas percibe algo más allá. Pero también la insistencia de la mente en presentarle determinados contenidos negativos y para su autocomplacencia lo pueden sobrecargar y es entonces, cuando cede y hasta se puede enajenar /caso de doctrinas e ideologías condicionantes/. Si teme a la muerte física de acá, es razonable, pues en parte se pertenece también a esta ‘dimensión sensible’ donde todo termina en muerte. Sólo cuando se robustece espiritualmente /de contenidos buenos, justos, de amor…/ él puede comandar automáticamente la nave del físico en que está enclaustrado. Y es  entonces también cuando no teme a la muerte física. Ésta más bien es para él el ‘hito’ /como el cohete impulsor/ que le abre las puertas del más allá. Por supuesto que, mientras su cuerpo /nave física que contiene al ‘YO’/ se desprenda de las atracciones de este mundo, por el comando directo del ‘YO’ espiritualizado, ya la muerte física deja de ser un espanto. El ‘YO’, espiritualizado, dentro de su cuerpo va como en una  nave de la NASA que sale de la atracción de la tierra /de la atracción de este mundo/ y entra en su órbita prefijada, flota y se desliza suavemente por su ruta cósmica  con miras al logro de su verdadera meta: la ‘dimensión luz’. La nave de su cuerpo fue construida en el laboratorio del ‘polvo cósmico’ /”del polvo de la tierra”/. Y doy la razón a  la Biblia, cuando ésta dice al formar Dios al hombre: ”y le inspiró en el rostro aliento de vida” Gén. 2,7. Esto es, el ‘polvo cósmico’ adquiría plenitud de vida. La Creación había terminado el ensamblaje perfecto de la ‘imagen de Dios’, cual es el hombre. Es más, en la escala de la Creación, cuando  ya Dios consideró que era el momento adecuado para el engendro del hombre, éste apareció como un compuesto molecular más de los que conforman la vida en la Tierra, y aquí estamos desde aquel entonces, que es no ‘Al principio’, sino ‘a nuestro principio’, no por desprendimiento del ‘mono’, sino por lo predeterminado por el ’Creador’, “del polvo de la tierra”, del ‘polvo cósmico’. Según la Biblia tenemos argumentos para defender nuestra autonomía. ¿Por qué determinados científicos, de visión sumamente estrecha, tienen que hacernos herederos del ‘mono’? El ‘mono’ en la obra del mismo Dios y merece también su respeto. Pues ¿cuántas veces con nuestro proceder, si es que fuésemos hijos de ‘mono’ /aserto negado/, habríamos menoscabado ya a nuestro “predecesor, patrón genético” /entre comillas/? Además, ¿cómo justificamos que somos un ‘mono evolucionado’? ¿En qué lo habríamos mejorado, cuando es al revés: somos peores que ellos? Siempre hay excepciones. Y pido excusas si me extralimito.

Y ya que insistimos en el papel de la mente, es bueno recordar que, cuando la mente se eleva, ella tiene también la cualidad intrínseca para establecer un feedback de armonía  con el  ‘YO’, y es entonces cuando se puede decir que la persona está en el proceso definido de la perfección; y es más:  en esta categoría espiritual, que en ‘Clave 9’ decimos de ‘Conciencia Cósmica’ y ‘Trascendental’, sin fronteras ya  en esta ‘dimensión sensible’, la mente, por mandato  del ‘YO’, pone cada cosa en su sitio, y a la persona con  toda su integridad en el suyo /lo de ‘abajo’ es lo de ‘abajo’, y lo de ‘Arriba’ es lo de ‘Arriba’/; no sé si se podría decir con el Buda que así hemos “alcanzado el nirvana”, pero ya su relación con lo de ‘Arriba’ es directa, y lo de abajo se queda en su puesto. Todo es armonía para un ‘YO’ en estas condiciones. Un ‘YO’ que  se rige por su ‘Conciencia Cósmica’, y vive en Libertad, para la Libertad; en Justicia, para la Justicia; y en Amor, para el Amor. Y como diría la Santa Teresa:”Muero, porque no muero…”. Increíble, pero es entonces cuando realmente nos hemos alejado  de un todo del ‘primate’. El ‘primate’ en su lugar y  el ‘YO’ en el suyo. Yo al menos no hago caso a ese tipo de teoría del ‘mono-hombre’,  y mucho menos a que vinieron alienígenas  a engendrarnos  aquí en la ‘Tierra’. Ambas cosas suenan a ‘ateísmo ex profeso’ y para alienarnos más de lo que  estamos, y del mismo modo buscan  desterrarnos de nuestra verdadera cuna, la ‘Tierra’. Pero somos hijos de este Planeta, y todos por igual nos pertenecemos a él como nuestra patria cósmica. Nuestro compuesto químico testifica que somos hijos de este Planeta: oxígeno, hidrógeno, carbono, nitrógeno, calcio, fósforo, magnesio, hierro, y cantidad de elementos más. Nuestro cuerpo tiene un promedio en su peso de 70% de agua, cuyo porcentaje se asemeja al de los océanos en relación a la parte de tierra de nuestro Planeta. No pongo en dudas que un día fuimos germen, molécula dentro de las aguas, y en nada contradice que así fuese nuestra hechura por parte de Dios;  y nos hicimos como de plasma ovular, y comparados después a renacuajos; y  crecimos; y a modo natural nos reprodujimos, y nos alimentamos en la placenta de los océanos;  hasta parirnos  el mar en sus orillas, como a tantos otros seres vivientes que nos acompañan. Y nos deslizamos por lo seco, y se desarrollaron nuestros miembros, hasta caminar, y trepar los árboles en busca de sustento, cazar animales, extraer peces de las aguas… Fases y fases de lucha y de perfeccionamiento hasta concluir en lo que somos, la ‘especie humana’.  Toda la obra de Dios va de lo menos a lo más. Y es así que no tenemos motivo para ser una excepción. Todos los seres vivientes del Planeta, y el mismo Planeta, hemos seguido el mismo proceso cósmico, y todos nos debemos al ‘polvo cósmico’, que no por ser ‘polvo cósmico’ es necesariamente lo seco y estéril. ‘Polvo cósmico’ es la ‘gran matriz cósmica’  que nos ha gestado por mandato Divino del “Hágase”. Somos, pues, hijos del ‘Planeta Tierra’. Y lo mismo que surgió del ‘polvo de la Tierra’ el gusano o el elefante, etc., de igual modo aparecimos nosotros. Y en cada fase, a nuestro modo nos reproducíamos.  Sí, que en nuestro germen primario venía en concomitancia con la materia la ‘potencialidad espiritual’ que nos eleva en categoría  como especie ante los demás seres vivientes.:”He ahí  al hombre hecho como uno de nosotros” Gén. 3,22. /Dice un comentarista bíblico que al hablar Dios en vocablo “nosotros” está magnificando la expresión, y su realeza Divina; de manera que no se refiere , según esto,  a varios ‘dioses’ o ‘alienígenas’/.

¿Hemos pensado por cuántos procesos químicos antes de constituirnos en la unidad multimolecular de nuestro organismo? Dios hizo el tiempo, y el tiempo es la medida del proceso genésico de todo cuanto existe en el Universo. El tiempo sólo tiene un antes /”Al Principio”/ y un después /el ‘devenir’/, desde que el Creador imprimió potencialidad a la manación de su /desde “Al Principio”/ para que comenzara el proceso de plasmación de los seres de lo indeterminado a lo determinado; de lo que no era hasta lo que ha llegado a ser. Algo así como masas muy complejas, y de muchos elementos, que el ‘Hacedor’ amasó para que tomaran formas y las  metió en el horno del tiempo para que cada una adquiriera  el punto de cocción necesario, que es lo que determina a cada ser, y que tal vez sea esto el concepto de evolución de los científicos. Y está demostrado que existieron seres anteriores al hombre y desaparecieron; y otros igualmente más antiguos que nosotros y viven todavía /unos en los mares, otros en la tierra/. ¿Por qué no arrogarnos de ser  los últimos o de los últimos en aparecer?  Y algo también más profundo: Hay una finalidad en cada cosa. No más que examinemos cualquier órgano de nuestro cuerpo y nos daremos cuenta de ello. ¿Científicos, y la finalidad que hay en cada cosa tan perfectamente diseñada por una ‘Mente Creadora’, sobre todo en los seres vivientes, y en particular en el hombre, también  se hace así misma?  ¿Un azar más? Pensemos, y analicemos,  nada más en los órganos de la reproducción sexuada: Es como extasiarse al ver la perfección cómo funcionan; cada cosa para la otra; una cosa en función de otra. Como un pequeño universo de armonía dentro de nuestro cuerpo. ¡Maravilla y sobrecogedor, mi Dios! En fin, también hay mentes intrascendentes; o gentes que no ve más allá de sus narices por más títulos que posean. Les sucede como al que descuartiza una res y no  tiene ni noción de lo que es un corte entre las diferentes piezas para que todas conserven su integridad y poderlas comerciar al gusto del comprador.

No olvidemos que somos ‘polvo cósmico’, para entendernos mejor en evolución.Al principio’ ni el ‘polvo cósmico’ era tal. Y entendemos por ‘polvo cósmico’ la materialidad del universo en sus diversas formas: lo indeterminado /inimaginable para nosotros/, un no-espacio todavía, un cuasi- espacio, un espacio tipo neblina energética y sin contenido, mareas energéticas arrastradas por huracanes, gases cósmicos, atisbos de de lo indefinido hacia formas, rayos y truenos que ni el ojo ni el oído podrían soportar, centellas de fuego creando espacios, lo determinado /formas sin estructuras anunciando la materia, el ‘polvo cósmico’ concretizándose/, átomos en choques cósmicos y molecularizándose, núcleos atómicos y moleculares dando paso a formas mayores / cuerpos etéreos sin formas, y astros, nebulosas, galaxias, etc./, y  por fin la bóveda celestial con sus luminarias, y los elementos dando formas específicas, y así hasta aparecer lo estable y lo errático, y el orden universal reinante, y la propiciación para la vida /no sólo en el Planeta Tierra, sino en otros lares del Universo/, combinación de elementos en proporciones adecuadas para producir vida /genes reproductivos/... Y es ya el momento en que el escenario cósmico se hace matriz del ‘polvo cósmico’ en sus más diversas especificaciones para parir las especies. Todo está meticolosamente calculado por el ‘Plan Superior’,   por la ‘Mente Cósmica’ que obedece al ‘YO ÚNICO’ /Dios, el Creador/ y da finalidad a cada cosa, y sabia portentosa a cada elemento del ‘polvo cósmico’  para producir el milagro de la vida en las especies, que se perpetúan en la reproducción, que no es sino obediencia ciega al ‘Plan Divino’. Hoy vemos que este milagro se realiza a través de la cadena, no menos cósmica y trascendental en la vida del hombre, llamada ‘ADN’. 

Y doy  también mi opinión: de que  el Universo no es sino un granito de arena en la inmensidad de las playas del ‘Todo Coexistencial’. Si incontables serían los astros que pueblan el Universo en el que vivimos, incontables serían también las otras formas de existencia que todas constituyen ‘El Todo CoexistenciaL’ /toda existencia creada por Dios, tanto en el plano sensible como el de luz o celestial/. ‘Todo’ donde imperan ‘leyes inexorables e infalibles’ trazadas no al azar de los ateístas, sino por la ‘Gran Mente’ /por el que dijo:”Hágase” y todo fue hecho, y el ‘Principio’ se abrió en devenir…/. Por ende también que a cada cosa creada por Dios dice la Biblia:”Y hubo mañana y tarde”, todo se inició y todo terminó, y “vio Dios ser muy bueno cuanto había hecho” Gén. Cap. 1. En mi comprensión del “Hágase”, si me pidiera un ejemplo, yo diría: ‘Al Principio’  lleva implícito en su significación  que hubo un movimiento previo a la ‘manación’, al proceso de de la Creación. Ese movimiento fue la ‘voluntad’ del ‘Hacedor – Dios’ que puso su sello todopoderoso en ese ‘Principio’, y éste se polariza en un ‘antes’, la impresión /”Hágase”/ del ‘Poder Divino’ en lo inexistente /ni siquiera la nada podría estar fuera del ‘Poder Divino’/, y en un ‘después’ /la ‘Palabra Divina’ se objetiva en la ‘manación’; Hay ‘Creación’. Y como ejemplo concreto recurro a algo más allá de mi imaginación, y la ‘Creación’ toma su proceso: En el mismo momento /sin que por ello nos valgamos de la palabra tiempo como nosotros lo concebimos/… En ese mismo momento, repito, como un punto cerrado en el vacío se da la expansión, la ‘Creación’ toma su cuerpo. Y en esa mi imaginación, sólo  el ‘Plugo Divino’ /la voluntad del Creador en su pronunciamiento/… Y surge ese ‘punto’, algo así como una ‘pelota’, sin forma, sin textura, sin color, sin  sustentación, sólo impulsada por el  ‘Poder Divino’, sin más nada que la pueda identificar… Y es así cómo  ‘Al Principio’ esa ‘pelota imaginaria’ inicia su expansión y se multiplica cual  ‘óvulo cósmico’ fecundado por el ‘Poder Divino’. Y si <como abajo es arriba, y como arriba es abajo>  la comparación de esa expansión y multiplicación y aparición de formas la tenemos en el ‘óvulo fecundado’ de nuestra misma especie: que pasa a ser mórula, blástula, embrión, feto y cuántos más cambios hasta la total realización del individuo. Y entonces también podríamos hablar de esa pelota /óvulo cósmico fecundado por el ‘Poder Divino’/ como un    con el que tanto alborotan   los científicos /¡como si hubieran descubierto la pólvora!/.

Todas las cosas sensibles y las no sensibles llegan a la mente, se trate de internas /sensaciones, impulsos, tendencias, apetencias, necesidades, voliciones, intereses, etc./, así como también todos los contenidos externos que se procesan a través de los sentidos / estímulos del mundo circundante de calor, frío, suavidad, aspereza, sonidos, imágenes, etc./. Mas cuando decimos ‘las no sensibles’, no sólo pueden ser las psicológicas o internas, sino que también es ámbito de nuestra mente el mundo ultrasensible, esferas que no se tocan con los sentidos, como las celestiales, y que nos circundan. Y es esta propiedad de la mente la que con su lente de trascendencia se remonta a ‘Al Principio’. ‘Principio’ que    no pudo proceder de la nada. Tuvo que haber un ‘hito’ que lo abriera y lo impulsara a manifestarse. Ese ‘principio’ tiene, por fuerza de nuestra razón, un  ‘hito’ impulsor. De la nada no pudo salir. Y para manifestarse: O se generó por sí mismo, y entonces estamos en que ese ‘principio’ es en sí su propia ‘causa eficiente’, un dios en el sentido en que la mente lo concibe, o fue generado por  otra ‘Causa también Eficiente’, Dios, El Único, El Absoluto y Toldopodero. Más claro no se puede razonar. Y el azar no tiene consistencia para mi mente. Y lo que no se puede discutir es que si hubo o no hubo un ‘principio’ /’Al Principio’/. Por necesidad metafísica /indiscutible e inapelable/ el ‘principio’ se dio y todo comenzó a tomar forma. Y nuestro Universo, y el ‘ Todo Coexistencial’ /todas las demás existencias habidas y posibles/ hicieron su aparición. ‘Al Principio’ se hizo ‘manifestación’. Y la ‘manifestación’ se hizo   ‘polvo cósmico’, y en éste el “polvo de la tierra”. ¡Y qué cosa, la Biblia continúa, y le dice al hombre:”Polvo eres y en polvo te convertirás” Gén. 3,19.! En sentido lato: lo tomamos como la muerte. En sentido más específico: ya no es muerte, sino un regreso al polvo de la tierra’, que es el mismo ‘Polvo Cósmico, donde está actuante ‘El Poder Divino’; es volver a un más allá sin retorno, sumergido ese más allá en el mismo ‘Polvo Cósmico’, en la  ‘misma Creación,  pero como un ‘estadio no sensible’, el  ‘reverso’ de esta dimensión sensible, la ‘dimensión luz o celestial’. Por eso: si somos ‘Polvo Cósmico, que todo lo invade, no podemos salir de él y, el ‘hito muerte’, nos hace continuar por otros  senderos de modalidad en modalidad eternamente. Y ahora la ‘próxima modalidad’ está en lo que conocemos como  ‘el más allá’. Y el Cristo nos habló claramente de ese estadio: ”Allí seréis como ángeles en el cielo” Mt. 22,30.

¿Qué ha podido suceder  en nuestra especie para que, en los milenios que llevamos de civilización y de cultura, aún en cuanto a nobleza se refiere, estemos vibrando más  bajo que los propios ‘simios’?  Y el hombre sigue siendo el mismo de siempre: agresivo, desafiante, perverso… La mentira, el vicio, los apegos e intereses que desbordan la fantasía, el odio, la venganza, la tortura, los crímenes más infames, las guerras…, y no dejemos de nombrar otras vilezas que brotan de los estratos más bajos del psiquismo humano. ¿Pero, entonces, qué papel juegan la mente, los sentimientos, la conciencia..., eso que decimos que nos diferencia  de los animales? Paradoja o absurdo, pero la mayoría de las conductas del ser humano son degradantes e inferiores a la de las otras  especies vivientes.   Y se dice /el hombre/ ser el rey de la creación. ¡Vaya corona con perlas de ignominias que carga sobre su cabeza! Lo que aquí se diga en pobres palabras, ni es un atisbo de la cruel realidad que  representa la vida de nuestra especie. A veces, surgen excepciones que demarcan áreas del pensamiento como lo bello del ser humano /poesía, música, altruismo, bondad, trabajo constructivo de bien social…/. La  ciencia y la tecnología no sólo están al servicio del bienestar humano, sino también, y en gran parte se abocan a la muerte, y a la destrucción de valores, e incluso al exterminio escalonado de nuestra especie. El interés por los bienes terrenales y el dominio de posesión en cuanto al poder /ser el más fuerte/ siembran la desconfianza entre humanos e incitan a enfrentamientos de individuos y de grupos, y no menos de nación contra nación. ¿Es esto de un ser que se jacta de ser  racional?  El ‘primate’ es un angelito a nuestro lado. Los individuos se alistan fácilmente, como por atracción o hechizo, a doctrinas e ideologías que se gestan en cualquier parte del Planeta con fines positivos en apariencia, pero el reclutamiento de incautos lo que arroja es fanatismo, alienación, y, en no pocas ocasiones, legiones macabras para estafar, malbaratar esfuerzos ajenos, ocasionar dolor y lágrimas, y no menos  para asesinar impíamente, como lo registra la historia, y como continúa acaeciendo en los albores de nuestro siglo XXI.


CONCLUSIÓN GRÁFICA

No hay comentarios.: